“Yo era una nena muy rara que a los seis años escuchaba música clásica”. Entrevista a Inés Estévez.

La actriz argentina Inés Estévez llega ahora a Uruguay en su nueva faceta de cantante. Presenta el espectáculo Estévez&Magic3 y apuesta a promover la descentralización de la difusión cultural en nuestro país. Tocará en distintos lugares del interior del país y el 14 de julio en la Sala Hugo Balzo. 


Entrevista de Mauricio Rodríguez / Fotografías de Cecilia Serra

Conocemos a Inés por un camino de 30 años en la actuación, incursiones en la literatura, la dirección teatral y la docencia en interpretación. A fines del 2015 Estévez desembarcó formalmente en el universo de la música. Este 2018 Inés y su banda llegan a Uruguay con su espectáculo Estévez&Magic3 para promover la descentralización de la difusión cultural en nuestro país.

Esta multifacética artista se formó en la danza clásica y el canto lírico. La música fue parte de su acervo cultural desde la infancia y sus primeros galardones derivaron de comedias musicales. Fue la voz de la formación funk La Fundación y grabó temas para films que protagonizó, además de colaborar con diferentes artistas como cantante invitada (David Lebón, entre otros).

En 2017 se lanzó como solista con un exitoso show en el Teatro Sony.  En tan solo cuatro meses, y luego de una serie ininterrumpida de conciertos con localidades agotadas en los Clubes de Jazz más importantes de Buenos Aires, llenó un ND Teatro acompañada de sección de vientos, cuarteto de cuerdas y músicos invitados, presentación que fue grabada en vivo con miras a convertirse en su primer disco, actualmente en proceso de edición. En esta nueva propuesta el repertorio se agiliza sumando a los clásicos, la fuerza y el groove irresistible de un sonido contemporáneo en temas actuales reversionados.

En 2018 inauguró un nuevo Ciclo de Jazz, Swing, Blues y Bossa, con el que se presenta en Bebop Club, en Club Thelonious y en diversas plazas del Interior del país, además de fechas pautadas en el marco del Festivales de Jazz que incluyen, entre otros, La Usina del Arte en CABA en el mes de marzo y el Festival de Jazz de Tucumán. Secundada por el virtuosismo de Mariano Agustoni en piano, Ezequiel Dutil en contrabajo y Javier Martínez Vallejos en batería, y sorprendiendo siempre con músicos invitados, recorre standard de jazz y sus derivados, además de explorar algunas composiciones en español.
Hoy, Inés lidera con solvencia su propia banda, ESTEVEZ&MAGIC3, y despliega un show ágil, cálido, irresistible y de gran excelencia musical.

¿Cómo desembarcaste en este presente de música? Leí en una nota que en tu casa había mucha música…

Sí, me crie en un hogar donde se escuchaba mucha música. Mis padres eran dos personas muy trabajadoras y esforzadas, clase media con cultura pero sin recursos económicos. O sea, no era que nos sentábamos solemnemente a escuchar música, había un tocadiscos, y no teníamos televisión. Creo que no había dinero para comprarla. Mi padre era muy amante del jazz, tocaba un par de instrumentos y cantaba de oído. Se reunía con un grupo de amigos a tocar en el Club Social de Dolores, que es la ciudad de la provincia de Buenos Aires de la que soy oriunda. Yo me crie ahí, no soy porteña. Papá me llevaba ahí desde muy chica, cuando yo tenía ocho años. Y ahí y en casa fui aprendiendo por fonética muchas canciones, sin entender inglés ni saber lo que se decía. Todo el jazz que hoy interpreto viene de ahí. Terminé cantando con mi papá así, como una gracia, como parte de un rito semanal de él, de encontrarse con sus amigos, beber un buen vino y cantar y compartir buena música. Mi madre, por su parte, es amante de la lírica. Mis hermanos son más rockeros y mi hermana es más de la música brasilera. Así que en casa había mucha música. Se escuchaba de todo. Por mi parte hice danza clásica desde los cuatro hasta los 13 años. Yo era una nena muy rara que a los seis años escuchaba música clásica.

Una rara avis…

¡Si, sí! (Risas) La verdad es que la música formó parte de mi desempeño laboral. El primer premio que me gané en teatro fue por una comedia musical, donde cantaba y bailaba además de actuar. En ese momento diversificarse estaba mal visto, así que me enfoqué mucho en la actuación, porque me parecía que me resultaba más fácil porque no necesitaba ningún instrumento para desarrollarme. Y soy autodidacta en ese rubro, y con la música también, en el sentido de que no he tenido una formación académica. No estudié nunca. Para cantar o dedicarme a la música me parecía que estaba bueno tocar algún instrumento, saber leer música en un pentagrama. También me hubiese gustado saber componer, del lado de generar la música y no tanto del de la interpretación. Grabé algunos jingles publicitarios en épocas en las que necesitaba vivir de varias cosas porque no tenía recursos económicos. Siempre la gente se acordaba de que yo cantaba y me pedía que cantara, de pronto el tema de alguna banda sonora de alguna película en la que yo trabajaba. Así fue surgiendo. Hasta que un grupo de relaciones públicas que hay acá que se llama Grupo Más me pidió que cantara en un evento muy importante para 1.500 personas. Fue en Halloween para un champagne francés. Y me sorprendió mucho que se acordaran que yo cantaba porque hacía mucho que no lo hacía.

