El arte tiene vocación de extremo: fotorreportaje a Raúl Zurita


Por José Arenas / Fotografías de Paola Scagliotti

En el marco del FILBA Montevideo, junto a Paola Scagliotti nos propusimos una cosa: entrevistar a Raúl Zurita, figura central del evento y de la poesía mundial. Maestro de Maestros. Llegamos una tarde hasta la Ciudad Vieja con un sol que caía impertinente sobre el asfalto del barrio y nos encendía de calor. Llegamos, por fin, al hotel bajo ese aire amarillo de siesta feriada y, de un taxi, vimos bajar al poeta. Una persona parecida a su poesía.

Raúl Zurita habla con la voz de la tierra, bajo y sabio y sucede como con esas figuras que uno conoce poco, que todo el tiempo es sí mismo, y todo el tiempo es poeta sin necesidad ninguna de construir un personaje. Zurita es lo que dice, lo que escribe, lo que hace.

Lejos de los bullicios de algunas actividades de estrellita literaria que siempre traen, para algunos, instancias como esta, nos sentamos en una mesa del hotel, solos y escuchamos hablar al poeta.

Recordando una anécdota suya de una abuela que, por nostálgica, le contaba historias, me pregunto si la poesía es necesariamente nostálgica…

Yo creo que sí. Es la nostalgia, probablemente, por un lugar que no ha existido nunca. Es la arrasadora nostalgia por un mundo, por un universo que posiblemente nunca existió. Es la nostalgia por todo lo que se pierde y por todo lo que no se ha tenido nunca.

Y¿ la poesía lo recobra?

La poesía es la posibilidad donde no hay ninguna posibilidad. Es la esperanza de lo que no tiene ninguna esperanza. Es el amor por lo que no merece amor. Somos hijos de la poesía y de la muerte, eso que llamamos “lo humano” comienza cuando alguien ve la estrella y la ve que aparece y desaparece, tarda, aparece y desaparece, y en un momento se da cuenta de que, uno se da cuenta, de que esas estrellas seguirán apareciendo y desapareciendo, mintiéndonos, y en ese instante descubre la muerte. Y la muerte es el descubrimiento capital, lo que nos hace saber que nos podemos morir. Yo creo que la primera respuesta frente a eso tan aterrador, incomprensible, tan, enorme como saber que te vas a morir, la respuesta a eso es lo que llamamos el poema. El lenguaje, las cosas que hablamos, son los conjuros que las distintas sociedades humanas van formando para alejar la muerte o para incorporarla. Pero para decir algo frente a ella, todo lo que hablamos en los poemas son los conjuros que nos vamos lanzando para ello. La poesía, entonces, nace con lo humano. Nace con la muerte. Y desaparecerá cuando el último ser humano contemple el último de los atardeceres.

Y respecto de la muerte y el amor, ¿son los únicos elementos de la poesía?

Yo creo que sí. La muerte y el amor son un término inseparable. Mira, los dioses griegos son inmortales; ellos se acuestan, se engañan, se traicionan, se transforman en animales y se lo tiran todo, pero no se aman, porque son inmortales, tienen todo el tiempo infinito del mundo para experimentarlo todo, serlo todo, pero el amor es urgente, porque nos vamos a morir. Es por la muerte de lo inminente. Se dice que una vida sin amor es una muerte en vida. Si yo fuera Dios a la única persona que mandaría de inmediato al Paraíso sería son aquellas personas que nunca han tenido una experiencia de amor. Todo amor es urgente porque tenemos un tiempo muy limitado.

Y en esa manera que tiene usted de relacionarlo todo dentro de la poesía, ¿cómo influyen la ingeniería y la matemática en el trabajo del poeta?

