Nietos de la guerra. Sobre Rafael Martos Luna, desaparecido desde la Guerra Civil Española


Por Cristina Gálvez Martos

Rafael Martos Luna fue mi bisabuelo, padre de mi abuelo materno. Debido a su inclinación política, fue perseguido por las fuerzas franquistas durante la guerra civil española, así como al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En 1936 tuvo que escapar de Sevilla, y en 1939 abandonó España en un barco con destino a Algeria. Su esposa e hijos no volvieron a verlo, tampoco supieron dónde, cuándo y bajo qué circunstancias murió. Sus hijos tuvieron hijos, que investigaron hasta el cansancio. La incertidumbre terminó ochenta años después.

No mirar para arriba

Rafael Martos Luna nació en Aguadulce, Sevilla, en 1887. Tuvo en total seis hijos: cinco varones y una niña. Marcela, que así se llamaba, era la menor, y murió siendo muy pequeña, de una pulmonía. Manolo también murió siendo un niño, debido a una peritonitis. Los otros cuatro –Rafael, Miguel, José y Paco– vivieron la guerra y los años de represión.

Mi bisabuelo era dirigente sindical de ferroviarios, distribuía el diario Mundo Obrero  –publicación del Partido Comunista de Españay en 1936 participó en mesas de votación durante lo que serían las últimas elecciones de la Segunda República. La persecución comenzó ese mismo año, luego del golpe de estado militar.

«Estuvo mucho tiempo escondido en el techo. Venía la Guardia Civil y encañonaban a todos los niños, mi padre se acordaba siempre y me decía que le ponían la metralleta en la cabeza, a él ya sus hermanos». Comenta P., uno de sus nietos.

Estuvo, se supone que algunos meses, en un doble techo que tenía la casa. «Mi padre me contaba que él no quería ni mirar para arriba, por miedo a delatarlo», me dice S., mi tía. Mi abuelo Miguel, uno de los mayores, tendría para entonces dieciocho años.

Pero la situación no dio para más, y mi bisabuelo tuvo que movilizarse hacia un lugar que aún no hubiesen ocupado las tropas franquistas. Se fue, entonces, con su hijo José hasta Alicante –uno de las últimas zonas que serían asediadas– y allí estuvieron tres años. En ese transcurso, los falangistas tomaron a Rafael, el mayor de sus hijos, para luchar en las tropas de Franco (posteriormente moriría de tuberculosis, producto de las penurias de la guerra y la posguerra).

Rafael, su esposa Carmen y sus seis hijos, señalados con números por orden de edad.

En 1939, año en que finalizó la Guerra Civil, la represión se intensificó, y el régimen logró tomar la totalidad del territorio nacional. Fue cuando Rafael –padre– se despidió de su hijo José en Alicante y tomó el barco que lo llevaría a Argelia. L., una de las hijas de José, me cuenta: «El abuelo le dijo que se regresara a Sevilla. Y él no tenía nada, no tenía dinero, no tenía comida… y entonces, él siempre contaba que tenía un sobrecito de azúcar, y con ese sobrecito de azúcar sobrevivió un par de días, que le tomó regresar a Sevilla, metiéndose de polizón, así de colado en los trenes, y caminando otros trechos, caminando a través de las tropas esas franquistas, que le preguntaban ¿y tú dónde vas, y quién eres?».

José fue el último de sus hijos en verlo.

Querida prima Carmen

Querida prima Carmen:

Mucho me alegraré que al recibo de ésta te encuentre bien en compañía de los hijos y demás familia. Yo de mi enfermedad bastante mejorado.

Carmen, ésta es para decirte que he recibido tu carta fecha 14 de agosto pasado, como también la fotografía de Rafalito, Miguel y José. Al recibir la carta fue una gran alegría para mí, pues hacía un año que no tenía noticias vuestras, habiendo escrito varias cartas.

