“Es más importante saber tus limitaciones que tus capacidades”. Entrevista a Emilio Bolinches

Por Mauricio Rodríguez / Fotografías de Erika Keuroglian


Emilio Bolinches nació en Montevideo en 1960. Comenzó a pintar en 1973, cuando estudió dibujo junto al acuarelista Esteban R. Garino durante tres años. Egresó de la Escuela de Artes Aplicadas en 1978 como diseñador gráfico. En 1979 ingresó al taller del maestro Miguel Angel Pareja. Ha sido premiado en varias oportunidades. A los 22 años pasó a formar parte del acervo del Museo Juan Manuel Blanes, cuando ganó el 2° Premio Adquisición del Salón Municipal de Bellas Artes (Uruguay). Ha expuesto en Uruguay y en el exterior. Sus principales series de trabajos son:  Hilos (1977), Naipes (1981), Recuerdos (1985), Mágicos Cielos (1987), Retratando Pasiones (2003), Paños (2007) y Retratos del Hoy y de Ayer (2009). Sus obras se encuentran en el acervo del Museo de Bellas Artes Juan Manuel Blanes, Museo de Artes Visuales, Museo de Arte Moderno de Asunción,  Sede del Banco Interamericano de Desarrollo (Washington D.C., USA) y en numerosas colecciones privadas de Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Perú, Venezuela, USA, México, España, Israel, Italia, Francia, Alemania, Suiza, Canadá, Paraguay, etc.

Está instalado en la Ciudad Vieja (25 de mayo 300 esquina Colón).  Allí dicta sus clases, en un local de puertas abiertas.

¿Cómo nace tu inclinación por pintar? ¿Dónde ponemos el kilómetro cero de esta historia?

A los doce años me pega fuertemente para… (Piensa) Me entusiasma empezar a dibujar y no sabía dibujar. Mi viejo me empieza a dar para adelante con eso, ya ahí de chico nomás, y me pone a estudiar dibujo con algún profesor. Y me empiezo a entusiasmar. Yo tenía cero talento para dibujar, y empecé a ir a con Esteban Marino, un acuarelista de primera línea que marcó a muchos pintores figurativos. Empecé a ir a otros talleres y haciendo distintas cosas hasta que de repente me empecé a involucrar más con la pintura. Empecé a estudiar sobre pintura, empecé a leer. Hasta ese momento no había leído nada, era un chico que nunca había entendido nada, ni a una maestra ni a un profesor… (Risas) Entré a la UTU. Del 73 al 75 estuve en la Escuela de Artes Aplicadas “Pedro Figari”. Fue fantástico pese a estar en dictadura, había cierta rigidez por parte de los directores de turno con gente complicada que habían sido represores complicados. Pero igualmente el entusiasmo y la cabeza de la gente que iba ahí era bien artística. Además estaba cerrada Bellas Artes…

¿En ese momento ya empezás a vislumbrar que te ibas a dedicar a esto?

Sí, ahí ya decidí. Hice una rotación de talleres, porque también me gustaba el diseño gráfico, hice tres años de diseño gráfico ahí. Y empecé a trabajar en publicidad, dibujando. Hacía el armado de avisos. Empecé a darme cuenta de mis limitaciones y eso era lo que me sacaba adelante. Porque a mis limitaciones las compensaba con lo que realmente me salía bien, iba intercambiándolo y de esa manera trabajé como cuatro o cinco años en publicidad. A partir de los diecisiete años llegué a hacer de todo, redacción, creatividad, pero eran otros tiempos … Eran los tiempos que se usaba tinta para trabajar y armados de páginas enteras de los diarios, que luego cambió totalmente la técnica. Tengo amigos que se involucraron inmediatamente apenas salieron las computadoras y siguen hasta el día de hoy. Somos grandes, pero siguen siendo los número uno porque dominan lo de antes y lo de ahora, entonces hay más posibilidades. Después de determinado tiempo ahí dejé y me dediqué totalmente a la pintura. Di clases para solventarme también, en Secundaria. Clases de dibujo durante años…

¿Cómo fue el proceso en tu caso de buscar un estilo?

Lo que yo puedo dar en dos clases de iniciación, tardé más o menos quince años en saberlo. Porque nadie largaba nada tampoco. Íbamos a las bibliotecas, a la Biblioteca Artigas Washington, que era una biblioteca muy activa con el arte, íbamos mucho a buscar material. También comprábamos material, habían colecciones que se vendían, de arte, y de pintura sobre todo, Y uno ahí veía la vida, la obra y los momentos de los pintores … “Pinacoteca de los Genios”, todas esas cosas realmente fantásticas. Uno empezó a nutrirse y a meterse en el tema. Y ya empecé a encontrar caminitos propios de alguna manera …

 

¿Quiénes fueron tus maestros?

