“Antes se fotografiaba para conservar, hoy se fotografía para compartir.”  Entrevista a Leo Barizzoni

Por Santiago Ascorreta


CHARLAS FOTOGRÁFICAS

“Para mi la fotografía es una forma de vida. Yo voy a morir fotógrafo pero no porque tenga una cámara de fotos sino que mi visión de la vida son fragmentos de la realidad…”, reflexiona Barizzoni. Es un reconocido fotógrafo uruguayo con más de veinte años de trayectoria. Actualmente es jefe de fotografía en Revista Galería y docente en la Universidad ORT. A sus 47 años ha realizado exposiciones en Buenos Aires, Montevideo, Nueva York, Punta del Este y José Ignacio. Es autor de cuatro libros. El primero fue “Imágenes caminantes” (2005); el segundo llevó como título “Uruguayos” (2008). El tercero lo publicó en 2010 luego de un largo seguimiento a la banda de rock Buitres y lo llamó “Buitres después de la una. El cielo puede esperar”. Su último libro se tituló “fútbol” (2014).

Desde chico Barizzoni jugó al fútbol. Pasó por las formativas de Central Español y de Peñarol, donde logró destacarse hasta jugar incluso un Sudamericano con la selección sub 16. Pero a los 20 años decidió abandonar.  “Dejar el fútbol me quitó una presión enorme, llega un momento que, si no te salen las cosas, te daña. Y sentí un gran alivio porque realmente lo intenté. Miro hacia atrás y a nivel juvenil llegué a pila de cosas y hoy en día las disfruto. Cuando vi que no iba a pasar nada decidí dejar el fútbol ante que me deje a mí.”

Siguió estudiando un año más hasta que un buen día descubrió la profesión que marcaría su vida.  “Mi vínculo con la fotografía fue de casualidad. Teníamos un conocido que en esa época era fotógrafo aficionado y le hacía las tapas de disco a Osvaldo Fattoruso, Mariana Ingold y estaba metido en todo ese mundo artístico. Sacaba fotos de los conciertos a la gente que venía, desde Chico Buarque, Chick Corea, Milton Nascimento y todo lo vinculado al jazz. Las tenía todas en un cuarto musical fotográfico y a mí, como me gustaba la música, empecé a ver la posibilidad de saber el manejo de una cámara para sacarle fotos a los músicos que me gustaban.”, dice.

Así comenzó su interés por la fotografía. Tiempo después decidió anotarse en un curso básico en el Foto Club donde tuvo como profesor al recientemente fallecido Jorge Ameal, a quien Barizzoni define como “un gran fotógrafo”.

¿Quién es tu referente?

El más grande tipo fotográfico es Cartier-Bresson. Para mi es el padre de todos nosotros y a partir de él se abrirán otros tíos (risas). Él es el más grande de todos los fotógrafos, pero también estuvo influenciado en su momento por Eugène Atget y André Kertész. Yo los veo no solo por su fotografía, por su mirada, por su visión del mundo, con esa cuestión casi “zen” de la creación fotográfica y en cuanto a ética. Yo no estoy de acuerdo en todos sus conceptos porque también los vertía con un punto de vista de hace muchos años. Por ejemplo, la no utilización del flash, pero hoy en día son muchísimo más modernos. Él lo decía porque eran fogonazos gigantes. Pero tampoco me parecen mal esos conceptos como el de no reencuadrar aunque yo no tengo problema en hacerlo. El no uso del flash y el respeto por la luz que existe eran sus principios.

Actualmente la fotografía es intervenida digitalmente. ¿Se perdió la ética que pregonaba Cartier-Bresson?