De lo que dices de la fotografía de todos espero que en la próxima carta me la envíes. Al mismo tiempo me dirás si Rafalito cumple su servicio en esa (sic), pues nunca me escribe ni me dices nada en la carta de cómo lo pasa. De José en tu carta me dices que ya trabaja y le dices que aunque trabaje que no deje de estudiar como también a Miguel, a Rafalito no hace falta recomendarle nada.

Carmen, de lo que me dices que clase de enfermedad padezco, pues como sabes del corazón, además llevo un año con infección de vientre y también del estómago que hoy ya no me siento nada (sic) y de lo demás me encuentro bastante mejorado. De mi familia nada tengo que decirte lo bien que lo hace por mí y me dan muchos recuerdos para todos.

Adjunto te mando una fotografía que me hizo un amigo el invierno pasado, en otra te mandaré otras nuevas, no quiero perder tiempo en contestar la carta. También te digo que escribas a Albacete, Calle Hermanos Pinzón, número 22, Ejidos de la Feria, a Vicenta Ruíz, y le dicen que el abuelo de Carlito (sic) está conmigo y bien de salud. Cambiadle vuestra dirección y contestadme.

También me dirás si tu Paquito está muy aplicado en el colegio y si se acuerda de mí pues como hace tanto tiempo que no me ve. También me dirás como lo pasáis en esa (sic), yo me acuerdo mucho de todos. Todos los días tengo que mirar vuestras fotos, no sé si a ti te pasa lo mismo, para que tenga presente que yo no le tengo en olvido, tan pronto me restablezca de mi enfermedad y pueda iré a ver a todos vosotros y pasar un tiempo juntos.

Sin otra cosa más, darle muchos besos y abrazos para Rafalito, Miguel, José y Paquito, y tú, mi querida prima lo recibes de tu primo.

Firmado como: Luna, el 7 de octubre de 1940.

La anterior es una carta enviada por Rafael a su esposa Carmen, a quien llama “prima” como forma de protegerla y de salvaguardar su propia identidad. La carta fue transcrita del manuscrito original por mi madre, quien solo agregó algunos signos de puntuación para hacerla más legible. Por motivos de extensión quise citar únicamente los fragmentos relevantes, pero se me hizo imposible omitir una sola línea.

En su momento, el sobre llegó con matasellos de Suiza, aunque no se sabía con certeza en qué país se encontraba mi bisabuelo. Me dice mi madre, durante una conversación por Skype: «Un primo de la mamá de la abuela que estuvo en Francia, que parece que pudo volver a España, les dijo ʽvi a Rafael en un sanatorio en Francia, y dijo que se iba para la URSSʼ (…) Eso fue como lo último que se supo de él, pero nosotros nunca pensamos que él de verdad hubiera podido llegar a Rusia, porque ya estaba la Segunda Guerra Mundial y no nos imaginamos que hubiese podido irse en barco (…) Ya había campos de concentración, y al que agarraban lo metían».

Foto de la última página de la carta, donde puede apreciarse la firma.

Se calcula que unos 9.000 españoles conformaron campos de concentración nazis, entre 1940 y 1943. «Los españoles que sufrieron ese destino habían sido capturados en la Francia invadida, donde se hallaban huidos tras ganar Franco la guerra civil. En la Alemania nazi les llamaban Rotspanienkämpfer (combatientes de la España roja)», señala un artículo del portal La Vanguardiaˡ. Si bien se trataba de campos de mano de obra esclava y no de campos de exterminio, indica la misma fuente, la mayoría de los españoles recluidos falleció durante los años de trabajo forzado. Bien pudo haber sido ese el destino de Rafael, ya que luego de esa última carta no hubo más noticias.

Venezuela os acoge

Culminada la Segunda Guerra Mundial, conflicto en el que España no participó activamente por encontrarse absolutamente sin recursos como consecuencia de la Guerra Civil –y a pesar de que Franco deseaba enviar tropas en apoyo a Hitler–; culminado este horrendo período en la historia de Europa y del mundo, España seguiría bajo el yugo del franquismo por muchos años más.

