¿Qué querés ser cuando seas ‘grande’? Por Catalina Saibene


Encontrar la vocación no es tarea sencilla. Hoy en día la oferta es muy variada y el universo profesional se abre como una vasta ramificación. El panorama ante los ojos estupefactos de los jóvenes bachilleres cuando ponen un pie en la acera, justo después de recibir el título que los “habilita” a competir y participar en el mercado laboral, es impredecible.

En el transcurso de los años escolares y liceales, cada estudiante puede -y de hecho está casi forzado- distinguir cuáles son sus materias preferidas o aquellas que son de su motivación. Las matemáticas y sus variantes son las reinas de la dificultad para quienes se vuelcan a la faceta literaria, histórica, filosófica y social. En cambio son el paraíso para aquellos que disfrutan más de los experimentos y la lógica, los cálculos y las leyes preestablecidas por la ciencia.

Pero hay otro matiz que no se distingue en un aula o que no está incluido en la currícula: la pasión.

¿Qué le apasiona a una persona? ¿Qué de su bagaje familiar e infante remite a sus intereses actuales?

A veces la presión de los adultos se cuela demasiado hondo en los ideales de los adolescentes, dejando huellas fuertes, en ocasiones, complicadas de desterrar.

Descubrirse a uno mismo en los escenarios a transitar en un futuro es complejo, por lo general a los dieciocho años un ser está lejos de poder proyectar.

Nadie tiene la vida resuelta aunque las publicidades así nos lo quieran mostrar y los estándares de “vida perfecta” y belleza bombardeen nuestra cotidianeidad.

Está bien no saber, está bien probar e intentar, está bien animarse y abrir una puerta, una ventana de una sospecha que quizás no es tan lejana. Está bien conocerse mientras se camina, incluso, trastabillar.

Es humano que las cosas no salgan como se esperan. Y en el interín que eso sucede, darse los permisos necesarios y sobre todo, respetarse las decisiones personales. Si no son personales, será misión de cada quién que lo sean. O que se acerquen al centro, el corazón, porque solo los pálpitos internos indican el porvenir y el latir que los acompaña. Intuición. Tomar riesgos. Esa es la principal vocación. Conectarse con lo más profundo que se tenga y alimentarlo. El resto, es ley de atracción.


 

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