Por la avenida de los volcanes: la sierra ecuatoriana

Desde Ecuador, por Daniel Noya


Llegar a un país nuevo implica adaptarse a nuevas normas, formas de proceder, precios y formas de moverse. Tulcan es el pueblo fronterizo y lo utilizo como cuarto nocturno para descansar de la gran travesía de cruzar la frontera. Antes de partir igualmente recorro sus calles y llego a su plaza central. Aunque pase por un pueblo por unas horas o minutos, me gusta llegar a su plaza y pisar algo de sus calles. Luego de esto continuo viaje. Me habían recomendado el pueblo de Otavalo. Hacia ahí voy entonces.

San Luis de Otavalo es un hermoso pueblo ubicado a  unos 2500 metros de altura. Es la llamada Capital Intercultural de Ecuador y uno lo puede presenciar en sus calles y en la vida cotidiana del pueblo.

El territorio es el lugar de origen del pueblo quichua de los otavalos y su actividad principal de ayer y hoy es la textil y la actividad comercial. En Otavalo encontramos el mercado artesanal más grande de Sudamérica. El epicentro de esto es el llamado “Mercado de los ponchos”. La feria de artesanías de Otavalo es la más famosa del Ecuador. Es un show de colores y texturas. La plaza está repleta de locales y uno se pierde en ese laberinto. El sábado la feria artesanal se extiende por toda la ciudad y los puestos invaden todas las calles. La gente es poseedora de un rostro muy expresivo y con rasgos muy marcados.

En Otavalo hay dos lugares sumamente pintorescos y hacen obligatorio su visita, pero no solo la visita para la foto, sino que lo hace interesante el sumergirse ahí y ser parte. Me refiero al Mercado de Otavalo y al mercado de animales. El primero queda en el centro de Otavalo y uno puede comer sus menús diarios y también hay una feria de frutas y verduras en donde únicamente trabajan las mujeres y donde las postales y la belleza nacen en cada fotografía. La lluvia cae sobre Otavalo. En cuanto al mercado de animales es un escenario que se arma todos los sábados a las 6 de la mañana en las afueras de Otavalo y donde los campesinos llevan vacas, chanchos, ovejas, conejos, llamas y demás animales y se procede a hacer el negocio de compra y venta. Quienes participan en esta feria son en su mayoría indígenas de la región de Otavalo. El idioma que se escucha es el quechua. Por supuesto que esto se desarrolla con locales de comida y ahí tomo un muy buen café en las hermosas mesas colectivas que se arman y donde las miradas hacia mí con gran curiosidad e intriga me invaden y golpean. También hay miradas cómplices que se transforman en una sonrisa. La sorpresa cuando hablo en español es grande. Siempre piensan que soy “gringo” por aquí. El que no es de aquí automáticamente se convierte en gringo. Y este es el concepto de gringo que manejan. El gringo es el desconocido, no importa si  sos de EE.UU., Europa o de otro lado, sos gringo. Debo admitir que en un comienzo que me digan gringo no me gustaba, pero ahora lo voy llevando mejor. Ahora paso por las ferias o locales y escucho el: – Gringuito, anímese, cómpreme.

Yo contesto y me río y las cholas que están vendiendo se ríen también como que fueron descubiertas en su picardía. Es un momento lindo y donde intercambiamos risas y miradas cómplices.

También la lluvia cae levemente y reposa sobre el espacio de Otavalo. El gris del cielo y los colores del pueblo hacen una linda combinación Todas las tardes de Otavalo terminan con lluvia y eso se convierte en tarde de bar. Era un espectador de lujo mirando a través de las ventanas el espectáculo de la plaza, sus calles y sus actores. Otavalo se puede recorrer y visitar en un día pero su belleza te ancla y hace que te quedes más tiempo. Esto hace que haya que ver que más ver y visitar.

Muy cerca de Otavalo se encuentra el Lago San Pablo. Es el lago más grande de la provincia. Los lugareños salen a pescar temprano por la mañana en sus pequeños botes. El lago está rodeado de hosterías, fincas y restaurantes donde uno puede pasar y disfrutar el aire de tranquilidad que reina en el lugar. Pueblo, lago y falta un elemento para hacer hermoso el lugar: el volcán Imbabura. Un punto de gran majestuosidad y misticismo es el mirador El Lechero. Es un árbol legendario y un mirador natural desde donde se puede observar la laguna de San Pablo, el volcán Imbabura, el pueblo de Otavalo, la montaña Fuya Fuya y el volcán Cotacachi. A su vez es un lugar muy importante para las tradiciones indígenas; es un sitio sagrado para los indígenas de la región. En tiempos de sequía se reza para que llueva sobre los sembríos y traiga la vida a la comunidad entera. Y funciona de verdad; en todos estos días la lluvia se hizo presente, haciendo realidad los pedidos indígenas.