Mi abuelo Miguel, así como sus hermanos José y Paco, crecieron con el vacío y la incertidumbre que dejó la desaparición de su padre. Aunque la vida política que hacían fuese prácticamente nula y se limitara a acciones simbólicas, cualquier paso en falso podía costarles la vida. No obstante, no faltaba una «pillería»: «El tío José y mi padre eran unos terroristas para el régimen que había aquí. Ellos cosían banderas republicanas, las ataban a una cuerda con una piedra y se iban por todos los cables de la alta tensión de Sevilla (…) y lo tiraban pa’ que se enredara, y la dejaban colgando», cuenta P., hijo de Paco.

Uno a uno, los hermanos tuvieron que buscar la manera de salir de España. P. también rememora cómo fue que su padre logró escapar hacia Venezuela: «Tuvo la suerte, pidiendo el favor a alguien, de que lo embarcaran en el Juan Sebastián Elcano (…) Esto es simpático de contar, porque ya saben que mi padre, de creencias en Dios, ninguna… Lo metieron en el barco de monaguillo. Él no lo quería, pero el que daba los puestos le dijo: tú que eres muy chiquitín, es el mejor puesto del barco, ya verás que me lo vas a agradecer».

En los dos primeros puertos, Paco no pudo descender del barco. Cuando llegaron a La Guaira decidió, junto a un compañero, y pese a que no tenían permiso de salir, escaparse con la ropa que tenían puesta y algún dinero en el bolsillo. Vestidos con el uniforme de la Marina, llegaron en un taxi a Caracas por la tarde, y se metieron a un cine a esperar  que pasara la hora en que el barco zarparía nuevamente. Ese día, en Caracas, conocerían a P.M., un exiliado catalán que les daría asilo en su casa y les proporcionaría ropa hasta que lograsen regularizar su situación.

Era el año de 1948. Venezuela, al igual que varios países latinoamericanos como México, Chile, Argentina y Cuba, se encontraba recibiendo a españoles en calidad de refugiados políticos. Un año después, mi abuelo Miguel partiría hacia Argentina debido a un contrato de trabajo. No obstante, se detuvo en Venezuela, y allí se encontró con su hermano, en el puerto de La Guaira, donde compartieron un café.

Cuenta mi madre: «En España no había café, no había azúcar, no había nada (…). Entonces le sirven el café, tremenda taza de café, y le ponen un azucarero. Entonces el abuelo se le queda viendo al azucarero y le dice a Paco: ¿y le puedo echar todo el azúcar que quiera?». Así se tomó, probablemente, el café más dulce de su vida. No sabemos a ciencia cierta si fue a raíz de esta anécdota, el caso es que mi abuelo no siguió su viaje hacia Argentina y decidió establecerse en Venezuela. Un par de años después, llegaría José con su esposa, y posteriormente emigraría mi abuela.

Algunas de las nietas de Rafael Martos Luna, en una playa en Venezuela a finales de los 60s.

La respuesta

En Venezuela nació y creció otra generación. Con el tiempo, algunos regresarían a España; otros irían y volverían; otros se movilizarían a diferentes lugares del mundo.

Los nietos de Rafael, ya adultos, también intentaron buscar respuestas por distintos medios sobe el posible destino de su abuelo. Durante el año 2010, se enviaron correos al Comité Internacional de la Cruz Roja y a otras fundaciones que contaban con distintos archivos de españoles víctimas de la Guerra Civil, así como a organizaciones encargadas de la búsqueda de desaparecidos. Los intentos fueron infructuosos, el nombre no aparecía. Por varios años, nadie volvió a insistir en lo que parecía inútil.

