Sobre “Grillo constante. Historia y vigencia de la poesía musicalizada de Mario Benedetti”

Por Luis A. Fleitas Coya


Pasa indefectiblemente. Hay canciones que nos tocan tanto que sin exagerar, podemos recordar perfectamente la primera vez que las escuchamos, el lugar, las circunstancias, el momento. Podría señalar perfectamente la primera vez que escuché los discos Rubber Soul o el album blanco de The Beatles, Black Magic Woman de Santana, y  canciones como Hey Jude o Revolution. En 1970, un sábado de noche, en una reunión bailable en el club, en el pueblo, de manera inexplicable alguien puso en el tocadiscos portátil un disco, exótico en aquel contexto. En medio del salón, de pronto se oyeron acordes que no tenía nada que ver con el rock y la música pop que escuchábamos entonces y con la que bailábamos. Arrancaron las guitarras con una fuerza impresionante, puro ritmo y perfecta afinación, y los primeros e inolvidables versos recitados por Pepe Guerra: “Cielito cielo que sí/cielo del sesenta y nueve/con el arriba nervioso/y el abajo que se mueve”.   Era Cielo del 69 cantada por  Los Olimareños, la primera canción de la cara A del disco homónimo, con José Luis Guerra y Braulio López en la carátula, elegantemente vestidos de traje, sentados en unas piedras, tocando la guitarra, con un cielo celeste de fondo.  La letra y la música entran tremendas, y a mis catorce años sentí como nunca y con toda la fuerza que aquellos eran tiempos de cambio y de conmoción. Era una canción de protesta, sí, pero más que eso, era una canción de exaltación, de rebeldía, que insuflaba el ánimo, perfectamente acorde con los tiempos y con el espíritu de la época. Enseguida vi que la letra era de Mario Benedetti, y fue la primera canción que conocí con letra compuesta por él.  Ya lo conocía como escritor y  venía leyendo desde hacía rato Montevideanos, Gracias por el fuego, Poemas de la oficina, Inventario. Pero esto era diferente, era un escritor comulgando con la era y casi dándonos la mano a los jóvenes, junto al dúo más famoso y escuchado de la época, por todos, tanto tirios como troyanos, al punto que unos años después cuando los militares sacaron los famosos comunicados 4 y 7 el 9 de febrero de 1973, los propagaron por radio al son de Los Olimareños cantando como cortina de fondo A don José, créase o no.  En cuanto a Cielo del 69, su letra lo tenía todo,  ironía, agudeza, metáforas sencillas y exactas (el arriba y el abajo, el mango y la sartén, la caridad y la justicia), arenga, emoción, y aunada a la hermosa música de Numa Moraes, verdaderamente conmocionaba a quiénes la escuchamos entonces, y pienso que aún seguirá emocionando a quiénes la escuchan hoy por primera vez, tal su fuerza, por más que el contexto histórico y político sean tan diferentes.

Grillo constante, de Jorge Basilago y Guillermo Pellegrino nos trae a colación todo eso.  Es un libro extraño.  Claro que trata en general de las canciones y de su fuerza y su impacto, y en particular de las canciones con letra de Benedetti a partir de sus poemas o compuestas específicamente como canciones para ser cantadas, pero no solo es eso.  Sus autores evitan lo esperable en este tipo de libros, por lo general  limitados al análisis de canciones siguiendo la evolución espacial y temporal  de un escritor y de su obra. Por el contrario, Basilago y  Pellegrino se adentran sin temores y con decisión en un  terreno mucho más complejo como lo es desarrollar al mismo tiempo un trabajo de investigación, de ensayo y de análisis.   Así por ejemplo, hay líneas de investigación en las cuales indagan cuáles letras de canciones se elaboraron a partir de poemas ya escritos y publicados de Benedetti,  cuáles de ellos fueron modificadas por el autor o por los compositores musicales y en qué consistieron tales cambios desde el punto de vista estrófico, métrico o de la rima,  así como cuáles textos fueron compuestos especialmente como letras de canciones por el propio escritor. La investigación, seria, exhaustiva e incluso comparativa entre las diversas versiones de la misma canción por los mismos o por diversos cantantes o músicos, da cuenta de un trabajo singular y  metódico.  Lo propio ocurre en relación a las indagaciones sobre las combinaciones estróficas en sonetos, eneasílabos, alejandrinos o verso libre, de poemas aislados o libros enteros musicalizados y las libertades que se tomaron los compositores, como es el caso de La vida ese paréntesis llevado al disco por Tania Libertad y Víctor Merino (Capítulo 6, La voz humana).

