Crónica desde la Feria del Libro de Buenos Aires. Por Beatriz Capece


Desde Buenos Aires, escribe Beatriz Capece

Feria del libro en Buenos Aires. La número 45.

Como porteña y usuaria de este convite parroquial desde hace varias décadas, me toca este 2019 visitar la Feria del libro de Buenos Aires con chapa de Granizo.

Voy a ir por partes -como diría Jack-.

 Ayeres

Mi primer recuerdo de la feria data de 1977. Haciendo cuentas debe haber sido la 3ra exposición. Estaba instalada en otro predio.

Tengo presente el libro que compré y por primera vez pedí a su autor que me lo firmara. Yo era una niña pero su imagen me quedó grabada. Estaba solito en un stand, ¿traje azul? camisa blanca y corbata. Viejito o aviejado por las circunstancias de la dictadura: Alvaro Yunque.

En mi casa estaba Jauja que leía y releía, después busqué y empecé a comprar otros títulos de la colección Juvenil de editorial Plus Ultra. Mirá vos, los pocos mangos que juntaba se convertían en libros de Alvaro Yunque: Ta-Te-Ti, Barcos de papel, Gorriones de Buenos Aires, Los que aman se aman -este es el que compré in situ … el firmado-.

A la Feria fui muchas veces, teniendo en cuenta los 42 años que distan desde esa primera a la actual. No a todas y bajo distintas circunstancias. Tengo imágenes de otras adquisisiones: libros chinos para niños, Mi planta de naranja lima que le regalé a mi hermana, tres de cuatro libros sobre Zitarrosa que editó Banda Oriental -no llegué con la plata para el Canciones- un libro sobre Fernando Pessoa con ilustraciones de Sábat que ví en el stand de la Universidad de Quilmes y que pedí como retribución de un isotipo que había diseñado para algo de la institución: Anónimo transparente – Una interpretación gráfica de Fernando Pessoa por Hermenegildo Sábat.

A lo que voy con todo este palabrerío es que la Feria del libro para mí es un buen lugar para hacerse de esos objetos palabrescos que pueden ser difíciles de conseguir. Es un encuentro.

En otro carril también funciona el shopping de libros, los best sellers, les firmantes dentro de un cupo horario con largas colas de aspirantes a la cuña, las ofertas gritadas en carteles -que muy probable consigas más barato en la feria permanente de libros de Palermo que funciona en el boullevard de Av. Santa Fe, o en las llamadas Librerías de viejos, o de saldos que hay por Corrientes o Avenida de Mayo.

Acreditada como Prensa

Con un tinte puesto en lo “periodístico” intento sumar algunas oraciones a mi juicio sobre la Feria, ahora que vía Granizo me endilgaron el título “Corresponsal” y ahí fui chocha con una tarjeta a cuatro colores que con letras poco firmes escribieron a puño mi apellido y nombre -pero con código de barras escaneable-… en fin.

Tercera vez como acreditada de prensa, rescaté un plastiquito y gancho de otrora, puse una cinta verde (por el aborto seguro. gratuito y legal) y me la colgué al cuello.

Mail va, mail viene, se contradicen, puedo acceder con cámaras pero si voy con un grabador porque es para radio ya están los espacios cedidos…o sea sin invitación especial no se accede al acto de inauguración. JULEPE!, diría mi vieja. Quieren minimizar cualquier escrache que suena probable: el Grupo Clarín (sponsor desde hace añares con pabellón propio… no stand, pabellón) acaba de echar a un grupo numeroso de trabajadores.

Intento en la oficina de prensa y en el pabellón dónde va a ser el acto.  No me dejan entrar.

Enfilo paralela al llamado tunel sobre tierra y techado con publicidad de Clarín. El viento del este que barre el predio me hizo acordar a la Rambla… nada, saudades.

Me cruzo con Canela. La saludo con amor, es una grande de la difusión cultural, charlamos, me dice que está yendo al acto de inauguración. –No me dejaron entrar– le digo mientras le muestro mi tarjeta de prensa.

Vení conmigo, yo digo que me estás acompañando– Amé ese gesto aunque no le dieran pelota y quedara afuera.

“¡Beatriz!”. Escucho. Es Adriana Litwin, mi ex jefa en “Las inconvenientes” un programa de radio – nacional, popular y feminista- que hicimos hace unos años. Tampoco la habían dejado entrar como prensa. Charlamos, paseamos, selfie y pucho por medio arremetimos de nuevo hacia el pabellón donde iba a ser el acto.

Nos sentamos en el pasto frente a la gran pantalla que replicaba el interior. Adriana se levanta como una tromba y va hacia el mostradorcito improvisado con el cartel “Prensa”.

“¡Beatriz!” -vuelvo a escuchar- ahora con gestos de brazos para que fuera hacia ella! “Es mi colega de Uruguay“, le dice al patovica.