Otro lugar que se debe visitar son las lagunas de Mojanda. Es un ecosistema de páramo donde se pueden ver tres lagunas de origen volcánico y glacial. Llegar aquí es un poco complejo y la opción más fácil es tomar un “carro”;  un auto particular que te lleva directamente al lugar. El camino es todo de subida y ya el mareo se siente. Llego a la laguna principal y más grande y ahí comienzo el camino con el objetivo de bordear la laguna. El camino es por altos pastizales, barrancos, subidas y lo más molesto que puede haber para un caminante: un barro que te hundía el pie entero. Trato de hacer invisible este obstáculo pero la realidad le gana a mis fuerzas y tengo que rendirme. El terreno está muy difícil y no parecía ser un poquito de barro y luego tierra firme. Llego a completar casi la mitad del recorrido. Las vistas y la hermosa conexión con la naturaleza son increíbles. El viento frio que te envuelve te hace conectarte con la montaña. Las nubes bajan y envuelven los picos de las montañas. Siempre me impacta como las nubes juegan con los picos y son muy celosas de nuestra presencia. En todo el recorrido me acompaña un perro con la particularidad de que me sigue en todo momento pero que no se deja acariciar. El original nombre que le pongo es Mojando. En todo el camino no apareció absolutamente nadie. La lluvia también cae sobre Mojanda.

Las lagunas no son solamente un lugar donde hay agua para los indígenas de la región. Según la tradición el sol representa lo masculino y las lagunas son elementos femeninos. La laguna es el vientre. El oro es amarillo como el maíz y como el sol y la forma de seguir generando vida es la unión del sol y la laguna, del hombre y la mujer. Esto se hace volcando, entregando, ofreciendo el oro al centro de la laguna. Esto lo realizaba el líder religioso quien iba en una pequeña embarcación al centro de la laguna y ejercía de intermediario entre lo masculino y femenino. Así se crea la vida. Las lagunas son creadoras de vida. Imaginemos el sentir de los pueblos originarios cuando contaminan las lagunas o quieren secarlas para su explotación minera.

 

La vuelta se hace complicada ya que la idea de que haya un carro y me devuelva a Otavalo se desintegra rápidamente ante la soledad del lugar. Comienzo la caminata y tras varias horas de caminata y fracasando en el hacer “dedo”, aparece un auto y el señor me lleva directamente a la plaza del pueblo. Trato de hablar con él pero no le saco más que un “si” y algún gesto con la cara. Sé cuál es mi lugar, me callo, agradezco y me despido. Otavalo me recibe con sus colores y con lluvia.

Tengo la asignatura pendiente de bordear una laguna y en el mapa aparece la laguna de Cuicocha (un ex volcán convertido en laguna). Está dentro de la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas. Al lugar llego tomando un bus de Otavalo a un pueblito pequeño llamado Quiroga (una extensión del pueblo Cotacachi) y de ahí en camioneta a la laguna. La laguna presenta una hermosa particularidad; en su centro están ubicados dos altos islotes que llevan los nombres de Teodoro Wolf y José Maria Yerovi, separados por el “Canal del ensueño”. Las islas son el resultado de pequeñas erupciones que siguieron a la erupción principal. La laguna es conocida para los indígenas de la región como laguna de los Dioses o Tsui-Cocha.

Comienzo el recorrido por el borde del cráter. Son 5 horas de caminata y son varios los caminantes que aparecen por el camino. Ahí aparecen las clásicas preguntas viajeras: “de donde sos”, “hace cuanto que estas” o “para dónde vas luego”. El camino es hermoso y las vistas que se obtienen de la laguna son increíbles. Aquí también se hace presente la lluvia y la niebla tapa toda la laguna dejando adivinar que por ahí detrás están las islas. Estamos en la tierra de las lagunas y volcanes.

En la actualidad la realidad indígena no ha cambiado mucho en referencia a épocas anteriores. Es una historia repleta de violencia, marginación, explotación y olvido. En Otavalo paso algo particular que es que los indígenas de la región han desarrollado sus actividades y han prosperado pero sin dejar de lado sus raíces y sus tradiciones. En Otavalo se puede sentir un gran orgullo de su gente por su cultura y por su ser indígena. Ojala encontremos más Otavalos por Ecuador. Camino y me siento feliz, contento y muy cómodo con el lugar  y su gente. Otavalo sirve de base en estos primeros días en Ecuador. Observo, pienso y reflexiono. Uno recuerda lo que uno era años atrás, en su infancia, adolescencia y trata de buscar las conexiones y líneas entre ese niño, muchacho de ayer con el hombre del hoy. Me surge la pregunta ¿yo hice, estoy haciendo un viaje, o el viaje me está haciendo a mí? Ya con algunos meses de viaje y desintoxicado del mundo, me siento libre y libre de todo lo que la sociedad nos brinda; con muy poco se vive. Aquí pude hacer carne la idea de ir lo más libre de equipaje posible. Así se llega más lejos, caminando y pensando.

