“Cuando una historia me atrapa, lo primero que hago es investigar”. Entrevista a Ruperto Long

Ruperto Long, ingeniero civil y político, publicó en los últimos tiempos dos novelas – “La niña que miraba los trenes partir”, que fue Libro de Oro en 2016 en la categoría ficción de autor nacional,  y “La mujer que volvió del abismo”, – vinculadas a profundos dramas sociales.  (*)


Ruperto Long es ingeniero civil y político vinculado al Partido Nacional. Fue senador de la República entre 2005 y 2010 y ministro del Tribunal de Cuentas. En paralelo, se ha dedicado a escribir. Publicó la novela “La niña que miraba los trenes partir”, una investigación profunda ambientada en los años 40 del siglo XX. Es un relato sobre una época en la que confluyeron xenofobias, persecuciones, guerras y migraciones. Y también “La mujer que volvió del abismo”, una novela basada en hechos reales, sobre mujeres que logran escapar al mundo de la trata, y denunciar con valentía el complejo entramado del abuso y la violencia. Se trata de historias de vida que se entrelazan para mostrarnos lo que puede lograr la fuerza del amor, de la vida y del anhelo de libertad, aun en los momentos más oscuros.

¿Cómo surgió la idea de escribir estas dos novelas?

Como a veces sucede, las historias me encontraron a mí. En el caso de “La niña que miraba los trenes partir”, fue una charla casual con Charlotte, en el momento menos pensado. Ella, que nunca había contado nada -si siquiera a sus más cercanos- sobre los cuatro años que vivió escondida, huyendo de las persecuciones de los nazis y escapando de milagro, ese día me dio algunas pistas. Luego, con gran cariño y respeto, entre ambos volvimos a descubrir esa historia luminosa de tiempos oscuros. En el otro caso, yo viajé a la Patagonia obsesionado por un drama del pasado: los feroces enfrentamientos sucedidos durante la expedición de Magallanes y Elcano, hace cinco siglos, en el remoto puerto de San Julián. Pero una vez allí, me encontré con una tragedia del presente: la trata de personas para explotación sexual, así como las luchas de las víctimas y un puñado de heroínas y héroes por romper esa cruel realidad. De esas historias nació “La mujer que volvió del abismo”.

¿Qué cosas le inspiraron a escribirlas?

A mí me inspiran mucho los hechos reales, cuando en verdad me conmueven, me sacuden. A ellos hay que condimentarlos con la ficción, que nos ayuda a transportarnos en el tiempo y en el espacio, a ponernos en los zapatos de los protagonistas, a emocionarnos. Ambas historias tienen en común un profundo contenido social. Y una gran vigencia, lamentablemente.

¿Cómo combina sus actividades profesionales con la escritura?

En orden cronológico, primero está cumplir con los compromisos que derivan de mis responsabilidades públicas. Es una cuestión ética. Pero luego, en todo el tiempo restante, predomina mi pasión por la escritura (más allá de la familia y los amigos más queridos, por supuesto). Es algo que siempre está presente: al caer la tarde, en los fines de semana, incluso durante viajes y vacaciones. Y que me permite ver la realidad desde otras ópticas. Lo disfruto mucho.

¿Cómo es su proceso de escribir? ¿Tiene una especie de metodología?

Cuando una historia o un conjunto de historias me atrapan, lo primero que hago es investigar. Mucho. Recojo testimonios de protagonistas y testigos, hurgo (el verbo es ese: escarbar, remover, indagar, curiosear) en bibliotecas y archivos, trato de visitar los lugares donde sucedieron los hechos. Pienso que la investigación es, en muchos casos, la madre de la imaginación. Estas tareas de búsqueda me pueden demandar un año, por ejemplo. Mientras tanto, no escribo ni una línea (requiere mucha fuerza de voluntad…). Luego comienzo a trabajar en la trama y en los personajes. Hago un primer esquema por escrito, con partes y capítulos, y el contenido de cada uno.         Recién entonces comienzo a escribir, y lo hago siguiendo el orden de desarrollo de la historia. Alguna vez traté de escribir capítulos sueltos y luego armar el texto, una suerte de collage, y no me funcionó. Necesito sentir cómo va creciendo la historia a medida que avanzo en el relato. Y uno también va creciendo con ella.

Yendo a otros temas. Acaba de fallecer Luis Aute, con quien tenía un vínculo estrecho. ¿Qué reflexión le deja su obra?

Luis Eduardo fue “un gran personaje”. Pero lo notable es que fue “un personaje” igual a sí mismo. Es decir, un ser humano auténtico. Con sus reflexiones profundas, sus ocurrencias ingeniosas, su poesía y su música, sus irreverencias, su plástica, su humor, su cine y su bondad a cuestas. Y muchas cosas más. Todo lo cual se refleja en su obra: original, profunda, enriquecedora, transgresora. No por casualidad admiraba tanto a nuestro compatriota Lautréamont (a quien refiere en varias de sus canciones). En lo personal, guardo muchos recuerdos hermosos. Uno de ellos: durante su último viaje a Uruguay fue a cenar a nuestra casa, con su equipo y varios artistas amigos. Ya sobre el final, Olga Delgrossi lo sorprendió con un tango a capella. Y él, del mismo modo, nos regaló “De alguna manera”. Así será: de alguna manera seguirá con nosotros. Aunque, para ser sincero, se lo extraña mucho.

A propósito de Lautréamont, este año se cumplen 150 años de su muerte y se van a realizar homenajes en varios países. ¿Cómo lo va a vivir?

Lautréamont fue un gigante de la literatura universal, aún no lo valoramos lo suficiente en su país natal. Es un estímulo para los escritores jóvenes: con veinte años escribió una obra maestra. Este aniversario es una oportunidad de reconocerlo. Por mi parte, he sido invitado a participar en los homenajes oficiales en París. Y en conjunto con la Embajada de Francia, y con el auspicio del Ministerio de Cultura, estaremos presentando en la Plaza del Entrevero, el día preciso de su muerte, el espectáculo Lautréamont en clave de Tango, que creamos con Alberto Magnone, y que ha tenido muy buen suceso.

¿Está trabajando en un nuevo libro?

Sí, con mucha ilusión. Confío que antes de fin de año vea la luz. A partir de la enorme difusión que alcanzó La niña… muchas personas, en diversos países, se acercaron y me relataron historias. Así que volví a la Segunda Guerra y al Holocausto, a historias emocionantes que, además, nos iluminan en los difíciles tiempos que nos toca vivir.


(*) Publicado en el semanario Voces

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