“Ésta es una profesión esencialmente comunicativa”. Con el director de orquesta Martín García

La Orquesta Filarmónica presenta Requiem alemán de Brahms bajo la dirección de Martín García. Estarán junto al Coro Nacional del Sodre y solistas invitados. Será el miércoles 24 de Octubre de 2018, 20 horas, en el Teatro Solís.  García contó a Granizo cómo es el trabajo de un director y cómo se prepara para ésta instancia


La Orquesta Filarmónica de Montevideo en su Temporada 60º Aniversario presenta Un Requiem Alemán del compositor Johannes Brahms. Esta obra, una de las más importantes del repertorio sinfónico-coral de todos los tiempos, será interpretada por la Filarmónica junto al Coro Nacional del SODRE, la soprano Michelle Areyzaga (EEUU) y el barítono Alfonso Mujica (Uruguay). Serán 160 artistas bajo la dirección del destacado director uruguayo Martín García, quien luego de varios años vuelve a actuar en el Teatro Solís.

¿Cómo es tu proceso personal al preparar un concierto?

El proceso personal es más o menos siempre el mismo. Aprenderse la partitura como la palma de la mano, lo mejor que uno pueda, contextualizar la obra en una cantidad de cosas que uno tiene que estudiar – incluyendo las prácticas de la interpretación  en el momento en que se compuso – , el entorno del compositor. Una cantidad de aspectos que por suerte en un caso como ésta obra, este réquiem alemán de Brahms, está bastante documentado. Y además hay una cierta tradición a la que uno puede recurrir, hay incluso un director coral muy renombrado en su momento que fue contemporáneo de Brahms y que dejó siempre registros de las prácticas interpretativas de su tiempo. Toda la tradición que ha venido se ha basado en eso, por lo menos se ha apoyado en eso, y yo también. Y también en los trabajos de otros directores corales sobre todo. Así que uno se nutre de una cantidad de fuentes y después planifica el trabajo de acuerdo al tiempo que se le otorga para ensayar, ya con el coro, ya con la orquesta…

¿Hay un tiempo ideal que la obra necesitaría para su madurez y su apronte?

No necesariamente. Por supuesto que uno siempre trata de no ensayar de menos, y no ensayar de más tampoco. Si vos ensayás de más cansa y se llega hastiado al concierto, y si se ensaya de menos no se prepara adecuadamente. Entonces hay que buscar ese equilibrio. A medida que uno va envejeciendo aprende a aprovechar el tiempo para eso. Prefiero trabajar corto de tiempo y aprovechar el tiempo que se me da.

¿Cómo es el perfil de los músicos que te acompañan respecto a otros que has dirigido?

Por lo general la actitud y el trabajo en orquesta es bastante universal porque la formación del músico y el trabajo es muy similar en todos lados, esencialmente es lo mismo. Después hay aspectos idiosincráticos o de otro tipo que pueden entrar en juego, básicamente es lo mismo, el músico llega, tiene su partitura, toca su parte y quiere hacer su trabajo lo mejor posible. Y el director está ahí para trabajar, porque a veces se dice que el instrumento más difícil es la orquesta, pero no, la orquesta no es un instrumento. El director que está ahí adelante no está tocando, en el momento que dirige no está haciendo nada que se parezca a tocar un instrumento, está haciendo otra cosa. En todo caso está trabajando con la mente de los que están tocando el instrumento. Es interesante en el caso de la orquesta filarmónica, que es una orquesta que hace unos años no la dirigía, pero que había trabajado bastante anteriormente. Cuando hay una cierta familiaridad hay aspectos, hay ciertos recorridos que uno los hace más rápido, entonces ya sabe dónde detenerse, dónde no. En general yo trabajando en orquestas uruguayas trato de dirigir sin parar lo más posible y detener poco el ensayo, y que el ensayo corra.

¿Dónde está el disfrute en tu caso para una experiencia como ésta, en todo este proceso de trabajo?

Es una buena pregunta que yo me he hecho mucho también. Esto lo he hablado con otros colegas, es una pregunta que además surge, y para quién lo ve de afuera dice “esto debe ser una gozada, el éxtasis de la música, el aplauso, el sonido…”. Y en general muchos colegas dicen que lo que sienten después que termina el concierto es alivio. Un colega que respeto mucho le preguntaron eso, sobre qué siente en el momento de terminar un gran concierto, con todo el público de pie aplaudiendo… Y dijo alivio (risas). Y hablando con otros músicos importantes me decían eso. Uno no debe esperar satisfacción en este trabajo, tiene que esperar otras cosas: una buena comunicación, un relacionamiento donde esté contenta la orquesta, y que esté contento el público por supuesto. Que esté contento el coro, los cantantes, que haya un buen clima, una buena comunicación y en todo caso quedarse contento con eso. Porque uno le quita eso al trabajo y es un cúmulo de angustias, de inseguridades, de agotamiento intelectual y de repetición de rutinas.

¿Y el trabajo con coros o cuerpos de ballet?

Ahí se da una cosa un poco distinta. A mí me ha fascinado mucho, y veo que hay otros colegas que se sienten del mismo modo, que es sentir cuando hago mi trabajo y es parte de algo más grande. Sentir que formo parte de algo… Vivir una especie de sentido comunitario. Esto es una cosa que lo he experimentado siempre trabajando con el ballet, por ejemplo. Esa sensación de que estamos trabajando para algo que es un poco más grande que nosotros. Lo siento también trabajando con coros, el coro genera eso. Genera esa especie de sentimiento de pertenencia, Cuando estás en el escenario, con la orquesta, con el coro delante y el público detrás, hay un sentimiento comunitario que no es nada abstracto. Es una cosa que se puede vivir muy intensamente en ese momento.

