“Para cuando salga tengo todo muy bien encaminado”. Fotorreportaje a Kung Fu OmBijam

Kung Fu OmBijam se presenta este jueves 7 de noviembre en la Sala Zavala Muniz. Será un espectáculo donde mostrará adelantos de su nuevo disco, “Iluminando la sombra”. Tendrá como invitados especiales a Emiliano Brancciari, Santiago Cutinella, Lucía Ferreira y otros. Kung Fu OmBijam está preso desde hace ocho años pero ha encontrado en la música un camino de salvación. Y cuenta cómo ha sido ése recorrido entre celdas y escenarios.


Entrevista de Mauricio Rodríguez / Fotografías de Javier Noceti

Federico González Canavesi baja unas escaleras corriendo, saltando varios escalones, a una gran velocidad. Unos minutos después vuelve, más lento y agitado, con un vaso con agua en cada mano. Lo ayudo a abrir la puerta y me saluda con una risa amplia y un “muchas gracias”. Estamos en una de las salas de Ciudad Música y Federico deja los vasos en el piso, contra una pared. Lleva un vaquero azul, una remera con la leyenda “Nada crece a la sombra”, championes grises y un gorro de visera también azul, que se sacará varias veces en la tarde.

En el piso hay cables de colores que se cruzan con alargues, parlantes y alguna mochila. Federico se pone entonces en la piel de Kung Fu OmBijam y saca la lista impresa de las canciones que van a ensayar esa tarde, preparando el recital que dará el 7 de noviembre. Esa noche presentará su segundo disco en el Teatro Solís.

Las reparte entre sus compañeros, se hacen mutuamente algunas indicaciones, y Federico dice “vamos a hacerlo dinámico”. Empieza a sonar entonces – en un vinilo que empieza a girar en una bandeja – la base de la primera canción. Kung Fu OmBijam rapea y cruza palabras que hablan de esperanza, sentir, libertad, culpa y sistema.

Tiene 33 años y cumple una condena de la cual aún le quedan unos seis años. Entre sus antecedentes está el hurto, la tenencia de armas y el copamiento. Estuvo en el Comcar y en la Cárcel de Canelones, hasta que llegó a la Cárcel de Punta Rieles. Participó de talleres de murga y de clases de yoga. Desde niño, en los tiempos en los que hacía Karate, tuvo al rap como una forma – su forma – de hacer música. Y ha dicho que fue, precisamente, la música la que lo salvó. En varias entrevistas ha contado que vivía “un mundo de película”. Solo le importaba el dinero, el alcohol, la pasta base y la “merca”. Está alojado en la Cárcel de Punta de Rieles y, gracias al artículo 120 de la Ley 18.315 de la Constitución, puede salir a rapear en conciertos, pero siempre con custodia policial. Tiene ganas, dice, de recuperar a la familia que perdió, sobre todo a sus hijos Ariana, de 12 años, y Santi, de 9.

Cayó preso cuando tenía 24 años y ahí es cuando comenzó a indagar profundamente en el género. Compuso sus propias canciones, que llegaron a oídos de Pamela Martínez, la directora del programa “Yoga y valores en cárceles”, que en 2015 fue la que gestionó los primeros contactos con Sebastián Peralta (productor artístico) y Álvaro García. Ellos, con el apoyo de Agadu, lograron que Federico grabará su disco debut “Desahogo cultural”. Hoy es reconocido por las letras e interpretaciones grabadas en ese disco, que le valieron en 2017 el premio como mejor MC Solista otorgado por los premios al Hip Hop (de “El quinto elemento”). También participó de los festivales más concurrido de la escena local (Montevideo Rock, Montevideo HipHop, Día de la música, Festival FIIS). Este año fue invitado a abrir los shows de “La Vela Puerca” y “Cuatro pesos de propina”.

Ahora está en la sala, concentrado y ensayando su segundo trabajo. Repasa todas las canciones casi sin pausa. “Todos los políticos están de zarpe”, dice una de las letras. Improvisa, se equivoca, se ríe y vuelve a empezar. “Me gusta esa base, es radial”, le dice a sus compañeros. Luego deja el gorro colgado de un micrófono, se dirige con la mirada a un público imaginario, y agrega: “Gracias por acompañarnos en este mini Solís”. Saluda y se vuelve a reír.

¿Cómo es un día en tu vida actual? ¿Qué haces durante el día?
De mañana temprano desayuno y lavo. Voy a trabajar. Trabajo de limpiador hace cuatro años y medio, en el mismo lugar. En la cocina del Casino. Luego limpio la celda, y me voy a la radio al mediodía. Me quedo ahí un rato y después me voy a caminar, trotar, hacer deporte. La segunda tanda de trabajo de tarde vuelvo, y me quedo tranquilo en la celda. Escribo, converso con mis cuatro compañeros de celda, hasta la cena.

