Con el músico Maxi Tissot. “Homenajear, agradecer y sanar algunas heridas a través de la música”

Maxi Tissot se presenta este jueves 27 de julio a las 19.30 en el Espacio Felisberto Hernández de la Sala Zitarrosa. Mostrará canciones propias, adelantos de su próximo disco “Fe de pescador”. Lo acompañarán Jorge Alastra,  Diego Kuropatwa y Emiliano Pereira. El músico contó a Granizo cómo se prepara para este recital.


Maxi Tissot es un cantautor emergente que presentará canciones de su autoría. Suele transitar ritmos folclóricos como la milonga, la chamarrita, la vidalita y el cielito. 

En tu perfil de Facebook decís sobre ti “músico, doblajista, locutor y profesor de filosofía jubilado”. ¿Qué podes contar de cada una de estas cosas?

Mis abuelos maternos eran maestros, mi madre fue un tiempo profesora de francés, mi tío estudiaba Historia en el IPA. De modo que el gusto por la docencia estaba ya en la familia. Me recibí de profesor de Filosofía en el IPA allá por el 2005. Ejercí un par de años, mientras estudiaba, y al final de la carrera me di cuenta de que no era lo mío, aunque igual la terminé y me puse a trabajar en cualquier cosa. Mientras tanto, fui haciendo cursos y talleres de cosas para lo que realmente tenía vocación: música, locución, doblajes.

¿Cómo llegaste a trabajar en cada uno de esas “artes”?

Respecto a la locución y los doblajes, los cursos que fui haciendo me permitieron vincularme con gente de la publicidad, y además de aprender el oficio del locutor, fui aprendiendo cómo moverme en el medio. Empecé a trabajar en publicidad paralelamente a mi trabajo de oficina, donde tenía cierta flexibilidad para salir a grabar locuciones. Lo mismo con los doblajes. Hasta que llegó un punto en que decidí dejar el trabajo fijo y seguro y tirarme al agua con fe de pescador. Hace 15 meses que me dedico exclusivamente a estas profesiones que son mis verdaderas vocaciones. Esto ha sido un cambio muy importante en mi vida, porque, entre otras cosas, tengo mucho más tiempo y energía para la música.

¿En qué consisten los doblajes que realizás?

En Uruguay no hay una industria del doblaje, porque es muy difícil competir con países como México o Argentina, por nombrar algunas de las razones. Sin embargo, a veces surge algo. Comencé en el año 2013 haciendo voces para la serie animada Anselmo Quiere Saber, que comenzaron a pasarla el año pasado en TNU (y creo que aún siguen pasando algún capítulo), donde hice las voces de unos cinco personajes y tuve el gusto de componer y cantar una canción con la voz de uno de ellos. Luego, fueron saliendo otras cosas. Ahora mismo estoy haciendo voces para una serie animada de música, que se llama La Orquestita, que tiene unos dibujos y una animación y un guión increíblemente hermosos (hay personajes basados en Mateo, Rada, etc.) y para otra que se grabó con actores brasileños, Ernesto, el exterminador de seres monstruosos y otras porquerías, basada en unos cuentos de Roy Berocay. Soy hombre de mil voces. Esto es extremadamente divertido. Aunque, si tengo que doblar a un científico trucho que habla mientras otro se lava los dientes para un comercial, lo hago encantado…

¿Cómo fue el acercamiento a la música?

En casa siempre se escuchaba música y había admiración por los artistas, sobre todo del canto popular. Me acuerdo, por ejemplo, que mi viejo ponía un disco y tocaba los bongó arriba (unos que él mismo había hecho). Un día le compró una guitarra a un amigo, aunque no sabía tocar. Esa fue mi primer guitarra. Empecé a tomar clases cuando tenía unos 12 años, en la Barra del Chuy, donde vivía. Y ya desde entonces participaba en peñas, y después empecé a tocar covers en boliches, y cada tanto mechaba una mía, hasta que empecé en el 2006 sólo a hacer música propia y de otros que me acompañaban. Luego, mi formación fue más o menos autodidacta, hasta que retomé las clases años después con varios profesores. Incluso estudié canto un par de años e intenté incursionar en el piano (ahora lo tengo de adorno) y en el bajo también (lo mismo). Hace unos tres años empecé un taller de guitarra y composición con Jorge Alastra, y así fue cómo nos conocimos y terminamos tocando juntos.

¿Qué temas te interesa abordar a la hora de hacer las letras de tus canciones?

Últimamente he estado escribiendo sobre vivencias concretas: mi infancia en el balneario, mi madre, mi abuela, decisiones que he tomado. Esto es, sentía la necesidad de reafirmarme y de manifestar un poco la conformidad con lo que ha sido mi vida, y también homenajear, agradecer y sanar algunas heridas a través de la música. Creo que he logrado poder relacionar cada verso de estas nuevas canciones con una experiencia, es decir, no hay nada que esté allí porque suena lindo o es poético. Aunque, bueno, pese a que he estado escribiendo sobre cosas que he vivido, obviamente son experiencias que muchos podemos compartir y nos podemos identificar con ello. Claro, que eso se agota y ahora ando a la caza de nuevas temáticas. A mí me cuesta mucho encontrar algo sobre lo que escribir que tenga sentido para mí y me entusiasme. Antes me preocupaba menos, y capaz que mis letras eran un poco más oscuras.

