Leonardo Parra Castillo: “El blues es la expresión de la insatisfacción”

Leonardo Parra Castillo es un músico colombiano que reside en Buenos Aires y que toca blues rural. El año pasado participó del festival de “Las noches bárbaras” que se realizó en el Centro Cultural de España y llamó la atención de todos los espectadores. Este año volverá en octubre para el ciclo “Amasijando los blues” en la Sala Zitarrosa. El músico contó parte de su historia musical.


Entrevista de Francisco Montoro (*)

Cuando Leonardo Parra Castillo se enfermó las manos, descubrió que el blues le tocaba la puerta, que las melodías con pasado esclavo expresaban el dolor de la población afro-americana de Estados Unidos y que su identidad musical estaba allí. La historia de un purista del blues rural.

“Recuerdo ver a Son House en el Gaslight Café de Nueva York []Él estaba aún muy nervioso por tocar. En forma lenta, se subió al escenario y se sentó. Las luces brillaban e hicieron que fuera casi imposible para él ver a la audiencia []El Café estaba lleno de ruido y excitación. Hubo solo un pequeño reconocimiento a Son por estar en el escenario []y a través de un anuncio introdujeron a la “leyenda del blues del delta de Mississippi” [] Luego, sucedió la parte más alucinante de la noche. Son corrió el slide a través del brazo de la guitarra. El sonido gritó. La audiencia paró y miró. Son comenzó a cantar. Sus ojos rodaron, sus brazos temblaron y el sudor rápidamente cayó por su frente. Todos permanecieron asombrados ante el sonido. La canción terminó y de las caras perplejas emergió una lluvia de aplausos [] El blues generó lágrimas en los espectadores que nunca habían estado expuestos a esta clase de sonido[…]” (Grossman, The Country Blues Guitar, 7)

La punta metálica del zapato, la voz y el slide de la guitarra zumbaron en el escenario del Centro Cultural de España de Montevideo en 2016. El público que escuchó el acento caribeño quedó expuesto a los sonidos e historias que el músico – con un afro radiante –  narró. Es que Leonardo Parra Castillo (32) es uno de los embajadores del blues rural. El colombiano vive desde hace dos años en Buenos Aires, donde se dedica a interpretar a los compositores más conocidos de la historia del género: Son House, B.B King, John Lee Hooker y quienes contaron a través de sus letras las experiencias de la población afro-descendiente de Estados Unidos.

Su sonrisa de dientes grandes, blancos, delata sinceridad y espontaneidad, y se contrasta con una mirada que contiene esa clase de ojos de oscura profundidad. Así, como si hablara de su propia historia, expone su compromiso con el blues y sus principales expositores. “Ninguno de nosotros sufrió ni un cinco por ciento de lo que sufrieron los negros que inventaron el blues, pero si que en algún punto podemos identificarnos con estas vivencias, porque el sufrimiento es inherente a la existencia humana” afirma.

Y fue a través de su propio sufrimiento que se sumergió en este género. Desde niño, Parra incursionó en la música y a los 19 años, ya formaba parte de la banda colombiana Smoking Underdog, donde recibió la influencia del rock. Luego, se egresó como guitarrista clásico en la Universidad de Bogotá. En la música clásica Parra sentía una falta de identidad, una incapacidad para sentir lo que estaba tocando. Aun así pasaba ocho horas diarias estudiando -ya que se preparaba para ir a estudiar un master a Alemania – cuando sufrió una tendinitis que le impidió tocar la guitarra por seis meses.

 

Las melodías esclavas

La llegada de los esclavos del oeste de África y las nuevas generaciones que nacieron – en su mayoría- en el sur de Estados Unidos, determinaron la transformación de la cultura puramente africana, hacia una cultura afro-americana. La música vivió esos cambios en sus letras, en sus melodías y en los instrumentos que se incorporaron. La influencia europea en la concepción de la música determinó que a primera vista los sonidos que reproducían los tambores africanos fuesen de carácter “primitivo”, es decir, menos desarrollados que los sonidos provenientes de los instrumentos de origen occidental.

