“Ellos” y “Las apariencias engañan”, dos textos de Catalina Saibene

Por Catalina Saibene


Ellos

Ellos le temían a la muerte.

Le temían con tanto temor que a la vida no la vivían con alegría o algarabía.

Ellos le tenían pánico a la muerte porque no disfrutaban de los vaivenes, oscilaciones y cambios vitales. Las contradicciones, los mal pasares, los dolores y los malos entendidos, las puteadas y las cosas sin sentido, en cambio sí, parecía que les llenaban la vida.

Conocían de memoria el auto-boicot al disfrute y la culpabilidad como inyección de ese círculo vicioso, en el que no se permitían ser felices.

La felicidad no se cuela por la ventana si la misma está cerrada.

Es mentira que todas las personas encontramos belleza en las cosas más simples. Algunos, a contramano del resto, la encuentran en los contratiempos, en las incertidumbres, en el lamento, y en el rechazo a los afectos; dicen “la encuentran”, más cerca del dolor.

Y aunque suene raro, extranjero o distante, ocurre. Estas fechas son un claro reflejo de las distintas maneras que tenemos los seres humanos de celebrar. Celebración es una fiesta, es un regocijo a la vida, al aquí y ahora, a lo que nos pasa en este instante, a la ilusión de lo que gestamos para que llegue y la valoración de todo lo recorrido hasta el hoy.

Cada día es diferente, cada año, cada ser. Entonces, me pregunto ¿porqué nos cuesta tanto creer en la eternidad misma de las almas? Es muy común escuchar o leer la siguiente frase: “El humano es el único animal que sabe que se va a morir”. Los animales no se preguntan: “¿cuánto tiempo viviré?, ¿hasta cuándo vivirán mis padres? O ¿llegaré a conocer a mis nietos?”.

Viven, simplemente, con el coraje y el amor que toda vida nos desafía. Por tanto si nos centráramos en esa premisa, la de la fiesta, la de brindar y agradecer al presente, porque es un regalo (presente) que no vuelve, está ahora y luego se convierte en pasado, y más tarde, en recuerdo.

Si la premisa es vislumbrar un camino más cerca de nosotros mismos y no de lo preestablecido, si la consigna es aceptarnos como somos y querernos un poco más cada vez, si la familia es el espejo de acciones o conductas que nos lastiman o queremos no absorver; entonces la respuesta sigue estando en el hoy. La vida es ahora, la vida no te espera, porque la muerte existe, sí. En cada esquina y en cada avenida, existe de día y de noche, de tarde y al mediodía, existe de niños, de jóvenes, de grandes y de abuelos, existe porque latimos desde que nacimos, existe porque algún ser quiso que así fuera, y seguro, fue más de uno, existe porque para verla por vez primera hubo que esperar pacientemente durante nueve meses, sí, un montón de tiempo, casi casi un año entero, existe porque a eso vinimos, a ser felices. Cada uno a su modo, cada uno a su ritmo y cada uno con su mochila y con su deseo distinto al mío. Pero ojo, que si yo me olvido de todo este recorrido colectivo, me aíslo del latir mundial y terrenal, y me acerco así, al final.

No es grato jugar con esa posibilidad latente que, si lo pensamos un momento, está más cerca de lo que queremos. Valoremos la vida que elegimos, que tenemos y que añoramos continuar tener. Porque un día sí, nos a a llegar ese momento. Y nadie volvió para contar el cuento.

De lo que sí estoy segura es que en mi corazón habitan quienes nos dejaron físicamente. Habitan muy cerca del latir con el que me despierto cada mañana. Laten y desayunan y caminan conmigo por mi casa y por mi ciudad, incluso están ahí conmigo cuando viajo a pasear. Las almas no se separan jamás. Lo he comprobado, lo experimento y lo continuaré haciendo.

Si cada acontecimiento que me antecedió no se hubiera llevado a cabo, de la forma en que pasó, hoy no estaría escribiendo estas líneas. Somos el pasado, el presente, el futuro y todo el tiempo latentes. Somos una unión y mezcla fuerte de nuestra historia más reciente y de la milenaria que leemos en libros o enciclopedias.

Somos la sangre de nuestra familia y también la familia de los que no comparten la nuestra. Somos esencia que vuela identificándonos, acercándonos y en ocasiones, distanciándonos.

El poder está en nuestras manos, que nos permiten acercarnos como hermanos y levantar bien alto las copas de la gloria. Porque el día que menos pensemos, no vamos a estar. Y mientras tanto, mientras tanto resta vivir, que como canta el ‘Indio’ Solari “vivir solo cuesta vida”.

 

Las apariencias engañan

‘Las apariencias engañan’

porque son justamente apariencias,

no la verdad.

Si ésta estuviera al alcance de nuestra mano

ninguna persona se esforzaría por develar el conocimiento de otra,

de desmantelar con desvelo los centellos que la llaman hacia ese sitio,

esa incógnita.

La apariencia existe para acercarnos,

para darnos cuenta que (por júbilo) el ser humano es extraño

y a la vez simple.

Alguien de apariencia ruda

puede parecer tosco, bruto,

insensible.

Puede, aunque no sea eso.

En ocasiones las apariencias están allí para que corramos la cortina,

para que veamos más allá de eso que se deja ver

y una vez estando en el plano de la confianza,

entender allí la razón de esos secretos,

su intención de existir con un fin.

Inconsciente, desinteresado,

dormido o acostumbrado

uno cae en las riendas del parece ser qué…

y por breves instantes nos quedamos mirando fijo esa parte.

Hasta que algo llame nuestra atención y nos obligue,

por compromiso o por amor,

o por curiosidad,

o por temor,

a saber quién está detrás de esa apariencia,

qué ser habita en esa fachada que se muestra

qué esencia conlleva el contrario de su apariencia


(*) Catalina Saibene es actualmente estudiante en la Utu de Comunicación Social (CETP-UTU). Tiene un blog desde el año 2012 el que continúa actualizando a la fecha. (www.ojoconmiojodehorus.blogspot.com). Forma parte de Radio Pedal desde febrero 2016, como productora, columnista y co-conductora y en algunas oportunidades como redactora de notas puntuales. En el 2016 formó parte del varieté “Castillo en venta” – Castillo Idiarte Borda” organizado por Impulsa Centro de Barrio Peñarol – El Tejano, en la categoría poesía. En el año 2014 participó del taller de escritura “El resorte” a cargo de Fabián Severo. En 2010  realizó el taller literario “Laboratorio del Entusiasta”, de Alejandro Ferreiro, en el Centro Cultural de España (CCE). En el 2009 escribió junto a su hermana un cuento llamado “Juana la cubana” que luego presentó como obra en la muestra final del taller de teatro “Taller Telón” del liceo n°3, Dámaso Antonio Larrañaga.

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