El libro incluye diversas entrevistas que se van citando e insertando en el texto, fundamentalmente a músicos como Alberto Favero, Tania Libertad, Víctor Merino, Wáshington Carrasco, Numa Moraes, Jorge Madueño, Ángeles Ruibal, Raúl Zurita, Diego Kuropatwa. Las entrevistas, como se sabe, pueden obedecer a priori a un afán  de publicación de opiniones más o menos idóneas o con autoridad en la materia, que prestigien un trabajo sin mayores atributos.  No es este el caso. Aquí las opiniones de los múltiples entrevistados se van engarzando a lo largo de la investigación, al servicio de ésta y enriqueciéndola como en el Capítulo 4 Exilios y desexilios, con las declaraciones de Alberto Favero sobre la musicalización de poemas de Benedetti en los discos realizados con Nacha Guevara, Nacha canta Benedetti y Las mil y una Nachas; en el Capítulo 6 La voz humana, con los aportes  de Tania Libertad y Víctor Merino sobre la musicalización del libro La vida ese paréntesis en su disco homónimo; o en el Capítulo 7 Otras voces, nuevos ámbitos, las palabras interesantísimas de Jorge Madueño a raíz de la musicalización del poema No te salves, y las de Diego Kuropatwa en relación a los meandros creativos de canciones con los poemas Me sirve y no me sirve  y Soneto kitsch a una mengana.

El aspecto ensayístico aparece con toda intensidad en los dos primeros capítulos, en los cuales los autores  abordan la ardua tarea de teorizar y dar una explicación y un sentido al origen y a  la función de la canción.  ¿Nació primero, antes aún que el poema, o la canción es la primera versión de la poesía, su origen? ¿Es una de las primeras manifestaciones del arte poético, lo primero es la música y el canto y luego viene la poesía como modalidad de arte independiente?  Y esta elaboración teórica de estos dos capítulos iniciales se proyectará como un halo siempre presente sobre los capítulos posteriores iluminando aquí y allá las inquisiciones sobre las canciones y los textos de Benedetti.

En el análisis, los autores se detienen acertadamente en rasgos distintivos como el humor, que Benedetti usó tan eficazmente tanto en poesía como en prosa –e incluso desde la memorable columna Mejor es meneallo  que hizo época en Marcha-  como bien señalan Pellegrino y Basilago, principalmente  a través de ingeniosos juegos de palabras y alteraciones agudas e irónicas de frases hechas y refranes (pág. 77),  e incluso  juegos cacofónicos y su rasgo lúdico (pág. 135).

