Mujer que cae. Por Luis A. Fleitas Coya


Mujer que estás cayendo

Yo te bendigo

No te bendice la iglesia

Ni el irredento estado

Ni quienes deberían hacerlo

Sino yo, que  soy nadie

Apenas uno que farfulla versos

Para que no estés sola

Cuando estés cayendo

Cuando te estés hundiendo

Apaleada, dolorida, ultrajada

Muerta

 

Bendigo tus lágrimas

La gruesa sal que las construye

El cabello que cuelga cual cortina

Separándote del mundo

De nosotros

El polvo que te recibe

La noche

No se conmueve, no dice nada

Asalta la célula que cae

La neurona yerma

Baldía la zona de lo que no es

Y llora

 

Bendigo la mínima máquina, el alarido

La huida

El monte perverso

Tu condena

Suelto hacia allá

Y hacia acá, la rueda

La acusación final del pavor

Mujer que estás cayendo,

Violada, expoliada, extuerza

 

En esta hora nona o tercia

O en laudes o en maitenes

En que repica la rodaja, un puño

Salta la aguja, el filo zodiacal

Tu destino incrustado en el bazo

O en el  fogonazo raspando el alba

Aquello que no verás

Ya no

Ya nunca

 

Monaguillo oscuro de palabras

Mi métrica va y va, persigue

Tus gritos por el aire

Tu miedo ardiendo por las veredas

Tus ojos baldados que no miran

Ahora ya aquí en este momento hoy ahora

Y te bendigo

Yo, que  soy nadie

A vos, que estás cayendo

(“Si. Es tan así”. Mirta Olivera. Óleo sobre cartón.  2017.)


 

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