¿Por qué te inclinaste por los ritmos folclóricos? ¿Tenés artistas que te inspiren especialmente en esos ritmos?

Como decía antes, en mi casa se escuchaba canto popular, aunque, como mi familia es de Treinta y Tres, en el podio estaban Los Olimareños, después venía Zitarrosa, Viglietti, Larbanois y Carrero, Jaime Roos, Alí Primera, Mercedes Sosa, etcétera. Obviamente que ya de niño yo escuché otras cosas, como rock nacional, rock en inglés, Mateo, Cabrera, etcétera. Y mis primeras canciones fusionaban un poco todo esto. Desde el 2010 hasta acá, y especialmente estos últimos tres años, me he ido inclinando más hacia el folclore. Estoy haciendo milongas, chamarritas, etc. Me gustó la idea de rescatar del olvido ritmos como la vidalita y el cielito y componer sobre ellos, e incluso tengo un pericón por ahí en la vuelta, a medio camino. Sin embargo, también me gusta experimentar con los ritmos y hacer cosas que “se parecen a”, que tienen “aires de”, que le hacen un guiño a la chacarera, al joropo, a la cueca y ahí mezclo un poco todo el universo musical en el que me crié. Y creo que, en el fondo, dada mi historia, no tenía otra opción rítmica para decir lo que tenía que decir: se trata del lenguaje con el que está más familiarizado mi entorno.

¿Cómo vivís la experiencia de subirte a un escenario?

Siempre al principio con nervio hasta que hago un click y ya la escena es mía. Me encanta tocar en vivo y hablar y hacerle chistes al público. Ahora lo vivo con mucho respeto, intentando tener todo siempre bien ensayado, cuidar el instrumento, los detalles del sonido, etcétera. Hace unos años, en una entrevista, me definí como músico de fogón. Eso ya fue. Trato de ser lo más profesional posible.

¿Cómo surgió la canción del día de los amigos que estrenarás “mundialmente” el 27 junto a Diego Kuropatwa?

(Risas) No es para el día de los amigos, qué horror los “días de…”. Tenía algo hecho en la guitarra y una melodía. Luego de un toque, en el que fueron muchos amigos, quise agradecérselo y hacer una canción que hablara de ellos (de los que no fueron también, tendrán otras oportunidades). Iba a trabajar la idea esa archi sabida de que la buena amistad se mantiene aunque no hayan encuentros constantes. Y empecé a buscar metáforas. Una vez, hablamos con Carlos Rehermann de cómo el maravilloso mundo que hay adentro de un libro cancela la realidad y cuando lo cerrás, desaparece, vuelve la realidad, y al volver a abrirlo te absorbe nuevamente sin que medie nada, al toque. Empecé contando esa idea y meché a unos buenos compañeros de mi vida: Sandokán (E. Salgari), Cien Años de Soledad (G. G. Márquez), El balcón (Felisberto Hernández) y Crónicas Marcianas (Ray Bradbury). Luego encontré la metáfora de la semilla, que está ahí enterrada hasta que un montón de increíbles y maravillosas casualidades permite el brote y el desarrollo de todas sus posibilidades. La bajada es más sencilla: hay cosas que no requieren presencia, pues, queda intacto en potencia su don para encantar, y revive la magia, cuando se da un encuentro, como arrugando el tiempo y sin nada que explicar. Y de todas estas cosas, lo más lindo y misterioso es la amistad, que es una forma del amor. Lo invité a Diego a cantarla conmigo, pues, es un artista que admiro, un amigo, y como es amigo de mis amigos también, es el vocero perfecto.

¿Cómo surgió la posibilidad de este espectáculo en la Felisberto?

El año pasado hubo un llamado a presentar propuestas, lo hice y aquí estamos. Sorprendido y agradecido por poder estar allí.

¿Qué verá el público que se haga presente el 27? ¿Cómo  fue preparar este recital con Alastra,  Kuropatwa y Emiliano Pereira?

Vamos a presentarnos junto a Jorge Alastra en guitarra, Emiliano Pereira en clarinete y saxo y estará como invitado Diego Kuropatwa. La base del show son mis canciones, aunque Jorge y Diego también contribuyen con algunas de sus composiciones. Estaré adelantando canciones de mi primer disco solista, que estoy grabando ahora, con la generosa producción de Jorge Alastra, y espero que salga en octubre o noviembre, editado por Perro Andalúz. El disco se va a llamar “Fe de pescador”, que es el nombre una canción también y que tiene que ver con todo esto de lo que estamos hablando.

¿Cómo fue preparar el show?

Yo me asombro de poder contar con su talento. Trato de aprender todo lo que puedo de ellos. Y les estoy tremendamente agradecido. También hubo muchas risas, mates, buseca y hasta pastas caseras.  Las entradas están a la venta. ¡Los espero!


 

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