“Los dibujos del maestro Firpo”. El maestro y sus diamantes en bruto

Con la edición de Alfredo Alzugarat, la Biblioteca Nacional acaba de publicar “Los dibujos del maestro Firpo”. Se trata de una recopilación de dibujos realizados por él mismo que recrean, en forma certera y descarnadamente real, la vida diaria, las anécdotas y las historias de sus alumnos. Un documento de época que permite asomarse a una realidad notoriamente distinta a la actual y que, por eso mismo, habilita a una bienvenida reflexión.


Por Mauricio Rodríguez (*) 

José María Firpo nació en Paysandú en 1916 y su gran vocación fue ser maestro. A mediados de los 70 su nombre trascendió las paredes de la escuela y ganó popularidad con la publicación de “dichos y gazpachos” de sus alumnos que fueron recopilados durante años y vieron la luz en el célebre “El humor en la escuela” (1974). La publicación fue un éxito editorial en tiempos oscuros para el país. El libro arrojó luz y evidenció toda una realidad de la Enseñanza Primaria de aquellos tiempos. Mientras el libro llegó en dos años a vender 16.000 ejemplares, por los mismos tiempos, la esposa del maestro fue detenida, torturada y enviada al Penal de Punta de Rieles, donde estuvo presa dos años. “El humor…” se publicó en Argentina con el nombre “Qué porquería es el glóbulo” y luego Firpo editó acá “La mosca es un incesto” y “Los indios eran muy penetrantes”. Se llevaron al teatro tanto en Buenos Aires como en Montevideo. En marzo de 1978 Luis Cerminara y el Grupo de Formación del Actor, de la Alianza Francesa, interpretaron “El humor…” e incluso Firpo llegó a subir en alguna ocasión al escenario y leyó párrafos del libro.

Firpo, que se definía como un “recopilador”, se jubiló en 1971 y murió en Montevideo en 1979. Ese año publicó “El Uruguay y sus visitantes”, que incluyó críticas, observaciones y opiniones de periodistas extranjeros que visitaron el país en esos tiempos. Trabajó en escuelas del Cerrito de la Victoria y la Ciudad Vieja durante varios años. Publicó un periódico llamado “La tiza” – que luego fue cambiando de nombre – y que se transformó en un semanario que salió los viernes. Esta publicación le abrió las puertas primero a las familias de los alumnos y luego a la sociedad toda.

Alzugarat se pregunta cómo se explica el éxito de “El humor…” en “tiempos de censura, terror colectivo, zozobra diaria”, a poco más de un año del golpe de Estado. Y responde: “Porque la necesidad de reír es permanente en estos tiempos”, cita el editor, tomando una frase que aparecería años después, en 1982 y aún en dictadura, en el mensuario de humor El Huevo.

Como bien señala Alzugarat, los libros de Firpo vinieron a llenar el hueco dejado por publicaciones de perfil humorístico que se habían editado antes del golpe: desde “Mónica por Mónica” (1967) o “Las aventuras del Flaco Cleanto” (1969) hasta la primera versión de “Los cuentos de Don Verídico” (1972) o “Veinte mentiras de verdad” (1971). Y seguramente el éxito de “El humor…”se vio ayudado por el contexto de represión. “No resulta aventurado afirmar que es un humor potenciado por las circunstancias del momento. Existía necesidad de reír, y en un mundo donde todo, o casi todo, estaba severamente prohibido, El humor en la escuela aparecía como el único humor posible”.

 

En algunas notas a Firpo y a su viuda se pone de manifiesto el afán del maestro de coleccionar los textos de sus alumnos, que todo indica empezó ya en los años 50. Dice Alzugarat al respecto: “No era una manía. Había también una fundamentación pedagógica. Valoraba la libertad de expresión en los niños y los ejercicios de redacción eran parte importantísima de su bagaje didáctico. Le importaba mucho lo que los niños decían como reflejo del entorno social que los acompañaba, de su experiencia de vida, de su práctica cotidiana, distinta según la extracción social y el lugar geográfico en que se hallaban. (…) El humor en los libros de Firpo está anunciado en el título y se vuelve indiscutible realidad desde la primera a la última página. Es un humor que surge de la inocencia del desparpajo, de una interpretación sometida a escasos referentes, a veces del equívoco, la ingenuidad o la distracción, que Firpo cuidaba de mantener en su pureza y autenticidad”.