Tradición- Innovación. Por Blanca Villasonte


Éste y otros textos que se irán publicando en estos días fueron escritos en 2018, durante el taller Escritura del sentir, de Uni 3, una universidad de educación no formal. Ni Óscar, ni Cecilia, ni Blanca, ni Eduardo, ni Mónica, ni Helena, ni Cristina, (ni las demás personas que participaron de este taller) son escritores. Incluso, muchos de ellos nunca habían escrito ni una sola línea. Desde el primer día ellos aceptaron mis premisas y mis condiciones: el taller era para escribir desde la experiencia y el objetivo principal, era entregarse a la hoja en blanco para intentar alcanzar alguna verdad. O la verdad de cada uno, que, en definitiva, es a la única a la que nos podemos acercar. Escribieron sobre el amor, sobre la muerte, sobre la nostalgia, sobre la soledad, sobre la infancia, el dolor, la desilusión, los sueños, los maestros, pero sobre todo, escribieron sobre lo que ellos quisieron. Y de a poco empezaron a abrirse, a no tener miedo a decir, ni a escribir, a entender que poner en palabras las heridas es una buena forma de sanarse o que narrar un lindo recuerdo es la manera más efectiva de hacerlo eterno.

Estos son algunos de sus textos. Y los invito a leerlos, porque estoy orgullosa de ellos y porque realmente vale la pena hacerse este regalo.

Soledad Gago


Tradición- Innovación.

Por Blanca Villasonte  

Pasa la vida. La vida pasa. Atrás quedan los días, los meses y los años. Y con ellos, muchos recuerdos que llenan el alma.

Patios cargados de juegos. Mesas rodeadas de amigos y familia. La comida sencilla, invitando a compartir. Un buen vino y muchas historias. La voz de los abuelos resonando con fuerza, porque saben lo que dicen, porque han vivido, porque tienen experiencia. Ojos y oídos atentos porque las historias atrapan y de cada una se saca una enseñanza.

Los abuelos son el centro del encuentro.  Las caricias y los abrazos abren y cierran la escena.

Es uno de tantos domingos del ayer. El de los ravioles, el mantel nuevo y la larga mesa debajo del parral. Es un domingo cualquiera de un tiempo que fue. Un domingo muy esperado porque el encuentro es sagrado. Encuentro real, con intercambio de miradas y de palabras. Todos son uno todos a la vez.

Un pedazo de tradición.

Un pedazo de ayer.

Pasa la vida. La vida pasa. Y nos arranca esos pedazos de vida y de tradición y nos trae lo nuevo. Eso, que llaman innovación.

Innovar es cambiar. Cambiar el encuentro dominguero por la soledad de una habitación. Cambiar los abrazos y las miradas, por amigos lejanos, emoticones y likes. Cambiar el consejo de los mayores por el mensaje que aparece en un muro.

Cabe preguntarse entonces: ¿es malo el cambio? ¿Es bueno quedarse en el ayer?  Cada uno tendrá su respuesta.  Lo cierto es que el cambio es una constante en la vida, y el hombre, aprendiz eterno, debe adaptarse a cada nuevo desafío, sin perder de vista que en su naturaleza están el dar y el recibir, el compartir experiencias, el crecer con alegría y bendecir cada día… conjugando la sabiduría heredada de los mayores con lo moderno y con lo actual.

El acomodarse a los tiempos que corren es un imperativo, y es un imperativo también, recuperar algún domingo de miradas, caricias y abrazos reales.


 

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