Antes tampoco había ética, y siempre hubo los que montaban en el laboratorio. Eugene Smith, un gran fotorreportero estadounidense, trabajaba en el cuarto oscuro y no le avisaba a nadie. Hay casos de fotografías históricas que borronean gente, sacaban los relojes en las fotos de los soldados poniendo sobre Berlín la bandera de la Unión Soviética porque supuestamente eran robados a soldados muertos. No es que la ética sea de ahora, la historia de la fotografía está llena de antiéticos. A mí me duele decirlo pero mismo Robert Doisneau en 1950 hizo aparecer posando gente y después no dijo nada. No me parece mal que la gente pose pero no hacer como si fuera casual. Photoshop no es algo de ahora, eso viene de todos los tiempos, lo que pasa que se democratizó y hoy en día todo el mundo sabe que la foto puede ser manipulada y todo el mundo modifica sus fotos. Si que hay parte de un mayor descreimiento hoy en día. Lo de Steve McCurry hace tres años me parece totalmente condenable, eso de empezar a borrar digitalmente a las personas en la india como si fueran un producto. Yo si tuviera un tribunal le quitaría el carné de reportero, le pondría “productor” (se ríe).

¿Qué sentís cuando conseguís la fotografía que querés?

A mí me pasa cuando fotografío en la calle. Antes, cuando sacaba con película, era el disparo, el “plac”, y si yo veía que podía tener algo era como una emoción contenida hasta llegar a revelar. Cartier-Bresson lo decía, en este tiempo estaba mal visto éticamente, pero era la comparación con el cazador. Es como una satisfacción tremenda, va más allá de la fotografía perfecta y el querer transmitir, es algo más íntimo, de cada uno, porque con ese aparato podés congelar ese momento por siempre. Yo lo que siento con esa fotografía callejera es como que la buscas y llega un momento que decís “te tengo”, ese momento es mío. Y eso pasa muy pocas veces porque hay fotografías que te empiezan a gustar después, algunas te encantan de entrada, algunas sobreviven y otras no.

“El momento decisivo ”…

Si, es una frase que le adjudican a Cartier-Bresson pero que no es de él. Estaba en el epígrafe de su primer libro “Images à la sauvette” en el 52, pero a la versión americana los tipos le ponen “el momento decisivo”, muy vivos ellos. Él explica que dentro de la realidad en una fracción de milésima de segundo es donde hay que apretar el obturador, emerge algo donde todo se ordena y hay que disparar. Y si vas a los retratos, que a mí me gustan mucho, lo importante es tener al personaje de una buena manera. Hay muchos artistas que fallecieron pero que yo los tengo, a Páez Vilaró lo tengo. Pero no es “lo tengo” tipo figurita, tengo parte de la historia artística uruguaya en modo de retrato. Por los premios Graffiti me escribió el que los organiza y me dice “estamos haciendo un homenaje para la gente que no está, necesitamos fotos de Daniel Viglietti, Coriún Ahanorián, Graciela Paraskevaídis y Washington Benavides”. Me puse a pensar y no los tengo, a Viglietti lo tengo cantando en el Solís pero para mí eso no es tenerlo. Sentí una gran frustración porque fueron parte importante de la historia y yo no los tenía, viviendo en el mismo tiempo. Pero tengo cientos de otros. Para mí es un concepto que va más allá de “qué pasa después” porque eso ya se desprende de mí. Tenes el poder de quedarte con una parte de una realidad que vos ves, de un hecho histórico importante. Miro para atrás y me da impotencia no haber tenido fotos del Maracaná, momentos históricos uruguayos, no tener al “Pepe” Batlle en foto, no tener a Luis Alberto de Herrera. Pero tengo a Seregni (risas). Me gusta muchísimo la fotografía política, tengo parte de la democracia. No tengo el primer gobierno de Sanguinetti y al de Lacalle llegué justo al final. Vas teniendo protagonismo en la historia fotográfica del país. Yo como otros, pero no hablo de mí sino de la función fotográfica.

¿Se nace con el talento para fotografiar o el ojo se entrena?

Se tiene que nacer y después viene un entrenamiento. Es como el fútbol, naces y después tenés que entrenar. Pero si no naces para el fútbol, por más que entrenes no vas a llegar a nada. Tenés que nacer con predisposición al deporte. Lo que pasa que de chico todo el mundo juega al fútbol pero nadie saca fotos. Hay algunas excepciones como la de Jacques Henri Lartigue que fotografió desde los siete años. Pero ya se tiene algo; estará dormido, pero seguro se entrena. Antes se fotografiaba para conservar, hoy se fotografía para compartir.