¿De qué manera influye el lugar donde se da el concierto?

Influye mucho en la manera de tocar, también en la producción del sonido. Siempre es deseable ensayar en el mismo lugar donde se toca, pero eso no siempre es posible sobre todo en momentos como el actual en que la salas tienen un uso tan intenso. Pero se busca eso. Incluso a veces también hay una relación hasta con la propia escritura de la música y el tipo de acústica para la cual fue concebida. Este réquiem alemán, por ejemplo, cuando se estrenaron algunas partes de él se tocó en una iglesia y además uno de los músicos leyó mal una de las partes en el tercer movimiento, y el resultado fue catastrófico. Las crónicas eran que sonaban como una locomotora adentro de un túnel, (Risas). En el Teatro Solís no va a pasar porque hay una atmósfera, una sonoridad más bien seca, entonces eso obliga a tocar y a producir los sonidos de determinada forma para generar desde la orquesta – o desde las voces – la sonoridad o la resonancia que de repente la sala nos devuelve.

¿Qué sucede cuando vas a presentarte en una sala que desconoces?

Por lo general, si no la conozco, pero la conoce la orquesta, me adapto de inmediato o trato de adaptarme de inmediato. Y sé que la orquesta toca de una manera porque está acostumbrada a tocar allí y ya sabe qué es lo que oye, y qué es lo que no. Uno pregunta. Y además las orquestas pueden desenvolverse solas. Muchas veces dejo de dirigir y me voy al fondo de la sala a escuchar a ver cómo suena.

¿Qué conciertos recordás particularmente, por el desarrollo del propio concierto, por el lugar, o por la fecha?

Este concierto que voy a dirigir ahora es con la Orquesta Filarmónica y el Coro del Sodre, así que voy a recordar uno con la Filarmónica y otro con el Coro del Sodre, bastante reciente, en el 2016. Fue el estreno uruguayo de una obra coral de Schumann que se llama “El paraíso y la Peri”; fue uno de los trabajos más lindos y más importantes. Éste oratorio de Schumann fue una de las que le dio más fama al compositor en su momento y una obra que formaba parte del repertorio en el siglo XIX. Se dejó de presentar y es de una inspiración extraordinaria. Para mí estaba a la altura de los grandes oratorios de la creación de Haydn, de Mendelsshon, de este mismo réquiem alemán, si bien  está en otra categoría de trascendencia … Un concierto que recuerdo con mucho cariño con el Coro del Sodre, y con la Orquesta Filarmónica, en 2010. Hicimos un programa todo Mozart muy lindo, con la abertura de La flauta mágica, uno de los conciertos del corno y la Sinfonía Veinticinco en sol menor que es bastante poco tocada pero el público reconoce seguramente de las escenas más dramáticas de la película “Amadeus”.

¿Cada director tiene algún autor preferido? ¿Se van poniendo de moda algunos autores un tiempo, se dejan de tocar, y después se siguen tocando otros?

Siempre hay una afinidad mayor con determinados estilos o músicas, pero esa afinidad a veces no necesariamente es aquello que a uno más le gusta, como pasa con los idiomas. Yo puedo tener facilidad para el inglés, pero me gusta más el francés, y con esto ocurre lo mismo. Personalmente creo que es fundamental poder caminar por todo el repertorio, por el canon tradicional y por el repertorio más nuevo y también ser capaces de traer partituras nuevas, que al fin y al cabo es uno de los sellos que permite que esto siga vivo y que le da vitalidad a la música orquestal, Hay determinados compositores que se tocan y luego pasan de moda por distintos motivos. En general ocurre que hoy por hoy hay un repertorio canónico que es referencial en todas partes y abarca referentes de todos los tiempos. Luego hay maestros menores a los que a veces también se recurre, sobre todo en obras solistas con instrumentos que de repente tienen pocos conciertos escritos, pero hay tal o cual compositor que hicieron sus contribuciones. Pero es posible que haya obras históricas importantes que aún quedan por descubrir. Este oratorio de Schumann no necesariamente es un descubrimiento porque es una obra que en su momento fue famosa, pero sí es algo que durante cuarenta años permaneció más o menos en el olvido. La música de Haydn tuvo una especie de redescubrimiento hacia mediados del siglo veinte y así puede haber pasado con otros compositores. A veces es debido a problemas extra musicales, el texto pasa de moda, y hasta motivos políticos.

¿Qué debe tener un buen director?

No es tan fácil de responder esa pregunta, y si uno pone en una fila a diez directores todos van a decir cosas distintas. Es uno de los misterios de la profesión que es tan inasible, lo digo yo que además doy clases en la Universidad de dirección y me cuesta mucho el poder definir claramente. Es parecido a lo que tu hacés. Ésta es una profesión esencialmente comunicativa, y entonces uno la puede ejercer desde quien uno es y eso hace que haya lugar para el espectro más amplio que uno se pueda imaginar. Incluso puede pasar que tenés tu público y tenés otro que nunca en la vida van a tener afinidad contigo. De repente hay un director que es primera figura mundial, que el músico lo ve y dice “yo para éste quiero tocar”. Entonces entran en juego aspectos que son propios de la personalidad, de la afinidad de las personas, que es muy difícil definir. Pero por otro lado sí hay cuestiones técnicas específicas de dominio técnico, de manejo del lenguaje en la comunicación, sobre todo gestual, el manejo del timming de la orquesta y de la concentración del músico. Y sobre todo el conocimiento de la partitura, de la música. Una de las cosas que yo les digo a los alumnos es que esta es una profesión que aún con defectos técnicos importantes se puede desarrollar y se puede tener éxito.

 


 

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