Mi loco bandoneón. Fotorreportaje a Néstor Vaz


Por José Arenas / Fotografías de Paola Scagliotti

Néstor Vaz es ya un nombre indiscutido dentro del ámbito musical uruguayo, una referencia impostergable en un arte tan espectacular como traicionero; tocar el bandoneón. Es sabido que el murciélago de madera y tela con fueye musical de antigua iglesia, es un bicho difícil de domar y que no da tregua cuando se emprende el camino rumbo al idilio fatal con la bandola, la jaula. Sin embargo Vaz ya es un consagrado en el panorama rioplatense de los bandoneones y ha pasado a la categoría de Maestro, no solamente con el afecto que la palabra implica a la hora de referirse a un artista que domina su oficio, sino que, además, desde hace años Néstor Vaz se dedica a enseñar las encantadoras tristerías de la música orillera, primero con el fueye, y ahora, más cerca en el tiempo, al frente de la orquesta escuela “Bien de abajo”. La orquesta es una experiencia necesaria para que los jóvenes que se han visto atrapados por la niebla del tango vivan un fenómeno que, por suerte, desde hace tiempo es una fija en el camino de cierta parte de las nuevas generaciones; tocar tangos en una orquesta típica.

Luego de haber trabajado con muchos grandes del género, de haber grabado con cantantes y músicos consulares de la música uruguaya, Vaz comenzó a mostrar algunas de sus composiciones y en 2015 salió a la calle su disco “Tango Suites”, acompañado por su quinteto. Allí aparece una trilogía de suites tangueras que datan de diferentes años y diferentes historias y, con ello, diversas sonoridades y pulsiones del tango. Hay un vaivén entre las reminiscencias piazzollianas y cosmopolitas del tango contemporáneo, hasta el aire bien uruguayo de las miongas-candombes o la marcha camión. Todo con un paisaje sonoro de alta calidad y con arreglos arduos que hacen justicia al oficio de los músicos que conforman el disco.

Hace unos meses se produjo una presentación de algunas obras que forman el disco en la Sala Zitarrosa, junto con varias obras de Ástor Piazzolla (“Concierto para quinteto”, “Años de soledad”, “Cierra tus ojos y escucha”), un referente ineludible para el horizonte del bandoneonista.

Al respecto del momento actual que Néstor Vaz transita en relación al género, ya consagrado como referente y docente, nos acercamos junto a Paola Scagliotti a una esquina soleada de Malvín para conversar con el músico uruguayo. También se cuelan otras pasiones y oficios del Maestro, la geología, la poesía, la vida con su red de infinitos.

¿Cuáles son las bondades del tango instrumental?
Te tengo que hablar de lo personal, de por qué hice eso. Sabés que me gusta escribir, pero sería un poeta espantoso, entonces la forma de expresarme que tengo es a través de la música. Sin tratar de ser pretencioso es como intentar escribir una poesía; o a una ciudad, o a una mujer, o a un amor, a lo que fuera, pero a través de la música. Es lo que me sale, es lo que sé hacer.

Las suites de autoría propia que conforman el disco son de diferentes épocas, ¿cómo fueron apareciendo?
La primera suite la empecé en el 99´y la estrené en el 2000, que es la de Montreal. Yo, por distintas razones salí a trabajar afuera, y fui a Canadá. Y Montreal es una ciudad maravillosa, multi étnica, multi cultural, entonces yo hice muchos amigos y me salvó esa parte de la vida. Me dio trabajo. Fui una vez, después volví a ir, luego fui dos veces más después de varios años. Y bueno, la primera vez que fui, todo el tema de que estaba solo, la soledad, me dio por escribir, por hacer algo mío y surgió ahí la idea de una suite a Montreal. ¿Por qué una suite?, porque el concepto de suite engloba distintos movimientos musicales pero que tienen una columna vertebral, sea en la creación, sea en la relación temática que tengan los temas. Y bueno, intenté plasmar cuatro movimientos que tuvieran que ver con mi estado de ánimo, así que se llaman, con nombres en francés, “La llegada”, “Las hojas que caen”, porque en octubre del 99´era impactante ese cambio climático en Montreal, después “Soledad” y el último movimiento que es “La partida”, que era un poco la ansiedad de volver. Y surgió un poco por la ansiedad interna de expresar algo. Después ese hecho de estar con poco trabajo y complicado, me llevó a Amsterdam en unos años difíciles, 2000, 2002, 2004. Y también sentí que me recibían y lograba salvar el puchero.

