Doblamos y volvemos a la Avenida de los Volcanes


Por Daniel Noya

Dejamos el Oriente de Ecuador, dejamos la selva y volvemos por el sendero y avenida de los volcanes para conocer el punto más lejano del centro de la tierra, el punto más cercano al sol: el volcán Chimborazo. Para llegar a él debo hacer una parada en la ciudad cercana de Riobamba. Aquí me quedo dos días para aclimatarme y averiguar cómo llegar al “Chimbo” como le dicen los montañistas de la zona. Paseo por sus calles, llego a la parte alta de la ciudad y de ahí contemplo la majestuosidad y belleza del gigante Chimborazo. Al principio está todo cubierto por nubes, pero con el paso de la tarde, estas lo van desenvolviendo y se puede ver entero. El atardecer con la montaña y el cielo rojo es algo que le da un toque único a la ciudad del volcán. Riobamba es la puerta de entrada para visitar el Chimborazo.

Riobamba es una ciudad muy amigable, de hermoso andar y coronada con el gigante Chimborazo. Es una ciudad de una estupenda arquitectura colonial, calles empedradas, impresionantes plazas y un fascinante y versátil mercado. Además de su belleza urbana, resulta la ciudad llave para visitar y conocer la montaña. Esto se debe a su cercanía geográfica; estamos a unos 2800 metros de altura. Riobamba fue fundada por el conquistador Diego de Almagro en 1534. Lo hizo en el mismo lugar donde estaba la ciudad incaica de Liribamba. Riobamba es la primera ciudad levantada por la conquista en el actual territorio de Ecuador. Tras soportar un feroz terremoto en 1797, la ciudad de Riobamba fue el lugar donde se reunió la Asamblea Constituyente para redactar la primera Constitución de Ecuador.

Como ya dije, Riobamba es una ciudad que tiene muchas plazas y es un placer poder ir caminando y visitarlas todas. El mercado y sus locales en la calle es una particularidad hermosa de la ciudad. En la tarde es un clásico comer una humita con café. En Riobamba camino por las calles con el termo y mate y este se roba todas las miradas. Caminando por una de sus plazas un grupo de muchachos ya grandes me dicen “hello friend”; ya un poco cansado de que me vinculen con lo “gringo” y con Estados Unidos, les digo que hablo español, que les entiendo, pero ellos sorprendidos me dicen: “ohhh hablas muy bien español”. Ahí saco el docente que llevo y explico de Uruguay. Me sorprende que gente en Ecuador no sepa nada de Uruguay, o pregunten en qué país queda o si es Paraguay.

Tras dos días de estar en Riobamba decido partir para el Chimborazo. Lo que me gusta mucho de la visita es que uno puede llegar a los 5100 metros sin guía, ni excursión. Vas hasta ahí por tus medios. Eso me encanta. No quedar encadenado a pagar un tour no tiene precio. Salgo de la terminal de Riobamba en un bus con destino a Guaranda. Debo bajarme en la entrada al Parque Nacional Chimborazo. Impacta el camino del bus. Vamos avanzando y la subida se siente y mucho. Llegamos en el bus a más de 4000 metros y el día no estaba óptimo para subir. Mucha niebla y un cielo tapado. Normalmente se ve la montaña pero en todo el viaje ni se asomó. Entonces me encuentro en esa encrucijada de si bajo y me arriesgo o si sigo viaje y duermo en Guaranda y veo para subir mañana. Hago lo segundo. Sigo viaje y llego a la pequeña Guaranda. Es una ciudad pueblo cercana al Chimborazo también a 2800 metros como Riobamba. Busco hospedaje y salgo a caminar para seguir aclimatándome. Recorro y llego a su mercado. Desde aquí se ven impresionantes vistas de la ciudad ya que se encuentra en un parte alta. Y además de la belleza paisajística, está la belleza humana de su gente. El mercado es un mosaico de situaciones, de rostros, de olores y colores. Ahí los campesinos llevan sus productos a vender. Mayormente se ven mujeres jóvenes y viejas con sus niños y rodeadas de baldes con papas, maíz, bananas, tomates y otras tantas frutas y verduras. Uno pasa y recibe muchas invitaciones de compra como “amiguito animese y compre”. Los extranjeros no llegan para estas zonas y los rostros de curiosidad y duda recorren toda mi figura desde mi calzado hasta la cámara fotográfica de mi mano pasando por mí ya espesa barba. El mercado de Guaranda es como un gran laberinto con muchos puestos y se vende desde frutas y verduras, hasta carne, pescados y ropa. En Guaranda se puede ver la pobreza y riqueza de la gente. Ecuador y nuestra América tiene mucha gente olvidada, marginada y depositada tras las montañas. Gente trabajadora, que deja sus vidas por vivir cada día y es gente que no reclama, gente que sigue de largo. Uno a veces se pregunta si esta gente sabe de su explotación, de que su trabajo vale y mucho y que gracias a ello hay gente en castillos de cristal intocables. No podemos naturalizar esta explotación bajo formas de explicación cultural. Esto es muy peligroso. La línea es muy difícil de esclarecer. Hay que saber diferenciar entre elementos culturales de los pueblos y la pobreza. El vivir al día y no poder aumentar tus horizontes culturales no es algo cultural. Muchos políticos señalan que hay que dejar la autonomía de estos pueblos, pero está de más aclarar que autonomía no debe ser dejarlos sin protección social, ni convertirlos en marginados sociales y alejarlos de todas las instancias del país. Uno sabe que las llamas de las comunidades indígenas siguen vivas y se siente su calor. Estamos hablando de pueblos que siempre galoparon contra el viento, gente de patas descalzas y de rostros cansados, gente de sonrisa simple y de manos arrugadas y sucias de tierra trabajada.