Una noche de diciembre del pasado año, mi madre y su prima L. conversaban, una en Caracas y la otra en Estados Unidos. Durante esa conversación, volvieron a plantearse la posibilidad de que su abuelo, efectivamente, hubiese llegado a Rusia. Esa misma noche, más tarde, mi madre encontró en Internet una publicación que compilaba archivos del exilio español a la URSS. Esta documentación, originalmente en ruso y traducida al español, se centraba, sobre todo, en los llamados “niños de la guerra” –cerca de tres mil infantes y jóvenes que fueron evacuados desde España y recibidos en la Unión Soviética en “Casas de niños”–. No obstante, el libro también hace breve mención a algunos hombres, mujeres y ancianos que se exiliaron en lo que hoy es Rusia. Así, entre miles de nombres de quienes compartieron un mismo padecimiento, la búsqueda de ocho décadas terminó con unas pocas palabras:

«2670. MARTOS LUNA RAFAEL. 1885. Ferroviario en Lorca. Murió en la casa de reposo de Perediélkino (región de Moscú) en 1940».²

Aunque el libro presenta un error en la fecha de nacimiento –mi bisabuelo nació en 1887–, evidentemente se trataba de él. Era de madrugada, y mi madre quedó atónita, por lo que no durmió esa noche. Sola en casa, no tenía con quien compartir la noticia, así que envió un correo. Todos, a la mañana siguiente, encontraríamos un email titulado “Encontré al abuelo”.

Mamá me cuenta: «cuando me desperté encontré el whatsaspp lleno de mensajes, con los de España, así todos alborotados. Luego empecé a buscar, como decía que había muerto en un sanatorio (…) empecé a buscar con ese nombre y encontré una foto vieja del sanatorio, de ahí empecé a buscar cómo estaba ahorita, empecé a buscar todos los barcos (…) que habían salido de Francia en esa época, entonces encontré el barco ese que les mandé, de ahí empecé a buscar en los archivos de Algeria, de ahí encontré unos barcos que habían salido para Francia, y así armamos la historia».

Sanatorio de cardiología en Peredelkino, posiblemente el lugar donde falleció Rafael. 

El mismo sanatorio actualmente. 

Breve reconstrucción de la historia

Rafael Martos Luna salió de Alicante en 1939 con destino a Algeria en el African Trader, un barco carguero en el que fueron evacuados casi un millar de civiles. Una vez en Orán, las mujeres y los niños pudieron descender del barco, pero el resto de los pasajeros tuvieron que esperar aproximadamente un mes, antes de que las autoridades francesas les dieran permiso de pisar tierra firme. El hambre, la enfermedad y la desesperación hicieron estragos.

De alguna manera, al conseguir abandonar el barco, mi bisabuelo debió haber burlado lo que fue el destino de muchos: los campos de concentración. Es posible que se haya tenido que embarcar rápidamente hacia Francia y, habiendo desembarcado en el sur del país, movilizarse por tierra hacia el norte. Una vez allí, debió tomar otro barco hacia la URSS. El Maria Ulianova y el Cooperzaya fueron las naves que trasladaron a la mayor parte de los españoles del Partido Comunista que buscaban llegar a la Unión Soviética (sin embargo, iniciaron su travesía tan solo dos meses después de haber salido mi bisabuelo desde Alicante, lo cual deja muy poco margen de tiempo, considerando los muchos días que debieron permanecer recluidos en Orán).

Debido a su padecimiento del corazón, es probable que haya estado internado en el sanatorio cardiológico en Perdelkino, Moscú, desde mediados de 1939 –cuando debe haber llegado a la URSS–, hasta su muerte, a finales de 1940.

Cuando envió esa última carta a Carmen, su esposa, posiblemente ya se encontrase muy enfermo. Tal vez fuese consciente del poco tiempo que le quedaba (moriría uno o dos meses después). Asimismo, puede que al momento de ser recibida la carta, ya Rafael hubiese fallecido.

Pasajeros del African Trader mientras esperaban para descender en Orán, Algeria. 

