Historia uruguaya: entrevista con Lalo Barrubia


Entrevista de José Arenas / Fotografías de Paola Scagliotti

Lalo Barrubia estuvo en Uruguay para presentar la salida de su última novela, “Rompe la quietud” (Criatura Editora, 2019). Se trata de un trabajo de investigación en el que la autora, a través de la historia particular del protagonista, cuenta la gran parte de la historia de la música uruguaya en los últimos cincuenta años.

Como en gran parte de su obra, la autora toma el panorama musical como fondo para contar una historia que se vuelve, al mismo tiempo, la historia de la música uruguaya. Allí aparece un percusionista de casi sesenta años que ha tocado y a conocido a todos y todas, allí la novela se vuelve crónica, crítica musical, investigación.

“Rompe la quietud” no deja de tener el sello particular de las creaciones de Barrubia y, sin embargo, quizá funcione como una “hermana mayor” de sus anteriores novelas, esta vez se trata de un camino / otro por el que la autora sigue contándonos la historia uruguaya que se quedó en los márgenes de los libros.

Junto a Paola Scagliotti nos encontramos en los recovecos sonoros del Barrio Sur, de Palermo, entre el gris del sol caído y los colores de los murales para hablar acerca de todo esto, con Lalo Barrubia

¿Por qué decidiste escribir esta historia de la música uruguaya?
En realidad decidí escribir una historia de la cultura uruguaya y se fue yendo hacia ese lado. Porque la idea original era hablar de esa generación, más que específicamente de la música, y la idea de poner un músico fue, una mañana, dije “pruebo esta idea” que a mí me interesaba que apareciera, que fuera alguien que los conociera de afuera. Y cuando probé esa idea el personaje me ganó la partida y me di cuenta de todo lo que había que investigar al respecto, porque la música estaba, pero no iba a ser el centro o por lo menos no partí de ahí, pero claro, encontrás tantas cosas tan interesantes que terminó ganando.

De todos modos, en las anteriores novelas la música está muy presente…
Sí, claro. La música está muy presente porque es casi lo que más consumo como producto cultural. Supongo que nos pasa a todos porque está en la vida diaria, está en las radios, etc, pero también porque soy consumidora de música y me interesa. No sé de técnica, ahora sé mucho más por la escritura de la novela, obviamente, pero tengo poca memoria; no sé quién toca acá, o quién es pero no recuerdo el nombre. Pero me interesa. Y siempre ha estado presente en el resto de mi obra también, es algo que amo, que me da, que me enriquece, los textos de canciones son muy importantes. Mi primer contacto con la poesía, sacando los textos de la escuela; Juana de Ibarbourou, Zorrilla, y alguna cosa mejor o peor, no sé, fuera de lo aprendido oficialmente, mi primer contacto con la poesía fue Cabrera. Lazaroff que me interesó en seguida desde la primera vez que lo escuché, también Darnauchans.

Respecto de lo que venías narrando en tus anteriores novelas acerca de las generaciones de los 80 y los 90, ¿sentiste necesidad de ir un poco más atrás?
Todo este especie de auge de los 80 que ha habido en estos últimos años, que todo mundo me hace referencia a ese período, te hace ver que se ha hecho una especie de caricatura que en realidad no coincide con lo que pasó en realidad, me parece a mí, faltan pedacitos del rompecabezas. Está todo ese discurso de que fuimos una generación sin padres ni maestros, eso es mentira. Eso es radicalmente mentira. Fuimos una generación sin ídolos cercanos, pero tuvimos muchos hermanos mayores. Cuando yo empecé a trabajar había un grupo de gente que tenía diez, doce, quince años más que yo, que estaba ahí, peleándola, porque también ser joven en plena dictadura era como no empezar nunca. Estaba “Ediciones de Uno”, por ejemplo, pero claro, ellos eran malditos en esa época. Ahora son dioses. En esa época la oficialidad de la literatura los consideraba unos chantas, terrajas, que hacían libros raros y se desnudaban, esas cosas. Eran considerados outsiders completamente. Esos tipos nos enseñaron a nosotros, esos tipos estaban activos en los primeros ochenta, ya en el setenta y ocho. Entonces claro que había una escuela. Y mi idea era reivindicar eso, por eso en la novela hay una relación entre dos personas con diez años de diferencia. Ahí hay como un enganche con eso de qué música escuchábamos: “vos sos de la generación del rock”. Bueno, yo descubrí el rock tarde, yo a los trece años, catorce, quince, cuando empezás a interesarte por las cosas de otra manera, yo escuchaba Canto Popular, porque era lo que había y lo que nos gustaba. Y lo que estaba bien. Y el rock también estaba ahí, no es que desapareció y volvió a aparecer, siempre estuvo, las guitarras eléctricas siempre estuvieron en Cabrera, en Darnauchans, en Galemire, siempre hubo rock en toda esa generación, atravesando eso con la milonga y todo, pero ahí estaba. A nivel sonido, aún en los protagonistas del llamado Canto Popular estaba, el bajo eléctrico estaba, estaba el rock, nunca se murió del todo para volver a empezar.

