Nada es lo que parece. Sobre “El miserere de los cocodrilos”, novela de Mercedes Rosende

Por Sergio Schvarz


El Miserere de los cocodrilos, de Mercedes Rosende (nacida en Montevideo, Licenciada en Derecho, Magíster en Políticas de la Integración, Escribana Pública y experta en procesos electorales), es una novela policial publicada por Estuario Editora en junio del año 2016, y es el último de los cinco libros de la escritora que han salido a la luz. Sus otros títulos publicados son Demasiados blues (La Gotera, 2005, Premio Municipal de Narrativa), Historias de mujeres feas (inédito, 2008), La muerte tendrá tus ojos (Premio Nacional de Literatura/ MEC; Sudamericana, 2008) y Mujer equivocada (Sudamericana, 2011; Código Negro, 2014). También las crónicas de Todos somos Haití, publicadas por ALAI Latina, a lo que se agrega un cuento suyo, Ceremonia, que fue Primer Premio en el Concurso de Cuentos del Festival Buenos Aires Negra. Ha participado en numerosas antologías así como en congresos, festivales y encuentros de novela negra: Azabache en Mar del Plata, Buenos Aires Negra, Córdoba Mata y la Semana Negra de Gijón.

El Miserere de los cocodrilos presenta varias particularidades que vale la pena destacar, porque no sólo tiene la acción clásica de toda novela negra – suspenso, robo, muerte, policías y detectives – , sino que a todo esto aúna una trama bien expuesta y nada sencilla. Como primer elemento, anotaremos que lo que a primera vista nos parecen dos historias diferentes, confluyen finalmente en la misma trama. Todo el tiempo la autora nos viene hablando de lo mismo, sólo que de una manera un poco esquiva y alternada, dual, que disimula la “realidad” de la obra.

La construcción de los personajes se da con breves pincelazos que nos lo presentan de forma sicológica más que física. Apenas algunos rasgos. Por ejemplo “pelo peinado a la gomina, corbata bordó y lentes Ray-Ban” del abogado Antinucci, que tiene “una pequeña cicatriz en la ceja derecha” que lo identifica. Los rasgos síquicos están dados en que los personajes principales parecen enfermos, con varias fobias, traumas y trastornos, como la ingesta compulsiva de Úrsula López, los ataques de pánico de Germán y algo así como la meticulosidad aséptica y la preferencia por los artículos de cuero del abogado Antinucci.

El personaje principal, que va creciendo a medida que damos vuelta las páginas, es el de Úrsula López, que ya había aparecido en una novela anterior de Rosende (La mujer equivocada). La ingesta compulsiva irrefrenable le juega en contra y la obliga a las duras penitencias paternas en su cuarto a oscuras por toda la noche, pero además la acomplejiza en su gordura y la enfrenta a su hermana (Luz), que es más bella y delgada y “mejor persona” que ella. La enfermedad de Úrsula y el castigo serán el origen de la dolencia psíquica (para utilizar un término psicoanalítico), porque entonces habrá una ansiedad irreprimible, una sensación mayúscula de baja autoestima, un sentimiento de culpa arrollador y una preocupación excesiva sobre su imagen corporal y el sobrepeso. Y es claro que todo eso va a desembocar en la depresión, el enojo, la soledad, la irritabilidad y la desesperación absoluta: “Tiene hambre, el hambre que le viene cuando está ansiosa, deseosa, nerviosa, cuando se siente sola, deprimida, con nostalgia, enojada, es el hambre de los recuerdos y el hambre del  vacío” (pág. 141).

Toda la novela gira en torno a este personaje femenino y su apuesta a encontrar la fórmula necesaria para superar esa acción impulsiva de hambre repentina que le hace “engullir” todo lo que encuentre. Tendremos que decir, adelantándonos, que lo logrará, finalmente, aunque tenga que pagar un precio demasiado excesivo. Será otra, sin duda; será ella misma, la que siempre quiso ser, aunque tenga que llevarse todo por delante.

El otro personaje femenino destacable, que es la contracara de Úrsula, es la comisaria Leonilda Lima, insatisfecha crónica, permeable a previsiones “ludovídicas” y horóscopos y que gracias al razonamiento y al recurso de soplones y, sobre todo, de una aguda observación, logra ir atando los distintos cabos sueltos que la autora nos ofrece. En este sentido debemos anotar que no es muy común el papel de una mujer como la detective –aunque está supeditada a una jerarquía masculina que la relega a un segundo plano cuando se le antoja-, y, además, que tampoco es común -y por lo que tengo entendido la única- que una mujer escriba novela negra (en Uruguay), lo cual también podríamos destacarlo como meritorio.

Entre los diversos subtemas de que nos habla, está el de la corrupción policial y la conjunción de la delincuencia con los organismos encargados de su represión, fenómeno que no es nuevo, por supuesto, y que se ha dado y se sigue dando en nuestro país y en buena parte del mundo. Ya hemos dicho que los extremos se tocan, y más cuando en este país muchas veces ambos –policías y delincuentes- viven en las mismas zonas y se alimentan simbióticamente. A ese respecto el papel del abogado Antinucci es paradigmático, como un eslabón importante de ese contexto.

Otro rasgo destacable es la intervención de la propia autora en el texto, donde nos alerta y nos habla directamente, con comentarios que son exclusivamente para nosotros, los lectores. También nos da algunos datos mientras los esconde para los personajes, y viceversa. Además, hace hablar al padre de Úrsula como si estuviera vivo y la increpa por sus acciones. Y, por si fuera poco, utiliza el recurso de una nota de prensa que engloba  la acción del robo (recordé este recurso utilizado por John Dos Passos en Manhattan Transfer).

La novela tiene un final más o menos abierto, nos dice algo de lo que pasa pero no todo lo que pasará después, que debemos suponerlo nosotros. Y en definitiva, todo esto tiene una confesión de parte: “Quise ser ella por un rato, nada más que por un rato, y después me gustó ser otra mujer”, es decir, la otra Úrsula López que tenía todo lo que a ella le faltaba y por lo que ella hizo lo que hizo.

En suma, en la novela nada es lo que parece, los buenos no son tan buenos, y los malos no lo son tanto; los culpables e inocentes no coinciden con los verdaderos, y mientras tanto suena el Miserere de Vivaldi para expiar todas las culpas, las nuestras y las de los demás.

(El Miserere de los cocodrilos, Estuario Editora – Cosecha Roja, junio 2016, Montevideo, Uruguay, pp. 226)


 

1 Comment

  1. SERGIO: me parece muy bueno tu comentario, pero en mi modo de ver, le falta destacar algo: la descripción que hace M. Rosende del ambiente carcelario. Siempre según mi parecer, no hay en nuestra literatura otra descripción tan impresionante como la que hace al principio del relato sobre la vida (?) carcelaria. Es un punto muy fuerte de la novela y creo que, sólo mencionarlo, completaría tu excelente comentario. Felicitaciones.

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