La madurez del rock uruguayo. Por Sebastián Bustamante

Luego de una nueva y masiva edición del Montevideo Rock, más de 30 años después del festival original, quedaron algunas preguntas flotando en el aire. ¿En qué etapa está hoy el rock nacional?


Por Sebastián Bustamante. Fotografías de Ariel Ugolino

El rock en el mundo occidental fue reconocido desde sus orígenes por su rol rebelde, transgresor y contestatario. En el caso de Uruguay no fue distinto. Por otra parte, los grandes músicos internacionales marcaron y fueron influencias en el canto popular durante la década de los años sesenta. En la etapa posterior a la dictadura militar (1973- 1985) los montevideanos observaron un (re) nacimiento pujante del rock nacional con la primera edición del Montevideo Rock en noviembre de 1986. 31 años después, el gobierno capitalino, tras propuestas de algunos músicos, organizó un Festival donde convivieron en un mismo fin de semana el Montevideo Rock y Montevideo Tropical. El protagonismo dejó de ser el acto contestatario, como lo fue en 1986, y se transformó en un evento que incentivó la convivencia.

 

“Montevideo Rock. Donde todo comenzó”, anunciaron los afiches en las calles montevideanas a partir de agosto de 2017 para difundir la vuelta de las bandas del rock nacional a la Rural del Prado para los días 1 y 2 de diciembre. En el anuncio se sugería que el rock nacional había nacido en la primera edición del Festival. No obstante, la gestación había sido dos décadas atrás: primero con Los Shakers, herederos del estilo de los Beatles, y El Kinto, cuyos referentes fueron Eduardo Mateo y Rubén Rada, creadores del llamado candombe beat. Las experiencias rockeras de la década de los años sesenta fueron eclipsadas por la dictadura militar. Después, en el amanecer democrático, se despertaron bandas que convocaron a un importante público: Zero, Los Traidores, Los Tontos, Níquel y Los Estómagos. Sin embargo, hubo detractores desde el campo intelectual. En especial Jorge Bonaldi, músico y periodista, integrante de Canciones para no dormir la siesta, quien publicó en el diario La hora un artículo titulado El imperio contraataca, donde desarrolló que el imperialismo cultural se había quedado en la forma de componer y reivindicaba el canto popular de la década de los años setenta como “un freno molesto y un ejemplo peligroso para los intereses del imperialismo”.

Ese mismo año la Intendencia Municipal de Montevideo, bajo el gobierno del Partido Colorado, organizó el Montevideo Rock, un festival que se promocionó con afiches que anunciaban “72 horas de rock”. “Fue una catarata de emociones para los integrantes de Los estómagos y para el entorno inmediato que había. Era una especie de sueño continuo, placentero, que había comenzado en el 85, con la salida de nuestro disco y con el Teatro de Verano que hubo en diciembre. Era alucinante. Por supuesto, que estábamos entre contentos y a la defensiva, porque siempre había amenazas por todas partes, que era algo normal para una persona en esa época y sobre todo con nuestra edad”, describe Gabriel Peluffo en el documental Hoy como ayer producido por Tv Ciudad, actual vocalista de Los Buitres y que actuó en el escenario de la Rural del Prado en el Montevideo Rock de 1986 con su banda Los Estómagos. Sus canciones emparentadas con el punk y se destacaban, entre otras, La barométrica, La Penicilina y Torturador:

Eres solo un animal

un enfermo mental

máquina de torturar

programada para matar

 Y dirás que era tu deber

que solo cumplías tu misión

¿cómo pudiste llegar?

¿hasta tal degradación?

El tono contestatario pudo verse además en canciones de La Tabaré River Rock Banda y de Los Traidores. El público también demostró una actitud desafiante en el momento en que el intendente Jorge Elizalde fue amedrentado y abucheado por el público en el intento de entregarle el premio del concurso de bandas, organizado durante el Festival, al grupo Guerrilla Urbana por su canción Razzia. Ante tal circunstancia se vio obligado por su seguridad a entregarlo al costado del escenario.

