“Prefiero el poema al orgasmo”. Fotorreportaje a Alfredo Fressia


Entrevista de José Arenas / Fotografías de Paola Scagliotti

Varios lugares de la ciudad encierran, para Alfredo Fressia, recuerdos y secretos. Sin embargo, para que hiciéramos el fotorreportaje, mientras estuvo de visita o residencia interrumpida por Montevideo, el poeta eligió la Escollera Sarandí para dejarse llevar por los gatillazos de Paola Scagliotti y mis preguntas. Atravesando el calor de la Ciudad Vieja, cancha de fútbol barrial de por medio, vimos la figura alta y notable de Fressia que nos esperaba esquivando los sopapos del sol.

Poeta reeditado en Buenos Aires y Montevideo, declarado Ciudadano Ilustre de la ciudad, protagonista de un libro de cuentos, “Las historias que Fressia no contó”, una serie de textos narrativos sobre poemas de su autoría, editado recientemente por Estela editora, Alfredo Fressia es uno de los poetas más resonados últimamente en el Río de la Plata. Querido y admirado por sus pares, su poesía ha sido considerada en Uruguay como una de las primeras en encuadrarse en lo que luego se llamaría “queer”, sin embargo quizá ese encuadre quede chico para el tamaño de su obra.

Buscando algunos rincones para que Paola diera disparos, a merced de las olas brillosas y endiabladas, hablamos con Alfredo Fressia.

¿Por qué cuándo quisiste ser mejor, quisiste ser mujer?

Eso es en el poema, porque viene a propósito, no podés separarlo y decir “cuando quise ser mejor, quise ser mujer”, porque si no, lo hubiera hecho, pero no soy trans, carajo. Tengo la performance masculina. Digo que es un amor sin alegría, y es verdad, un amor con alegría fue siempre con hombres, donde se conjuga todo; las ganas, el deseo, el amor, también.

¿Vos sos el primer poeta gay en ser gay en la obra?

A ver, en el fondo Ángel Falco en 1910 hace un poema en que queda claro que es el hombre con su joven adolescente, eso lo salvaba de cualquier mirada que él juzgaría inapropiada, además era militar. Ese tema de la primera persona, el pudor entre noventa comillas, de hacer coincidir con una primera persona supuestamente real, no conozco antes, francamente no. En Buenos Aires sí, pero en Montevideo no. Con Juan siempre decía, esto debe ser un escándalo, porque soy puto y lo digo; “cómo puede ser, lo dice”.

¿Eso te trajo consecuencias?

No. Más bien consecuencias íntimas; el alivio de no tener que esconder, de no tener que llevar vidas paralelas. Me trajo beneficios, como suele ocurrir. En mi caso, es difícil de explicar, me parecía casi un privilegio que Dios, que un dios, que la providencia, que las circunstancias me había dado. Me daba la sensación de contener en mí una biografía que otros no tenían. Lo que hoy se llamaría orgullo gay. Una cosa adolescente, en mi cabeza. Después, nunca me sentí obligado a mentir, con esas historias, que, sobre todo en aquella época, pero hasta hoy, son de terror. Consecuencias negativas, no. Por ejemplo, cuando tuve que irme, me fui por otros motivos, mirá que Brasil es muy complicado en esos temas, Uruguay siempre fue mejor. Claro, bueno, vivir solo en una ciudad gigantesca te da en todos los sentidos un gran margen de libertad que yo me auto otorgaba cuando venía acá, con todas las limitaciones de una ciudad más pequeña. Vos acá salís, te tomás tres copas, te agarrás un divino en la esquina, y ya la vecina del cuarto piso lo sabe, porque te vieron, la telefonearon, le contaron. Evidentemente, en ese sentido, sí. Es mejor. Exiliado sexual no fui, por todo lo que te acabo de decir. En el sentido de la enorme libertad de las ciudades grandes, puede ser, pero no puedo hablar de exilio sexual. Néstor Perlongher decía que era un exiliado sexual, y él lo era literalmente, porque lo habían llevado preso, pero no fue mi caso en absoluto. De todas maneras era una cosa muy mal vista, intra familia, por ejemplo, yo hacía un personaje que no hablaba del tema, durante mucho tiempo, y había que soportar la indirecta que hiere, el comentario descalificador, y a veces la directa; “puto de mierda”. Nadie en mi familia me ayudó nunca, jamás. Ninguno de los miembros de mi familia, al contrario.

¿Qué beneficios te trajo una ciudad que no te daba la otra?

Bueno, ese espacio enorme, la sensación de estar solo, al comienzo, construyendo un destino, una biografía. Enseguida que llegué me enamoré de otra figura que era Henrique Montes, entonces estaba el amor, la base, que reaparece muchos años después, con un cáncer terminal, yo estaba aquí y me aparece un e-mail de él, un bólido del pasado. Él se había casado, no es necesario decir que con una mujer, había tenido un hijo. Primero me dice “he leído poemas tuyos, los he encontrado, he seguido tu vida en Google”, en el año 2006, o 2007. Ahí me dijo que siempre me había amado, y yo fui un poco duro, dije que prefería no verlo, y seguí hasta el final con eso, yo volví a Sao Paulo, él insistió un poco, después se cansó. Y fue una bellísima historia de amor que tuvimos, del 76´ al 82´. Y bueno, así las cosas. Esa llegada a un mundo nuevo, una nueva biografía, está en un librito que salió en Brasil, que se llama “Destino Rua Aurora”, que salió en español también, y lo que yo digo es que ese librito me ha acompañado toda la vida, porque los personajes han reaparecido, o se han muerto, y es un libro que curiosamente, es el que más me ha acompañado. El que más me testimonia, el que es mi testigo más íntimo.