Yo ponía el ojo en gente variada, pero sobre todo me llamaba la atención Picasso. Siempre, de toda la vida. Y todos los que lo acompañaban, toda la gente de la época. O sea que era post – impresionismo. Impresionismo sí, me encantaba, me fascinaba, pero creía que eso había sido un momento muy especial que terminó. Comenzó y terminó muy rotundamente. Luego empezaron otros procesos a partir del momento en que aparece la cámara fotográfica. Y además eran los primeros tiempos abstractos, y ya empiezan a aparecer lanzados de otra manera. El artista representa su tiempo, entonces en cuanto a la pintura yo pinto mi tiempo. Creo que siempre lo hice. Hoy estamos en el 2020 y yo no puedo pintar como un impresionista, no puedo hacerlo ni para distraerme siquiera. Ya no puedo hacer un paisaje para distraerme, no lo puedo hacer …

¿En qué ha ido cambiando tu estilo en todos estos cuarenta años?

Ha cambiado mucho en cuanto a las formas y a las temáticas. Muchísimo. Pero lo único que no cambió es que cada inicio de cada serie es de raíces profundas, de cosas que me conmovieron profundamente. Eso es lo único que no cambió. Pero técnicamente he cambiado, he variado. Vos ves las series y son concretas se ven las series y se identifican mucho. La serie “Los naipes” tenía mucho que ver con un momento que pasé en el que me encantaba jugar a las cartas. Y jugué muchísimo a “punto y banca” (Risas). Con 17, 18 años me metía en las salas del casino, porque aparentaba más edad. También estuve como dos años y pico yendo a jugar mucho y me encantaba. Me fascinaba. Después cuando dejé el vicio, dejé esa adicción, aunque me faltaban dos años todavía para poder entrar a un casino. Porque recién se podía entrar a los 21 años en esa época. Voy a Europa, vengo, y salta la temática de los naipes. Ahí entro a una galería, muy jovencito,  a los 21 años. Una galería emblemática que tomaba solo casi exclusivamente a los que descendían de los talleres Torres, de Alceu Ribeiro. Estaban Nacho Iturria y toda una tanda de gente que me llevaba más años, pero esa temática me hizo entrar ahí y gané premios.

¿Cómo recordás la primera exposición?

Fue en el Club Municipal, que ya no existe. Una casona vieja en la Calle Constituyente que exponía el Negro Olivera. Era un tipo que hacía candombe, un hombre del Barrio Sur, muy dinámico, simpático. Y había había logrado vivir de esto y exponía dos por tres. Un día yo entré y pregunté si se podía exponer y me dijeron que sí, y ahí hice mi primera muestra a los 17 años. La serie “De los hilos”. Esa fue mi primera serie fuerte.

¿Siempre preferís armar series por un tema?

Yo hacía unos collages con hilos, pegaba hilos. Al óleo le pegaba hilos arriba. Aún me queda un cuadro de esos, fue fundamental, muy abstracto. Ese cuadro me lo aceptan en una muestra muy importante donde se habían presentado 900 obras. Seleccionaron 15 y yo había quedado en la selección. El gran premio había sido Vicente Martin, y el segundo premio fue Hugo Nantes. Y yo estaba ahí metido entre tipos muy pesados. Tenía 17 años. Y si bien el día de la inauguración fue fantástico yo no conocía a nadie, iba a la UTU.

¿Cómo viviste eso de ser un adolescente en medio de esos nombres ilustres?

Era fantástico y me adapté. Transitaba lugares que me apasionaban con toda esta gente. Después había amistades y ya no había diferencias casi de edad. También transitaba con mis amigos del barrio de La Unión, en otras áreas totalmente diferentes. Me gustaba la música.

¿Tiene que haber un estado predispuesto para el arte? ¿Cómo es tu proceso desde ese lugar?

El proceso… (Piensa) Yo creo que lo que me dio esto es encontrarme conmigo mismo, que tanto se habla de eso. Yo realmente me encontré. Creo que al principio sufría mucho más, cuando uno es adolescente joven sufre mucho más y hace mucho más grande los problemas. He pintado las cosas que sentía profundamente. Eso son los inicios de cada temática. Después lo tuve claro, postergaba determinadas cosas que me rodeaban. No hacía cualquier cosa. Postergaba para no invadir mi cabeza. Y en un momento encontré un método. Tuve que dejar de leer para que no me sugiriera tanta cosa, porque todo me sugería. Tuve procesos distintos. Hoy en día estoy en una etapa en la que no puedo leer demasiado, sino que estoy escribiendo. Porque todo sugiere. Entonces no podes hacer una ensalada gigantesca en la cabeza. Tenés que separar un poco. Esa es la parte más lógica. Hay que despegarse para no entrar en el delirio.

En el momento de agarrar el pincel, ¿necesitás un contexto determinado?

