Piazzolla y las milongas lentas. De Tanguedia Ediciones

Tanguedia es una publicación cultural de Tango y Ciudad del Río de la Plata / Segunda época.

Escribe Ramón González


“…que extraño esto de estar viajando con Astor, yo, el culto que me las sé todas, el compositor de obras en lo que lo popular no entra. Siempre supe que la música popular y la “culta” pueden tocarse tangencialmente pero no juntarse. Pero acá yo estoy como pianista; no como compositor… Pero inevitablemente, mi presencia aquí incluye todo mi imaginario, toda la música que he escuchado tocado y compuesto. Tal vez ése es el ingrediente que Astor estaba buscando, tal vez por eso me llamó”.

 (De Diario de Viaje de Gerardo Gandini. Fragmento recogido por Carlos Kuri  -“Piazzolla, La Música Límite”-, Ed. Corregidor, Bs. As.)

La forma  de componer de Astor Piazzolla tendría que ser objeto de un análisis profundo realizado por técnicos en la materia, ya que la misma transita por diversidad de recursos y una metodología compleja y variable. Como simple admirador y “escuchador” de la obra de Astor, me limitaré a una elemental y muy notoria clasificación de la misma a la que he llegado sencillamente por la frecuentación de su música.

Gerardo Gandini, quien fuera el último panista que acompañó a Piazzolla (año 1989, Sexteto Nuevo Tango), es también un prestigioso y respetado docente, director y compositor, habiendo recibido por estas tareas múltiples reconocimientos. Sus estudios musicales y la cercanía a la obra de Piazzolla, lo facultan para opinar con autoridad.

Pues bien, Gandini ha expresado que “…lo mejor de Astor como compositor, está en las obras que se entroncan con la tradición tanguera”, o sea, los tangos canyengues, mordaces, incisivos, repletos de ímpetu y de sensualidad.

Pero si tomamos la obra de Piazzolla en un sentido amplio, vemos que existe una variante (o yo diría una división), que está dada por la escritura de las milongas lentas, minoritaria sí, pero no inferior en calidad creativa.

Vale la pena recordar que cuando estudiamos los orígenes del género, nos situamos, aproximadamente, en 1880, fecha en la que ya estarían instaladas en el Río de la Plata tres formas populares con la misma división musical (2×4) aunque, provenientes de distintos lugares: habanera, tango andaluz y milonga. Son los denominados géneros informantes.

Sin lugar a dudas, las llamadas milongas lentas de Astor, tienen su génesis en la milonga  propiamente dicha y en la habanera.

Con la idea de que esto no quede sólo plasmado en la escritura, se hace necesario mencionar algunas de estas obras, para que el lector las ubique (y a lo mejor hasta pueda escucharlas) y de ese modo concordar o no con estos comentarios:

Empecemos por Romance del diablo. En el decir de Diego Fischerman, “Una milonga basada en un pie rítmico de habanera, con un comienzo como en brumas y una melodía casi permanente, paralizante”. Está contenida en el LD “Concierto en el Philarmonic Hall de Nueva York”   (Polydor 27136/965), grabada por el Quinteto.

En el mismo disco se graba por primera vez una de las obras más representativas de esta modalidad: Milonga del ángel. En la introducción, que es un fondo rítmico dado por el violín y el piano, se produce un efecto sensible y enigmático que luego, cuando entra el bandoneón, se convierte en una melodía triste, lánguida, un tanto distante y abrumadora; una de las más hermosas escrituras de Piazzolla.

A diferencia de la anterior ésta fue incluida frecuentemente en el repertorio del Quinteto de la segunda época (el Quinteto tuvo dos etapas, de unos diez años cada una; 1960-70 y 1978-88), y del Sexteto Nuevo Tango (1989).También fue grabada por estos conjuntos en reiteradas oportunidades. Cuenta López Ruiz, que llama la atención que Piazzolla nunca cambió el arreglo original, más teniendo en cuenta que Astor se aburría de tocar siempre lo mismo y frecuentemente lo modificaba.

