Siempre es posible el tango: “Zita de tango” vuelve a la Sala Zitarrosa


Por José Arenas

Si bien es verdad que el tango es uno de los géneros cantados con una riqueza lírica y lingüística que dejan perplejo a cualquiera que se atreve a oírlo, también es cierto que ha devaluado algunos conceptos. Entre ellos el de “joven” o ”nuevo”. Pero, aceptada, acatada y asumida esta postulación, podemos seguir dedicándonos a la grandeza de la música folklórica de este “callejón de agua”, al decir de Ignacio Suárez.

Ya hemos hablado y celebrado el panorama cultural tanguero que, desde hace un par de décadas viene armando el Uruguay con la aparición de nuevos intérpretes, compositores, músicos y arregladores, ni que hablar de las milongas y los bailarines que son los que históricamente han puesto el cuerpo al asunto. Con todo ese batido, contamos con un paisaje sonoro más que promisorio, que vino del arrabal del Siglo XIX y que se instala entre el cordón mugriento y oloroso a ciudad del Siglo XXI. El mismo espíritu con otra piel. Se trata de la segunda época de oro del tango en Río de la Plata.

No faltará el acopiador de discos y de fechas melindroso que añorará el pasado ante esta última afirmación, pero bueno, la secta de la gomina es una logia dura; vampíricos, monstruosos salieron una vez a la calle a robarle el sueño tanguero a los jóvenes, se lo vampirizaron con sus corbatas atadas como horcas, con sus peluquines polvorientos, con sus voces engoladas y de yeso. Ellos son el elefante de cerámica con el billete de otra era en la trompa, y nosotros somos el tango que les pasa en frente, lozano.

La historia del género bien mirada nos da cuenta de que Gardel, De Caro, Piazzolla, Rovira, la Tana, Mingo Moles, todos ellos nos permiten hacer lo que queramos con el tango bajo la fórmula apiazzollada de “hay buena o mala música”, después, y el tango después. Pero ahí, firme.

En la década de los 60´, las trovas urbanas fueron deviniendo en diferentes tipos de canción con una misma raíz en el género ciudadano que había reinado hacía veinte años. Aquí en Uruguay, Daniel Amaro la definió como “tanguez”, aunque como movida ya existía en Buenos Aires. De todas maneras el uruguayo forma el concepto y allí, más cómodos y sin ataduras los creadores del tango nuevo pueden encontrar una zona en la que moverse de un lado a otro; la ropa ya no es smoking y el pentagrama ya no aprieta tanto, de ahí las delicias del Tata Cedrón y su cuarteto, o bien los discos de Bonaldi, y la lista podría seguir. La cosa es que el mojón de “Pompeya no olvida” nos tiene aquí hoy, parados, celebrando el tango.

Dice Hugo Rocca, uno de sus protagonistas: “Zita de Tango” nació por azar, era una fecha que yo tenía asignada el año pasado en la Zitarrosa para Proyecto Caníbal Troilo, pero me gustó la idea de compartir con otros colegas/amigos del género, e invite a Malajunta y Gabriela Morgare. Ahí nació la gala, y el nombre “Zita de Tango”, como un guiño a la propuesta y al nombre de la sala. La idea inicial, era visitar autores nuevos, en lo posible locales, para dejar un poco de lado  tangos que son re-visitados una y otra vez por la mayoría de los cantantes del género. Por eso la Zita convoca desde el Tango nuevo. (…) Con los Malajunta tomamos la bandera de invitar nuevas propuestas, que en lo posible abreven en un legado propio o de autores no frecuentes (…) compartir el escenario con propuestas musicales que estén dispuestas a tomar algún riesgo en el ejercicio de la canción y la composición. De alguna manera, buscando que el tango muestre nuevas voces y nuevas tímbricas en el ahora.

Zita de Tango

Según cuentan algunos de sus protagonistas, la idea central del festival es dar visibilidad a esas propuestas que, por sí solas y bajo la autogestión, o tienen un espacio tan visible como merecieran. El corazón de “Zita de tango” es crear una agenda donde los nuevos creadores o intérpretes encuentren un escenario adecuado para el desarrollo más sincero y profesional de su arte, un clima creado, gestionado por artistas y pares para que el exclusivo lucimiento sea el de cada producto formado. De esta manera se crea una serie variada de formas de ver nuestra música popular a través del caleidoscopio de la nueva trova ciudadana.