Otro tópico ineludible era el del exilio. Conocido es el largo desarraigo de Benedetti y su partida al exterior luego del golpe de estado del 27 de junio de 1973, primero hacia Buenos Aires de donde también debió huir en 1974; después a Lima brevemente, seguidamente a Cuba,  para finalmente radicarse definitivamente en España. El libro hace hincapié en que el exilio fue una nueva etapa en la producción de Benedetti, en la cual éste se reelaboró y apuntó a los jóvenes, y que incluso desde el punto de vista de la composición poética comenzó a utilizar la rima  porque los cantantes se lo pedían para las canciones y además en varios poemas de libros como Preguntas al azar.   El mismo escritor sostiene irónicamente que la dictadura le hizo el favor de no anquilosarse en la melancolía sino de ser la ocasión para buscar una producción más abierta y destinada a un público nuevo (pág. 83).  Humildemente acota este cronista que el libro pasa por alto un momento clave como lo fueron los momentos traumáticos y amargos que debió pasar el escritor los tiempos anteriores y posteriores al golpe de estado,  viviendo la zozobra y las posibilidades de ser detenido de manera inminente con riesgo de tortura, de cárcel o de muerte, lo que lo llevó a huir a Buenos Aires a sus 53 años, sin trabajo, sin dinero y  casi sin posibilidades de viajar porque la fecha de su pasaporte estaba casi vencida. Sin embargo dio pruebas de un valor inmenso al regresar brevemente a Uruguay el 31 de diciembre de 1973 para enfrentar a la Justicia Militar que lo pretendía indagar a raíz de que su nombre figuraba en una libreta de un militante del Movimiento 26 de Marzo, detenido en los cuarteles. El hecho lo cuenta Hortensia Campanella y es digno de ser conocido y mencionado (Hortensia Campanella, Mario Benedetti. Un mito discretísimo, Seix Barral, Capítulo 14, págs. 147-149).  Ese hiato amargo en el que las esperanzas y el país se derrumbaban, seguramente fue decisivo para retemplar su ánimo y para  su viraje creativo posterior, en el cual el autor finalmente se inclinó por superar melancolías, tristezas y amarguras,  popularizando su producción a extremos de venta masiva de sus libros, que fue lo que ocurrió durante su largo exilio.

El libro señala así mismo la característica de Benedetti de no integrarse ni identificarse con grupos o tendencias literarias, y su apartamiento expreso de guetos o  círculos exclusivistas y excluyentes (pág. 86);  la encarnación del sentimiento colectivo en sus poemas y canciones a partir de sus textos, en el análisis de   canciones como Por qué cantamos, en las que el pueblo entero es el que canta y  el que resiste a través de la canción (pág. 89);  la musicalidad intrínseca de determinados poemas del autor (pág. 99); y  la estrecha colaboración del autor con músicos como Alberto Favero (pág. 175), e incluso el capítulo 5 Conexión sur-sur, está completamente  dedicado al examen minucioso de los poemas utilizados y creados para el disco El sur también existe realizado conjuntamente con Joan Manuel Serrat.

Sobre el final, en el Capítulo 7 los autores no rehúyen uno de los retos más osados para obras como ésta, que suponen a priori admiración y tributo hacia el poeta comentado, y encaran con decisión, inteligencia y audacia, una revisión crítica desde la perspectiva actual.  Desde la interrogante más genérica de para qué sirve la poesía, hoy, en pleno Siglo XXI, con los cambios tecnológicos que han aparejado cambios culturales tales como la progresiva pérdida del lenguaje, señalan que uno de los máximos atributos de la poesía de Benedetti es su claridad y sencillez ajena a todo hermetismo, lo que implica la innecesariedad de eruditos o intermediarios que la expliquen y que tiene como efecto inmediato la comunicación directa con los lectores y su enorme repercusión masiva (pág. 143).

Sin embargo aún así, ello no impide la pérdida de potencia y contenido de los versos, vistos desde la actualidad, cuando, señalan los autores,  los conceptos de progreso, revolución, reforma agraria, tortura, tan aptos para la sensibilidad de jóvenes de hace cuarenta o cincuenta años, ahora ya no impactan (pág. 146).  Con una lucidez no exenta al mismo tiempo de cierta dosis de verdad y de crueldad,  afirman que “Mario Benedetti escribió pensando en un mundo que ya no existe” (pág. 170).

