“Hay muchos grupos de rock que cantan imbecilidades”. Una entrevista a Tabaré Rivero

En marzo de 2017 el músico y actor Tabaré Rivero dio una extensa entrevista donde, entre otros temas, reflexionó sobre música, las políticas culturales del gobierno, los medios masivos y su largo recorrido artístico. Fue poco antes de sacar un nuevo disco con La Tabaré y de que se editara su libro “Texticulario”. Hoy compartimos aquella charla en su totalidad.


Por Camilo Álvarez

Tabaré llegó puntual a la cita para la entrevista, después de un par de desencuentros. Entre otras cosas contestó, cerveza de por medio y sin casette, sobre su anhelada sociedad alternativa, la música, su ideología hoy, la política, los medios masivos de comunicación, el gobierno de Mujica, Tabaré Vázquez, su enemistad con Mónica Navarro, la cumbia y hasta una anécdota con Spinetta. Siempre en tono coloquial y ameno, Rivero es directo y con puntos de vista siempre muy interesantes.

¿Qué influencias musicales has tenido y tenés?

Influencias musicales tuve de todo. Cuando era niño, mi viejo era muy tanguero y hacíamos giras de teatro por el interior del país. Él actuaba y yo lo acompañaba con mi vieja. En una bañadera nos íbamos de Montevideo hasta Artigas por los pueblos. Siempre eran obras de teatro gauchesco, una especie de circo criollo que ya no existe más; él hacía radioteatro y después con las obras nos íbamos al interior para hacer la representación teatral de lo que la gente había escuchado por la radio. La gente estaba preparada y con ganas de ver; eran otros tiempos. Estamos hablando que en el interior había muy poca televisión y a veces en algunos pueblos nada, entonces esperaban con ansiedad la obra teatral. Recuerdo que después se hacía una peña, se agarraban grandes borracheras todos los actores y actrices. Siempre había payadores, guitarreros, de todo, y a mí me gustaba mucho más eso que el teatro. Si bien el teatro lo mamé desde chiquitito, lo que más me llamaba la atención y me llegaba a emocionar mucho -hasta se me caían las lagrimas- era escuchar algunos cantos folklóricos. Otros me aburrían, como suele pasar. Mi vieja y mi viejo siempre me decían “mirá el tipo este hasta tiene opinión” y yo tendría cuatro o cinco años y no era la opinión, es que algunos cantores me aburrían y otros me apasionaban. Después a los cinco años, descubrí a “Los Beatles” y eso me cambió la cabeza. Luego, a los 13 años, vi la película “Woodstock” durante todo un mes, tres veces por día, todos los días. Dura tres horas, o sea que perdía nueve horas de mi vida prácticamente en el cine, no estudiaba nada, lo único que hacía era ver Woodstock, durante todo el mes de agosto en el cine 18 de julio, donde ahora es Cinemateca. Esa fue la movida que hasta hoy, más me conmueve.  La movida de fines de los 60´ y principios de los 70´, muy principios de los setenta, fue lo que me marcó musicalmente. Pero bueno, después uno va descubriendo cosas maravillosas en todos los aspectos musicales. El canto popular uruguayo me marcó mucho, rock uruguayo de esa época –los años sesenta y setenta- también; y todavía me siguen marcando cosas, que no tienen de pronto que ver con el rock, pero que sí tienen que ver a su vez.

¿Y en lo literario?

Empecé leyendo desde muy pendejo también, yo tendría 14 años y leía a Onetti, cosa que no sé cómo lo hacía porque ahora no lo puedo leer, me resulta complejo y duro de entrarle. Pero en aquellos tiempos leía mucho, también novelas de Benedetti y libros de poesía. En casa había una biblioteca grande, yo me aburría y entonces leía mucho. Trabajé en una biblioteca también, en una Intendencia trabajar ahí fue lo más aburrido, entonces tuve tiempo de leer mucho más y las obras completas de Felisberto Hernández que me apasionaban. Yo que sé, hoy por hoy me gusta mucho Milan Kundera, es un autor checo que me parece maravilloso, o el que hizo por ejemplo, “El país de las últimas cosas” (Paul Auster), o si no el chileno Bolaños me parece sensacional. En fin, hay una gran cantidad.

En 2015 fue el festejo en el Teatro de Verano de los 30 años de La Tabaré. ¿Qué reflexión tenés hoy ya con los 32 años de La Tabaré? ¿Cómo viviste la música, las giras, la gente que pasó por banda?