La Rural del Prado albergó dos escenarios durante tres. Allí se alternaron bandas nacionales e internacionales. Los brasileros de Legião Urbana, a pesar de la trascendencia que tenía en la movida política y cultural en Brasil con temas icónicos como Qué país é este, fueron abucheados por el público. Mientras que Fito Páez compartió escenario con Fabiana Cantilo y estampó su furia al piano con Ciudad de pobres corazones, días después de la tragedia que sufrieron sus abuelas en la ciudad de Rosario. Sumo, y otras bandas locales y extranjeras complementaron la vehemencia del público de un Festival que el periodista Leonardo Haberkorn describió, en un podcast publicado en El Observador este mes como “una fiesta porque era una época de destape”.

Tropezón no es caída

La primavera del rock post dictadura se eclipsó junto con el gobierno colorado de la Intendencia. Además de los detractores desde la izquierda, la intención de crear espacios de convivencia se vio atacada en la segunda edición del Montevideo Rock dos años después. Esta vez en el Estadio Franzini, donde Los Tontos, la banda más popular de ese momento fue agredida por el público. A esto se agregó que las razzias realizadas durante el gobierno de Sanguinetti estaban enfocadas a tribus urbanas relacionadas con el movimiento del rock, a la vez que se incrementó la asociación de éste con la droga y el desorden. Este contexto generó que para 1989 la mayoría de las bandas se habían separado: Los Tontos, Los Estómagos, con un toque de despedida en el Cine Cordón, y Juan Casanova “despidiéndose” del país con canciones como Vivir en Uruguay.

Estoy viviendo en un país

Donde tenes que ser cheto o terraja

Donde si nada tenés te odian

Donde si tenes dinero te aman

Estoy viviendo en un sitio

Esclavo de lo material

Donde tu por ti mismo no importas

Porque el precio de tu ropa

Si importa mucho más

En 2017 la Intendencia de Montevideo volvió a tomar la consigna de la convivencia y apostó a aliarse con el rock y la movida tropical para que sean plataformas que incentiven el encuentro ciudadano. Sin embargo, el camino es otro. Después del tropezón a inicios de 1990, la crisis económica hizo implosionar la movida del rock nacional, que parecía estar en plena adolescencia por su carácter prolífico, contestatario y enérgico. Las canciones de La Vela Puerca, La Trampa y No te Va Gustar fueron el reflejo de una época teñida por la amargura de la incertidumbre de los jóvenes, quienes también demostraron la antipatía a los gobernantes del momento y su oposición a los partidos tradicionales emparentados con la derecha. Como por ejemplo se muestra en la canción titulada Fueron de No te va gustar.

Mi destino no lo elijo yo

y el camino tampoco

aprendimos solamente a flotar

y a vivir como locos

tenés permiso para quedarte a mirar

solo quieren tu voto

si te dicen que todo va a mejorar

ya no los mires

y nunca te olvides que…

fueron ellos

“Hoy el rock está consolidado al sistema como también la izquierda de alguna manera dentro del mismo sistema democrático capitalista en el que vivimos. A pesar de que a uno le guste o no le guste y quiera cambiarlo más o menos cada día, y hace lo que puede con eso. Ahí también, uno puede ver un paralelismo donde el rock también se adaptó. Uno ve Aunque cueste ver el sol o el Deskarado. El contenido político puede ser que haya una modificación a lo que se le canta, explicó Christian Di Candia, el prosecretario general de la Intendencia de Montevideo, cuya oficina fue la encargada de impulsar y organizar el Festival.

Convivir en este tiempo

“Que levanten las manos quienes estuvieron en el Montevideo Rock del 86”, pide a gritos Roberto Musso, vocalista de El Cuarteto de Nos desde el escenario. Entre más de 20 mil personas se ven algunas manos que son erguidas con orgullo. A los segundos, a la izquierda del escenario mayor, dos adolescentes en sillas de ruedas empiezan a bailar Yendo a la casa de Damián en una plataforma que fue diseñada para que las personas con discapacidades pudieran tener su lugar sin perder visibilidad del espectáculo.