¿Cuándo alguien puede empezar a considerarse fotógrafo?

Yo en el 94 arranqué en prensa a trabajar en La República y pasaron tres, cuatro años y yo todavía no me consideraba fotógrafo. Para considerarme fotógrafo tenía que tener un dominio total de todos los elementos de la fotografía. Desde un perfecto manejo de cámara en cuanto a concepto, hasta un perfecto conocimiento de iluminación; eso en principio. Después sobre todo un manejo total de la situación que estás fotografiando, tratar de ver absolutamente todo. No solo lo que vas a fotografiar sino también lo que está por detrás. Ser fotógrafo no pasa por una cámara, vos podés ir en la calle sin cámara y tenés que ver de otra manera. No es que seas un iluminado que ve diferente pero sí tenés que tener algo y ver las cosas que no ve la gente. Yo en general voy por la calle, miro algo y estoy viendo cómo va a quedar si lo fotografío. Me parece que el ser fotógrafo es un concepto como mucho más amplio, es empezar a ver el mundo de otra manera. Ver las cosas desde tu punto de vista. A veces pasa que la gente te dice cómo lo viste, “esto lo armaste” y no es sensibilidad, es visión. En un mundo lleno de imagen donde hay tantos fotógrafos por todos lados, donde la vara está cada vez más alta, el fotógrafo tiene que sobrevivir por su mirada cada vez más.

¿Cómo ves a las nuevas generaciones en tus clases?

Las generaciones vienen cambiando tremendamente desde hace años, ahora están más visuales. Por los videojuegos, ya tienen otros conceptos como 3D, volúmenes, ya están encuadrando sin darse cuenta. En mis clases cada vez están más visuales pero también les cuesta más el concepto fotográfico. Ni que hablar de la parte de manejo de cámara porque ahora es todo ya, sacar el celular y tomar la foto. Pero ser fotógrafo lleva años. A alguien que recién empieza a estudiar le digo “en cuatro años hablamos”. Lo que pasa que todo el mundo tiene derecho a decirse fotógrafo, pero no todo el mundo tiene derecho a decirse doctor, por ejemplo.

¿Qué opinas de los nuevos fotógrafos que tienen un perfil más empresarial?

Me parece estupendo, todos estamos acá para vivir de lo que queremos. Es todo un camino nuevo lo de Instagram y antes si no estabas en un medio era muy difícil. Hoy en día cambió tanto que yo vi chicos que se empezaron a juntar como sociedades, entonces, se autofinancian y arrancan como una pequeña productora y esos son los que más me gustan.

La llegada de Instagram genera una mayor exposición de contenidos. ¿Crees que muchos fotógrafos tienden a copiar estilos?

Hay muchísimo, siempre hubo pero antes estaban los libros, ahora lo tenés en todos lados. Yo he visto pila de cosas que quieren seguir determinado estilo fotográfico pero lo terminan copiando. Creo en las influencias. Antes comprabas el libro de tu autor preferido, ahora podes seguir a personas en Instagram que hacen fotos que te gustan y está bueno seguirlos pero para tomar como influencia. Yo veo muchos casos que se quiere copiar lo mismo porque la persona tiene, por ejemplo, ochenta mil seguidores y como eso es lo que funciona quieren replicar lo mismo y no tiene nada que ver, no por eso te van a seguir. Lo que sí creo es que tiene patas cortas eso, porque no podés pasar toda la vida copiando. En un momento el replicar algo de manera exacta se corta, porque para mí lo más importante es lo que sobrevive. Si vos copias no sobrevivís artísticamente. Lo que sí sobrevive por mucho tiempo es marcar tu propio estilo que puede ser influenciado en alguien.

¿Hay una posibilidad de encuentro entre la fotografía y el video en un futuro?

Yo hace diez años lo veía como “¿en qué puede terminar la fotografía?” Hoy en día los veo muy separados, son lenguajes muy diferentes, aunque te los piden juntos y a uno le gusta hacerlos juntos. No me gusta mucho aventurarme en el futuro, pero yo los veo separados. Avanzó enormemente toda la parte fotográfica en cuanto a equipamientos y en cuanto a calidades pero mantiene la cuestión de foto fija. Ahora, el video más de un minuto la gente no te aguanta. Entonces, el video también es muy fotográfico, son muchas imágenes juntas y es muy dinámico, pero la foto sigue siendo la foto.

