“En la peste, el refugio se encuentra en los relatos”. Entrevista a Estefanía Canalda

La emergencia sanitaria ha afectado al mundo de la cultura. Especialmente al mercado editorial, que ha debido ser creativo para mantener vivo el vínculo entre los autores y su público. En este contexto, editorial Fin de Siglo acaba de publicar “Cuentos de la peste”, una selección de relatos de 27 heterogéneos autores nacionales.


Por Mauricio Rodríguez (*)

En Treinta y Tres, un mítico relator de fútbol se convierte en la primera víctima de la covid-19. Fogwill viaja a Montevideo, agarra frío y muere. Un hombre desaparece en medio de una quemazón de chanchos. En la futurista Federación Artiguista Uruguaya, un periodista investiga una planta productora de strogonoff sintético. Bajo los efectos de la pandemia, un barrio vuelve a sus viejos contornos. La muerte comienza a teñir la vida de una mujer que cumple años el 13 de marzo. Un infectado es forzado a exiliarse en una isla. Una ermitaña se enfrenta al demonio que mantiene a todos recluidos en sus casas. Un crucero se convierte en refugio del virus que consume la tierra. Un hombre reflexiona sobre el tiempo perdido; otro, sobre el suicidio. Una mujer rememora un terrible episodio de su adolescencia y una sobreviviente se hace camino en un mundo devastado. Una extraña droga se vuelve la única vía de escape al confinamiento. Un comercio con nombre de película de Takeshi Kitano; una evocación al cine de los 50; la incansable búsqueda de una perra perdida; un pueblo sacudido por un asesinato; una muñeca que parece estar viva; una anciana sin memoria; una temible legión de vecinos poetas; un incendio devorador; un río que desaparece; una cocina infestada de babosas; el comienzo de un apocalipsis; los dos últimos hombres de la tierra… 27 autores, 27 lecturas para épocas de nueva (a)normalidad.

¿Cómo surgió la idea de hacer este libro?
Creo que a partir del 13 de marzo todos quedamos en estado de estupor. Se vivía (se vive) un clima de incertidumbre, de desasosiego. No se sabía qué iba a pasar, cómo iba a evolucionar la situación, si las cosas volverían a la normalidad, cuántas vidas, cuántos trabajos, cuánta gente quedaría por el camino. Lo social cambió, lo individual cambió. La pandemia era todo lo que se hablaba, todo lo que se respiraba, pero faltaba sentido y acompañamiento. Todos necesitábamos entender qué estaba pasando y sentir que no estábamos solos. Así surge la idea de generar un espacio de encuentro entre distintas voces narrativas; escritores consagrados, escritores nuevos, escritores realistas, escritores fantásticos, escritores jóvenes y escritores con décadas de trayectoria. Un libro en el que cualquier lector pudiera encontrarse. La inspiración más concreta, digamos, la que le dio título al libro, fue el Decamerón  de Boccaccio: diez jóvenes que se encierran en una villa durante la peste bubónica que azota Florencia en 1348 y, para pasar el tiempo, se cuentan historias. Ese fue nuestro disparador: la idea de que en la peste, el refugio se encuentra en los relatos.

¿Que objetivos se plantearon? ¿Con qué criterio se seleccionó a los autores?
Primero, buscamos autores que consideráramos excelentes. Que fuera una selección de algunas de las mejores voces de la narrativa uruguaya contemporánea. Queríamos tender puentes con autores que no solo publicaran en Fin de Siglo, sino en todas las editoriales nacionales (Banda Oriental, Hum, Criatura, Pez en el Hielo, etc.), con las que, dicho sea de paso, hemos trabajado muchísimo en conjunto durante esta crisis. El segundo criterio fue, como te decía antes, la diversidad. Si había autores ineludibles, con decenas de libros en su haber, como Juan Grompone o César di Candia (ganadores, justamente, del Premio Bartolomé Hidalgo Trayectoria), tenía que haber voces más nuevas, como Carolina Cynovich, Juan Caballero, Fabián Muniz, Gustavo Alzugaray o Gonzalo Baz. Si había nombres que intuíamos que se iban a volcar más a lo fantástico, al terror, a la ciencia ficción, a lo weird (Ramiro Sanchiz, Pablo Dobrinin, Rodolfo Santullo), había que mantener un balance con lo realista, con las ficciones de lo cotidiano, con la crónica, con la autoficción (Carlos Liscano, Carolina Bello, Jorge Chagas, Natalia Mardero, etcétera). Afortunadamente hubo varios que desafiaron los preconceptos de los géneros a los que los tenemos asociados; por ejemplo, Mercedes Rosende, alejándose de la novela negra y de su humor omnipresente con un relato posapocalíptico muy duro, o Marcia Collazo, asociada a la novela histórica, que escribió un brillante relato anclado en la actualidad política y social.

¿La pandemia resultó “inspiradora” para algunos autores? ¿Hubo alguna directiva en cuanto a los textos?
La directiva fue muy amplia: podía tratarse de un texto nuevo, o de un texto viejo que el autor sintiera que valía la pena reflotar, revisar, volver a él; podía haber sido publicado antes en otro medio, aunque de preferencia no en un libro; y no tenía que estar necesariamente vinculado a la pandemia. La amplia mayoría de los relatos fue escrita especialmente para este libro. De los restantes, solo un par aparece en otras publicaciones; es decir, casi todos los cuentos que aquí se recogen son inéditos. Más de la mitad trata sobre la peste; en algunos es un tema central —el crucero que queda varado en medio del estallido del virus en “Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer, por J. G. Ballard (fragmento)” de Ramiro Sanchiz— y en otros aparece apenas de forma tangencial —en el hilarante “Bolívar Baladán” de Gustavo Alzugaray, la muerte por covid-19 es el disparador para recordar los misterios que rodearon la vida de un mítico relator de fútbol de Treinta y Tres que, sin radio, micrófono ni altavoz, apenas armado con una lata y un palito, relataba desde un rincón de la cancha con precisión aterradora—. También hay acercamientos al tema de la peste que no tienen que ver con el coronavirus: en “La gran quemazón de chanchos”, de Martín Bentancor, es la peste porcina la que azota la Tercera Sección en el verano de 1958; “Dos por día, o Tratado sobre un cuento que saltó por la ventana”, de Fabián Muniz, es una reflexión cruenta sobre la plaga silenciosa de los suicidios.

Yendo a temas más generales, ¿cómo está viviendo el mundo editorial esta emergencia sanitaria?  ¿Cuáles fueron los mayores impactos que originó?
En el mundo editorial, el 13 de marzo marcó también un antes y un después: prácticamente se dejaron de vender libros. La actividad comercial se paralizó. Actualmente se está retomando, pero el escenario económico, por supuesto, no es favorable: en el público lector la elección de lo que se compra o no es tomada ahora con más cuidado. Por eso para nosotros los Cuentos de la peste son también un grito de guerra; decidimos ir de frente contra la peor crisis que se haya visto en mucho tiempo, decir: la literatura resiste.


(*) Publicado en el semanario Voces

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