¿El trabajo en esas zonas era como músico o geólogo?
Como músico. Yo, justamente, había quedado desocupado en geología. Por primera vez en mi vida estaba sin trabajo, entonces se me hizo harto difícil entender eso. Un tipo acostumbrado a tener su salario todos los fines de mes…

Me resulta interesante, porque en general la historia es al revés, al menos en el lugar común; hay una profesión que facilita el desarrollo de una pasión…
La música fue lo que salvó. Por eso yo adoro este instrumento, porque cuando las papas quemaron fue lo que me salvó la vida, poder ir a un Western Union en una ciudad y girar doscientos dólares para mi casa.

Y ahí en Ámsterdam ¿pasó al similar?
En Ámsterdam pasó algo similar, pero yo la escribí un poco después. La escribí como reflejo de todo lo que había vivido en ese momento  y además tenía los paisajes de la ciudad muy gravados en mi mente, porque las veces que fui me gustaba volver a mis lugares; el Museo de Van Gogh, el Rijksmuseum, la casa de Ana Frank, la casa de Rembrandt, ir reafirmando todas esas cosas. Me ha pasado en la vida de decir “voy a disfrutar de este lugar porque nunca más voy a volver”, pero la vida te da la chance de volver. No pasa con las novias, ni con los novios. Pero me pasó eso, entonces, además Ámsterdam me parece una ciudad increíble. Lo más difícil de entender es el idioma, porque es una asonancia, una consonancia, de cosas que no entendés nada, pero además las cosas interesantes para ver las tenés a trescientos o cuatrocientos kilómetros. Hacés eso y ya estás en Bélgica o en Alemania. Es muy interesante, muy linda ciudad. Y tuve la suerte de vivir las dos veces en un barrio muy lindo, que es un barrio de pintores y bohemios, que está muy cerquita del Rijksmuseum, del Museo de Van Gogh y estás en frente del Canal de los Espejos, que es para el que yo le escribí un movimiento, “Luna sobre el Spiegelgracht”, que es un lugar con barcitos, muy bohemio, muy lindo. Me encantó esa ciudad. Y después Montevideo, porque bueno, es mi tercera madre adoptiva, para mí y para mi familia, es una ciudad que adoramos. Yo nunca me tuve que ir de este país obligado, pero tampoco me hubiera ido, por distintas razones. Te digo más, está Buenos Aires ahí y yo no voy mucho a Buenos Aires. Quizá sea la distancia entre lo pueblerino y lo citadino, vengo de un pueblo muy chico, después Florida, no podría vivir en esa ciudad tan grande, me ahoga. Pero entonces, un poco en agradecimiento a Montevideo donde he trabajado mucho y conozco. Por eso elegí la rambla para la suite, la rambla y la playa son los lugares más democráticos de este país, allí no hay discriminación, creo yo, no hay misoginia ni homofobia. Uno va a la playa y a nadie la importa la barriga de la señora, o del señor que tomó treinta cervezas, o la cola caída, por lo menos a mí no me interesa, es la opción de cada uno y ni nos conocemos. Es de lo más democrática, y la rambla, a su vez une a todo Montevideo.

