Richie Ramone en Montevideo

La vigencia de los Ramones y su legado en Uruguay. Richie Ramone en Montevideo.

El motor de los tres discos más duros de los Ramones animó el cumpleaños de los Moors.


Por Ginny Lupin

Richie Ramone pasó por Montevideo, y si hay una palabra que describe el clima de Bluzz Live en la previa del show del baterista, es la emoción. El miércoles 9 de Mayo, la esquina de Defensa y Muñoz fue el punto elegido por muchos para cortar la semana de la mano de clásicos ramoneros y una esencia Punk Rock que sin dudas sigue vigente para gran parte del público local.

Los Wezos fueron los encargados de abrir la noche. Desde Argentina y con nuevo material bajo el brazo, supieron dar un show verdaderamente Punk. El cierre, con un cover de Break it All de los Shakers, fue el broche de oro para terminar de ganarse al público oriental.

Como dato a destacar, dos de los tres grupos que subirían al escenario a lo largo de la noche, contaban con chicas a cargo del bajo. Tanto los Wezos como la banda que acompañó a Richie Ramone, supieron dar cátedra del rol femenino en el Punk Rock, con dos intérpretes a la altura del espectáculo.

Le siguieron los Moors, los verdaderos homenajeados de la noche, con un repaso obligatorio de sus 10 años de trayectoria.

Y es aquí que el público recibe la primer imagen de Richie Ramone en vivo y en directo, sorpresivamente personificando a un sacerdote. Justamente, una figura tan alejada de la concepción popular de lo que un Punk representa, fue la elegida por el baterista para animar el show de los Moors.

Claro que el disfraz guardaba un motivo: unir en (¿sagrado?) matrimonio, bajo el poder que el fanatismo religioso generado por The Ramones le confirió, al bajista de la banda minuana y su pareja.

Más allá de otorgarle a los novios la anécdota de haber sido casados por un Ramone, un momento tan íntimo llevo al desconcierto y momentánea incomodidad a aquel porcentaje del público que no constituía el núcleo de amigos y fanáticos de la banda cumpleañera.

Tanto el pastor Ramone como el personaje de Mars Attack que oficia de mascota de los Moors, fueron pintorescas decoraciones para la fiesta marciana; que representó una pausa algo naif en medio de la atmósfera expectante  que propiciaba la inminente aparición del ‘motor de los tres discos más duros de los Ramones’.

Una vez Richie Ramone y compañía tomaron el escenario, ahora sin disfraces, el grito de “one, two, three, four!” devolvió la energía y el espíritu Punk que el colectivo imaginaba encontrar.

La banda se completa con Clare Misstake en bajo y coros, plantando bien alta la bandera del Girl Power; Glenn Gilbert haciendo gala de un gran profesionalismo en guitarra lider, y Ben Reagan, guitarra rítmica y encargado de ocupar el lugar de Richie en batería, cuando este deja las baquetas para tomar el micrófono. Una difícil tarea que Reagan supo desempeñar en varias ocasiones a lo largo del set.

La setlist se basó en temas de los Ramones, fundamentalmente de la etapa en que el baterista integró el mítico grupo. Aunque también se cuelan en la fórmula temas de otros discos, siempre en la linea más ‘pesada’ de la banda que, como Richie ha expresado en numerosas oportunidades, se asemeja más a su estilo en batería y registro vocal. Además, el baterista presentó temas de sus dos discos solistas: Entitled (2013) y Cellophane (2016); y se dio el lujo de incluír dos versiones: Enjoy The Silence (Depeche Mode) y Have You Ever Seen The Rain (Creedence Clearwater Revival) para cerrar el show.

El punto más alto se dio, como era de esperarse, con Blitzkrieg Bop, donde el ya clásico “Hey, Ho, Let’s Go!” fue coreado con entusiasmo por todos los presentes.

El derroche de energía de Richie quizás no fue administrado de la mejor forma, siendo notorio el cansancio del músico hacia el final del show. Cuando faltaban pocos temas para el cierre, un Richie exhausto debió retirarse a backstage durante unos minutos para recargar el mínimo de energía imprescindible y así retornar al escenario.

¿Lo positivo? Un show puramente Punk Rock y la oportunidad única para muchos de los presentes de interactuar de forma tan directa e intensa con una leyenda  del género.

Con 60 años vividos al mejor estilo Ramone, no se puede negar que Richie sigue dejando todo en el escenario.


Fotografías de Santiago González

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