Grandilocuencias rockeras. Por Nicolás Hidalgo

Keith Emerson era el tecladista de The Nice; Greg Lake había sido bajista, guitarrista y cantante de King Crimson; Carl Palmer fue baterista del grupo Atomic Rooster. Los tres eran reconocidos músicos en la escena británica de fines de los años sesenta, así que sólo necesitaron sus apellidos para dar nombre al grupo que fundaron en 1970. Para mediados de 1973 los Emerson Lake and Palmer (ELP) eran unos gigantes en la escena del rock y su cuarto disco sería recordado no sólo por su música sino que también por su portada.


¿En qué momento pasó esto? ¿Cuándo pasamos de solistas y grupos que cantaban “Oh Baby” en canciones cortas y simples a eternas melodías complejas? ¿Dónde quedaron los grupos de amigos que formaron una banda de rock y ahora son multinacionales que recorren el mundo? Arte e industria se dan la mano plenamente en los años 70. El rock pasa por un momento de gran inspiración artística en dónde la intelectualidad se mezcla con la música. En los años ’50 el entretenimiento dio el punta pie inicial; los ’60 desencadenaron una vuelta de tuercas rescatando abiertamente la cultura negra y experimentando nuevos sonidos y percepciones. En los 70 la música se consagra a todo nivel y los experimentos vanguardistas es la corriente que se impone. El virtuosismo desbanca a la espontaneidad; ya no basta con lo nuevo y lo lindo, sino que también hay que demostrar intelectualidad y ser muy buenos músicos. Se progresa hacia otro lugar, a lo grande. El jazz, lo barroco o la llamada música culta se entrelazan con las guitarras eléctricas. Los teclados, ya sea un órgano Hammond o de última generación (tampoco hay que olvidarse de los sintetizadores Moog), comienzan a tener un papel importante y no es extraño que los instrumentos de las orquestas sinfónicas sumen al nuevo sonido del rock. Así como tampoco es extraño que por estos motivos se le empiece a llamar rock progresivo o sinfónico.

Los más diversos artistas quedan etiquetados bajo este rótulo: Jetrho Tull, Frank Zappa, Génesis, Yes… hasta gente del jazz como Miles Davis que intenta hacer cosas nuevas quedaron bajo la capa del rock progresivo. En casi todos ellos late un deseo, más o menos explícito, de proporcionar al rock la categoría de arte. Esto hace que las tapas de los discos se empiecen a concebir también de esta misma manera. De hecho se recluta a artistas gráficos y plásticos, algunos de ellos ya consagrados, para que diseñen las portadas. Uno de esos artistas fue el suizo Hans Ruedi Giger, quien trabajó para Emerson, Lake and Palmer.

En 1973 el trío giraba por Europa presentando su monstruoso show. En su escala en la ciudad de Zurich, Keith Emerson fue invitado por el promotor del concierto a visitar la casa de Giger, quien era gran admirador de ELP: el artista plástico encontraba en su música una fuente de inspiración para su obra. En su visita Emerson había quedado perplejo con una de las pinturas que mostraba un complicado sistema de herrajes sosteniendo un cráneo humano. Tan impactado como él, Greg Lake y Carl Palmer presenciaron las decenas de pinturas que tenían a su alrededor, plagadas de imágenes fetichistas. Los ojos de Lake se detuvieron en la aerografía de un rostro femenino con su vista baja y un pene erecto dirigiéndose hacia sus labios.

Una combinación de las dos ilustraciones que habían capturado la atención del trío sería el trabajo por el cual Giger fue contratado para reproducir en la portada del próximo disco del grupo. Sin embargo la imagen fálica era obscena y pornográfica para la discográfica que se negó a una portada con una ilustración como esa. Giger se opuso rotundamente a eliminar de su pintura el objeto de la discordia, pero ELP arribó a un saludable acuerdo con el artista, que con efectos logró camuflarlo en la imagen de la parte de la cara de la mujer que se nota por el visor exterior, justo debajo de la barbilla y en forma de continuación de una columna situada un poco más abajo. La base de esa columna es el  logotipo de Emerson Lake and Palmer y el nombre del disco, Brain Salad Surgery, aparecía en la contratapa en letras blancas con un fondo negro.

El artista suizo era todo un maestro del aerógrafo en la creación de imágenes monocromáticas surreales focalizadas en formas humanas fusionadas con máquinas que respondían a un arte definido por él mismo como “biomecánica”. Se considera la portada de este álbum como una de las más memorables, y a menudo perturbadoras, de su tiempo. En ella se puede ver una especie de mecanismo industrial con una calavera humana y el que sería el nuevo logotipo de ELP, creado por el propio Giger. La parte inferior del rostro de la calavera se halla cubierta por un visor circular que muestra parte inferior de un rostro femenino. En la edición original del LP, la lámina exterior de la portada estaba efectivamente dividida en dos mitades que se abrían como dos hojas de puerta, salvo que la sección circular, el visor, era una prolongación de la hoja derecha, y la izquierda tenía el lado correspondiente para que encajara como en un rompecabezas. Abriendo esa puerta de doble hoja se revelaba la imagen completa de la cabeza de una mujer, para la que el artista había tomado como modelo a su esposa. Tenía el cabello como de “extraterrestre”, y el rostro estaba lleno de escaras; una de ellas era la de una lobotomía frontal; otra, el símbolo del infinito.

Para una y otra imagen se empleó pintura gris con aerógrafo, de modo que tuvieran un aspecto de metal y mecánico. Aun así, en algunas ediciones del álbum se emplearía demasiado rojo en la impresión de la lámina exterior, haciendo que la imagen pareciera, en palabras de Giger: “un montón de caca de la vaca”. El logotipo de ELP diseñado por Giger, en el que se cierra en círculo la “E” y la parte superior de la “P” en torno a una columna formada por la “L” y el trazo vertical de la “P”, se convirtió en el emblema del trío.

En ediciones posteriores del vinilo y en casi todas las del CD, la portada consta de una sola lámina, la exterior; y la interior aparece en la contraportada. No obstante, la reedición de 1993 de Victory Music, en CD, presentaba la obra en un digipak especial con la lámina exterior dividida en dos hojas como era en origen, y también podía abrirse, pero para dejar al descubierto un pequeño póster, con las letras en un lado y fotos de los músicos en el otro, que era una reproducción del de la funda interior del álbum original. La edición de Rhino de 1996 optó por una cubierta lenticular, con la que podían verse superpuestas las dos imágenes si se movía la caja.

 

Con la portada de este disco Giger empieza a visualizarse internacionalmente hasta llegar a consagrarse cuando su Alien pasa a ser su creación más famosa gracias al cine. Emerson, Lake and Palmer atraviesan los años setentas montado en su grandilocuencia musical llenando estadios hasta que cae por su propio y enorme peso. Algo parecido va a pasar con gran parte de las bandas que descansan bajo el manto del Rock Progresivo: dejan de progresar. A excepción de Frank Zappa, estoico sobreviviente que nunca perdió ni su clase ni su particular humor, el resto se tomó demasiado en serio al rock. Algunos empiezan a creer que el cerebro le está ganando al corazón y el alma de la música se pierde entre tantas notas. El “Oh Baby” de las canciones cortas se empieza a extrañar pero más se extraña el poder hacer rock sin ser un virtuoso. El gigantismo de esta era cansa y no llama la atención de nuevas generaciones. Lejos de las alturas, en las calles y en los pubs de mala muerte, se está cocinando lo que se viene.


 

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