Las mujeres con sus ropas coloridas, sus gorros y sus adornos, también hacen la dura tarea de cargar la mercadería y la llevan atada en su espalda. Uno ve a las pequeñas viejitas muy ancianas y ya pequeñas por la edad cargando unas enormes bolsas. Cargan un enorme peso de 500 años. Van con paso corto pero muy firme. Esto lo vi en varios lugares de Ecuador; la situación de como la mujer lleva adelante la familia, atiende, cocina, cobran lleva y trae, mientras que los maridos (si es que aparecen) están ahí sin mucha tarea. Incluso en algunos locales, hospedajes, locales de comida, voy a preguntar un precio o algo y si atiende el marido te dice casi automático “ya lo atiende mi señora”. Conversando con algunos amigos de Ecuador, nos confirman acertada la apreciación y destacan el papel de la mujer y madre.

Luego de este hermoso paréntesis de Guaranda, es que vamos al Chimborazo. Vamos en el bus deseando e implorando que el clima nos ayude. Llegamos a la entrada de la Reserva y el clima sigue igual: mucho frio, niebla y por momentos alguna pequeña lluvia. Normalmente desde buena parte del camino ya se puede apreciar la montaña. Ayer y hoy no se ve nada. Desde la entrada hasta cerca del primer refugio son varios kilómetros y con una leve subida. Es por esto que decidimos tomar un carro que nos lleve y para abaratar hablamos con unos jóvenes que se bajaron del bus con nosotros. Son una pareja de ecuatorianos que también visitan la montaña. Subimos al carro y la distancia es larga. En el camino van apareciendo vicuñas y también la nieve ya se hace presente y en abundancia. Llegamos al primer refugio llamado Carrel denominado así por los primos italianos Carrel que junto con el ingles Edward Whimper llegaron por primera vez  a la cima del Chimborazo en 1880. El refugio se encuentra a 4845 metros. La altura se siente pero no es obstáculo para salir a recorrer. Dejamos la mochila en el refugio, la idea quedarnos una noche en la montaña y vivir la experiencia. Estamos en el peor momento para subir a la cima, no tenemos implementos ni experiencia y el costo también es un impedimento. El Chimborazo es de las montañas más difíciles para subir: tiene paredes y muchas grietas. Es diferente al Cotopaxi que uno lo hace caminando y subiendo de forma más directa. Esto es lo que nos dicen los andinistas en el refugio. Y también el Chimbo es la montaña que más muerte genera. Dejamos el refugio tras un chocolate caliente con los chicos ecuatorianos y emprendemos el ascenso hasta donde se permite subir sin guía. Comenzamos el camino y nos impacta ver una cantidad considerable de tumbas. Son montañistas o amantes del Chimborazo que murieron en su intento de subirlo o que murieron en otros lugares pero que pidieron que sus restos descansen ahí. Llegamos al segundo refugio llamado Whimper. Entramos y vemos que en este refugio ya no es para quedarse, simplemente es de descanso. Seguimos camino hasta el punto más alto que podemos llegar: la laguna Cóndor Cocha a unos 5100. En el camino el cielo se despeja y aparece el gigantesco y fuerte Chimborazo. A lo lejos podemos ver una expedición que va avanzando en la nieve hasta hacerse pequeños y desaparecer. Me impacta ver el equipo que llevan de alta montaña y el ver la cuerda que los conecta a todos. Uno piensa en las películas en donde uno cae y el resto tiene que sujetar y subirlo. Emoción y miedo. Llegamos a la pequeña laguna y decidimos subir