La importancia de PulSo. Desde España, por Joaquín  DHoldan


Hay artículos que intentan responder algunas cuestiones, hay otros llenos de preguntas. Éste es de esos.

Cuando se  menciona al  flamenco se escucha hablar de compás, de ritmo, de sentimiento. Este patrimonio cultural de la humanidad es una disciplina antigua, intensa y compleja que combina la música y el baile con una profundidad única. El flamenco está vivo en todo el mundo, pero Andalucía es su cuna. Por eso me extrañaba cuando en Sevilla, muchos artistas, luego de descartar que fuera argentino comentaban “pues por aquí hay una bailaora uruguaya brillante”. Una bailaora uruguaya (12 años en Sevilla, la cuna del flamenco), brillante, me decían.

Poco después, mirando un partido de la selección, conozco a otro uruguayo (el otro que había en el bar). Un grito de gol nos unió. A partir de ese día miramos todos los partidos juntos. Les prometí preguntas, acá tienen la primera ¿Existen las almas gemelas?, pero no sólo en plan romántico, sino dos tipos que son criados en dos extremos del mundo (digamos uno en el Cerro y el otro en Estocolmo, aunque los suspicaces anotarán que yo nací y viví en la calle Suecia…), y que resultan que les gustan las mismas cosas. El caso es que nos hicimos amigos. Lentamente. Una película de terror, otra de superhéroes, otra de terror (convengamos que tanto Marvel como DC pusieron su granito de arena en estos años). Los comics, la música y Uruguay, ese lugar que nos hacía más orientales que nadie a pesar de mis orígenes gallegos y su cuna vikinga. En un partido me dice que va a llevar a la hermana (que resultó más fanática que nosotros dos juntos), y que descubrí, antes de terminar el primer tiempo, que se trataba de la bailaora uruguaya de la que tanto me habían hablado.

Ustedes pensarán. Una historia de amistad en una ciudad de flamenco. ¿Qué podría salir mal?

Pasó el tiempo. Mi amigo y yo comenzamos juntos un programa de radio: “Música Oriental”. Luego se incorporó a mi otro programa. Seguían desfilando los héroes, los fantasmas, los jugadores de la selección. Mientras tanto Sofía Castro, la bailaora, daba un paso más en su extraordinaria carrera artística comenzando una investigación llamada “Pulso”. En ese espectáculo, mezcla el flamenco con la música electrónica y además,  llena el escenario de contenidos visuales que relacionan el cante (con diferentes artistas según la ocasión), el baile, el compás, el ritmo cardíaco. Sofía grabó su propio electrocardiograma, trató de entender su funcionamiento, estudió las pulsaciones, los latidos, las anomalías, los silencios.

Para que logren comprender la real dimensión de la obra final debo contarles que mi amigo tenía una cardiopatía congénita. Les habían dicho que viviría unos meses, y aquí estaba, muchas operaciones después, muchas canciones por delante. Los detalles médicos no vienen al caso. Aquí lo que importa es que se maravilló con “Pulso”, vio la presentación en uno de los principales teatros de Suecia. Hablamos de eso un día. El arte había logrado transformar una dificultad en una obra increíble.

Sigue pasando el tiempo. “Pulso” sigue creciendo. Nosotros seguimos en la radio. La gente nos confunde por la calle o creen que somos hermanos (el mate, la barba, los lentes, el mismo acento, las camisetas con superhéroes),  El pulso de mi amigo está cada vez peor. Necesita un trasplante. Nos dicen que es más complejo, necesita una cirugía que le gane años  al trasplante. No se los dije hasta ahora, pero mi amigo era una de las personas más buenas que yo había conocido, y generosa, y valiente. Nunca me había dicho que le dolía todo. Siempre estaba ahí, sonriendo, hablando de cine y de libros. Pero se quería operar pronto, para poder respirar bien y así cantar Rap, (porque hacía tremendas canciones). Si gente, lo que leyeron,  además era poeta.

Entonces les planteo unas preguntas:

¿Sería posible que esto no terminara bien? ¿Qué clase de mundo de mierda sería? Si hubiera Dios ¿qué tipo de psicópata cruel nos iba a joder la historia?

Eso creímos nosotros, por eso el día antes de la operación, en el hospital, estuvimos leyendo cuentos de Horacio Quiroga. Nos leíamos en voz alta y comentábamos la jugada. Armamos el calendario de la radio y  susurramos un plan para ir a Montevideo, para ver “Pulso” en Montevideo. También, de forma más superficial, le comenté la necesidad de elegir un equipo local para ser hincha, aparte de la selección. Por supuesto era claro que sería de Cerro, aunque entendía que el nuevo corazón se hacía indispensable, también para eso.

“Pulso” cambió de nombre. “Pul So”, es una obra de arte, de flamenco, que experimenta con la electrónica, usa impresionantes visuales sobre el corazón y sus secretos, y habla de la ausencia. De la ausencia de pulso.

El mejor amigo de mi amigo, un gran músico sueco, comentó, mirando por un balcón a un montón de gente que paseaba por las calles, “¿Cómo es posible que el mundo siga con esto que nos ha pasado?”(Quizás sea  la pregunta más importante que debamos contestarnos).

Esta magnífica pieza de flamenco se presenta en octubre en Estocolmo y llegará a Uruguay. El arte llega aunque nosotros no estemos. Esa es su magia. Esa es la única esperanza que tenemos de no estar solos, regalados ante los caprichos de este Universo.

Mientras tenga pulso, Sofía seguirá bailando. Latirá en nosotros y espero que en ustedes. No se la pierdan.

www.sofiacastro.net

 


 

 

 

 

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