Reseña de “Cuando eso acecha”, libro de Andrea Arismendi Miraballes.

Seis cuentos y un largo relato conforman este libro de Andrea Arismendi Miraballles, editado por Irrupciones Grupo Editor con prólogo de Gustavo Espinosa.


Por Gerardo Moreira (*)

Los cuentos de Andrea introducen al lector, a un mundo cerrado, ominoso del cual no hay escapatoria. Nos encontramos con una retahíla signada por la muerte, nos topamos sin preámbulos con los más abyecto de la condición humana. Los personajes de Andrea van desde los más crapulosos hasta los más inocentes. Ellos evocan, recuerdan o confiesan algún crimen, en algunos casos arrastrados, empujados por las circunstancias, como única forma de escapar de un destino miserable, de una realidad horrorosa y lacerante, en otros casos sueño y realidad se metamorfosean se intercambian y confunden. La mayoría de ellos se desarrollan en pueblos pequeños del interior que hacen recordar el viejo refrán: “pueblo chico infierno grande”. No es un interior bucólico y amable, es un interior sórdido, donde lo que muchas veces se sospecha, se vislumbra, o es una verdad nunca dicha pero sabida por todos, estalla e irrumpe con su lado más atroz.

La prosa de Andrea, austera y precisa como un bisturí, está destinada a la funcionalidad del relato, no sobra ni falta nada, no hay digresiones inútiles. Todo esta dado para crear un ambiente asfixiante, que oscila entre lo onírico y lo real, lo imaginado y lo vivido. Con una contundencia feroz descarnada y sin concesiones con el lector.

Un capitulo aparte merece el relato largo que cierra el libro “Memoria de una ciudad por donde no paso la guerra”. Una distopia, una visión apocalíptica y agónica, de un mundo que, en el presente, ya deja sentir el hedor, la suciedad e inmundicia, que Andrea narra y trasladada de forma maravillosa a un futuro que se antoja no muy lejano. Es un mundo opresor, y tiránico, que se va adhiriendo a uno como la humedad, y del cual es difícil escapar como en esas pesadillas repetitivas y estrangulantes. Todo esta cubierto por una pátina de polvo, por la mugre; la desolación y la soledad lo invade todo. El acecho constante de algo que controla nuestras vidas, y no nos deja salida hacen de ese mundo un lugar terrible; al cual nos precipitamos más rápido cada día. De una forma o de otra, estamos condenados de antemano, no hay absolución, no hay retorno.

El relato también contiene una serie de guiñadas al lector atento, que hace que todo el libro sea atravesado por un hilo unificador, que le confieren una especie de frankesteriana unidad.

Un gran libro editado en noviembre del año que paso, y en cual sin lugar a duda vale la pena adentrarse.

 


(*) Gerardo Moreira es un lector ávido que estudió durante un tiempo en Facultad de Humanidades (Licenciatura en Historia) 

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