Teniendo en cuenta el último concierto de hace unos meses y el repertorio elegido, ¿la música de Piazzolla sigue tan vigente como en un principio?
Sin duda. Es un tipo que, si bien puede ser que armónicamente haya muchas cosas que Piazzolla no encaró, yo siempre pienso que Piazzolla fue muy bueno en contrapunto más que en armonía. En armonía se manejó con lo clásico y algunas variaciones, hubo un gran campo que él no explotó. Pero lo que él creó tiene un certificado de autenticidad y tiene una cosa, que es la calidad. Y en el arte, contra lo que vos no podés tirar, aunque quieras tirarlo abajo es la calidad. La calidad y la autenticidad en la creación, sea poesía, lo que sea, lo que tiene calidad va a permanecer. Fijate en las grandes obras de la humanidad; en la pintura, en la escultura, en el grabado, en la música, lo que está bien hecho y tiene la autenticidad del sentimiento en la creación, eso permanece. Por eso sigue tan vigente. Y además, porque la humanidad, a mi manera de ver, tienen un grado de inercia menor a la que tienen los genios. Los genios siempre van más adelantados que la masa, en todas las cosas, entonces la masa, hablando de la masa tanguera ortodoxa, recién en los últimos veinte años está empezando a entender y valorar su música. Y con toda la humanidad debe pasar eso. Hay algo curioso que se puede hacer con Piazzolla; vos agarrás uno de los múltiples videos suyos que hay ahora, cualquiera, desde el 88´, por ejemplo, y hay miles de comentarios. Y de repente aparecen “impresionante, acabo de descubrir, lo descubrí hace tres años, cuatro años”, cuando él ya no vivía. A nivel de masa recién ahora su obra es comprendida. Creo que eso se puede atar con lo que yo te digo, muchas veces la creatividad, la genialidad de esos referentes se comprenden o se valoran, mejor dicho, mucho después. Por eso yo creo que tiene vigencia. Y el gran desafío es ¿qué más después de él? El tango tiene como una Espada de Damocles; Manzi, Piazzolla, la música sencilla y extraordinaria de Gardel. ¿Cómo saltamos arriba de esas varas? Yo sé que hay que buscar camino, que el arte no se termina si hubiera sido todo así la pintura se terminaba con el Tintoretto, o con Goya y Velázquez, y no venía Picasso o Dalí. El arte sigue, continúa, pero justamente lo interesante está en cómo se da ese paso.

¿Por qué se sigue eligiendo el tango siendo tan “peligroso”?
Porque es algo que se siente. ¿Por qué el tango se expande? Porque ya era Patrimonio de la Humanidad antes de que se decretara, fue consagrar algo ya establecido, ¿Por qué el tango? Yo pienso que es porque tiene una vivencia, es algo introspectivo, es algo para adentro. Quien cante, quien lo toque, quien lo baile, es para adentro. Las danzas que más se bailan en el mundo hoy; enloquecidos todos con salsa y tango, hay academia por todos lados, ¿qué lleva a esos tipos a bailar eso? Quizá porque lo ven como algo exótico, sí. Pero después que vencen esa barrera, los tipos se apropian, se enamoran de eso. ¿Por qué tipos que bailan tango no bailan salsa? ¿Por qué un alemán o un canadiense sale de noche a bailar tango, teniendo al lado un lugar para ir a bailar salsa? Es que es otra cosa, es para fuera. El tango lo bailás serio, ¿por qué los músicos de tango tocamos cara seria, cara de tango? Es que es algo para adentro, vos estás tocando para fuera, pero en realidad estás escribiendo para vos. Vos escribiste algo, pero primero lo escribiste para vos, después verás cómo pega afuera, pero si lo que escribiste es auténtico y la gente se da cuenta, eso va a permanecer. Para mí el éxito del tango en el mundo, del punto de vista de la captación de gente, como si yo llevara un vino tannat y la gente se enamora de eso, para mí es por eso. Es un viaje a tu interior transportado por la música, por la danza, por lo que fuera, que, cuando termina, tratás de salir bien porque recordaste a tu padre que no está, a tu madre, el amor que perdiste, el país que no tenés, el barrio que no está, y ta. Es ese viaje, y salís.