¿Qué te da Montevideo?

Como vengo tanto, tengo una vivencia casi cotidiana de Montevideo, a partir del 85 no paro de venir, mi madre estaba viva, yo tenía que cuidarla, fueron muchos años, sólo el año pasado no vine.

¿Vos formaste parte de algo llamado SOMOS en Brasil?

Sí, el nombre era Grupo de Reafirmación Homosexual. Hoy me parece tan extraño, afirmación, identidad, me parece tan discutible por todos lados, pero en la época éramos muy jóvenes, desorientados, era un comienzo. Esto fue en invierno del 77, era un grupo de militancia por los derechos, era una actitud política. Felizmente luego entraron los temas de género y no la lucha por el derecho de, incluso la palabra, homosexual, que a mí no me disgusta, más allá de su origen médico, creo que prefiero ser homosexual a ser gay. Esa cosa que tiene la palabra gay; la cosa bien educada, que no son promiscuos, que se casan. Si adoptan un chico está bárbaro, pero aunque no adopten, llevan biografías aceptables. Yo tendía a ser poco aceptable. SOMOS tuvo la importancia de la etapa homosexual de esa época, que había en Méjico, también estaban los yankies, en Sao Paulo, después entró en Río de Janeiro, y en Buenos Aires lo que ya había existido un poquito antes, el Grupo de Liberación Homosexual, donde estaba Perlongher. Que después en uno de sus viajes, en ómnibus escribe ese poema tan famoso, que a mí no me gusta mucho, “Cadáveres”. Yo fui uno de los primeros auditores de ese poema, una cosa tan cómica, fue en la cocina de la casa donde él vivía, porque tampoco era su casa, era la casa de una amiga nuestra. Y él una noche, al día siguiente de llegar, me dijo “porque quiero leerte una cosa que escribí”, él era muy performático, hasta la forma de hablar, que era bien del sur de Buenos Aires. Por eso se veía atraído por el lumpen, como tanta gente. Los gays no, ellos dicen que no. Un homosexual te dice: “sí, por supuesto”, el gay te dirá “jamás”. Hay una generación gay que son una generación yupie, que se visten bien, viajan a Europa, son gays. Esa generación existe y con un amigo mío en Méjico, que justamente se estudia de los estudios de género en la UNAM decimos: “fulano es de esa generación”. Se viste con tal ropa, usa la marca tal. Yo no.

Y ahora, con la reedición que se está haciendo de tu obra desde aquellas primeras veces con el grupo de Ediciones de Uno, que tomaron tu libro, ¿Cómo te sentís?

Muy alegre. “40 poemas” es del 88, que son mis tres primeros libros. Después en el 86 hice la versión en portugués de “Destino Rua Aurora” que yo mismo pagué en una imprenta y que se agotó, tanto que hicimos una segunda edición que yo pagaba y que después las librerías me retribuían. Y en el 88 Ediciones de Uno sacó esa antología de mis tres primeros libros. Ellos tenían miedo de que yo no volviera a escribir en español, y era lícito. Pero yo sabía que no iba a pasar. Me da alegría ver el reconocimiento. Porque los uruguayos somos duros en el reconocimiento, y para alguien que nunca hizo marketing tuve ese privilegio, de dialogar con los jóvenes, de que me leyesen. Es una suerte, ocurre o no ocurre, no depende de uno. Hay excelentes poetas que no son leídos y hay malos poetas que son más o menos leídos. Yo, por ejemplo, nunca corrí atrás de editores, y la vida siempre me dio editores en Francia, en Italia, en Uruguay o en Argentina. Eso fue suerte, hay excelentes poetas a los que les cuesta mucho acceder a eso.

¿Qué te da la poesía que no te de otros géneros?

Yo soy poeta. Tengo las crónicas de “Ciudad de Papel”, el “Rua Aurora” es crónica, escribí 17 años para El País Cultural. Pero soy básicamente poeta, sin la menor duda. Yo casi que prefiero el poema al orgasmo.

¿Qué te interesa de la literatura actual?

Yo siento que después de los 60, por ahí, me fui delimitando un poco más a mi mundo. Yo entiendo, ahora, que los poetas viejos lean menos a otros poetas, y no es ilícito. Hay un protagonismo de las obsesiones que ocupa un espacio que va quedando en los nuevos poemas. Pero he tenido la suerte de que me invitaran mucho a festivales por el mundo, lecturas o universidades; Turquía, Marruecos, Méjico cada tres o cuatro años, Nicaragua, Perú, Chile, la lista es grande. He tenido esa suerte que cuenta, la gente te lee, recibís cartas de lectores, o blogs de gente que pone poemas míos. Tuve mucha suerte en muchas cosas, francamente. Te decía todo esto porque eso me mantiene en cierto contacto; leo, hago prefacios, bajo de internet, leo. Pero no tengo como en otros tiempos en los que todos los fines de semana mandaba una nota, además yo daba clases e iba leyendo algo y me tomaba el fin de semana para hacer la nota para El País Cultural porque además tenía que cobrar para pagar la clínica de mi madre, eso duró años. Tanto que yo a veces venía en ómnibus desde Sao Paulo. Tal vez lea menos que antes, pero siempre mantengo esa relación.


 

 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*