El brillo de la oscuridad


Por Nicolás Hidalgo

El latido del corazón se abre paso y se entrevera con otros sonidos (tic tac de relojes, risas, crujir de cajas registradoras) en el comienzo del disco. En el final del álbum se puede escuchar la voz de Gerry O’Driscoll, el portero de Abbey Road, decir: “No hay un lado oscuro de la luna en realidad. De hecho, todo está oscuro. Lo único que hace que parezca que hay luz es el sol”. Tan enigmático como el comienzo y tan brillante como la frase final es la portada de uno de los mejores discos de la historia: Dark Side of the Moon.

Paul McCartney y David Gilmour hablan animadamente. Se cuentan sus proyectos, las canciones que están haciendo y recuerdan viejas épocas. Están en los estudios Abbey Road y Paul le cuenta de la última vez en que él coincidió en ese mismo lugar con Pink Floyd; fue en 1967 cuando los Beatles estaban grabando la que sería su obra cumbre: Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Mientras ellos ocupaban el estudio 2, Pink Floyd se disponía a grabar en el estudio 3 su disco debut: The Piper at the Gates of Dawn. Por aquellos tiempos la banda integrada por Syd Barret, Roger Waters, Nick Mason y Richard Wrightn era la sensación del underground londinense y sus presentaciones en el UFO Club, el Marquee y la Roundhouse no dejaban de sorprender. Peter Jenner, representante de la banda, había vivido un tiempo en Nueva York y aseguraba que sus representados eran el equivalente británico de la Velvet Underground ya que sus toques en vivo brindaban características similares.

McCatney y Gilmour siguen hablando y se sorprenden de los cambios sucedidos en estos seis años: los Beatles ya no existen más, Syd Barret fue echado de Pink Floyd debido a sus problemas mentales y David Gilmour pasó de ser el nuevo de la banda a un engranaje fundamental en de los Floyd. Es 1973 y mientras Paul está en Abbey Road para grabar con The Wings su cuarto disco: Red Rose Speedway, quienes ahora están por grabar su obra cumbre es Pink Floyd.

Hecho por la iniciativa e inspiración de Roger Waters, Dark Side Of The Moon es un disco con canciones que hablan del dinero, el tiempo y la guerra. Pero el tema central del LP es la locura.  Dicho en palabras del propio Waters: “Es sobre cómo la maquinaria de la vida obstaculiza el potencial para desarrollarnos como seres humanos y crecer. Es sobre las influencias que evitan el desarrollo individual”.  Se habla coloquialmente de este disco como un viaje a otro planeta cuando en rigor, como acertadamente señaló la revista Rolling Stone, Pink Floyd haya recorrido el camino inverso: de sus experiencias voladas y aleatorias del primer disco a la necesidad de poner los pies sobre la tierra con preocupaciones humanas: la locura y los excesos de materialismo. Para hacer el disco hubo una especie de reparto de roles: la arquitectura musical le correspondió a Gilmour y las letras, con fuerte contenido político, corresponde a Waters. Las motivaciones de uno y otro parecen incompatibles: mientras el guitarrista, apoyado por Wright,  buscaban algo sofisticado y con “vuelo”, Waters quería verse a sí mismo como un despertador de conciencias. Esa combinación contradictoria ensamblarían perfectamente.

El arte de la portada lo hizo Hipgnosis: el equipo de diseño de los Floyd. Mientras que la música de comienzos de los ´70 inspiró a muchos artistas de tapas a incurrir en extremos surreales, el equipo creativo de diseñadores liderados por Storm Thorgerson y Aubrey Powell mantenía los pies sobre la tierra. Así que el nuevo trabajo de tapa sería igualmente prosaico: un diagrama de la luz pasando a través de un prisma, que podría haber sido copiado de cualquier texto de física. Pero la tapa técnicamente simple, inteligentemente ofrecía pistas y señales del espíritu de la música contenida en su interior. Ubicado sobre un fondo totalmente negro, el diseño era también un triunfo de la sutileza: enigmático, minimalista, y tan sofisticado como la propia banda. Técnicamente la tapa es un mechanical tint lay (impresión en tinta), lo que significa que no hubo una pintura original, sólo un diagrama en blanco y negro con instrucciones al impresor acerca de los colores.

“Yo había tenido varias conversaciones con la banda acerca de lo que querían en la tapa” recordó el diseñador Storm Thorgerson en una entrevista a la revista La Mano: “Roger explicaba el empuje intelectual de la música, el tema de la locura, la locura del rock and roll y la locura en general. Pero el ímpetu principal para el eventual diseño fue una cruda advertencia de Rick Wright: ‘no pongamos fucking fotos esta vez, estoy aburrido de las fotos’. Yo me desalenté un poco porque era tan terminante acerca de eso. Pero él dijo: ‘queremos algo más inteligente, más lindo, con más clase’”. El origen de la idea de la portada del disco está en un libro de fotografías que data de los años 50, el cual mostraba un prisma sobre unas partituras que refractaba la luz en diversos colores. Para potenciar mejor el diseño decidieron montar la imagen sobre fondo negro. Este nuevo trabajo fue remitido a la banda por él y su socio Aubrey Powell, junto a otras cinco ideas. El proceso de decisiones en un cuarto lateral de Abbey Road fue rápido y unánime. “Les llevó a todos alrededor de tres minutos. Ellos las fueron pasando, y cuando llegaron al prisma simplemente se miraron entre sí y dijeron: ‘ésta es, ahora tenemos que volver a trabajar’, y se volvieron a meter en el estudio”.

La portada celebra el culto de la banda al anonimato. Sólo se ve el nombre Pink Floyd cuando se abre el disco, donde la banda tiene un crédito como productores. El título del álbum aparece sólo en el sello del disco del vinilo. No es extraño entonces que EMI haya puesto un sticker en el frente, para avisar a los desprevenidos que éste era el último disco de Pink Floyd.

El prisma de Thorgerson probaría ser un símbolo resonante. “Representaba tanto la diversidad como la pureza del sonido de la música”, dice él. “De una forma más consciente, funcionaba para una banda que tenía una reputación por su show de luces. El triángulo es un símbolo de la ambición, uno de los temas con que Roger estaba preocupado. Así que tenías varias ideas que confluían”. El diseño era sencillo, así que Thorgerson lo delegó en manos de George Hardie, el chico nuevo del estudio. Hardie también creó los dos stickers en forma de postales incluidos en el álbum, además del poster de la banda con fondo rosa. Un segundo poster de la Gran Pirámide, tomado por Thorgerson en film infrarrojo, también fue incluido.

Los años 70s habían comenzado y el humo de la industria de la música funciona a todo vapor: equipos de diseños para hacer las portadas de los discos, grandes estudios de grabación al servicio de los músicos, ideas operísticas que tienen un hilo conductor en las obras discográficas… Los grupos de rock se van transformando en potentes exponentes del Arte. Lo simple va quedando a un lado y cuanto más complejo sea lo que quieren mostrar, mejor. El gigantismo se apodera de la escena y el llano de los inicios del rock es, al igual que la charla que están teniendo Paul McCartney y David Gilmour, nostalgia pura.


 

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