Leroi Jones (1934-2014), escritor y poeta norteamericano, establece en su libro “Blues People” que “el remarcable desarrollo de las cualidades rítmicas de la música africana, puede ser rastreadas en el hecho de que los africanos también usaban tambores para comunicarse, y no como se piensa de primera mano, simplemente usando el tambor como una clase de código morse primitivo, sino que a través de la reproducción fonética de las mismas palabras. El resultado de esto es que los africanos desarrollaron un sentido rítmico muy fino y complejo”.

Jones agrega que los contrastes armónicos que se generan en esta música a través del uso de distintos tipos de instrumentos de percusión, no eran inmediatamente reconocibles para el oído occidental, por lo que su simplificación partía de la falta de análisis y comprensión.

En su experiencia universitaria, Leonardo Parra se encontró con que “te hacen creer que la música clásica es superior a todo, y lo demás es música popular, algo inferior, desde una cuestión técnica, intelectual y estilística”.

La expresión de la insatisfacción”

Esa es la definición de Parra para el blues. Esa clase de insatisfacción sintió cuando tenía sus manos enfermas. En ese dolor surgieron las preguntas, la búsqueda. “El blues me tumbó esa puerta, a patadas, me abrazó y me golpeó con vehemencia. Como que uno a veces se resiste a ser quien es y esas negaciones internas se manifiestan a modo de una enfermedad”.

“Ni mi manera de ser, ni mi talento daban para que yo fuera un intérprete clásico. En cambio, mi esencia iba más para el blues”. Su formación le permitió automatizar el estudio y la práctica del género, pero con la diferencia de que “hay algo más profundo, más emocional, que es vivencial y que está en sus letras”.

“Yo hice todo lo que pude para cumplir con la voluntad de mi padre” dice Mississippi John Hurt en If You Don’t Want Me. Las letras del blues expresaban la vida misma: intentaban que el trabajo rural sea más liviano, preparaban a los adolescentes para el pasaje a la vida adulta, expresaban el dolor o la seducción hacia una mujer. Relatar la vida cotidiana, recrear los sucesos que determinan la existencia no formaba parte de la música occidental hasta la llegada del blues, y fue innovador en ese sentido.

“La expresión surge de la vida y la belleza” dice Jones en “Blues People”, sobre la forma en que la cultura africana unía la música, la danza, las letras, la vida de los hombres y sus creencias. También establece que en Occidente existía una división entre arte y vida, que la “música seria” – término utilizado para la que no era necesariamente religiosa – nunca fue parte integral de la vida de Occidente.(Jones, 1963, 29).

Encontrar la voz

Para Leonardo Parra tocar blues es expresar los aullidos y las huellas de quienes lo crearon, y a pesar de ser “estructural y armónicamente sencillo, es como la música folclórica, el ritmo tiene que sonar”. Por eso, su presencia en el escenario es una declaración de las que los espectadores hacen eco. Las historias que narra se entremezclan como fotografías en un libro y el slide de su guitarra patina y grita.

En su llegada a Buenos Aires – que entrecomillea como su posgrado en blues- Leonardo se acercó a la Escuela de Blues, dirigida por Gabriel Gretzer, un reconocido músico del género. Desde entonces, participa de zapadas y consume de la enorme ensaladera cultural que la ciudad porteña ofrece. Pero también encontró su voz, la que le dio la etiqueta de vocalista: “Lo que más me gusta del blues son las canciones, las voces y las letras”.

La construcción de su nueva faceta musical continúa con la pre-producción de un disco, donde interpretará un repertorio de blues puro, pero con un tratamiento distinto de los temas: incorporará percusión y contrabajo. A pesar de tener un “abordaje purista del blues rural” – que se evidencia en sus shows en vivo- en su faceta de consumidor de música le gusta la experimentación.

El próximo octubre, Parra participará de una nueva edición de “Amasijando los blues”, festival que se realizará en la Sala Zitarrosa. Allí, el público podrá compenetrarse con las breves historias que narra sobre el negro pasado del blues rural norteamericano.


Francisco Montoro (*) es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Trabajó en el diario La República y en organización de eventos culturales.

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