Janis Joplin. Cómics y placeres baratos

Por Nicolás Hidalgo


Siete canciones bastaron para hacer de este disco un clásico. La voz de Janis Joplin interpretando algunos clásicos del blues (“Summertime”, de George Gershwin, “Ball and Chain”, de Big Mama Thornton y “Piece of My Heart”, de Erma Franklin) y los temas compuesto por ella y el guitarrista Sam Anrew consagran a Big Brother en la liga de los grandes grupos de la escena rockera. Y la portada hecha por Robert Crumb es un aporte importante a esta consagración y al Arte en general. 

La historia, en general, está hecha más de continuidades que de quiebres. De hecho cuando se produce un quiebre, este se incorpora a nuestra sociedad como si hubiese estado allí toda la vida. Ese cambio se va produciendo tan de a poco que es casi imperceptible. Con el arte pasa lo mismo aunque esto sea contradictorio: el Arte, el bueno, ése que se escribe con mayúscula, tiene que romper con lo pre establecido brindando un mensaje, que puede ser armonioso o no, teniendo afinado el sentido de la realidad para mostrárselo, de determinada manera, al resto del mundo. A medida que ése arte se va incorporando a nosotros (créame: es un proceso más lento de lo que pensamos) lo empezamos a catalogar en escalas de importancia; si decimos que el cine es el séptimo arte es porque asumimos que hay otras especialidades artísticas, más allá del orden cronológico que hayan aparecido, que están en una escala del uno al siete. Esto se mide también con la complejidad de la obra: cuanto más complejo sea los arreglos musicales de una canción, mayor es su calidad. Se desestima la simplicidad. Es una forma de ver las cosas que, por otro lado, tiene un dejo elitista: por mucho tiempo se consideró al arte popular algo sin calidad, algo “simple”, partiendo de la base que las clases bajas no tenían el nivel cultural para expresarse artísticamente. El tango, el jazz, el candombe y el rock sirve de ejemplo de esto que acabo de decir: todos fueron expresiones populares, de “segunda”, que sólo el paso del tiempo, el cambio de mentalidad (ese quiebre dentro de la continuidad), y los propios artistas que empezaron a ejecutar estos estilos los “elevó” a la categoría de Arte.

En los años ´60 el rock comienza a dar ese paso que va de una categoría popular, “menor”, que sólo era concebida por y para jóvenes, a incorporar su destino en los grandes museos, con los pro y los contra que eso conlleva. Lo mismo pasaba con los comics: pensado para salir en diarios y en revistas de poca calidad, y con el fin de entretener a los niños, no se podía imaginar que estas expresiones artísticas podían tener otro destino. Pero eso empezaba a cambiar.

El cómic underground, rotulo con el que se empezó a conocer a las historietas que tuvieron un fin distinto al que se conocía originalmente, comenzó a desarrollarse al influjo de los cambios políticos, sociales y culturales que se producían a mitad de las sesenta.  A esto se suma la posibilidad de editar revistas fotocopiadas a precios razonables, por lo cual se podían mantener al margen de la industria. Los mismos temas que preocupaban a la juventud estaban plasmados, sin ninguna censura, en estas revistas. Por sus páginas desfilaban las drogas, las comunas, la influencia de la filosofía oriental, la defensa de los derechos civiles, las protestas estudiantiles, la oposición a la guerra del Vietnam y la música. ZAP Comix fue una de estas revistas underground que tuvieron una relevancia importante. Atrás de ella estaba Robert Crumb, que junto con su esposa Dana Morgan, comenzaron a vender el comic en 1968. En un principio el cochecito del futuro hijo de la pareja sería el puesto en donde Zap se vendía en las calles de San Francisco. Más tarde los Head Shops: tiendas especializadas en artículos relacionados con el rock y la cultura de las drogas, comenzaron a vender la publicación underground. La cultura hippie comenzó a identificarse con Zap y hasta algunos de los artistas psicodélicos como Rick Griffin, comenzaron a diseñar carteles para publicitar la revista (de hecho Griffin comenzó a dibujar y escribir para la revista). “Mis cómics apelaron al extremo del espectro hippie, bebedor y duro, en lugar de ser el hippie de tipo espiritual, religioso oriental, más ligero que el aire” cuenta Crumb a cerca de su trabajo en relación a los hippies en su libro The Robert Crumb Coffee Table, y agrega: “a Janis le gustaban Zap Comix. Ella era agradable; solía venir, fumar marihuana y a hablar sobre los cómics”. La Janis a la que hace referencia es Janis Joplin, en ese momento la cantante de los Big Brothers and the Holding Company, aquel grupo que junto a los Grateful Dead participaron en el Trip Festival de 1966. Dos años después de este embrional evento los Big Brother estaban por editado su segundo disco: Cheap Thrills.