Hay poemas que sobreviven, no envejecen, y que llaman a ser musicalizados hoy en día, por su sencillez y por su humanismo que conectan con el hombre común,  como es el caso de “No te salves” (del libro Poemas de otro, de 1974): “No te quedes inmóvil/al borde del camino/no congeles el júbilo/no quieras con desgana/ni nunca/no te salves (…)”  musicalizada en el 2008 por Jorge Madueño como una canción de pop rock, “una balada de rara y melancólica belleza” señalan los autores (pág. 147).  También es el caso de “Esta paz” (del libro de 1998, La vida ese paréntesis), transformado por el músico Jorge González y la cantante Patricia Barone de soneto en letra de un tango de perturbadora belleza, afirman los autores (pág. 156).  A raíz de esta musicalización, en uno de los picos más altos del libro, en páginas de delicada sensibilidad, Basilago y Pellegrino abordan uno de las claves de la labor de musicalización o composición de canciones a partir de poemas: detectar la posible canción oculta dentro de un poema, en un duelo de razón versus sensibilidad, en el que el creador está condicionado por las estructuras  poéticas. En palabras de Homero Expósito que se transcriben en el libro, “Para la creación el letrista tiene la misma libertad de volar que el pájaro en la jaula” (pág. 156).

Para el disco del año 2012, BarbaSants canta Benedetti, (a raíz del festival BarbaSants en Barcelona) diversos compositores uruguayos actuales como Samantha Navarro, Rossana Taddei, Daniel Drexler, Ana Prada, Diego Kuropatwa, musicalizaron textos de Benedetti como Ovillos, Piedritas en la ventana, Los cinco, Posibles, Pasatiempo,  Me sirve y no me sirve, Soneto kitsch a una mengana, de manera muy libre utilizando ritmos con influencias del bossa nova, chacarera-funk, pop, rock y trova, muy lejos de las otrora pretensiones de crear himnos, y más afines con la poética clara, sin metáforas complejas pero de sencillez engañosa de Benedetti (pág. 159).

En las conclusiones del capítulo 8, los autores sostienen que la musicalización de poemas de Benedetti van desde las primeras canciones que pueden incluirse en la corriente de la nueva canción latinoamericana de los 60 (por más que Benedetti no se integrara a ninguna corriente) con  elementos comunes como la forma clásica del romance, la utilización de ritmos foclóricos para la musicalización, la rima consonante, los estribillos con conceptos claros y repetitivos para reforzar el sentido del tema, el compromiso político y las canciones como forma de militancia panfletaria y de escaso valor literario, pasando por la estrecha colaboración con músicos como Alberto Favaro, Joan Manuel Serrat y Daniel Viglietti,  siguiendo por la constante repercusión en  la juventud de su poesía y sus canciones hasta el presente, y culminando en nuevas complejidades en la musicalización por parte de los creadores actuales. Para Basilago y Pellegrino, si bien la obra de Benedetti es despareja, lo que trasciende las circunstancias de época y de convicciones políticas y artísticas, es el sector de esa obra que trata temas fundamentales de la humanidad, y que hace que su poesía y sus canciones no envejezcan porque continúan conmoviendo.

Esta conclusión nos lleva a reflexionar si lo que ha envejecido son las canciones con textos de Benedetti atadas a una época o mundo que ya no existe y al compromiso político de entonces, como lo sostienen los autores, o aquellas canciones o musicalizaciones de poemas a las que le falta nivel o valor artístico independientemente de lo anterior. Por nuestra parte, modestamente, preferimos ésta última respuesta.

Finalmente, como apéndice se incluye una discografía completa, una reseña bibliográfica y de artículos académicos y periodísticos citados, así como de programas radiales y televisivos consultados, y la nómina de entrevistados.  En suma, un libro serio, meditado, con rigor y mucho trabajo,  interesante, que aborda uno de los aspectos menos tratados -sin rehuir la polémica ni la visión crítica- de uno de los íconos contemporáneos de la cultura uruguaya.

Sus autores, Jorge Basilago (Buenos Aires, 1974) y Guillermo Pellegrino (Montevideo, 1968),  ya habían publicado juntos el elogiado libro “A orillas del silencio: Vida y obra de Osiris Rodríguez Castillo” (Cuatroesquinas Ediciones, 2015),  y continúan ahora con la publicación de este nuevo opus (Grillo constante. Historia y vigencia de la poesía musicalizada de Mario Benedetti, Cuatroesquinas Ediciones, 2018) una sociedad autoral que se las trae.


 

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