En el primer disco del Conjunto 9, “Música Contemporánea de la Ciudad de Buenos Aires”, Vol. 1 (RCA Victor AVS 4069, 1972), aparece una extensa obra titulada Homenaje a Córdoba, también inscrita dentro de las características que se están tratando. Dada la constitución del grupo,  debido a su prolija escritura y a su estructura armónica, la pieza cobra relieves de música sentida, arraigada y profunda.

También en 1972, ya más cerca de  la música clásica, Piazzolla escribe “Milonga en re” para violín y piano. La misma, es bien representativa de esta manera de componer de Astor que incluye un efecto algo sombrío. Conozco una sola grabación que es del violinista Gidon Kramer, quien además del piano agrega contrabajo, en un disco denominado “Hommage a Piazzolla”, Nonesuch 7569-79407-2, 1996.

En el año 1975, Piazzolla escribe la banda musical para el film de Jean Moreau “Lumiere”. Son cuatro pasajes musicales y uno de ellos, Soledad, es una milonga lenta sumamente expresiva. Toda la música de la película aparece en un disco del Conjunto Electrónico con Antonio Agri en violín. (Trova DA 5005, 1975).

En 1979, Piazzolla escribió la música para el film “El infierno tan temido”, dirigido por Raúl de la Torre, cuyos protagonistas fueron Graciela Borges y Alberto de Mendoza y que se basa en el cuento homónimo de Juan Carlos Onetti. En 1981 obtuvo el “Cóndor de Plata” como mejor película y, en su banda de sonido vuelve a aparecer el formato de milonga lenta: Isa Rizzo (partes 1 y 2), Tema di Grazia (casi en su totalidad) y un breve pasaje titulado Grazia amor. Está grabada por el Quinteto y el soporte es Ans records 12011-2

Desde 1978, Piazzolla optó por pasar sus vacaciones en Punta de Este y en 1982 fija allí su residencia permanente.

De su inspiración en Punta del Este, en una primera parte (1978-79) surgen los títulos Escualo, Marejadilla, Biyuya, Movimiento continuo, y Verano del 79, todos contenidos en el disco “Biyuya” (Interdisc SLIM 3055), registrado por el Quinteto. Me detengo en Marejadilla: son pocas las veces que Piazzolla se expresó a través de la música descriptiva (ejemplos, Buenos Aires hora cero, Lunfardo, Escualo). El término Marejadilla, define un estado apacible de las olas, el movimiento es manso, agradable, motiva a la paz y a la reflexión; pues bien, en Marejadilla, el autor realiza como una fotografía de esta situación (música descriptiva al cien por ciento) y la forma musical no puede ser otra que milonga lenta.

Y volvemos al cine: “La intrusa” es una producción brasileña de 1979, inspirada en el cuento del mismo título, de Jorge Luis Borges. El director es Hugo Christensen y la música de Piazzolla. La milonga lenta está presente en 28 de los 35 minutos que dura la banda de sonido. Está registrada por el Quinteto (Ans 12013-2, 1982). A lo largo del trabajo, aparecen fragmentos de lo que más adelante, en 1981, se concretaría en Hay una niña en el alba (Piazzolla-Ferrer), obra llevada al disco por varios intérpretes, entre los que se destacan Jairo y Guillermo Fernández.

En 1984, se estrena Enrique IV, película italiana de Marco Bellocchio con Marcello Mastroianni y Claudia Cardinale; la música es de Astor y en la banda de sonido, que dura 32 minutos, se incluyen cuatro versiones de Oblivion (no falta quien diga que es la melodía más bonita concebida por Piazzolla). A diferencia de la amplia mayoría de las piezas tratadas con esta propuesta, que nos convocan a la reflexión, a la meditación profunda, Oblivion muestra un tono de dulzura y transita, más bien, por el camino de lo romántico y lo sentimental. La totalidad de música de la película está en el disco de Milan-Music A 234, 1984. Las cuatro versiones de Oblivion son para orquesta (en todos los casos) con bandoneón solista, trombón solista, oboe solista y guitarra solista. Un año después, Piazzolla con su Quinteto y la voz de Milva, vuelve a registrar Oblivion (Metronome  825125-2).