Recién ahora tomo conciencia de lo que significó, si me hubieras preguntado antes de ese toque, no te hubiera sabido responder. Siempre fue algo cuesta arriba, con muchos problemas con los medios, con mucha ansiedad, sin saber porqué a otras bandas las promocionaban más que a la nuestra. Después lo entendí. Porque los managers son más importantes que los músicos, es como el sponsor, pero en éste caso en Uruguay no hay tantos sponsors o hay managers que manejan los sponsors. Pero sobre todas las cosas, se me hacía difícil pero también la pasaba muy bien, porque por algo insistí. Creo que es lo único que me gusta hacer con pasión en la vida, sacando lo familiar, obviamente para mí lo más importante. Por fuera de lo familiar, la música es lo que más me interesa. Recién después del toque en el Teatro de Verano me di cuenta que fue maravillosa mi vida, que tuve mucha suerte, partiendo de la base de que no soy un tipo con condiciones musicales innatas extraordinarias. Soy un tipo que tengo que romperme el orto, que remarla para aprender a tocar la guitarra, que remarla para poder afinarla también. Otros amigos míos en el segundo día ya la afinaban de oído, yo tuve que aprender a afinarla. Después tuve que aprender a cantar más o menos y hay notas que no las doy, las actúo, las interpreto. Soy más intérprete que cantor, tuve que luchar siempre contra mi falta de condicionesnaturales, como las que debe tener el Negro Rada por ejemplo, que abre la boca y ya afina, que tiene una voz maravillosa.

¿Por eso también te apoyas en una mujer en la otra voz, más allá del “ida y vuelta”?

Siempre quise una voz aguda además. Poder llegar a notas altas que me encantan. A mí me gusta mucho la voz de los primeros discos de Spinetta, “Pescado rabioso”, todo eso. Y bueno, siempre quise cantar temas como Spinetta y nunca pude. Tuve el placer de regalarle el disco “Archivoteca” a Spinetta, me lo presentaron, le di la mano y dije “no, no quiero molestarlo”. Él estaba en su camarín. Fue cuando fuimos a Córdoba a un lugar que se llama “El Orfeo Superduomo”, que es igualito al Luna Park pero versión Cordobés. Ahí tocaba Spinetta,. Me lo presentaron, salió del camarín a saludarme y ahí le dije “no, no quiero molestarte, te vengo a dar este disco y decirte que en él hay un tema tuyo”. Y me pregunta, “bueno, de dónde sos?” le digo, “no, no te quiero molestar” y me dice “pero flaco, decime de donde sos?”, le dije “De Montevideo”, “¡Ah, qué bueno Montevideo, que buen lugar!” me dijo. Fue una conversación muy rapidita, porque soy muy cagón y el loco muy respetuoso. Fue muy amable, nunca me imaginé –he hablado con muchos artistas porteños- y Spinetta se caracterizó por una extrema amabilidad. En el mismo concierto, vi aparecer a Fito Páez con diez guardaespaldas y nadie lo perseguía, como si alguien le fuera a hacer algo. Decís “que suerte tuve de darle a Spinetta la mano” pero además yo a los 12 años ya no creía en los Reyes Magos pero me seguían haciendo regalitos igual y me trajeron el disco de “Almendra”. Entonces con 12 años, mientras mis amiguitos de la clase escuchaban Palito Ortega o Rafael, yo escuchaba Almendra. Los primeros discos de Spinetta eran muy poéticos. Después su poesía para mí dejó de ser buena poesía y se convirtió en una forma más surrealista de hacer poesía.

¿Todavía crees en una sociedad alternativa?

Es una utopía. Cuando hice la canción esa “Contracrisis”, allá por el año 1994, agregué al final una cita de una canción compuesta por un músico brasilero, Raúl Seixas, ese cachito “sociedade alternativa”, él lo hizo inspirado en una idea que tuvo John Lennon que era una “Nutopía”. Era un lugar donde la utopía era un sueño y lo haría una sociedad alternativa y uniendo todo eso me encantó la posibilidad de soñar con una sociedad distinta que sea posible. Yo todavía tengo esas palabras del mayo francés “vamos a soñar con lo imposible”, exijamos lo imposible, porque si seguimos exigiendo las cosas posibles, igual no nos las dan. Yo quiero soñar con la unión de los seres humanos y el abrazo fraternal de la humanidad, que en el fondo me parece que es imposible y que nos vamos a acuchillar todos antes, también. Si no me quedo en eso tan básico, de ir a votar cada cinco años y también es una utopía suponer que un tipo nos va a salvar la existencia, más en este país que dependemos económicamente de todo lo que pasa alrededor y no de nosotros.