¿Qué es lo que más difícil se te hace de estar privado de libertad y qué has logrado sobrellevar mejor?
Lo más difícil en este momento, ahora, para mí, es tener que realizar algo y depender de otro para poder hacerlo. O por ejemplo tener ganas de caminar al patio y que se venga una “tranca”. No ocurre mucho acá, pero cuando pasa, la re sentís. O cuando se te va un ser querido, cuando fallece alguien, se te hace muy difícil no poder estar acompañando a los que te rodean.

¿Lo que haces “influye” a otros compañeros que están privados de libertad?
No sé si busco que influya directamente. Sí está bueno que hay que cosas que uno comenta que quizás otros compañeros puedan utilizarlas. A su manera. Y aprovecharla. Sin querer, a veces termina influyendo, pero yo no busco eso. Uno busca hacer lo que uno siente. Si después influye, mejor.

¿Qué sentís cuando salís a ensayar o tocar y luego debés volver a tu celda?
Es lo que me toca. Es lo que tengo que hacer. No me gustaría, pero es lo que me toca.

¿Cómo te ves saliendo en libertad cuando llegue ese momento?
Me veo muy bien, para cuando salga tengo todo muy bien encaminado. Un lugar a donde ir, de qué trabajar. Seguir llevando la vida en la música. Tengo para compartir varias comidas con compañeros y compañeras. Tengo muchas ganas de mojarme los pies en la playa.

¿Qué debería cambiarse en el sistema carcelario para que efectivamente sea un lugar de cambio?
No sé si cambiar, sino lo que se tendría que hacer sería que pongan a una persona que haya estudiado, que tenga carrera. Que tenga cancha. Y que se vea realmente si tenes voluntad, ganas, cómo va tu proceso. Todo eso. Porque te aseguro que hay muchas personas que están en condiciones de ser liberadas y siguen acá adentro. Y cuando apenas te estás por ir deberían conseguirte un trabajo, preguntarte si querés trabajar, si tenés dónde ir. Porque en definitiva el sistema te mete y ver el sistema cómo te saca.

Mirando el camino artístico que hiciste, ¿qué sentís que te dio la música?
Me dio muchas amistades, muchos momentos, mucha felicidad. La música le dio música y vida a mi alma.

¿Qué es lo que te detona la letra de una canción? ¿Un recuerdo, una anécdota?
Algo basado en hechos reales. Y cuando tiene notas que te atrapan. Y lo que hago está siempre basado en hechos reales. Porque no tengo otra cosa (Risas).

¿Por qué elegiste el rap como género para expresarte?
Porque fue de lo que me nutrí desde adolescente. Fue lo que me atrapó, me quedé por ahí. Me gustan varios estilos pero el rap es lo que hago.

¿Tenés posibilidades de escuchar música? ¿Qué te gusta escuchar?
Sí, escucho. Escucho mucha cosa, pero me gusta mucho Snatch Scratch.

¿Cómo ve el resto de los privados de libertad que hagas música? ¿Te apoyan? ¿Te lo cuestionan?
Me apoyan, sí. Y también me cuestionan. Pero bien. Es un ida y vuelta. Es normal. No es normal la manera en la que salgo, pero tampoco lo oculto. Porque me gustaría que otros compañeros aprovecharan las oportunidades que se dan. Pero eso depende de cada uno.

¿Cómo recordás la primera vez que te dejaron salir a hacer música? ¿En qué contexto y qué saliste a hacer?
No fue a hacer música, fue a hacer teatro. Y fue increíble. Compartir algo así con compañeros, en una obra que todavía se hace. La lleva adelante un compañero que está privado de libertad, que se llama Adrián. Eso me empezó a devolver la libertad al cuerpo.

¿Qué sentís que aún tenés pendiente en la música y te gustaría hacer?
Tengo pendiente muchas cosas. Creo que la música se termina cuando “se apagan las notas”, o sea, cuando la persona ya no está más. Pero sigue quedando la música, trasciende. Pero me quedan muchísimas cosas por hacer. Me gustaría repartir la música por todo el mundo, viajar y llevar el rap que uno tiene. Y con la música visitar otras cárceles.

¿Qué le dirías a otros privados de libertad que puedan llegar a leer esta nota?
Que es importante el saber qué es lo que quiere uno para su vida. No ser egoísta. Compartir. Sumarse a los proyectos. Si queremos dejar algo, valorar lo que tenemos. La familia, acompañarla, ver qué necesita. Y no mirar tanto por nosotros. Valorar la vida, el sentir, la naturaleza. Y no valorar la plata. No el mundo material sino el mundo natural.

¿Es posible la rehabilitación?
Es posible la “habilitación”. Tienen que hacerla posible. La “rehabilitación” es una palabra que encajó el sistema. Pero lo que tiene que haber acá es “habilitación”. De derechos, de trabajo, de cultura, de educación.


 

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