Como dato final cabe agregar que Oblivion también fue escrita en Punta del Este, en la que podríamos llamar la segunda etapa de producción del  maestro, o sea, la que comprende Tanguedia, Tango apasionado, Mumuki,  Camorra I, II y III, Sexteto y, Preludio y fuga, entre otras.

Antes del ejemplo final y rompiendo con el orden de las fechas, quiero recordar Soledad, de la Tangata Silfo y Ondina que el Quinteto grabó dos veces, en 1969 y veinte años después en su excelente último disco. La  Tangata consta de tres movimientos: Fugata-Soledad-Final. El primer disco es Trova TL 13027 y el último American Clave CD 1021.

Me referiré al disco de 1969: -Dante Amicarelli (p), Oscar López Ruiz (ge), Antonio Agri (v), Kicho Díaz (cb), Piazzolla (b)-.

Lo que se siente al escuchar Soledad parece mágico. Hoy a 49 años de haber sido escrita, esta milonga lenta, sigue conservando un sonido fresco y del futuro. Nos sorprendemos gratamente por la calidad de su escritura y por la “calentura” de los músicos que (aunque la mayoría ya han fallecido) continúan estando vigentes desde su música y siguen siendo unos fenómenos de precisión y sensibilidad. Hay que escuchar con atención la extensa y magnífica introducción “milongueada” del piano respaldado por el contrabajo; a ellos, se va sumando casi imperceptiblemente el bandoneón, hasta que llega la entrada de violín que poco a poco se convierte en protagonista. Todo esto amalgamado por los acordes de la guitarra (más allá de su pasaje solista) y apuntalado por el espléndido pulso del contrabajo.

Llagamos así  a 1987 momento en que sale a luz Milonga para tres. Es grabada el mismo año por un Quinteto que se formó sólo para el disco y que de su anterior integración solamente incluye a Fernando Suárez Paz y al propio Piazzolla. El CD es del sello American Clave AMCL 1019. También, dos años después, Piazzolla volvería a registrar para el disco Milonga para tres, pero esta vez con el Sexteto Nuevo Tango (Intuition Mus. 3079-2). Aquí, con cualquiera de estas dos versiones,  el creador reafirma categóricamente lo que ya venía demostrando desde años atrás: la certeza definitiva, sin lugar a dudas, que las nuevas estructuras armónicas y rítmicas que extrajo del jazz y de las obras clásicas, en beneficio del tango (no para someterlo a ellas sino para  enriquecerlo y universalizarlo) también eran una herramienta válida para este tipo de composición.

(Me resulta imposible no recordar una breve frase del compañero de tangos Rodolfo Rodríguez Laurido y hacer un comentario al respecto: “Al tango no hay que vestirlo, hay que alimentarlo”. O sea, no adornarlo, pero si necesariamente nutrirlo. No se trata simplemente de tomar otras formas musicales y anexarlas, porque, en definitiva, esas músicas aleatorias quedan como un parche. El proceso de Piazzolla, como bien lo explica Carlos Kuri en su libro ya citado, se produce desde el interior mismo del tango. Es centrífugo, sale desde el núcleo, desde el centro y crece, capitalizando a favor del género, la música clásica y diversas expresiones de la música popular que actúan nutriendo al género-madre y que a la vez están sometidos a éste.

Piazzolla alimentó al tango (y a la milonga lenta) con estos elementos. Pero les dio una dieta balanceada, porque si les daba en exceso iban a poner obesos y por consiguiente a perder su forma.

¿Qué podría haber seguido haciendo Piazzolla de haber vivido unos años más? Mejor no pensar en eso.

Disfrutemos sus discos y sus videos y purifiquemos nuestro espíritu con su música.

Horacio Malvicino expresaba:

A Astor no lo tenemos físicamente, pero sí tenemos su alma, porque su música sigue viva y él es un referente indiscutido en el mundo. El marcó un camino a los que lo siguieron. Sirvió y sirve de ejemplo para muchos, y es más que significativa la cantidad de grupos que hoy toman su música (…) Además de su amistad, Astor me dejó un legado de sabiduría”.

Y… repito una frase de Natalio Gorin que ya varias veces utilizada:

 “Gracias maestro, porque tu música ayuda a vivir”


 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*