y hacer nuestra “pequeña mini cumbre del Chimborazo”. Subimos una pequeña montaña repleta de nieve y aquí podemos ver desde lo alto la laguna. La niebla empieza a tapar nuevamente y decidimos bajar. De acuerdo a la aplicación del celular llegamos a los 5110 metros. Hicimos nuestra cumbre. Aparece, además de la niebla, un fuerte viento. Bajamos y nos quedamos viendo las escenas que se suceden en el Refugio Whimper. Visitantes, andinistas que se preparan a subirlo, y las cabezas mirando a la niebla buscando en algún recoveco algún pedacito de Chimborazo. Volvemos a nuestro refugio Carrel pero el clima sigue siendo malo. Me abrigo y salgo con la cámara a investigar por la zona. Hay algunos caminos y luego estos desaparecen. También la nieve los tapa. Aparecen las vicuñas en lo alto de la montaña y también cerca mío, pero apenas me acerco, ellas disparan velozmente. En esa soledad en la montaña es que el Chimborazo se me presenta y se muestra en todo su esplendor. Las cimas se ven y en torno a ellas se puede ver la niebla o el aura que desprenden. La noche aparece junto con una suave pero constante nevada. El refugio cuenta con un hermoso comedor con mesas. Ahí permanecimos horas dibujando, escribiendo y leyendo. Preparamos el mate. Hay dos parejas más de visitantes que se quedaron en el refugio. Cenamos una sopa caliente y vamos a dormir. Fue una de las noches más duras de mi vida. El aire no entraba en mis pulmones. Apenas me duermo siento la sensación de ahogo y me despierto sobresaltado. Apenas logro dormir una hora. Eso no impide nada. Desayunamos y hablamos con un alemán y con un guía de montaña: Mijail y Fausto. Hablamos de Uruguay, Alemania y Ecuador y Fausto nos cuenta sus experiencias de montaña y nos recomienda lugares que tenemos que visitar. Aquí nos cuenta de la vieja tradición de los hieleros del Chimborazo que aún se mantiene. Algunos días a la semana, campesinos de algunos pueblos cercanos del Chimborazo, suben en burros bien temprano a la mañana al medio de la montaña. Allí con picos y palas sacan los bloques de hielo, los envuelven con paja y comienzan su recorrido hasta los mercados de Riobamba. El Chimborazo ya era importante para los indígenas. Para ellos, el  beber el agua del dios Chimborazo tiene un fuerte sentido de pureza y renovación.

Queremos hacer el descenso pero por la ruta del Templo Machay. Fausto nos dice que el camino está totalmente blanco por la nieve y que es peligroso ya que es un verdadero desierto blanco y no hay señalización alguna. Debemos bajar por el camino principal. Los ofrecimientos de bajarnos por tantos dólares me inundan y hacen buenos precios pero mi deseo es bajar caminando y disfrutar esa aventura. Vamos por un camino secundario y nos van acompañando algunas vicuñas que aparecen. El Chimborazo no se dejó volver a ver más.

El Chimborazo tiene una importante e interesante particularidad. Es el punto más cercano al sol y es el volcán más alto del mundo si se lo mide desde el centro de la tierra. Recientemente los científicos hicieron los cálculos y confirmaron que el Chimborazo tiene 6.384 kilómetros de distancia, dos kilómetros más que el Everest de Nepal que tiene 6.382 kilómetros desde el centro de la tierra. Entonces, si bien el Everest es más alto al nivel del mar (8.848 msnm) si se lo mide desde el centro de la tierra el Chimborazo ocupa el primer lugar. Sabiendo esto, mi ascenso al Chimborazo se resignificó.

