Transitando por la Divina Comedia: una comparación con los estados del ser humano


Por Valentina Canoniero

No hay quien en su etapa liceal no conozca, o al menos no haya sentido nombrar la célebre obra del autor italiano Dante Alighieri “ La Divina Comedia“, que de comedia no tiene nada pero tampoco es considerada una tragedia ya que tiene un final feliz. Y es que dicha joya literaria – que si bien no consta de una fecha exacta, se presume se termino de escribir en 1321- fue todo un boom para la época donde por aquel entonces aun reinaba el periodo Gótico.

Para algunos, Alighieri fue el Dan Brown de la época (autor de El código Da Vinci, Infierno, Angeles y demonios) introduciendo el concepto de Infierno, Purgatorio y Paraiso de una forma bastante vívida por así decirlo de los estadios o procesos internos a los cuales el se somete pero donde también el lector puede verse reflejado en su fuero interno.

Para quienes tienen una religión incorporada a su vida, probablemente la respuesta pueda ser simple: quiene es una persona de bien va al cielo o al paraíso  quien no lo es irá al infierno y no existen más opciones que esas.

Pero para quienes son más terrenales o mas racionales cada uno de estos estadios a los que Dante hace alusión pueden estar vinculados estrechamente vinculados a las etapas en determinados momentos de su vida.

Adentrándonos al inicio de la obra, está el Infierno, en él el autor se enfrenta a una pantera, un león y una loba; la primera simboliza la lujuria, el león la soberbia y por ultimo la loba la codicia. En este lugar alegórico, Dante está sumergido y perdido en su bosque oscuro, donde si se extrapola a las profundidades del ser humano, de su psiquis, emociones o situaciones vivenciales ¿quién nunca ha estado en su propio infierno? sumidos por momentos donde los propios errores del pasado atormentan y absorben el presente, transitando nuestro propio bosque oscuro lleno de nuestros propios leones, panteras y lobos. En estos momentos donde no se sabe hacia donde ir porque no hay velas que den vestigios de una posible luz, donde tampoco hay una hoja de ruta y somos presa de todos nuestros demonios internos.

En la puerta del Infierno hay una advertencia: “Quién entre aquí, abandone toda esperanza“ ( “Lasciate agni speranza, vocih’ entrate“). Y es que Dante describe al Infierno dándole vida de una forma un tanto alegórica y metafórica, pero es una realidad que éste existe: viven en cada rincón en lo profundo del hombre. Hoy, en el siglo 21 hay muchas clases de infiernos inherentes al ser humano; la locura compulsiva y desenfrenada de perseguir el éxito, los mandatos sociales, el trabajar y buscar un status quo que le de seguridad la cual puede terminar siendo ilusoria muchas veces y cuando se disipa, muchos caen en el espiral de su propio Infierno. Aparentemente allí no hay salida y todo está perdido, pero siempre habrá un Virgilio (un poeta latino autor de la “Eneida” a quien Dante admiraba), un guía que en tiempos donde las cosas no van del todo bien nuestro Virgilio puede ser un amigo, nuestra pareja, un colega, un profesional o hasta nuestra propia intución y/o razón. Es entonces cuando nuestro propio Virgilio nos toma de la mano y nos conduce hacia el próximo lugar: el Purgatorio.

En el Purgatorio se ve nuestra propia capacidad de resiliencia, el de haber sobrevivido a la oscuridad del Infierno, donde la tormenta ya cesó y podemos redimir nuestros errores, aceptándolos y haciéndonos cargo; es purgar, limpiar, sanar para después seguir caminando por la vida.  Hasta aquí nuestros Virgilios nos acompañaban, pero es hora de despedirnos, ya que ellos sirvieron de muleta y apoyo para llegar a un lugar mejor: el Paraíso.

Aquí Dante es acompañado por Beatriz -el significado de su nombre es  “dadora de felicidad”, lo cual viene bien para este último recorrido-. Beatriz es el gran amor de Dante, y si se analiza desde cierto ángulo a veces no se puede llegar a la felicidad ni al paraíso en su totalidad sin antes haber experimentado el amor aunque no necesariamente tiene por qué ser un amor de pareja, sino que puede comprender amistades, familia, una mascota, amor por una vocación o una pasión pero por sobre todo: amor hacia nosotros mismos. Es entonces que en conclusión, muchas cosas en la vida pueden verse negras y oscuras, el bosque puede ser muy denso y amenazante pero siempre hay una luz al final del túnel, donde podemos resurgir de las cenizas como el ave fénix apelando a la valentía de transitar por nuestros propios infiernos, purgatorios y finalmente llegar al cometido paraíso.


 

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