En el trabajo del poeta no sé, pero en el trabajo mío influyeron mucho. La ingeniería es un proyecto, las obras son construcciones materiales. Antes que nada el poema es una máquina que tiene que funcionar, primero que nada es eso materialmente, y para mí no es un poema es el horizonte, un horizonte con el cual voy a morir aproximándome. Yo he estado en situaciones muy adveras, terriblemente adversas, con la dictadura militar, yo separado, con hijos… Pensé en algo, un recorrido, se me vino a la mente, y fuera de lo más precario y doloroso, un hombre que comete una autoagresión para sí mismo, que es lo que yo hice, me quemé la cara encerrado en un baño sin fotógrafos ni nada, en la máxima soledad. Para vislumbre de la felicidad y, para mi sorpresa, lo estoy terminando recién ahora. Yo escribí tres libros, “Purgatorio”, “Anteparaíso” y “La vida nueva”, y parte de esa experiencia del baño no influye con el verso “ni pena ni miedo”, que yo escribí en el desierto. Fue una locura, cuando vi que eso se hacía, se había hecho, me dieron ganas de llorar, porque había sobrevivido. Proyectos como escribir en el desierto son los más íntimos, porque los escribí para no saber lo que estaba pasando, para evadirme, y me sorprendió casi veinte años después ver la escritura en el desierto, haber llegado hasta allí. Estar aquí, escribir, siempre puede ser más, siempre puede ser mejor. Pero lo que tenía que hacer, lo he hecho.

Teniendo en cuenta lo que usted dijo de la dictadura y una época de “lucha por los significados”, a la luz de la actualidad, con redes sociales y demás, ¿hay hoy una lucha por el significado?

El gran intentado resignificatorio en Chile no fue de los poetas, fue de los militares. Ellos intentaron darle otro sentido a las palabras, ellos a cada rato pasaban el Himno Nacional; “puro, Chile, es tu cielo azulado”. Nos dimos cuenta de que nunca nos había importada nada de la patria, nos parecía una cosa vieja. Pero es como si alguien entrara a tu casa por la ventana y robara un abrigo que no te interesa y de repente empezara a pasear con tu abrigo, tú dices “pero esto es mío”, entonces nos dimos cuenta de que eso de la patria también era nuestro, fue la lucha por lo significados. Esto es la poesía chilena, hasta Neruda, pasando por Violeta Parra, Nicanor Parra, o el significado que quería darle el fascismo. Eso es la lucha por el significado.

¿Existe alguna diferencia entre el poema y la performance?

A mí no me gusta la performance, esa forma de teatro. Las cosas más radicales que he hecho han sido encerrado, solo, así fue como me quemé la cara, intenté cegarme, que finalmente no resultó, entiendo eso como centro y soporte del dolor de uno. Nosotros en todo caso hablábamos de “acción de arte”, no de “performance”, la acción de arte es una acción colectiva que limita con lo político. La “performance” es un concepto gringo, está bien, le debemos tantas cosas a los gringos, pero en verdad la performance con todo ese esnobismo es superficial.

Referido a lo radical, ¿el trabajo del poeta tiene que ver con lo radical?

Es que no hay arte que no. El arte tiene vocación de extremo. Tiene que ver con la desesperación, con el exceso, con lo que lleva a la desesperación. Cuando vino el golpe de estado en Chile fue muy traumático para nosotros, para todos en realidad, había que responder no con una andanada de poemitas de combate, poemitas de respuesta, sino con un arte más oscuro, con un arte más radical, más violento y más luminosos. Tenían que ser de la medida de lo que estaba pasando, no podían ser menores, pero para eso había que prácticamente aprender a hablar de nuevo, porque todos los grandes modelos, Neruda, Parra, no daban cuenta, no alcanzaban, entonces había que crear un lenguaje nuevo, había que partir desde la A, hacia la B, con una fuerza tan desmedida como la fuerza que se estaba aplicando. Con una fuerza tan desmedida como la destrucción a la que estábamos siendo sometidos.

Herrera y Reissig era un poeta uruguayo que vivía por aquí cerca. En su última entrevista dijo: “soy un bohemio, por eso converso todos los días un cuarto de hora con la muerte”. ¿Usted conversa con la muerte?

Yo me despierto cada ciertas noches y en un segundo y me dijo “así voy a estar”. Es muy buena la frase, pero no converso quince minutos con la muerte, estoy permanentemente conversando con la muerte. Cuando voy caminando y de pronto ni cuenta me doy del lugar a dónde iba; estaba conversando con la muerte, cuando se te olvidan las palabras estás conversando con la muerte, cuando tenés mal de amor, de niño estás conversando con la muerte. Toda persona conversa con la muerte. Pero es una buena frase, eso es lo importante.


 

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