“En la agenda que estamos llevando adelante hace un año y medio está enfocada en profundizar los ejes de convivencia. O sea, intentar utilizar el arte y la cultura como promotor de los encuentros en los diferentes espacios públicos”, explicó Di Candia cuando fue consultado por el motivo de la organización del Montevideo Rock. En relación a ello, también destacó que el Festival se vincula con otra línea de trabajo del gobierno departamental encabezado por Daniel Martínez: la equidad de género. Di Candia reconoce que hay una diferencia entre los hombres y las mujeres en el disfrute del espacio público. Para ello, la Intendencia viene desarrollando políticas públicas para abordar la problemática y se definió que el valor de las entradas ($300 pesos por día) tanto del Montevideo Rock como del Montevideo Tropical fuese destinado a la construcción de un plan de una ciudad segura para mujeres. Por tal motivo, el gobierno departamental mantuvo una reunión con la delegada de ONU Mujeres y, en el caso de desarrollarlo, Montevideo sería la primera ciudad latinoamericana en concretar la experiencia.

El anuncio de la Intendencia de Montevideo sobre los Festivales de la Convivencia, donde se conjugaron el Montevideo Rock y Montevideo Tropical fue lanzado con fotografías donde figuraban referentes de los dos géneros. También fue lanzado un spot publicitario donde una muchacha de alrededor de unos 30 años hace una analogía sobre las distintas etapas de su vida y los festivales nombrados, dando a entender que fue concebida en la fiebre de alegría de aquella edición del Montevideo Rock.

“Nuestro objetivo, así como los músicos que estuvieron en 1986 y dicen: ‘yo estuve’. Muchos cincuentones dicen ‘voy a ir porque estuve en el 86’. Incluso, en el relato del corto es ‘ahora te toca a vos’. Tratamos de jugar con lo histórico, pero también darle a las nuevas generaciones la posibilidad de que generen relato asociado a la cultura y a la música”, explicó Di Candia cuando se le preguntó qué relación ve en la edición de este año con las nuevas generaciones.

“Aquí solo se puede sentir música y amor. Bueno, les quiero contar que llegué 31 años más tarde a este Festival. No estaba en el país. Estoy contentísimo de que me acepten tocando rock and roll. Esta es la música que hubiera tocado en el 86”, dijo Rubén Rada sobre el escenario para después cantar con sus hijos Julieta, Lucila y Matías, la canción Negro compuesta en 1972 por la banda Tótem.

Negro que vivís cantando

Negro, que vivís soñando

Negro, que cantás desnudo

Negro, no seas tan.. Volvé

Volvé a cantar

Si vos no cantás, no va

Negro, de linda sonrisa

Negro, que corrés deprisa

Negro, que estirás tus manos

Negro, que encontrás hermanos

Volvé a cantar

La segunda jornada se completó con la actuación de La Trampa y de No te va gustar. La banda encabezada por Emiliano Brancciari invitó a Jorge Nasser al escenario, quien había tenido un controversial tweet el día que se anunció el Festival por no estar en la grilla y entendía que, como había actuado en la edición de 1986 con su banda Níquel, merecería un lugar.  No te va gustar siguió su espectáculo con la canción No era cierto, que representa la etapa de mayor auge del rock nacional, donde se apela a la emigración masiva después de la crisis económica.

En el escenario principal se interpretaron desde temas clásicos de la década de los años 80, bajo la consigna de enlaces de 1986, hasta temas del Cuarteto de Nos que recibieron Premios Grammy. La programación de los dos escenarios estuvo compuesta enteramente por bandas nacionales, aspecto que demuestra que es un género consolidado. Por lo tanto, el rock nacional ya no es un niño que precisa ser alzado en brazos por un gobierno y que a los días puede tropezarse. Tampoco recibe los rezongos del canto popular, ni es aquel adolescente prolífico de la crisis económica. El rock uruguayo llegó a la madurez y se permite escuchar los distintos estilos, mientras contribuye con la equidad de género, sin tener que pasar por el panfleto, y hasta se queda al otro día para escuchar al hermano de su tiempo: la música tropical, sin sentir celos.


 

 

 

 

 

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