Nietos de la Guerra

Casi toda la información que precisé para desarrollar este texto me fue facilitada por mi madre, mi tía, y por sus primos y primas. Ellos me facilitaron todos los detalles de la historia, compartieron las diversas anécdotas, las fuentes, incluso la mayor parte de las fotografías, ya que habían investigado desde años atrás sobre la desaparición de su abuelo y, además, conocían de forma más directa parte de los hechos, transmitidos por sus propios padres.

Para ellos, nietos y a la vez hijos de la guerra (puesto que sus padres también vivieron el conflicto), se trata de un tema sumamente sensible, que trasciende la historia familiar y personal. En palabras de mi madre: «Este tipo de problemas se heredan hasta una tercera generación, se transmiten en una memoria colectiva y familiar (…) A mí me pasa, tú me hablas de la guerra y es como si lanzaran una bomba ahí en el balcón, me pongo a llorar, horrible. La abuela [refiriéndose a su madre] contaba todo el tiempo, el abuelo también [se refiere a su padre] (…) viste que todos los europeos están medio “tocados”, los españoles por la Guerra Civil, los europeos en general por la [Segunda] Guerra Mundial. Eso ellos nos lo pasaron a nosotros».

Se supone que mi generación, en alguna medida, también está “salpicada” por esos hechos. Pero no es lo mismo. Las evocaciones que tenemos, por ejemplo, al ver una antigua fotografía de un barco, no se asemejan en nada. Revivir la historia de Rafael Martos fue para sus nietos reabrir una herida que no se había cerrado del todo. Esa herida, en el sentido histórico, nunca se cerrará. No obstante, el hecho de hallar la verdad –aunque siempre parcial– de lo sucedido, después de ochenta años, también fue sanador: se llenó un vacío, algo se selló en la historia de nuestra familia. Podemos considerarnos, en ese aspecto, afortunados, tomando en cuenta que hay quienes nunca saben, quienes nunca encuentran la respuesta.

Rafael Martos Luna. Fotografía enviada a su esposa junto a su última carta, en 1940.

Nota final

En España, el franquismo sigue vivo hasta nuestros días, y no solo a nivel simbólico. Los restos de Francisco Franco siguen en el mausoleo que él mismo mandó a construir, como un monumento a la barbarie que nadie ha podido tocar, debido al enorme poder del que aún goza esa “fracción política”, respaldada, además, por la Iglesia Católica. Las investigaciones sobre los crímenes cometidos han sido escasas o nulas, aún cuando España es el segundo país del mundo donde hay más fosas comunes, después de Camboya³. Todavía no existe justicia para los casi 200.000 desaparecidos4 y sus familiares.


Referencias:

 ˡ López, M. (8 de mayo de 2016). Españoles en los campos nazis. La Vanguardia. Recuperado de:

https://www.lavanguardia.com/internacional/20160508/401639794161/espanoles-en-los-campos-nazis.html

² Encinas Moral, A. (2008). Fuentes históricas para el estudio de la emigración española a la URSS (1936-2007). Madrid, España: Exterior XXI. Recuperado de:  http://www.exterior21.org/publicaciones/FUENTES%20HISTORICAS%20EMIGRACION%20URSS.pdf

³  Pascual, R. (16 de abril de 2016). Solo Camboya tiene más fosas comunes que España. El Periódico. Recuperado de:

https://www.elperiodico.com/es/politica/20160416/solo-camboya-tiene-mas-fosas-comunes-que-espana-5039352

4  Gordillo, J. España, el país de los 200.000 desaparecidos. Periodismo Humano. Recuperado de: http://periodismohumano.com/sociedad/memoria/espana-el-pais-de-los-200-000-desaparecidos.html

Sanatorio de cardiología en Peredelkino. Fuente: http://oldmos.ru/old/photo/view/91515

Sanatorio actual. Fuente: https://kurortbest.ru/katalog/sanatorii-rossii/sanatorii-podmoskovya/sanatorij-peredelkino.html 

Pasajeros del African Trader. Fuente: http://diariodelafricantrader.blogspot.com/

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