Entre el Cerro y el Graf Spee. Entrevista a Joaquín Doldan

El escritor y dramaturgo Joaquín Doldan acaba de publicar la novela “Depredación”. Es una historia de intrigas que se ambienta en Montevideo y en el micromundo de los tripulantes de los barcos pesqueros.


Por Mauricio Rodríguez (*)

Respecto a la novela, se dice: “En los albores de la II Guerra Mundial el acorazado alemán Almirante Graf Spee siembra el pánico en el Atlántico sur. Su velocidad, potencia de fuego y su habilidad para camuflarse como transporte aliado lo convierten en un corsario perfecto. En diciembre de 1939 la armada británica logra acorralarlo y tiene lugar la batalla del río de la Plata. El Graf Spee se enfrenta a tres navíos británicos y sale victorioso, pero debe atracar en el puerto de Montevideo para reparar sus daños. Tras días de movimientos diplomáticos hostiles y sabotaje de las reparaciones para retrasar su huida a mar abierto, el capitán Hans Langsdorff, rodeado por fuerzas enemigas muy superiores, se ve obligado a salir de puerto y hundir el acorazado en el estuario desembarcando antes junto a su tripulación. Días más tarde se suicida en la habitación de hotel en la que lo confinan. Cuatro décadas después, otro suicidio mucho menos llamativo, el de un tripulante de un barco pesquero, lleva a un periodista convertido en detective accidental a descubrir una inquietante relación entre estos dos hechos aparentemente inconexos”.

Joaquín Doldan (Villa del Cerro – 25 de agosto de 1969) es escritor y dramaturgo. Ha publicado más de 20 libros entre libros infantiles (“La extraordinaria reunión de los niños antena”), de cuentos (“Cuentos orientales”), novelas (“No me escribas corriendo”), científicos, y más de 20 obras de teatro (“Alfonsina, la muerte y el mar”, “Bukowski sin ella”, “Larsen”), que fueron estrenadas en España, México, Puerto Rico, Argentina, Venezuela y Uruguay. También escribe artículos para diversas revistas y portales, sobre todo de música y literatura. Conduce programas de radio desde hace 30 años (“Tierra de Nadie” Cx 22 Universal). Ejerció de odontólogo 25 años, trabajando en España y teniendo experiencias en África. Es docente universitario. Ha recibido múltiples distinciones, desde menciones en los premios  Florencio hasta reconocimientos del Ministerio de Educación y Cultura.

¿Qué recuerdos tenés de aquellos tiempos como odontólogo del sindicato de la pesca?
Fue entre 1995  y el 2000. Recuerdo una sociedad al borde del abismo (que luego dio un paso al frente) (Risas). Tengo muy presente la inflación, los primeros brotes de inseguridad, o mejor dicho de la sensación de inseguridad. Recuerdo tener cinco trabajos y no llegar a fin de mes. Había una atmósfera gris pero en medio de eso apareció la posibilidad de presentar un proyecto al SUNTMA porque querían instalar una clínica dental dentro del sindicato. Era la primera vez que podía aplicar conocimientos de la asignatura que daba (doy aún) como docente en la Facultad. En odontología social damos epidemiología y también administración de servicios. Un desafío, porque es un materia humanística, que todo la profesión cree casi exclusivamente teórica. El sindicato eligió mi proyecto entre muchos, que lo presenté sólo con Enrique, un amigo laboratorista. Luego me enteré que hasta quien era grado 3 en ese momento y su equipo presentó un proyecto y eligieron el mío, que era muy simple, pero revolucionario. Hacía énfasis en la prevención y tenía como pilar la participación del sindicato, que administraba y manejaba el presupuesto. Ellos terminaron sabiendo comprar insumos, y entendieron que era la primera etapa, que a los cinco años había que dar otro salto y luego otro. Era una atención básica y simplificada, pero de amplia cobertura a ellos y sus familias. Una vez uno me dijo “te falta salir a navegar”, yo era un sindicalista más, estaba muy integrado.

¿Cómo surgió escribir esta novela?
La escribí viviendo en España (estuve viviendo allí 20 años). Tenía el primer capítulo escrito hace años, y el resto del libro lo terminé en tres meses, quería escribir un “thriller”. Ya había escrito una novela de ciencia ficción (“Neovampiro”), una ambientada en carnaval (“El murguista muerto”), una sobre inmigración (“Cruzar la muralla”), tenía la idea de escribir al menos una novela de cada género. El desafío era plantarse en un género y trascenderlo, dice Carmen (de “Rumbo”) mi editora, que eso es una novela, una historia que tiene amor, acción, iniciación, aventuras, suspenso. Paralelo a eso tenía una colección de anécdotas sobre la pesca  industrial. Increíbles, que supuse eran un libro de cuentos. En otra parte del puzle, tenía  historias del Cerro, mi barrio, su vínculo con el Graff Spee, historias de desaparecidos, de nazis escondidos, de templos evangelistas. También un montón de relatos sobre romances de conocidos. En cuanto vi las piezas, el rompecabezas se armó sólo. Era muy divertido ver como se iban formando las imágenes y me podía permitir darle giros al guión, y ocultar parte de la trama, mostrando fichas importantes pero más tarde de lo esperado.

¿Hay en la novela un acto de reivindicación o justicia respecto a los pescadores?
Ojalá que sí. Lo merecen. Es un oficio durísimo. Peligroso y muy ingrato. También fui testigo de un cambio, de la pesca artesanal a la industrial y dentro de la industrial, ellos me contaban de cómo el oficio, que requería muchos conocimientos (de pesca y navegación), se había llenado de gente desesperada por trabajar que no tenía ni idea. En ese Uruguay el desempleo era enorme. El sindicato estaba todo el día en pie de guerra, abusos patronales, barcos extranjeros con personas en situación de esclavitud, falsas cooperativas y sobre todo el tema de la depredación, muchos barcos usaban una “red condón” que arrastraba el fondo marino, lo rompía todo y pescaban todo tipo de peces. Luego debían devolver al mar los que no tenían el tamaño exigido y cuando pasaba eso morían las crías. Los barcos devolvían toneladas de pescado muerto al mar. Recordemos que era un país en que se empezaba a hablar del hambre en la pobreza. Ellos planteaban cuestiones lógicas, no depredar, usar la pesca para establecer una nueva forma de alimentación más sana y aprovechar un recurso natural increíble. Uruguay tiene tremendo banco pesquero pero como somos muy vivos sólo comemos carne roja. Y además, hay interés en que comer pescado sea un lujo, cuando podía ser algo popular, sano, rico  y que levantara la olla de las familias. Un desafío cultural.


(*) Publicado en el semanario Voces

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