Y es peligroso ese viaje…
Por supuesto que es peligroso. Hay quien se queda, “primero hay que saber sufrir, después amar, después partir”. No podés quedarte en eso, tenés que salir, entonces vos salís de eso y fue un viaje. Yo toco “Adiós Nonino” y recuerdo a mi padre, pero toco eso y lo recordé, después salgo y mi vida sigue, pero ese momento de recuerdo y de emoción, y de sentimientos es único. Y se da con el vehículo de la música. Yo creo que por eso es una música que capta gente, es algo introspectivo, en la música y la poesía, el tango habla de cosas tuyas.

¿Cómo es y cómo se fue dando la experiencia de ser el director de una orquesta escuela de tango?
A mí siempre me gustó enseñar. Yo fui docente muchos años en la Universidad después de la dictadura, y me fui, porque me hastió, pero me gustaba mucho enseñar. Me gustaba también la investigación, pero enseñar me gustaba mucho también. Y después que salí de la Universidad esa parte quedó en stand by hasta que empecé a pasar cuestiones de bandoneón a los alumnos que quisieran estudiar conmigo. La idea de la orquesta yo la tenía desde el 2011, 2012 y por distintas razones no se daba, y después, con los muchachos que venían a casa, empezamos a buscar güirises. Y eso está basado en que a mí me gusta mucho transmitir, pensé que tenía mucho para transmitir. Yo tuve un momento difícil de salud y pensé que todo se terminaba y cuando salí de eso dije “bueno, es ahora”, porque lo que aprendí lo tengo que pasar. De nada sirve que aprendas algo si lo guardás adentro de un cajón, hay que pasarlo. Imaginate que un tipo descubre la cura contra el cáncer y lo guarda; si no lo pasás al resto, no sirve de nada. Y yo quería pasar lo mío a los demás, lo más honorariamente posible porque a mí no me cobraron para enseñarme y bueno, al punto tal que me he apasionado y dedico muchas horas por día a eso entre coordinar, buscar temas, hacer llamadas, etc. Por suerte hemos tenido una muy buena recepción por parte de los jóvenes, porque, a mi manera de ver, ha habido un cambio sustancial en los últimos quince o veinte años entre los jóvenes y el tango. Los muchachos ya no lo esperan, como siempre se dijo, eso de que te llega a los treinta, treinta y cinco entonces escuchás “Vieja viola” por El Pepe (Guerra) y Braulio (López) y decís “esto es increíble”. Pero es más que eso, hoy día muchos muchachos van hacia el tango y van sin preconceptos, y al conversar, en general surge eso de que escuchaban con sus abuelos, o lo veían bailar. Es algo que casi no tiene explicación, pero evidentemente es algo genético, algo que se ha adquirido, y con los muchachos ha pasado eso. Muchos bailan, algunos se animan a cantar y otros se animan a tocar tango, ya no les da vergüenza que sus compañeros los vean o sepan, al contrario.

Y el formato de la “orquesta típica”, específicamente,  ¿era necesario?
Sí, claro. Se podría haber hecho con conjuntos menores, pero creo que lo más lindo es, justamente, formar una orquesta tradicional como eran las orquestas icónicas del tango. Lo que debo recalcar que lo que yo siempre les digo a los gurises es que están estudiando distintos estilos, pero que no se queden en eso. Es como aprender las letras, las vocales, las consonantes, las palabras, etc. pero hay que volar, y en el tango es lo mismo, no se pueden quedar en eso, tocando toda la vida eso, porque el tango no es sólo lo que ven ahí, el tango tiene que ser otras cosas y el aporte tiene que venir de los jóvenes, no de los viejos. Tiene que ser de ellos. Yo ya peleé, ahora les toca a ustedes. Yo les doy todo lo que tengo, tienen que conocer la raíz, de dónde viene, pero también tienen que estudiar y volar. Y así probablemente salgan arregladores, compositores, directores, si no es de este núcleo será del que viene. La semilla ya está sembrada.

