“El Olimar es un sueño”, por Rodrigo Abella

Escribe Rodrigo Abella, músico,  comunicador y gestor cultural olimareño (*) 


Al título de esta canción del maestro Ruben Lena, que en principio es metafórico y nos introduce a un texto por momentos descriptivo, podríamos atribuirle la cualidad (no buscada, y forzada para satisfacer los fines de este tejido) de premonitorio.

En la ciudad de Treinta y Tres las cosas ocurren casi siempre porque sí. Todo es aleatorio, casual, involuntario; casi como en un sueño. Porque los sueños, pese a parecer inducidos por alguien ajeno, son indefectiblemente creados por el soñante. Algo así ocurre con la sociedad olimareña. Desentrañar una lógica, un sentido, al devenir de este rincón del mundo, sería, quizás, una forma de despertar o de al menos “poner la alarma”.

En el año 1985 se celebró el primer Festival Folclórico del Rencuentro Democrático, a orillas del Olimar. Si bien los festivales se realizaban desde 1973, los organizadores entendieron que había que refundar. Aquel festival –reaccionario, con músicos exiliados o presos– había muerto y dado paso a éste: libre, democrático y plural. Nuestros mayores recuerdan con orgullo que en aquella edición estuvieron presentes los principales líderes políticos del país: Wilson Ferreira Aldunate y Carlos Julio Pereira (Partido Nacional), Liber Seregni y José Crottogini (Frente Amplio), Julio María Sanguinetti y Enrique Tarigo (flamantes presidente y vicepresidente de la República, del Partido Colorado), y Juan Vicente Chiarino y Federico Slinger (Unión Cívica). Estaban todos en el mismo palco, juntos.
Por redundante, el término “democrático” quedó en desuso y al festival le llamábamos “del reencuentro”. La palabra “reencuentro” había sufrido un proceso de resignificación y ya no hacía referencia directa a la coyuntura política. En esos días, amigos y parientes que vivían en otros sitios llegaban de visita, se reencontraban con el Olimar; nos reencontrábamos.

La fiesta tenía otras dos características importantes: era gratuita, y en su escenario (el Serafín J. García) actuaban sólo músicos nacionales.

En el año 2012, por la vía de los hechos, se omitió la palabra “reencuentro” y se modificó el ordinal que indicaba la edición de la fiesta a la que estábamos asistiendo. Esto ocurrió sin debate, sin discusión, sin discurso. Los festivales realizados en dictadura también debían contarse. Así, pasamos de la edición 27 a la 40 de un año para otro. Uno de los argumentos expuestos para enfrentar tal modificación sostenía que, de esta manera, el del Olimar pasaría a ser el festival más viejo del país. El intendente que tomó esa decisión ya no es intendente, pero su postura no fue revisada.
El intendente de transición, organizador del festival 2015, tomó otra decisión histórica: el cierre del encuentro estaría a cargo del grupo argentino Los Nocheros (los organizadores se escudaron diciendo que actuarían al día siguiente de finalizada la fiesta). Para algunos este es un camino sin retorno; la fisura en la represa es imparable. En realidad es difícil predecir las cosas en un sueño. El próximo intendente y su grupo de asesores resolverán qué camino deberá tomar el festival.

Ni la asociación de periodistas (porque no existe tal cosa), ni la de músicos (porque no existe tal cosa) ni la de escritores (porque no existe tal cosa) saldrán al cruce de devenir alguno.

La ciudad de Treinta y Tres del siglo XXI no tiene colectivos fuertes: ni Rotary, ni Leones, ni asociación de estudiantes, ni Centro Progreso, ni Centro Democrático… Las cosas ocurren por voluntades individuales, como en un sueño.

Estas características, curiosamente, generan un resultado no buscado. Aparecen a menudo en este pueblo creadores de los cuales enorgullecerse. Nacen, crecen y se desarrollan a la intemperie, huérfanos de padrinazgos y subvenciones estatales, libres e independientes.

Vivir Treinta y Tres es desafiante o hipnótico. Todos los medios son masivos, pero sin masas. La modernidad es líquida pero sin modernidad.

“El agua no tiene gajos,
no lo olvides nadador,
y en el río hay remolinos
como sueños bajo el sol.”
(Ruben Lena, fragmento de “El Olimar es un sueño”.)


(*) Este texto fue publicado en www.revistaajena.com en 2015.

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