Yo estoy en una serie actual que es la de “Los magos”, que están permanentemente conmigo. Hoy en día tengo la facilidad de poderlos dibujar rápidamente y dibujo como nunca pensé que iba a dibujar. Porque yo no tenía esta facilidad para dibujar como dibujo ahora, para nada. Tuve premios de dibujo hace muchísimos años con un dibujo al estilo propio. Creo que lo que me premiaban era la diferencia con un estilo personal, pero eso era debido a mis limitaciones. Por ir dándome cuenta de mis limitaciones. Lo más importante es saber tus limitaciones, más que tus capacidades. Porque ahí es donde vos te podés sorprender con los resultados. Tenés que tener claro “esto puedo y esto no”.  Y en esto, solito, lo que no podías, empezás a poder. Ahí es donde está la base de esto. Yo necesito a diario pintar, dibujar, escribir algo. Estoy en un ambiente donde estoy muy expuesto al público, a la gente. Estoy en una pecera, que me encanta, me divierte. Estuve hace muchos años en un taller muchísimo más cerrado. Miraba para afuera y no pasaba ni un perro durante todo el día. Era rarísimo. Ésta es una profesión solitaria, y entonces yo siempre elijo mis soledades.

¿No te distrae el entorno?

No, me encanta. Soy un tipo del asfalto, nací en Montevideo y estuve donde nació y donde vive mi hijo actualmente. En Solymar. Y parecía que estaba en Vietnam, porque no me llegaba nadie. ni mis amigos ni la gente, las circunstancias de la vida… Así que terminé mudándome hace cuatro años a Ciudad Vieja y en este local estoy desde hace un año. Estoy a full, me siento cien por ciento.

¿Cómo es el proceso de incorporar alumnos nuevos?

Hace muchos años que doy clase. Lo que más en cuenta tengo hoy en día es que si tenés ganas de expresarte, buenísimo. Yo no te voy a dar dibujo, ni dibujo naturalista. No vamos a hacer eso si te querés expresar … Por eso hago un cuestionario antes de acceder al taller. Acá no copiamos de fotos, no hacemos retratos. Podemos hacer todos los paisajes que quiera, pero generamos motivación creativa. Después tenemos parámetros de color importantes, que es lo que yo tarde quince años en aprender. La paleta de color fundamental, que se enseñaba en las academias ortodoxas, clásicas, como aprendieron Picasso y Torres García en la misma Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Eso mismo, pero de otra manera. Está implícito una mezcla y jugar y trabajar el color de determinada manera. Hacer lo que uno quiera con el color a conocimiento, a sabiendas de que hay un montón de determinadas cosas para hacer y para unir la obra. Eso sigue siendo una formación fundamental que creo que hoy en día casi nadie lo está dando.

¿Cómo influyen los premios que recibís? ¿Te condicionan de alguna manera?

Hace poco empecé a sintetizar mi currículum. Hubo premios que fueron importantes, pero nunca me detuve en las caricias de los premios. ¡Está bárbaro! Pero son cinco minutos, y pasó. No me detengo en eso. Muchas veces creo que todavía no hice nada, y  entonces me despierto con esa sensación de que me falta todo por hacer. Los éxitos de venta no marcan nada, cosa con la que muchísima gente se confunde. El éxito de ventas puede tener que ver con un grupete de gente, pero estás en una comunidad cerrada. Está bueno cuando te podés probar en canchas grandes, en el exterior. Alguna cosa he hecho afuera. Estuve en colecciones privadas en muchos países del mundo, y está todo bárbaro, pero eso no quiere decir nada. A veces la gente junta curriculums, pero yo estoy por afuera de eso.

¿El mejor cuadro es el que está por venir?

(Piensa) Es como que a veces siento que no pinté EL cuadro. Eso lo siento. Pero tengo el disfrute a diario de poder ir expresándome. Si vos querés saber cómo estoy, mirá el cuadro de la semana que pinte (Risas).

¿Qué lugar le das al pasado?

No miro mucho para atrás… Hay gente que sabe más de uno que uno mismo. No estoy pendiente de eso.

¿El pasado no te da un dejo de orgullo?

Me satisface. No me arrepiento de nada del pasado. Eso sí. Y los errores que he cometido a todo nivel en la vida han sido sin mala intención, porque a veces dañas gente. Y capaz que con la profesión mía he tenido momentos complicados, de sentimientos digo. Yo siempre decía que tengo una vida paralela al pintar. Tengo la ventaja de tener esta vida paralela del mundo de las artes, y mi vida cotidiana paralela a la vida social. Yo hacía el chiste de decir cuando tenía 40 años: “tengo 40 años pero tengo 65, porque hace 25 que estoy en esta paralela”. Y lo hacía como un chiste. Hoy en día siento que se juntaron las dos cosas.


 

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