Entramos.

Aborto legal… en el hospital

Luego de varios amagues y agradecimientos a los invitados y la prensa presentes arrancó el acto con el himno nacional. Por sobre una banda enlatada con una versión menos marcial de las que suelen ser escuchadas, el público asistente cantó las estrofas con poco énfasis, salvo, sobre la coda “o o juremos con gloria morir”  lo anodino se tradujo en brazos en alto enarbolando los dedos en V.

La primera en tomar la palabra fue María Teresa Carbano, presidenta de la Fundación El libro que con frases precisas habló sobre la situación de la industria: una catástrofe que mostró con datos duros.

Luego dos personalidades que formaron parte de la comitiva catalana, dado que este año la Feria tiene como ciudad invitada Barcelona con stand privilegiado.

Me quedó picando en la memoria un comentario del último invitado: en la diversidad de habitantes de la ciudad del Mont Juic la tercera parte proviene de la comunidad italiana… y de ellos, el 50% son argentinos. Sí, los efectos de la doble nacionalidad.

Presentan ahora al siguiente participante: Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires desde diciembre del 2017 – ex viceministro de Cultura de la Nación renunciante por mantener diferencias importantes con el ex ministro nacional Pablo Avelluto.

Un parcito de chiflidos y un grupo pequeño embanderado de verde comienza a cantar: Aborto legal… en el hospital… Nos sumamos, muchachas y muchachos con el pañuelo verde en el puño o en el espíritu… unos segundos.

El fulano comienza y termina su alocución.

Nada nuevo. Más de lo mismo del discurso del partido político que desde hace doce años gobierna la ciudad de Buenos Aires. Palabrerío edulcorado con poco de realidad concreta. Pero se lo deja hablar hasta el final.

Qué ven-ga Rita, que ven-ga Rita!

Así fue recibido el Secretario de Cultura de la Nación, luego de una chiflatina ni bien lo anunciaron.

En 2015 Pablo Avelluto asumió como Ministro de Cultura -un área que recién tomó el rango de Ministerio en el año 2014 y fue Teresa Parodi su primera autoridad- pero en el país donde “pasan cosas” (sic Mauricio Macri) pasó de un plumazo a ser Secretaría en 2018 al mismo momento que se subsumieron los ministerios de Salud, de Trabajo, de Ciencia y Tecnología. Sí todo un retroceso.

Naides, o al menos, la mayoría de los presentes estaba dispuesta a escuchar en vivo y en directo un enlace verborrágico de falaceas en su voz.

“Que venga Rita” fue la repetición más elocuente.

Velluto no nos representás, no queremos escucharte. Queremos a Rita Segato ahora! -quien iba a cerrar el acto.- fue lo que traslucía el descontento.

El susodicho, como todo representante del gobierno autoritario que nos gobierna actuó con la irreverencia que los caracteriza, de patroncito, o de director de escuela que ante el “berrinche” del alumnado responde: “ustedes sigan gritando yo tengo todo el tiempo del mundo para decir lo que vine a decir” (sic)

Debo decir que la confrontación fue suave.

En un momento un grupo representando a los Bachilleratos populares que están siendo vapuleados a diestra y siniestra, emergió con pancartas y cánticos. Resultaron reprimidos y “expulsados”. Fue un momento rarísimo. Ellos cantando afuera, los patovicas que no terminaban de cerrar la entrada y los cámaras filmando desde adentro, el afuera.

Hubo un momento mágico: muchos de los sentados se pusieron de pie y le dieron la espalda mientras Velluto seguía con su discurrir sin sustento.

Como siempre le cabe al oficialismo, al día siguiente Velluto salió con frases “conciliadoras”, como da cuenta el matutino Página 12:

“Me importa un reverendo pito que la gente se dé vuelta”.

“La gente tiene el derecho a opinar lo que quiera. Por mí, date vuelta. Por mí, andate”, aseguró el funcionario horas después de la ceremonia del jueves. “A mí me invitan porque represento al Estado nacional, porque represento al sector, porque he pasado veinte años en el sector, porque soy un expositor en esta Feria, porque vengo en representación del presidente de la Nación, porque me aseguraron que se iban a dar las condiciones de seguridad para ser escuchados”, agregó.

Sucede que al gobierno nacional le importa una mierda la reacción popular. Y Avelluto es uno de sus voceros. Uno más de los que se creen impunes.

Sigue y sigue, se retira crispado, entra Rita Segato. Aplauso a rabiar.

 El mapa y el territorio

El domingo a la tardecita volví por la Feria.

Pensé encontrarme con más revuelo de gente zigzagueando por los pasillos; la Feria suele ser un lugar convocante para un paseo, pero este año resulta menos y no creo sea por la oferta de eventos y expositores.