Viviste el cambio de lo analógico a lo digital, pero hoy en día seguís fotografiando en los dos formatos…

Me gustaría fotografiar más en analógico, pero en digital también sigo con esa cabeza. Uso lo digital, me fascina, pero sigo con una cabeza medio analógica. Siempre uso todo manual y los tres comandos. En general tampoco disparo tanto, solo en deporte, pero creo que tampoco es tan necesario.

Desde hace dos años Barizzoni está realizando un trabajo fotográfico con una cámara “Holga” antigua, de formato medio. Se caracteriza por tener efectos borrosos, fugas de luz, y otras distorsiones. Un dato interesante es que fue la cámara que inspiró la creación de la red social Instagram.  En referencia a este trabajo, el fotógrafo comenta: “Cuando la agarro es como irme de vacaciones. Tengo doce fotos y cuando termino le cambió el roll, pero tengo que elegir muy bien que fotografiar. Es otro formato más cuadrado que te requiere otros tiempos.”

¿Cómo afectó el cambio en la revista Galería?

En estos casos, en la prensa, la llegada de lo digital es fantástico. Por ejemplo, en Punta del Este lo producido en la noche a las siete de la mañana tenías que estar en Maldonado para revelarlo, y eso era un desgaste de energía. O cuando trabajas en el diario que sacas los actos políticos y por el cierre tenías que ir y revelar. Era una locura. Hoy es visto como poético pero no tenía nada de poético. No sabías si tenías la foto o no. Si particularmente tenías que hacer una tapa, no sabías si había quedado. Eso de ir a la revista, revelar y tratar de no equivocarte en los líquidos por los nervios. Todo lo poético que te dicen, es mentira. Ni siquiera con las fotos personales, para mí no tenían nada de poético. Hoy en día te digo “si, divino, poético” porque no lo estoy haciendo ahora. Estas hablando de tu trabajo, si bien es artístico es un trabajo que día a día tenés que pasar prueba, no podés fallar.

Sacas en digital y en analógico, pero también sos muy activo en Instagram…

En cuanto a imagen me gusta, no soy de quedarme con una cosa. Para mí lo digital es maravilloso, pero también lo analógico me parece maravilloso. Y lo de Instagram me parece alucinante, todo el mundo tiene cosas para decir, que me parece perfecto. El tema es “qué dicen”, hay mucho linchamiento y a mí esas cosas no me gustan, pero las posibilidades que te permiten son alucinantes. Yo lo tengo por satisfacción personal porque me gusta y para la poca gente que se interesa en mi Instagram. Pongo libros o fotos que me gustan, aunque en general son todas con el celular. No pongo las fotos mías de exposiciones. Le cree uno a mi fusca que tiene poquitos seguidores, pero no me importa. Hay cosas que capaz no le interesan a nadie pero poder informar que en la Biblioteca Nacional está la primera edición del libro de Cartier-Bresson, me emociona. Los subo y digo “esto le va a encantar a todo el mundo” y no le importa nadie, pero quizá alguno sí.

¿Qué rol tiene el fotógrafo en la sociedad y en el arte hoy?

Es raro. Yo vivo pensando en fotografía, pero salís a la calle y le preguntas a cualquier persona “nombra cinco directores de cine” y te los nombra. En cambio fotógrafos no. Yo creo que hay una gran cultura visual y la gente conoce las fotografías, como las de las guerras, retratos famosos, o ni que hablar de los músicos, pero no conoce quien las saco. No está desarrollado el concepto de fotógrafo como creador, no está concebido el fotógrafo como artista. Es una lucha que hay que dar, que de alguna manera muchos fotógrafos la dan hace años. La fotografía es muy amplia, antes contratabas al fotógrafo para que le saque fotos a tu hijo o una empresa para que te haga el social. Es muy amplio y tiene muchos usos, generalmente está pensado como un reproductor de la realidad. Desde los más altos valores culturales a los más bajos no sé ve la fotografía como la intención de alguien, como el ojo de alguien, que busca transmitir algo.