Llegamos a la ruta y teníamos que esperar más de media hora para el bus. Entonces me pongo a hacer dedo y no pasan cinco minutos que me levanta una camioneta. No lo puedo creer. Pienso en viajar en la parte de atrás, pero me dicen que suba en los asientos traseros. Son Gonzalo y Vicky, dos ecuatorianos espectaculares que me levantan y me llevan a Riobamba donde tengo mi mochilas. Él es de Guaranda y ella de Riobamba. Me preguntan de dónde soy, a que me dedico, de mi vida en Uruguay y cuál es mi proyecto con el viaje. Es una charla hermoso donde todos hablamos, hacemos preguntas, contestamos, escuchamos. Parece muy básico lo que digo pero es algo que cada vez sucede menos. Nos encontramos con gente y con viajeros que hacen un monologo gigante de su vida y de lo magnifico que son viajando. Uno va por el mundo aprendiendo y no ensañando. Uno aprende escuchando y preguntando, no afirmando. No hay cosa que más moleste que cuando hablas con alguien y el otro te tapa o te escucha pero con la ansiedad de que termines rápido para seguir maravillándonos con su vida y sus verdades. Con esta gente no pasa esto. El dialogo es sumamente horizontal y democrático. Gonzalo es abogado y profesor universitario. Cuenta de sus obligaciones y como le gustaría poder hacer lo que estoy haciendo. Habla de sus trabajos, obligaciones, hijos. Vicky, más valiente, le dice que son excusas, de que si se lo proponen, pueden hacerlo. Bajo de la camioneta, me despido y me pasan sus teléfonos y me dicen que por cualquier cosa que precise que no dude en llamarlo. Ojala se animen y puedan poder cumplir su sueño de lanzarse a la aventura.

El próximo destino siguiendo por este Boulevard de los volcanes es la hermosa y refinada ciudad de Cuenca. Cuenca vive su cultura con devoción. Se jacta de sus calles, plazas y edificios. Y lo hace más que de manera justificada. Cuenca es Patrimonio Histórico de la Humanidad. Me cuentan que lo logró cuando pudo solucionar la contaminación de su río y cuando todo el cableado de la ciudad lo pusieron de forma subterránea. Cuenca te conquista con sus calles en perfecto estado, sus casas, sus rincones. Todo tiene un detalle decorativo y en todo, los cuencanos ven un lugar para crear. La palabra que se aproxima a lo que ves es prolijidad. El tour por la ciudad es muy bueno. Cuenca, al mejor estilo de las grandes ciudades, cuenta con el sistema de free walking tour y eso oficia de llave para empezar a conocer la ciudad. Si una pasa por Cuenca tiene que pasar por su Plaza Central, recorrer el río y sus escalinatas, el Parque de la Mujer y el espectacular y gratuito Museo Pumapungo.  Seguimos viaje y estos días en Cuenca son de gran descanso y de mucha comodidad.

Uno de los puntos obligados del viaje era llegar a Vilcabamba. Vilcabamba se encuentra en el medio del llamado Valle de la Longevidad. Se llama así debido a que sus habitantes alcanzan una alta expectativa de vida. Es por esto que es considerada una de las zonas de mayor longevidad del mundo. Aquí todo es agradable. Sus calles, plazas y caminos por la montaña hacen que Vilcabamba sea hermosa. Una particularidad que tiene el pueblo es la enorme cantidad de extranjeros (sobre todo de EEUU y Europa) que se convirtieron en residentes aquí. Me comentan que se trata de gente que se jubiló y que vendió todo para instalarse aquí y vivir como reyes con sus jubilaciones.

Es interesante el culto y el respeto al anciano que se tiene aquí. Vilcabamba dignifica el envejecimiento y los años.

El secreto no se sabe pero uno puede intuir que su agua, el aire fresco de montaña, sus alimentos producidos por sus propios campesinos y esa hermosa vida pueblerina, colaboran para que Vilcabamba sea uno de los mejores lugares del mundo para vivir y para envejecer. Ya estamos muy cerca de la frontera y hay que llegar a Perú. La distancia parece poca pero las montañas hacen que las distancias crezcan y lo que parecía que se hacía en una hora se hace en tres. Es así que decido quedarme en el pueblo fronterizo de Palanda para descansar y pegar el último estirón en Ecuador. Nos despedimos de Ecuador en un hermoso pueblo de la frontera con Perú. Se llama Palanda y me siento la novedad del día en el pueblo. Todos las miradas vienen a mí pero mayormente acompañada de una sonrisa. Estamos por dejar un país increíble, repleto de paisajes únicos y con una gente que nos recibió con los brazos abiertos. Visitamos montaña, selva y playa. Ecuador es un país que lo tiene todo. Ahora a por Perú.


 

1 Comment

  1. “Uno va por el mundo aprendiendo y no enseñando”…
    ¡Felicitaciones, y gracias!
    Excelente relato que nos transporta a los lugares y también, a su gente.

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