¿Por qué se construye a través de la voz de un hombre?
¿Por qué no? De alguna manera es un protagonista creíble. Yo creo que si fuera una mujer tendría que contarlo desde una perspectiva de género, porque es imposible hacer otra cosa. Si vos sos una percusionista de esa edad, en ese momento, lo que tendrías que contar es cómo te borraron o que no sabés por qué te borraron. Decir “me tocó, no seré tan buena como los demás”, porque todos esos caminos están invisibiliados, normalizados. Entonces ya era meterme en un lugar en el que tendría que haber contado otra cosa.

Y ¿por qué percusionista?
Un poco porque tenía la posibilidad de pasar mucho de un género a otro, entonces tenía que ser un percusionista o un guitarrista. Y un guitarrista exigía otros conocimientos técnicos, además yo viví diez años con un percusionista, de esa generación, además, y he escuchado mucho esa jerga, es como que estoy mucho más familiarizada con ese lenguaje, con los instrumentos.

¿Hay un experimento con que el personaje esté tratando de deconstruírse a través de la autocrítica que hace con la falta de mujeres en su generación y la valoración de las músicas de ahora?
El tema de género fue así en realidad. Yo no tenía nada planeado, pero tampoco estaba en contra. Está en todo y si aparece, aparece, pero no era uno de los temas. Pero fue algo que yo nunca convoqué y que, sin embargo apareció en muchísimas entrevistas, como que esa generación está reconsiderando lo que pasó. Es mi interpretación, no quiero hablar en nombre de una generación. Yo lo único que hice fue una serie de entrevistas y te decían que había muchas minas, pero que les pasó sin darse cuenta, y que a nivel consciencia había una intención diferente. Esa generación realmente una de las primeras que intenta tener relaciones más justas, en la vida privada, por ejemplo.

¿Y cómo fue esa serie de entrevistas?
Conversé con gente, con mucha gente. Músicos, aficionados, gente que sabe. En este país hay tres millones de directores técnicos y músicólogos, dos millones ochocientos. Todos saben, todos se acuerdan de todas las bandas, y bueno, hice una serie de entrevistas que fueron cambiando, a medida que hablaba con uno cambiaba otras cosas para hablar con otro, y sobre la parte técnica de la música.

También hay un “replanteo” de la vida en pareja allí donde el protagonista vive con su mujer pero a su vez está siempre detrás de otra chica al mismo tiempo que está con otras mujeres…
Pero eso es completamente normal…

¿Es costumbrismo?
Sí, sí lo es. El personaje tiene una relación normal de pareja, y no tiene una razón para estar allí si no quisiera. Tiene una comodidad económica que no tendría solo, aparentemente, ella tiene un trabajo importante. Pero eso es al margen. Él está ahí porque quiere, pero tiene relaciones con otras personas. Y yo creo que así funciona la mayoría de la gente; la que tiene relaciones normales, frustrantes, lindas, lo que sea. Es mi opinión; es regla. Todo el mundo anda con otras personas. No sé mucho cómo es ahora, tampoco está claro en la novela, pero dejar esas ambigüedades era relevante en la novela en la medida en que, justamente, lo que no se hace es hablar de eso abiertamente. Mantener ese discurso. El personaje habla desde un lugar muy privado, el cuenta eso, pero vos no sabés en realidad qué pasa con ellos. Hay algo generacional, sí, en tanto que el personaje está formado y crecido en una sociedad de roles. O sea, el se comporta como varón. Ahora somos más personas, antes éramos hombres y mujeres.

¿Cómo fue el armado de la novela?
En realidad fue bastante de sopetón. Porque yo quería usar ese método, pero lo que sucede es que cuando estás haciendo la investigación al mismo tiempo es que decís “no, pero esto debería ir antes”, entonces hay algunas costuras y algunos agregados pero básicamente está escrita de corrido. Es una cosa que yo nunca hice antes. No es absolutamente así, pero en líneas generales es así.

