Navegando en aguas sociales

Por Carlos Hernández


Sobre fines de enero la consultura estadounidense eMarketer compartía un informe acerca del uso de la red social Facebook, el resultado refleja que 2,5 millones de norteamericanos menores a 25 años dejaban de ser usuarios de la red más popular del planeta. Hace unos días el diario El País, hacía eco de la noticia bajo el título “Éxodo adolescente: Facebook pierde a los jóvenes”. Un título que llama la atención e invita a la reflexión, no solamente en adolescentes. Lo cierto es que, para Uruguay, Facebook también ha perdido la esencia, y con ello se inicia la migración a otras redes sociales, por parte de adolescentes, jóvenes y adultos que le dicen adiós a la creación del estudiante de Harvard en 2006. Facebook desembarcó en nuestro país sobre el 2011. Su llegada fue un gran evento social que duró meses entre los que se animaban a compartir fotos para “amigos” desconocidos. El objetivo más tentador fue la posibilidad de comunicarse con otras personas desde una computadora, o, desde hace un par de años, a través de teléfonos móviles. Al principio el furor hizo foco en buscar compañeros, amigos y familiares que en algún momento se había perdido el rastro. Personas de las que nada se sabía. También ha sido un espacio donde poder exponer fotos de lugares y personas entrañables, y de decirle al mundo la llegada, partida o cumpleaños de una persona. Todo era una euforia, como un primer gran amor. A 7 años de su llegada a Uruguay Facebook es un lugar a veces hasta despreciable, integrado por sobrevivientes de aquella generación que conviven con personas que tienen deseo de imponer su interés para ingerir en el libre pensamiento de los demás. Lentamente se inició una etapa de rompimiento de vínculos.

Basta con ingresar a la red, para ver un alto contenido de descontento y crítica política, ofensas hacia los equipos de fútbol que perdieron el fin de semana, filmaciones promoviendo situaciones desagradables, la puesta en marcha de una psicosis social con noticias que carecen de veracidad y alertan de algo que muchas veces se duda. El sistema atrapa y en algún momento alguien es tentado a realizar un comentario en algunos de estas publicaciones, para comenzar a formar parte. Allí es cuando la visión personal entra a mediar con los sentimientos. Allí es posible decir bienvenido a la otra cara de la red social. El lector y habitué a Facebook puede comenzar a realizarse preguntas como ¿es posible que este ámbito pueda sostener al público adolescentes?, ¿cómo jóvenes que tienen una familia y una meta económica diaria, pueden sentirse identificado con un espacio donde permanentemente son atentados con agravios al sistema donde formamos parte?, ¿realmente las críticas y agravios hacia el sistema llega donde se pretende? La respuesta puede ser emigrar hacia otras redes sociales que aún se encuentren vírgenes en éstas dolencias sociales que nos genera Facebook. Compartir, me gusta, comentar Detrás de me gusta se guardan otros estados de ánimo que nos invita a ubicarnos en lo que estamos viendo o leyendo. Así también se encuentran me encanta, me divierte, me asombra, me entristece o me enoja. Todos podemos utilizar estos íconos para calificar comentarios hacia videos o carteles. Pero, las preferidas son compartir. Esta acción en una forma de promover y publicitar comunicaciones de otros. A veces llegan compartidos desde lugares que se desconocen y que nunca se sabe el origen. En un gran porcentaje lo que proviene de otros países es material interesante de gran aporte a la cultura y a la vida en salud, trabajo y bienestar tecnológico. Sin embargo en Uruguay el material que se comparte suele ser político, a través de personas que desean ejercer intereses personales. Otras opciones de compartir, son videos ocasionales de situaciones que suceden en la vía pública, en casi todas las instancias escenas desagradables. “Así como la máquina ha sustituido a la mano de obra; filmar videos para redes sociales ha sustituido la solidaridad entre personas”. Contenido audiovisual desde accidentes de tránsito prácticamente en el vivo, discusiones, robos, personas que sufren desmayos, burlas hacia modas, dichos o acciones de otras personas. Una forma de bullying, que a veces la víctima no se entenra. Existe en todo esto una importante ausencia de afecto. Pero como la solidaridad llega en algún momento, luego de compartir videos las personas realizan comentarios que pareciera no aportar a los hechos ya sucedidos. Allí es otro partido el que se juega. Las personas comentan a favor o en contra. Vale el libre pensamiento sin ningún tipo de interrupción, invitando a opinar desde la escritura.

Nueva tendencia, videos caseros

Hace ya un tiempo que el video casero forma parte de una novedad de la red social creada por Zuckerberg. Marketing o no, esta modalidad aumenta los seguidores de sus protagonistas. Ha servido como herramienta de promoción de políticos y personas que opinan sobre determinados temas de la sociedad. Seguramente esta modalidad sea el próximo año electoral una gran asistencia al público de la red. En los últimos meses se multiplicaron las personas que realizan videos, motivados por hechos sociales del entorno local. En muchos casos derivaron en consecuencias de pérdidas de trabajo. Muchas personas utilizaron el término censura, o libertad de expresión. Una consultoría de personas local, la cual solicitó ser anónima, dijo qué a la hora de las pruebas psicotécnicas de los postulantes, es común ver el reflejo de las personas en las redes sociales. Allí es posible evaluar aspectos de la personalidad, del relacionamiento y de la comunicación hacia otras personas. Cada vez toma más fuerza la frase “somos lo que mostramos”.

Espacios culturales continúan sobreviviendo desde la red

Cuando se desea contratar publicidad, es posible acceder a muchas posibilidades de llegada. Se puede elegir segmentos de edades, estados civiles, etc. Es decir, a través de los datos que cada persona exhibe, es posible llegar a ellos con promociones y marcas. Es aquí donde creemos que “no todo está perdido”, y podemos ver latir lo que queda de esencia en la red. Es claro que no todo es negativo en Facebook, y que cada uno puede elegir con quienes relacionarse, pero al compartir, se comienza a formar parte y tarde o temprano la tentación de querer expresar un pensamiento aparece. Muchos lugares de promoción cultural y del arte continúan vigentes en la red social. Muchas personas se conocen y se contactan con lugares, instituciones y espacios que aparecen de improviso y allí se puede iniciar relaciones con objetivos claros. Y este suceso de conocer lugares, ha llevado a un público a programar viajes, contratar servicios o realizar compras. O simplemente sentirse acompañado.


 

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