Camino… hay una cola de unas 15 personas frente a un stand y entre las cabecitas hacia el final veo a Alejandro Dolina. Están haciendo fila para que les firme un libro, no sé cual. Quizá, acostumbrada a la escucha de su programa y su humor irónico, su sonrisa se me hace como una mueca que solapa fastidio o compromiso con la editorial. No sé, puedo ser prejuiciosa. –Pensé que era más alto– dice una señora que porta su libro firmado.

Sigo caminando.

Tengo un tema con los planos: los solicito, los miro antes de salir de casa e intento que mi memoria registre donde quiero ir.

Me pierdo y me sorprendo con lo que voy encontrando.

En un stand el cartel dice: Libros inclusivos: los estantes dan muestra de libros para niñes y grandes, coloridos, hermosamente ilustrados que tienen dos adicionales: braile y tipografía para personas con dislexia. Como diseñadora gráfica –en pausa– que soy me dá curiosidad esta tipografía. Me cuentan sus detalles.

Gerbera es la editorial que contribuye a que niñas y niños con algunas limitaciones para acceder a la lectura de cuentos puedan hacerlo y quienes no las tienen también puedan disfrutarlos.

No recuerdo cuál color alberga el stand de la Cámara del Libro del Uruguay (me fijé en casa y repetí el número…)

Soy reacia al amarillo… pero llego. Charlo con Sebastián, lo saludo en el momento preciso que deja el mate al lado del termo y busca un precio solicitado.

Volvimos a tener un espacio chiquito” -me dice- comparándolo con el que fue el año pasado cuando Montevideo fue ciudad invitada. Sí, es chiquito -pienso- pero amigable. Acá compré hace añares mis libros de Zitarrosa.

El año pasado Montevideo como ciudad invitada tuvo un stand amplio y abierto. Estuve; charleta como soy anduve hablando y mi sensación fue que quienes estaban allí querían difundir la literatura uruguaya y su cultura en general… me vine con la data de una radio de Montevideo, por ejemplo. Amor.

El año pasado se vendió bien, ahora no hay muchas expectativas, los libros son caros en Uruguay y con el cambio más caros acá. Encima no tenemos la opción de pago con tarjetas“. Viscicitudes de este Mercosur desteñido.

Todo lo expuesto en el stand atrae: Levrero, Di Giorgio, Montevideo Sonoro… y siguen las firmas. No miro más para que la tentación no me angustie.

Me despido y sigo.

Me topo con el Stand de Barcelona. Bonito, mucho madera o símil, pero sus “paredes” curvas emulando bibliotecas no me invitan a entrar donde un par de señores ensillonados charlan para quien quiera oir. Por fuera, curvos también los mostradores y la caja registradora. Me vengo con un Mapa literario de Barcelona que amablemente ante mi pregunta me dicen que sí, que lo puedo llevar. Agradezco y sigo. Lástima que es sólo es castellano. El catalá es una hermosa lengua.

Sinceramente

Una torrecita -metro y medio de altura- de libros de tapa azul con el título en tipografía caligráfica blanca domina una de las entradas del stand de Penguin Random House.

Al flaco que estaba como ¿guardián? le pregunto cómo venían las ventas… Se vende, me dice con una letanía que me molesta sabiendo lo que el anuncio de este libro había generado. –Yo estoy feliz que se venda-, le contesté con la barbilla en alto.

Si… te parece?, para mí salió a provocar… subió el dólar, el riesgo país se fue al carajo

“Pero eso no es por ella, es por este gobierno -le dije con calma pero con los ojos un tanto desorbitados que siento están surgiendo en ese preciso momento…- (una vez una amiga me dijo, tu mirada de disgusto es insoslayable)

Me agarra del brazo y me dice: “te estoy jodiendo, se lo digo a todo el mundo para ver cómo reacciona. Ya me reputearon un montón de veces”.

Charlamos un toque, pregunto sobre la presentación el jueves 9 de mayo. Nadie tiene idea en cuál espacio será el acto con Cristina encabezándolo.

Nos despedimos con un beso. Un gusto digo yo, ¡un gusto compañera! -me responde-.

Sí.

Me voy con un mix entre la esperanza y el presente.

Encaro la salida ese caminito la lateral del túnel. Paso por la Pista central de este predio rural con tres líneas de gradas y un cartel a la derecha en letras mayúsculas grita:”cultivar el suelo es servir a la patria“.

En una parecita de material del canter, que contornea el pabellón donde se realizó el acto de inauguración de esta Feria del libro número 45, un señor que supera los 70 pirulos está sentadito escuchando un partido de fútbol con su radio portátil.

Queda mucho por decir sobre patria, cultivo y servicio.

Cruzo Santa Fé y me vuelvo a casa en el 39.

Falta mucho por decir sobre cultura, patria y semilla.


(Fotografías de Beatriz Capece y web oficial de la Feria)

 

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