¿Cuánto tenés en tu vida de “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”?

Tengo bastante de “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”, soy un tipo que está a favor de la libertad en extremo. Un libertinaje, pero a partir de una educación, de una conciencia de lo que es la libertad.  Pero no estoy educado para eso, por consiguiente sueño con algo para lo que no estoy del todo preparado. Sin embargo, les doy a mis hijos libertad, le he dado a mi pareja libertad, pero una libertad hasta donde yo entiendo que no me va a doler. Porque detrás de mucha libertad puede venir un sufrimiento, porque no sabemos vivir la libertad ni sé vivir un sufrimiento, si me siento traicionado con la libertad de los demás. Entonces, todo es ir aprendiendo. Siempre digo a mis hijos -está claro en la canción- “sé libre y hacé lo que quieras” pero andá a la escuela, al liceo y estudiá, loco. Y cuando aprendas toda la mierda que te enseñan, vas a sacar cosas que están buenísimas de lo que te enseñaron y cosas que no te sirven absolutamente para nada. No tengo la manera de salvar el mundo, si estuviera seguro de lo que estoy diciendo, sería hipócrita y conozco mucha gente que ha sido extremadamente libre y la conozco hecha mierda ahora, se ha dado la cabeza contra la pared o están arrepentidos. Por decirte un ejemplo, Enrique Symns, que era un símbolo de la libertad y transgresión, y el tipo está arrepentido de muchas cosas. No creo que mi libertad termine donde empieza la del otro, pero sí creo que nosotros tenemos que saber medir nuestra libertad; como ser humano es muy complicado. Estamos muy confundidos todos, muy manipulados, muy programados, nos dicen libertad y salimos para cualquier lado disparados y a veces nos hacemos mal a nosotros mismos, nos matamos, nos autoflagelamos con el asunto de la libertad. Decimos “ah, bueno, me tomo tres litros de vino y me quedo dormido bajo el árbol” y eso no es libertad. Sos dependiente.

¿Cómo integras en tu vida el yoga, la poesía, la música y la actuación?

Cada cosa ocupa su lugar y son cosas que fueron o son muy importantes en mi vida. El yoga me salvó la vida en determinado momento. Empecé por razones hippies. En Woodstock, justamente, se muestra que esa generación utilizaba mucho el yoga, que te elevaba a una situación lejana, “no te drogues con el LSD” decían. Probá la medicación trascendental. Yo nunca me drogué con LSD, por ejemplo. Después aparecieron músicos como Santana, en los buenos tiempos, George Harrison u otros que tenían gurú. Yo nunca creí en gurúes. La meditación me hacía tomar conciencia de la vida, del aquí, del ahora, del presente, que todo es infinito y que el presente es maravilloso siempre. El presente siempre es maravilloso, lo jodido es el pasado y el futuro. Yo pienso que el futuro es mejor que el pasado, pero el presente es lo mejor de todo. Lo que pasa que con el presente en estos momentos estoy parado aquí, entonces es muy difícil de palparlo, en el momento de la meditación uno toma conciencia de esas cosas. Después lo demás es parte de mi vida, me gusta el arte, la literatura, el teatro, la danza, no sé bailar y jamás bailaría, la pintura y hasta pinto pero en casa y en secreto. Me gusta y me da mucho placer ver imágenes creadas por la gente, hay algunas que me parecen horribles pero hay otras que aun con colores mezclados, no hace falta una imagen concreta necesariamente. La mezcla de colores y formas no reconocibles con forma humana o andá a saber qué, ya de por sí me gusta. No me gusta el ballet, ni la escultura, no me emocionan como la pintura, ni como la danza contemporánea.

¿Cómo te definís ideológicamente hoy?

Soy un libre pensador, no tengo ataduras. Primero que nada porque conozco anarquistas que son muy pelotudos. Bakunin y Malatesta son anarcos de otras épocas también que no incluyen este caos en el que estamos inmersos como, Facebook, Wathsapp, televisión, Tv cable, y un montón de cosas. Trato, no quiere decir que lo logre, de no dejarme influir por ninguna idea preprogramada, a veces caigo, y las defiendo hasta que me doy cuenta y digo “¡puta, mira lo que me metieron en la cabeza y lo que estoy defendiendo!”. Me vivo descubriendo también con ese tipo de errores. Con esto quiero decir que cuando uno está en una entrevista, no significa que sienta que yo sea lo que importo, el “yo soy el que hablo y te cuento mi maravillosa vida”. Estoy convencido que mi vida no tiene para los demás nada de maravilloso, excepto que me gustan y hago canciones. No valgo más, soy absolutamente alguien más, uno más con mucha confusión, con mucho error, con mucha equivocación. Entonces, no quiero decirme anarquista, para mí un anarquista de verdad es extremadamente solidario, y a veces yo no quiero, tengo miedo que me jodan o a abrirme mucho. No soy un tipo muy sociable, si fuera por mi estaría metido bajo la cama todo el día, escuchando el mundo por mis auriculares.