También, como en general aparece en tu obra, hay una presencia potente del sexo y del deseo. Por ejemplo, el personaje parece estar cansado de muchas cosas a su edad, pero no de ejercicio de lo sexual, que está en toda la novela…
Yo creo que ahí lo que hay de particular es el mundo de la ficción, porque de eso no se habla. Asociamos la sexualidad a la juventud, o es un tema que asociamos directamente a los octogenarios, es decir, se vuelve un tema en sí. Pero en realidad  no tiene mucha diferencia con cualquier otra persona, lo que no quiere decir que todas las personas sean igualmente activas, como no lo son tampoco a los treinta. Cada uno tiene un mundo propio de intensidad y de interés, pero en sí yo no lo veo como una gran diferencia. Cuando construís una escena sexual específicamente tendrás que tener en cuenta eso, pero no hay diferencias. Para mí es uno de los elementos que hacen una historia real, es algo de lo que no podés salirte, está súper presente y son momentos intensos de la vida. Siempre que se obvia eso tengo la sensación de que falta, como en las películas cuando se hacer corte en negro, y al otro día ¿cómo sabés si salió bien o no? se da por supuesto que salió bien, pero no sé, no me mostraste nada. A mí me parece que tiene que estar.

A diferencia de las anteriores novelas, este personaje parece más “tranquilo”, no se droga, no sale en plan reviente…
Tiene que ver con el punto de vista. Mi idea original era que fuera, incluso más anodino de lo que fue, alguien que hablara del mundo más que de sí mismo. Creo que quedó alguna parte en la novela en la que el personaje se disculpa por estar hablando de sí mismo. Que fuera más como un observador, lo que sucede es que los personajes te chupan y allá hacen lo que quieren, escriben ellos. Pero se trata del punto de vista de contar lo que pasa alrededor, de contar lo que pasa en el barrio, cuando salen, cuando aprenden a tocar…

“Rompe la quietud”, así como mucha de tu obra, ¿funciona como una manera de contar la historia del Uruguay desde otro lado?
Sí, hay una intención que no te voy a decir que fue inicial, sino que se fue construyendo, de darle voz a las historias privadas en la historia. Por ejemplo, hablamos de dictadura, ponele, hay una serie de acontecimientos políticos y otros privados. Cuando yo escribí “Los misterios dolorosos”(HUM, 2013) una de las cosas que quería decir era cómo ser un niño en esa época y vivir, aparentemente, sin consecuencias directas, porque no se trata de un personaje que tenga un padre preso, ni nada por el estilo. Y sin embargo eso estaba, interfería en todos nosotros. Entonces, quise contar desde las personas, desde lo privado, lo íntimo y lo familiar, viviendo un momento político. Y eso también va pasando acá desde otra voz, ¿cómo fueron los 90´? ¿qué versiones hay de los 90’? Hay gente que los considera años súper luminosos, incluso desde la música, se supone que explotan cosas como “La Vela Puerca”. Y por otro lado es un país que se va cayendo lentamente hasta una crisis absoluta. Eso no pasa de un día para otro. Bueno, ¿cómo lo vivían las personas? Contar todo eso desde un punto de vista privado.

¿Creés en ese caso que pueda haber un límite borroso entre la crónica y la novela?
Un poco. Sí. Bueno, “Arena” (Planeta, 2003. Criatura Editora, 2017), por ejemplo, está escrito en base a crónicas, anotaciones que yo escribía de cosas que pasaban durante el día, o viajando. Escribía casi todas las noches, no en forma de diario, sino de crónica, ese es el material original, después se construye una novela. En este caso son conversaciones, entrevistas, pero que tienen algo de crónica. Muchas de las cosas que rescaté son anécdotas, por ejemplo, que describen un momento, que cuentan una sensación, un lugar, un ambiente, “entramos a La Barraca, no pudimos entrar, no teníamos plata para la entrada”, cosas que cuentan algo y que son también una forma de la crónica.

¿Sabés qué viene luego de esto?
No. Fue un proyecto muy absorbente y estuve muy concentrada. Tuve el privilegio de que pude dedicar mucho tiempo a eso. Hay muchas ideas en el congelador, ¿no?, unas incluso un poco más avanzadas, pero no sé cuál de ellas voy a sacar y a descongelar.


 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*