En un principio, el disco se llamaría Sex, dope and cheap thrills (Sexo, droga y emociones baratas), pero al sello discográfico Columbia no le gustó la idea, por lo que tuvieron que recortar el título. La portada que se tenía pensado para el álbum mostraba a todos los integrantes de la banda desnudos tirados en una cama. Pero nadie quedó conforme con las fotos: ni la discográfica ni la banda, así que decidieron contratar a alguien para que diseñara la tapa. La propia Janis recomendó a Crumb para el trabajo. Joplin admiraba Zap Comix  y le pareció que el artista subterráneo era el indicado para hacer la portada. El sello discográfico se comunicó con Crumb y le pidió si podía hacer el trabajo de un día para otro. La paga era de 600 dólares que para la época era un dineral. El artista confesó que tomó speed para hacer el trabajo a tiempo. Trabajó directamente sobre un papel Bristol, usando lápiz y tinta con película de color, una película transparente casi delgada, pegada y cortada directamente sobre la línea negra, sin hacer pruebas. Janis lo llamaba a lo largo de la noche y le sugería cosas como que el logo de los Hells’s Angels estuviera en alguna parte. A la salida del sol el trabajo estaba terminado. La parte de adelante del disco era una caricatura de Janis Joplin que quedó relegada por la que iba a ser la contratapa: una serie de dieciocho viñetas (contando el logo de los Hells´s Angels) que describía las canciones que conforman el disco. La canción “Ball and Chain” es representada por una presa con su traje a rayas, tratando de avanzar pese a estar atada con grilletes a la bola carcelaria. Ese dibujo está en el centro de la portada y se ha dicho que es la representación de la propia Joplin avanzando a pesar de todo los contratiempos que tuvo la gran artista en su vida: el desprecio de sus pares universitarios, las burlas por su aspecto físico, el consumo abusivo de drogas y su constante soledad.

En una histórica nota de fine de los sesenta Crumb le confesó a la revista Rolling Stone que la portada la había hecho como un trabajo a sueldo: “fue una de las pocas cosas comerciales que he hecho que creo que es genial. Pero no lo haré más. Es una molestia, un dolor en el culo. Realmente odio trabajar para los idiotas” dijo refiriéndose a la gente del sello discográfico y sentenció: “bajaron la tapa original; dijeron que parecía barato. Pero el nombre del disco es Emociones Baratas, ¿verdad? Ellos no saben lo que están haciendo y lo peor es que  piensan que lo hacen bien”. Fue tal el enfrentamiento que nunca más volvió a hacer portadas para discos de rock. Si siguió haciendo para músicos de jazz.

A Janis le seguía teniendo aprecio. La cantante lo llamó tiempo después para que hiciera los títulos de su nuevo álbum. Quería que fueran impreso en celofán. Crumb accedió y pidió que la CBS no le pagara nada porque lo haría por cariño a ella. El trabajo no pudo ser: Joplin fue encontrada muerta en una habitación del Hotel Hollywood Highland Gardens.  Era el 4 de octubre de 1970. Los sesenta se habían ido y con él el colorido de los hippies. Ni el comics ni el rock volvería a ser lo mismo. El quiebre estaba hecho y sólo había que procesarlo.


 

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