¿Qué opinas del rol de los medios de comunicación en la sociedad, la relación con ellos, teniendo en cuenta que los necesitas para difusión de la banda?

Me gustaría ser como el Indio Solari, no iría a ningún medio, como hace él. El tipo tiene la suerte de decirle a un vecino “voy a tocar la semana que viene” y el toque se llena de gente. Yo hago eso y no va nadie. La Tabaré, lo que te decía, tuvo que luchar mucho y siempre tuvo que publicitar mucho los toques. Si no publicito un toque o si solo pongo dos fotocopias pegadas a una pared, no va nadie. Hay que publicitarlo mucho, lamentablemente es así. Los medios siempre me han respondido bien y siempre lo hicieron afectuosamente, nunca o creo que casi nunca me han faltado el respeto, ni en el programa de Omar Gutiérrez, ni en Mañanas Informales, ni nada. Por lo menos estando yo presente, sin estar yo capaz que dijeron algún comentario pero estando yo nunca. “Ninguna bailarina, ningún payaso haciendo caras”, le decía a Omar Gutiérrez, “cuando estemos tocando  que la cámara esté en nosotros pero en ninguna pavada” le comentaba yo. Omar decía “vamo’ arriba”, es un tipo muy crá, se ganaba el pan haciendo lo que a él no le gustaba demasiado tampoco, me queda muy claro. En algunos medios, hay un 2 por ciento que hacen programas muy buenos, de radio y televisión, pero la prensa escrita casi no existe y la crítica en Uruguay nunca existió y no la lee nadie. Ahora menos que menos. La crítica sirve para los premios que ofrecen por ahí. Con los medios me llevo igual que los medios se llevan conmigo, tenemos un trato cordial, yo aprovecho lo que me dan y ellos se aprovechan de tenerme diez minutos ahí llenándole el programa de algo que seguramente no les gusta mucho. Aunque a algunos conductores sí, pero son conscientes que están para el público masivo, o sea el rating. La Tabaré no te da rating, Rombai es lo que va hacerte el rating.

¿Qué importancia le das a la amistad en tu vida?

Difícil la pregunta, porque tengo muy pocos amigos. “La enemistad” es un tema que lo hice para Mónica Navarro, lo hice para ella cuando éramos muy amigos y un día nos habíamos peleado. Pero lo grabamos un año después y el videoclip lo hicimos un año y medio después de que yo lo compusiera. Sin embargo, en el videoclip, la noche anterior, Mónica, Jorge Pi y yo nos habíamos peleado, pero no era una peleíta. Filmamos el video absolutamente furiosos, comenzamos a filmarlo a las diez de la noche, ni nos dirigíamos la palabra y terminamos a las siete de la mañana cagándonos de risa. Así fue muchas veces mi relación con Mónica y entre la banda era así. Ahora, de mis amigos solo tengo cuatro o cinco. Uno de ellos es Andrés Burghi que toca en La Tabaré desde hace mucho tiempo, otro de ellos es Rudy Mentario pero vive en Brasil, Daniel Maggiolo que fue productor de (los discos) “Placeres del sado musiquismo” y “Sigue siendo rockandrol”, pero falleció, Guillota que es un tipo de mi edad y es el único amigo desde la infancia, Marcelo Rodríguez que escribió el libro “Darnauchans”, otro es el músico Alejandro Ferradás. Mónica fue una gran amiga, y también de mi mujer, no es así ahora. Alejandra Wolf sí, lo sigue siendo.

¿Qué sucedió con Mónica? ¿Qué podés contar?

Con Mónica no te lo puedo contar porque no es a mí, a mí no me perjudica en nada lo que te pueda decir, la perjudica a ella. Fueron diez años que cantamos juntos y ella apareció pidiéndome cosas que no correspondía que me pidiera y ya no nos entendimos más. Los últimos seis meses fueron muy duros y en un momento le dije “mirá, ta, no podemos seguir así”.

