Sobre “Pensión de animales”, de Pablo Silva Olazábal

Por Margarita Heinzen


Si bien no es una novedad literaria, recién termino de leer Pensión de Animales de Pablo Silva Olazábal. Esta novela en 2012 obtuvo el 2do Premio de Narrativa Inédita en los Premios Anuales del MEC, y en 2013 una Mención de Honor en el Premio Nacional “Narradores de la Banda Oriental”. Recientemente, en 2017, fue editada en Colombia por Escarabajo editorial, como inicio de una colección de literatura latinoamericana. Muchos galones.

En 116 páginas transcurren diez minutos y toda la novela. Es una pensión, en la que los inquilinos tienen bichos pero los animales parecen los humanos y un ángel “humanizado”, pero descreído de quienes debe “angelar”, se erige como un narrador omnisciente y neutral, que sobre el final abandona ese rol. Una polifonía que surge de cada pieza del edificio, relata, de forma diversa, esos diez minutos: una mujer enojada, no se sabe muy bien porqué, llamada Laura, baja las escaleras, pasa por todas las puertas y las patea, grita e insulta y opera como el hilo conductor que une y altera a los habitantes de la pensión a su paso. Como un corrientazo, una energía desbocada en furia, que mientras baja habilita a que el lector se asome a un recorte de la vida de sus habitantes y de sus bichos. En cada habitación hay un conflicto y un bicho. Alguno indefinido, otro repulsivo, otro humanizado, como el perro que reflexiona sobre su dueña. En esas habitaciones en las que se juega tanto en tan poco tiempo, el ángel observa con su visión simultánea, como un mosaico, como una mosca con sus múltiples ocelos, que le permite ver lo que nosotros debemos leer secuencialmente. Esta explicación de la estructura de la novela es aportada por una de las voces del coro, como un diálogo entre protagonistas, lo que evita el efecto de sobreexplicación y alivia la tensión casi en la mitad del libro.

Discípulo de Levrero, Silva Olazábal demuestra las lecciones aprendidas en la morosidad de la prosa, o más bien, en la cámara lenta acelerada, estilo del que Levrero hizo alarde, así como su tan consabida máxima de escribir con imágenes. Una narración minuciosa, que se detiene en los detalles y que sin embargo no hace decaer el ritmo.

La ilustración de la carátula es una obra del cantautor español Luis Eduardo Aute, de la serie “Maltratado de ángeles”. Yo no conocía este perfil de Aute, lo que sólo habla mal de mí, ya que él, me enteré, se define como “un dibujante que canta”.

Pablo Silva Olazábal es oriundo de Fray Bentos, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, escritor y periodista cultural. Conduce el programa “La Máquina de Pensar” en radio Uruguay y ha coordinado y compilado diversos libros colectivos y el famoso “Conversaciones con Mario Levrero”, que está siendo presentado en estos días, en una nueva edición en España. En narrativa, además de haber publicado varios cuentos en libros colectivos, ha editado dos volúmenes de cuentos  (La Revolución Postergada, 2005 y Entrar en el Juego, 2006) y dos novelas, de las cuáles Pensión de Animales (2015) es la última.


 

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