¿Cómo ve el panorama del tango, en general, en Uruguay?
Quizás no haya la cantidad de trabajo que realmente debería haber, ese es un tema que tiene varias patas. Para mí el cuello de botella de toda la situación del tango pasa por la difusión, si no tenés quién te difunda, es bravo. El ochenta por ciento del tango, hoy, lo consumen bailarines, hay milongas, vos vas a una milonga acá, en Buenos Aires, en Asia, en cualquier lado y casi todas pasan prácticamente lo mismo, las mismas orquestas, son muy pocas las que varían. Entonces, una persona que viene de un pueblo de Polonia que quiere ver o aprender tango, y vos le pasás Panchito Cao y Los muchachos de Antes, de 1914, Canaro de 1925 y lo más jugado es algo de D´arienzo entre el 45 y el 60, ellos creen que el tango es eso. No, es mucho más. Entonces eso hace que uno vaya a cualquier lado y tenga que tocar lo mismo; “Malena”, “La última curda”, “El choclo”, “Che bandoneón”, y los profesores enseñan lo mismo, y los Dj´s pasan lo mismo y los cantantes cantan lo mismo, son muy pocos los que se animan a cantar cosas nuevas, o mezclar cosas nuevas. Entonces si un creador no es ejecutante y alguien no toca su música, o interpreta sus letras, incluso que la divulguen, las obras quedan en un cajón. Por eso el género no progresa porque no se difunde, no es que no haya cosas; hay poetas, hay músicos, todos nuevos y muy buenos, pero no tienen difusión. Está la idea de que el tango crece y por supuesto que lo hace, como industria, pero ¿a costa de qué? de siempre lo mismo. Con el armado del turismo alrededor del tango se le ha hecho mucho daño al tango, se termina tocando siempre lo mismo, a veces no con la mejor calidad y se vuelve un tango para turistas.

¿Por eso se hizo necesaria la composición?
Sí, claro. Primero lo hice porque lo sentí, porque tenía algo para hacer. Y segundo porque, como me dijeron varios amigos, estábamos esperando hacía años que salieran a la luz. Yo, por autocrítica, o no sé qué, no las grababa. Pero hay un momento en el que hay que salir, y la gente entiende lo que uno quiso plasmar ahí. Pero bueno, ¿quién divulga?

¿Y el futuro es promisorio?
Siempre pienso que es promisorio. Y aún más acá, porque Montevideo, por suerte, todavía está incontaminado de ese tema de las milongas que te mencionaba antes para turistas. Acá eso no existe. Yo he ido a tocar a milongas acá, me encanta, y vos ves las parejas y los conocés a todos, son gente de acá. Eso es como cuando bailaban mis padres y mis tíos en el pueblo, eran doscientas personas y estaba todo el pueblo ahí bailando. Era música popular, eran bailes familiares, eventos donde las familias bailaban con orquesta. Eso es lo que está faltando un poco en la gestión de la cultura de este país, no solamente llevar el tango al Solís, y a la Zitarrosa, y a la Adela Reta. Está ese concepto que se manejó muchos años de llevar el tango hacia ahí, y ¿a quién no le gusta tocar en el Solís o en el Auditorio? Pero lo que hay que hacer es el camino inverso, llevarlo a los barrios. Porque por más que vos digas “hago el Solís gratis y traigo gente de un barrio humilde”, sí, está genial que vean, conozcan, pero muchos no pueden ir porque no tienen ropa, o porque ya lo vieron allí y quisieran verlo en su barrio, llevarse la silla y mirarlo tomando mate. Hay que ir a los barrios como muchas veces lo ha hecho la Filarmónica. Llevales la música al barrio, embarrate como artista, embarrate con ellos, y no solamente por una cosa proselitista, sino porque estás convencido de que hay que llevarlo allí. Llevales la danza, la música, la poesía, llevales conferencias. Estoy convencido de que hay que llevarlos allí, porque de ahí viene el tango. La cosa debería pasar por ahí.


 

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