Leandro Gómez, héroe del Uruguay


Por Daniel Abelenda

“Cuando sucumba, me rendiré.” 

(Respuesta a la intimación de V. Flores)

La fecha de la conmemoración, luego de las fiestas y en pleno verano, evidentemente, no ayuda en su difusión pública, más allá de los límites de “La Heroica”

El 2 de enero de 1865, el General Leandro Gómez y varios de sus oficiales, eran fusilados en un derruido muro de Paysandú por un pelotón del Comandante Belén, cumpliendo órdenes del General “Goyo” Suárez, jefe de las fuerzas que sitiaban la ciudad desde el 3 de diciembre de 1864 (Venancio Flores ya se había retirado para tomar Montevideo).

Apoyados por la escuadra brasileña del Almirante Tamandaré, que remontó el Río Uruguay con los barcos de guerra más modernos de la época, y un ejército de 3.000 hombres de infantería, caballería y artillería con el cual Flores había invadido el Uruguay, el 19 de abril de 1863, los colorados pusieron cerco a la capital sanducera, la única ciudad que resistía a la invasión contra el gobierno del nacionalista Bernardo P. Berro (1860 – 1865).

Con apenas 700 soldados, el entonces Coronel Gómez, resistió estoicamente –con el apoyo de la población civil de la pequeña ciudad litoraleña- durante casi un mes, el terrible bombardeo de los barcos del Imperio desde el río y los de los cañones y fusiles de los sitiadores, que se acercaban cada vez más. Los defensores estaban aislados y sin posibilidad de recibir ayuda de las tropas leales a Berro, que habían sido batidas por Flores en el resto del territorio oriental. La esperada ayuda del Gral. Urquiza desde Entre Ríos nunca llegó, y el caudillo entrerriano apenas envío charque  a los civiles que fueron evacuados hacia la Isla de la Caridad, frente a la ciudad.

Cuando las bajas ya eran enormes, no quedaban medicinas, provisiones ni municiones, Leandro Gómez iza la bandera de rendición, y parlamenta, en principio, con el jefe de las fuerzas brasileñas de tierra. Le dice que está dispuesto a entregarse únicamente a oficiales orientales.

Los brasileños acceden, y Gómez, Píriz, Azambuya y Benavides, sus bravos lugartenientes, son puestos a disposición del General Goyo Suárez (se sabe que un hijo de éste, había muerto en una escaramuza con los sitiados, hecho por el cual Suárez culpaba personalmente a Leandro Gómez).  “Lléveselos, Comandante (refiriéndose a “El Indio” Belén) ya sabe qué tiene que hacer con ellos…”, habría dicho el jefe sitiador. Los cuatro fueron fusilados sin más trámite (Gómez le había regalado se reloj de bolsillo a su verdugo, y las botas de los muertos fueron robadas por los soldados del pelotón). Gómez y los suyos fueron enterrados en una fosa común con decenas de defensores caídos.

Todo el horror de las guerras civiles del Siglo XIX, está resumido en esta escena final en las calles de una ensangrentada ciudad donde casi no quedó ladrillo sobre ladrillo…

Naturalmente, sólo por esta heroica defensa de un Gobierno constitucional, Leandro Gómez merecería un lugar destacado en nuestra Historia.

Pero su enorme estatura moral, ya asomaba en otros hechos mucho menos conocidos de su actuación anterior a Paysandú, como Oficial Ayudante del Gral. Manuel Oribe, segundo presidente de la República (1835-38) y durante los años siguientes.

Así, fue uno de los principales actores de la Sociedad Filantrópica que ayudó durante la epidemia de fiebre amarilla que azotó a nuestro país en 1857, fundando hospitales y dos escuelas laicas (Gómez, como Oribe, era grado 33 de la Masonería) para los niños huérfanos que dejó la epidemia, y los pobres, cuyos padres no podían pagar su educación, aún la primaria (estamos 20 años antes de Varela). Fundó una escuela en Montevideo y otra en Salto, donde fuera Comandante Militar, su destino anterior a Paysandú, bajo las órdenes del Gral. Diego Lamas.

También deberíamos recordarlo por haber sido de los primeros que reivindicó a José Artigas como fundador de la Nacionalidad Oriental y líder federal (como intendente del Pueblo de la Unión, nombró como “Camino Artigas” a la actual Avenida 8 de Octubre).

El primer homenaje oficial que recibió Gómez fue en 1884 y vino de un integrante del otro Partido Tradicional, el General Máximo Santos (presidente de la República, 1881-1886); Santos envío ese año al Parlamento un proyecto para la construcción de un monumento.

Sus restos mortales, fueron salvados de la fosa de Paysandú, y descansaron hasta 1984 en el Cementerio Central de Montevideo -donde Gómez había pedido que descansaran junto a los de su esposa- hasta que fueron trasladados al Mausoleo que lo recuerda en la ciudad litoraleña.

Desde su muerte, aquel 2 de enero de hace 154 años en La Heroica, ha sido reivindicado como un héroe el Partido Nacional, cuyo Honorable Directorio lo homenajea en esa fecha, en lo que debería ser una efeméride de todos los uruguayos.

En estos tiempos posmodernos, donde se ensalzan mediáticamente a tantos ídolos de barro, nos vendría muy bien recordar a aquellos hombres (y mujeres como las de Paysandú), que estuvieron a la altura de su tiempo y se jugaron la vida por la Constitución y la Ley.


 

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