Das la imagen de ser un tipo rudo, ¿cómo es en realidad  Tabaré Rivero?

Antes era un tipo furioso, cuando empecé con la banda no soportaba más ni a Uruguay, ni a Montevideo ni a mí. Estamos hablando de finales de la dictadura. Empecé en el año 1985 con la banda y hasta el año 1998 estuve muy furioso. Luego se me fueron pasando las rabias, gracias a mi mujer, y a que tuve hijos, amistades, grandes compañeros de banda. Hay muchos que en la banda no son mis amigos, los veo todos los días, los quiero mucho, me divierto mucho, pero no son amigos. Es un tema de edad, muchos tienen la mitad de la edad que tengo yo, entonces es lógico, yo no puedo estar a la par de ellos. Soy bastante más sensible de lo que demuestro…

¿Cómo evalúas el cambio de timón que tuvo el país desde la llegada de la izquierda? ¿Colmó tus expectativas?

De alguna manera sí, pero de alguna manera no. A mí el primer gobierno de Tabaré Vázquez no me gustó, pero pensaba que iba bien encaminado, que era lo mejor que podía pasar en este país, antes que tener a los blancos o colorados. Después de Batlle, el gobierno de Tabaré Vázquez fue bien recibido. Y luego vino el gobierno de Mujica. Yo lo voté a Mujica, y eso que no siempre voto. Durante todo su gobierno confié mucho en Mujica. Luego apoyé a Tabaré Vázquez también musicalmente, y ahí sí me equivoqué. Pienso que me equivoqué. Después no me gustaron algunas actitudes de este gobierno, como la Ley de esencialidad. Hay muchas cosas que no me gustan y otras que sí. A medida que pasa el tiempo y empezamos también a descubrir los fallos que tenía el gobierno de Mujica, como Ancap, Pluna o Alas U, etc., todo eso… Y después hay otra parte del gobierno de Mujica, que no me gustó nada, y fue la parte cultural. Yo no estaba de acuerdo para el “populacherismo”, a mí eso no me gusta nada. Mujica no hizo mucho por el arte, y menos la gente que lo acompañaba, el Director del Cultura de la IMM en el gobierno de Mujica no hizo nada. Sí, había mucho para el teatro, mucha cosa para el carnaval… Luego llegó a decir Mujica que “la poesía de verdad está en el carnaval de hoy”. En fin, disparates así. De todos modos hay una cosa que es importantísima.  En el gobierno de Batlle, yo me sentaba en este bar a charlar contigo y en esta hora que estamos acá, venían quince niños muertitos de hambre a pedir. Eso no se ve más, yo no sé si ahora no los dejan entrar a los bares o los tiran para afuera, a la periferia o porque han desaparecido y se les está educando mejor. No lo sé, podrán decirme que soy un ingenuo, puede ser, pero no lo veo como antes. En el gobierno de Mujica se hizo lo posible para que esos niños que pedían desaparecieran. Cuando a mí me preguntaron qué esperaba del gobierno de Tabaré Vázquez dije “no espero que me den nada para mejor de la música, ni un aplauso, nada, ni dinero ni nada, yo lo único que quiero es que no hayan más gurises pidiendo por las calles”. Y eso desapareció bastante. Pero ahora ya pasaron una cantidad de años, ahora sí quiero, no para mí sino para la Cultura en general, un apoyo. Respeto. Reconocimiento. Al gobierno le da lo mismo si traen público a apoyar a La Tabaré o apoyar a Los Fatales, políticamente que vote al Frente y que arrime votos alcanza. Y me parece mal, porque deberían reconocer a quienes se la jugaron en su militancia diaria con la cultura. A mí me enseñaron en el  Teatro Independiente que el artista milita desde las tablas. Sea por la música, la pintura, con la danza, por el teatro, actúa lo que tiene que actuar, dice al público de lo que tiene que decir, o por medio de la ciencia de la comunicación informa a la gente de lo que tiene que informar. Esa es la militancia, no tenés que ir a un comité. El Frente Amplio no lo entiende, entonces son capaces de apoyar a parodistas de Carnaval que nunca se la van a jugar a nada.

¿Qué opinas de la postura de Tabaré Vázquez con lo de la ley del Alcohol?