El año pasado, a estas mismas alturas, “Zita de tango” se presentaba por primera vez para poner en escena tres grupos que hicieran versiones o composiciones propias que tuvieran que ver con el tango. Así fue como estuvieron el Trío Malajunta, Proyecto Caníbal Troilo y Gabriela Morgare. Los tres números hicieron una serie de obras nuevas y el éxito de público fue tal que la Sala Zitarrosa, donde se había llevado a cabo el espectáculo, propuso repetirlo este año y agregar una fecha más. Así fue que Malajunta y Caníbal Troilo quedaron, al igual que en la primera edición, como anfitriones y sumaron cuatro números más para esta segunda vuelta. Esta vez, no solamente se trata de una visión del nuevo tango canción, sino que además se suman dos propuestas que tienen fuerte base en el rescate, la creación y recreación de un repertorio instrumental uruguayo.

Así, como Pablo Fagúndez y Betina Cháves traerán una serie de tangos y ritmos de otras latitudes al inicio de la primera fecha, abriendo así la tónica cantada y entanguecida del festival, luego, Sergio Ferández Cabrera y e Ignacio Correa traerán de su mano a uno de los compositores uruguayos más fundamentales de la música popular clásica del Siglo XX; Jaurés Lamarque Pons aparecerá en los arreglos de Sergio Fernández quien ha adaptado de manera libre una serie de obras para piano del célebre compositor de música académica. Por cierto, una figura tan enorme y vanguardista como olvidada en el repertorio de nuestra música uruguaya. El dúo de guitarras propone la esgrima cuidadosa, fruto de las partituras que con cuidadosa aguja ha entretejido el guitarrista uruguayo para su dúo.

El cierre estará a cargo de los anfitriones de la primera noche. El Trío Malajunta aprovecha esta ocasión para mostrar un repertorio propio, formado íntegramente por creaciones que les pertenecen siempre con el sello de sus sonidos alternativos; el acordeón, el cello barroco-barroso de río que trae Juan Roríguez, la guitarra impertinente y renovada en la forma de tocar de Jorge Alastra y la voz de Adriana Filgueiras con sus melancolidas odiseas criollas en cada canción.

El sábado, en segunda jornada, abrirá las puertas del tango el dúo formado por Alfredo Monetti y Maximiliano Nathan, quienes con los sonidos del piano y el vibráfono fusionan el folk rioplatense con el jazz, recreando aquel fantasma de la dupla de Piazzolla con Gary Burton, quienes supieron hacer un descubrimiento quiebre a la hora de aplicar el cristalino sonido con la impronta rústica pero cuidada de nuestra música ciudadana. Allí el dúo vuelve al rescate del instrumental de estas latitudes.

El segundo número de la noche final estará a cargo de Natalia Bolani y Álvaro Hagopian. La garra interpretativa y la voz seductora de Bolani elige las tangueses uruguayas, el repertorio piazzolliano, el desenfado de las creaciones de Bonaldi para formar una lista muy propia de temas que aún hoy, pasados casi cuarenta años, suenan modernas esquirlas de la poética montevideana. Allí intervendrá el mejor de los pianistas tangueros de Montevideo poniéndole a la potencia de la cantante, su idilio arrabalero, el ir y venir por el suburbio teclado del dientudo salgánico.

Cerrarán la segunda parte del festival, y con ello, la última noche, el Proyecto Caníbal Troilo y su arrabal eléctrico. La poética psicodélica y barrosa de Hugo Rocca que trae un aire beat de Julián Centeya en viaje de LSD, el pegadizo ritmo de las músicas cantábiles, la fuerza futura del tango difícil de encasillar, desde la matriz del barrio reo, a la mitología surreal de la ciudad y su vorágine industrial.

La cita con la Zita

“Zita de tango” no es solamente un festival de tango joven y propuestas novedosas –que ya es un mérito incalculable- es una buena forma de ver cómo el artista trabajando con y para sus colegas puede lograr una manera independiente de alejarse de la transa for export del tango tradicional (aunque la palabra bien podría ser oficial), se trata de matar al farolito pero dejar su recuerdo. La mejor forma de honrar la tradición es seguir creando, especialmente a partir del lomo partido del artista de tango; sombra de las sombras, under del under.

Aquí se puede ver la calidad de lo actual, el ir hacia atrás para volver renovado, el virtuosismo de la técnica musical al servicio de la pasión sanguínea que trae la marea del estuario marrón que acunó los primeros fueyes y las primeras épicas que ya no serán elegías, sino que serán mileniales, recién nacidos cantos de cuna ciudadana.

“Zita de tango” se realizará el 15 y 16 de Noviembre Será a las 21 horas en la Sala Zitarrosa. Entradas a la venta por Tickantel.


 

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