Muy cerca de Otavalo se encuentra otro hermoso poblado. Se trata de Cayambe. Su gran atractivo es el gigante blanco también llamada Cayambe. Mi idea es poder llegar y caminar por sus caminos y visitar su refugio, pero esta idea se desvanece rápidamente al ver los precios de los autos que te llevan al camino. Caminando es una locura. Esto hace que transforme este plan en conocer el pueblo, sus calles y su gente. Se convirtieron en días de descanso y de lectura. Paso de Saramago a Pessoa. Ambos portugueses; tendré que averiguar el motivo de esta casualidad.

Cayambe es la tercera montaña más alta de Ecuador. Los indígenas que viven en la región hoy en día son los descendientes del pueblo Kayambi, un pueblo previo a los incas y que resistió la expansión del Imperio Inca.

En Cayambe comienzo con la gran aventura dejugar a ser artesano y comerciante. El fin no es ganar plata, sino enriquecer el viaje y la mochila de anécdotas e historias. Y así fue. Dar el paso de tirar la manta en la calle y mostrar al mundo fotos del viaje, postales, parches, piedras pintadas, es difícil. Aparece una mezcla de temor por las leyes del lugar y una vergüenza de estar haciendo algo que nunca hice y donde podría fracasar y pasar horas sin que nadie ni siquiera se arrime a observar lo que este gringo tiene. Pongo la manta a pocos metros de la plaza y ya despierta la curiosidad de la gente rápidamente. El primer amigo es un muchacho del pueblo que le encantan los viajes y que le encantaría hacer algo parecido en cuanto a viajar por un largo tiempo. Hablo con él por un largo rato y lo estímulo a que lo haga, que se anime y le doy la certeza que no se va a arrepentir. La gente se arrima y mira, pregunta y también me dice que lugares de Ecuador puedo visitar; esto por pedido mío ya que también colgué un cartel en donde le pido que me recomienden los mejores lugares de Ecuador para visitar. Se arriman a charlar sobre todo niños y viejos. Pero al mediodía se llena el local de niños. Salen de la escuela y pasan por ahí a ver la excentricidad del pueblo en esos días. Soy el circo que llegó al pueblo. Mi actividad preferida es sacar un mapa de América del Sur y jugar con ellos sobre el mapa. Aquí buscamos Ecuador y Uruguay. Uruguay queda por toda América menos en su ubicación real. Los dedos de los niños van indicando pero nunca dan en la tecla. Un señor ve la bandera uruguaya que esta dibujada en una cartulina y dice dice que es el país de sus ídolos. Rápidamente uno piensa en Suarez, Cavani. Pero los ídolos son los Iracundos. Incluso habla de Paysandú y de algunos temas de ellos. Mi ignorancia es enorme. En el viaje muchas veces escucho a Los Iracundos en la radio, y más de un pasajero va cantando la famosa “Puerto Montt”

En Cayambe me dicen que ahí está la mitad del mundo y me entero que por ahí también pasa la Línea del Ecuador. Esta línea no es tan fotografiada y famosa como la de Quito. Hay que ir y llegar a la mitad del mundo. Dejo Cayambe y con la mochila grande y con la pequeña me dirijo a la línea. El bus me deja en el paraje de Guachalá. Bajo del bus y lo primero que veo es una pelota grande de cemento que intenta representar al mundo y justo por ahí pasa la línea. La línea está marcada con unas grandes baldosas amarillas. Es de tarde y estoy cansado y decido pasar la noche en la mitad del mundo. El hospedaje queda a pocos metros de la línea. En Guachalá, ya instalado y con la tarde libre para recorrer el pequeño pueblo, visito las afueras del mismo y quedo encantado con sus enormes terrenos de plantaciones de flores que se utilizan para suministrar los mercados de locales y para la exportación. Ceno en un local que se encuentra al borde de la ruta y ahí el menú era sumamente atractivo. Un plato gigante de fritada que lo podemos traducir al uruguayo en un plato que desbordaba de chinchulines. El elegir estos lugares para comer se debe por dos motivos. El primero, pero no por eso el más importante, es el precio. Es mucho más barato que comer en cualquier local. Y el otro motivo es el comer buenos alimentos, producidos por ellos mismos, cocinados en frente tuyo y con amor y dedicación. Como digo siempre, una de las mejores formas de conocer un pueblo es comiendo con él. Aquí uno tiene que hablar, preguntar, sentarse en las pequeñas mesitas, comer, compartir la mesa con más personas, arrimar el plato y como dicen aquí “cancelar” (pagar).

A la mañana siguiente me levanto y desayuno en un bar en donde el Ecuador pasa y atraviesa. Y ahí mismo, sobre la ruta, me subo al bus que me lleva a la capital ecuatoriana.

 

   


 

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