Siempre fue un come santo, que vaya a rezarle a Maria Auxiliadora. No es el tipo ideal. Vetó la Ley del aborto, por ejemplo. No me olvido más de algunas cosas. Uno lo termina votando a veces por aquello de “bueno es mejor esto que esto otro”, pero ya fue. Hay ministros y tipos que están ocupando puestos que hace tiempo deberían haber abandonado. Y después aparece la mujer de Bonomi que es barrabrava de Peñarol, cosas obvias y ridículas que si las viéramos en el Partido Colorado como las veíamos, éramos los primeros en putearlos. Ahora permitimos lo mismo en este gobierno y me parece que le está haciendo muy mal y que corre un gran riesgo el lugar de seguir avanzando. Para una sociedad más inteligente, un gobierno de izquierda es lo mejor y en este momento no es lo mejor, no lo veo de izquierda, es un tropezón.

¿Qué opinás de la cumbia como movimiento cultural?

La cumbia villera como movimiento cultural tiene su importancia, no cabe la menor duda. La gente de la villa, o acá mejor dicho, la gente del cante, se siente muchas veces representada por las letras de los botijas esos que cantan Los Pibes Chorros, etcétera. Pero la cumbia no villera. La plena de Karibe con K, o Rombai o los “cantores románticos” me pareció siempre una música “facilonga”, que tiene mucho de entretenimiento barato, es como un Palito Ortega, ¿Y para que sirvió Palito Ortega? Para distraer a la gente, y el tipo llegó a ser el gobernador de Tucumán. Entonces creo que en el arte todo está vinculado, en general, a una actitud política (no partidaria). La cultura de la cumbia es la cultura de la tontería. En algún momento se digo “…¡educación, educación y educación!!…”, El arte sirve para educar, no cabe ninguna duda, sirve para sensibilizar, para ofrecerle a los jóvenes otra cosa además de la violencia. Pero el arte no está considerado en los planes de educación (a pesar del bachillerato artístico). Sí lo está la cumbia con todos sus derivados: ‘la cultura tinellista’ por ejemplo, los Parodistas, las Revistas, los Humoristas carnavaleros, los porgramas de TV competitivos, etc. No alcanza con mandar un joven a que termine el liceo o la UTU, eso no es educación si luego no se le ofrece nada que le abra otras puertas sensibles. Pero aclaro, hoy por hoy el rock tampoco es mejor que la cumbia. El rock y la cumbia también se parecen mucho, hay muchos grupos de rock que cantan imbecilidades. La única diferencia es que unos tocan las pailas y los otros aprietan el pedal de la distracción. No hay más diferencia que esa. Entonces, lo que encuentro es que algunos músicos que no son necesariamente rockeros como (Fernando) Cabrera, El Darno (Eduardo Darnauchans), Larbanois-Carrero, Daniel Viglieti, sí son muy honestos. Te pongo un ejemplo: El Chito De Melo es un cantante folklórico riverense que no viene nunca a la capital, que anda recorriendo en sus pagos y festivales del interior cantando en portuñol unas letras anarquistas maravillosas. Eso me parece tan honesto que da gusto. Ni La Tabaré, que trata de ser tan honesta me merece tanto respeto como el payador Molina. Yo no me voy a sentir identificado con una canción de los Pibes Chorros. Los chorros de ahora roban para comprarse pasta base o pilchitas, o hasta para comprarse “altas llantas”. Es muy difícil hacer una opinión al respecto. Con respecto a mí y a este último disco decidí un día, tome conciencia que no me puedo mentir más, me gusta más el blues que la milonga, a pesar de que defiendo la milonga a muerte porque es nuestra y creo que no hay que perder eso, pero me gusta más el blues. No me gusta la cumbia por más que represente determinadas costumbres socioculturales, no tengo esa cultura populachera.

Hablemos del nuevo disco…

Éste nuevo disco iba a estar en la calle el año pasado pero nos boludeamos nosotros. No llegamos a tiempo, como todos los músicos de la banda laburan en otra cosa, más los problemas míos también… El estilo es más rockero y mucho más blusero. El segundo disco mío de La Tabaré se llama “Sigue siendo rocanrrol” y debería haberse llamado “Siempre es y será blues”. Porque el rock es más glamoroso que el blues y el glamour superstar siempre me pareció muy ridículo. . El blues es de los negros, es la base de toda la música popular occidental de hoy, eléctrica, rockera, soul, jazz, etc. Los negros (y como les tengo muchísimo respeto, no los llamo “afrodescendientes”) están en todo eso. Esa mezcla de sentir tristeza, melancolía, rabia, viene de los negros. Los blancos le dieron una impronta más movida, más fuerte, que sirvió también para sacar toda la rabia en su momento. El blues me da tanto gusto, que me encanta. Me faltaba un disco blusero.


 

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