El nuevo paradigma de la educación. Por Juan Carlos Blanco Sommaruga

Escribe: Juan Carlos Blanco Sommaruga


postar al desarrollo de un nuevo modelo de educación es muy positivo para un país, los beneficios y la rentabilidad de la apuesta son incuestionables.El desarrollo de un nuevo modelo de  educación transformadora y superadora de la actual nacida bajo el influjo de las necesidades de la Revolución Industrial, dependen el conjunto de sectores productivos de un país y la eclosión de nuevas actividades. Además la educación, por sí misma, está llamada a convertirse en un motor de la economía debido a la gran cantidad de actividades y empleos de alta cualificación que va a impulsar en los próximos años. Si la inversión en la vieja educación ya era un negocio redondo para los gobiernos inteligentes en relación a los retornos por inversión realizada; no digamos para la nueva educación que hará crecer exponencialmente esos beneficios.

La magnitud y complejidad que supone el cambio de paradigma educativo que se está gestando, nos convoca ya a personas y organizaciones de todo el mundo, un desafío en el que nadie de manera individual atesoramos todo el conocimiento, los recursos y los instrumentos para hacerlo. Es una labor que nos congrega a muchas personas e instituciones y pone a prueba la capacidad de liderazgo de nuestros gobiernos y organizaciones.

De hecho, el futuro de la educación ya está ocurriendo de manera diseminada en pequeños “oasis” repartidos por el mundo, una tarea que nos estimula para reunir a sus promotores, como las piezas dispersas que van a componer el puzzle del nuevo modelo educativo en gestación.

El nuevo paradigma de la educación se basa en un nuevo concepto del conocimiento entendido como acción e innovación, donde el foco pasa de la enseñanza (profesor que lanza contenidos al alumno para su memorización y repetición) al aprendizaje (el alumno aprende en la práctica a hacer cosas útiles).

Cuando rompamos con las varas de medir de los parámetros educativos actuales y la dictadura a la que nos tienen sometidos los viejos organismos internacionales como  los informes PISA y otras instancias que utilizan la educación como patrón para la reproducción de personas que hagan caminar los engranajes de una economía y una sociedad de la primera Revolución Industrial, estaremos en condiciones de dar un gran salto adelante para enfrentarnos a un nuevo paradigma que rompe con todas esas visiones reduccionistas del mundo.

Sólo entonces podremos comprender que el futuro de la educación no son modelos como el finlandés (aunque este es uno de los mejores de entre los del viejo paradigma), sino que estamos ante un desafío de diseñar un nuevo modelo de ser humano cuyos rasgos son la creatividad, la innovación, el talento, la flexibilidad, el emprendimiento y el liderazgo; para lo cual necesitamos una educación disruptiva que nos ayude a crearlo.De la convergencia y el desarrollo imparable de la nanotecnología, la biotecnología, la infotecnología y la cognotecnología está surgiendo una nueva economía, que a su vez va a traer, de hecho ya está trayendo, una auténtica revolución en la vida humana.Su incidencia en la educación es doble: por un lado abre el espacio para el desarrollo del aprendizaje en esas disciplinas y su aplicación a la economía, y por otro genera una revolución en el proceso mismo del aprendizaje con la aplicación de esas tecnologías.

La educación se convierte en el motor de la nueva economía y de la Sociedad del conocimiento, desde el entendimiento de un conocimiento que va más allá del conjunto de información y datos almacenados, para convertirse en acción e innovación aplicadas a todos los sectores y actividades de la actividad humana (agricultura, industria, servicios).Hemos convivido demasiado tiempo con la comprensión del conocimiento como datos e información acumulados en el cerebro o en cualquier otro dispositivo. El nuevo paradigma implica la puesta en acción del conocimiento para crear valor, y claro, esto supone el desarrollo de nuevas competencias personales y profesionales. Si tienes muchos conocimientos y no sabes qué hacer con ellos, tienes un gran problema, y eso le ocurre a la gran mayoría de nuestros trabajadores, universitarios y estudiantes.

El gran reto que enfrentamos en la antesala de la Sociedad del conocimiento es una nueva educación que ayude a los ciudadanos a dar el paso de trabajadores analógicos a trabajadores del conocimiento, del trabajador que repite tareas en la cadena de montaje al trabajador emprendedor, del trabajador sedentario al trabajador nómada.

Vivimos un proceso de especialización productiva a escala global, el mundo se está “super especializando” y la producción de bienes y servicios se está nucleando cada vez más en función de los activos críticos en los que un territorio presenta ventajas competitivas para generar en torno a ellas una economía de escala. Ante la especialización  inteligente se necesita la incorporación de nuevas competencias profesionales de las personas y organizaciones implicadas en la nueva agenda (super especialización educativa).

La economía agraria se sustentó en los productos primarios, la economía industrial se basó en bienes; apareció luego la economía de servicios, y hoy las experiencias se perfilan como el siguiente paso en lo que denominan la progresión del valor económico, pronosticando que el próximo escenario competitivo de las empresas será la organización de experiencias, para lo cual será necesario involucrar el dominio educativo, hacer participar a los cinco sentidos, la singularidad y sorprender al cliente. A su vez, los fundamentos de la economía de la experiencia, abren el campo para el desarrollo de una nueva educación basada en sus principios.

Vamos hacia modelos educativos basados en el aprendizaje desde la producción de experiencias reales e inmersivas, donde el estudiante se sumerge en vivencias en las que hace participar los cinco sentidos para enfocar todas las actividades y tareas en torno a la construcción de su proyecto vital, como fuente de experiencia, tanto en el aspecto vivencial que supone la emoción de construir el proyecto, como en el proyecto en sí entendido como experiencia para las personas a las que está dirigido.

Proceso largo y no exento de dificultades, hemos desarrollado e implementado muchas innovaciones, pero no hemos hecho nada más que comenzar, tenemos respuestas a algunos interrogantes que nos plantea el nuevo paradigma, pero tenemos aún muchas más preguntas, por eso necesitamos que se unan a esta causa las personas y entidades del país que están comprometidas, para caminar juntos y construir un mundo mejor desde la edificación de otra educación posible.


 

 

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