¿Tiene algún beneficio el pasar desapercibido?

Esta bueno en un punto, si lo pensás a modo de dibujo, dibujas a un fotógrafo y está protegido detrás de la cámara, como pasando desapercibido. Y es una de las cosas que buscaba Cartier-Bresson: pasar desapercibido. Porque hoy hay muchos fotógrafos reconocidos mundialmente, que ya son celebridades. Me parece que cambiaría el modo de registrar la realidad. Yo siempre digo “imaginate a Ruben Rada caminando por la calle fotografiando, no va poder sacar ni una foto”.

¿Cómo es el proceso para llegar a una exposición?

Es personal, saber cuándo tenés algo redondo que te gusta. En mis casos las temáticas se fueron generando solas y a veces partieron de una foto puntual. Mi primera exposición fue de la calle, se llamó “imágenes caminantes” y es esa cuestión que tengo hasta el día de hoy de salir a la calle a sacar fotos. En un momento tenía mucho material y quería hacer algo. Obviamente ese no era el momento, porque si miro hacia atrás de esas 25 fotos hoy en día no pondría ninguna de esas, salvo una. Visto desde ahora, no era el momento, pero si no lo hacía, hoy no estaría donde estoy.

¿Qué tan complejo es financiar este tipo de emprendimientos?

Un libro o una exposición es mucha inversión porque las copias salen caras, enmarcar también. Si vas al exterior también y por lo general son proyectos donde nadie se hace cargo y yo tampoco pido que lo hagan. Si te lo pide el Ministerio de Cultura, ellos se harán cargo, pero si es un proyecto personal donde uno tiene que hacerse cargo entonces siempre lo que hice fue buscar financiación por otros lados. En el caso de los libros, las editoriales se hacen cargo, y  son costos altos. El tema de la venta fotográfica acá en Uruguay no es una vía, es un plus. Yo he vendido pero tampoco una enormidad y siempre que vendí por lo general son muchos extranjeros los que compran. No lo critico, es así. Tampoco uno expone para vender, pero vendí bastante para lo que es el mercado.

Reflexión final

Luego de una larga charla y un café de por medio Barizzoni reflexiona sobre el origen de la fotografía pero también qué significa en su vida. “La fotografía nació para ser democrática. No todo el mundo es fotógrafo pero el elemento común lo tenemos en nuestras manos y delante de nuestro ojos. En 1888 la Kodak saca la primera para todo el mundo ‘usted apriete el botón, nosotros hacemos el resto’ era el slogan. Ya no tenías que saber de química o de cómo revelar. Pero es un elemento que tenemos todos y solo un porcentaje mínimo somos fotógrafos, pero no de profesión sino de cabeza. Para mí la fotografía es una forma de vida. Yo voy a morir fotógrafo pero no porque tenga una cámara de fotos sino que mi visión de la vida son fragmentos de la realidad. A mí me pasa que me quedo con momentos, estoy en un café y veo una escena divina por ejemplo de una pareja y me quedo con eso, con una mirada, una risa, más allá de que saque la foto o no. Y me cuesta salirme y continuar. Y si soy fotógrafo y me quedo con detalles de la vida, es porque para mí el secreto es que la belleza de las cosas se encuentran en el detalle.”

 Dentro de su extenso archivo fotográfico le pedimos que seleccione tres fotografías que lo representen.

 

“Yo la llamo ‘El volador’. La fotografía debe de transmitir sensaciones. Si tuviera que elegir una sola foto sacada por mi seleccionaría ésta”.

“Un amigo muy futbolero me comentó en su momento y me lo reiteró hace unas semanas: ‘Es la foto más representativa del ciclo Tabárez que conozco’. Fue tomada en 2010 al regreso de la selección de Sudáfrica con su cuarto puesto”.

“Amé y admiré a mi padre, y esta foto resume todo lo que fue él para mí . Su amor por su familia (en este caso con su nieto), su amor por el fútbol, y sus ganas de incentivar y apoyar los proyectos de vida de cada uno de nosotros”.


 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*