Pero nunca dejaste de cantar, aunque sea como pasatiempo o para “despuntar el vicio”…

Sí, qué se yo. A veces surgían trabajos que estaban relacionados con el canto. Hacía mucho que no lo hacía y me convocaron para ese evento. Yo lo desestimé, se lo comenté a gente de mi entorno y al final armamos un trío y lo hicimos. Y a partir de ahí se armó un dúo, junto con Javier Malosetti, a instancias de él. Fue él quien tardó un año en convencerme, hasta que me animé y armamos algo. Estuvimos un año y pico, dos años tocando. Y cuando dividimos las aguas él me sugirió seguir con esto. Y yo lo desestimé por segunda vez (Risas). La banda que nos acompañaba me dijo que quería seguir, entonces armé un repertorio basado en lo que yo cantaba con mi padre. Que está más virado al swing, y que tiene una impronta más festiva, muy celebratoria y alegre. Y nuclea, al menos acá en Buenos Aires, a gente del jazz y gente que no entiende nada de jazz. La música es muy popular, digamos, es para todos. Quiero decir, hay jazz, swing, bossa, blues. Hay de todo un poco.

¿Y por qué desestimabas estas propuestas que iban surgiendo?

A que no lo tenía en mis planes como una profesión formal. No lo había pensado así, en el sentido de ponerme al frente de una banda, conducir un show, cantar y mirar al público a los ojos. Estoy acostumbrada a la abstracción de la ficción. Y acá de ficción no hay nada. Es música pura, decidí no protegerme en un marco de ficción ni teatralizar la situación. Al contrario, conectarme con el público y vivirlo desde el lugar de la música pura y dura. Porque en el teatro no estás en contacto directo, sino que estás “en vivo”, es distinto. En el teatro tenés esa protección de la ficción, estás abstraído del marco. Acá no, cantando es totalmente distinto.

¿La opción por el jazz se explica por lo que hacías con tu padre?

Sí, y se dio así. Y la verdad es que fue de la mejor manera, porque es un género que conozco mucho. Y de tanto escucharlo, hasta me sé los arreglos de trompeta de Amstrong. ¡Te los puedo silbar! (Risas).

Decías no tener las herramientas para componer, ¿en algún momento pensás estudiar para saldar eso?

Para estudiar estoy un poco grande (Risas). No sé, yo me dejo llevar, no tengo planes. Por ejemplo, no tenía planeado cantar. Por ahora estoy en que hacia fines de este año estamos lanzando el disco, que lo grabamos en vivo en el ND Teatro, que es un teatro muy bien acondicionado, con una programación musical muy grande. Tiene 600 localidades y llenamos a los cuatro meses de haberme lanzado como solista. ¡No lo podía creer! ¡Fue increíble! Invité a muchos amigos músicos, éramos orquesta, por lo que éramos 15 personas en el escenario. Se grabó en vivo y sale a fin de año y estoy muy contenta con eso.

Seguramente parte de la gente que te sigue venga de tu popularidad de la televisión y el teatro …

Seguramente sí, pero también tuve mucho temor de los prejuicios. Al venir de un rubro totalmente diferente tenía temor, sobre todo a los especialistas del jazz. Temor a no ser aceptada, por decirlo de alguna manera. Pero la verdad es que tuve una aceptación muy grande, críticas muy buenas de gente especializada en el jazz. Así que eso me dio valor para seguir. Sigo sintiéndome una principiante, y sigo sintiendo que todavía estoy haciendo carrera y aprendiendo, pero estamos bien. En junio se cumplió el primer año desde que comenzamos, así que estamos empezando el segundo año y vamos a salir con el primer disco a la palestra. Estoy muy contenta.

Eso no significa abandonar la actuación…

Bueno, este año no se ha dado. Me propusieron teatro y no puedo hacer porque el horario está reñido con el tema de los shows. Me ofrecieron dos obras de teatro muy interesantes, pero no las pude hacer. Prefiero ponerle todas las fichas al canto que es lo nuevo y que además me está apasionando mucho.  Pero eso está abierto. Porque también soy docente, diseñé un sistema de abordaje de la interpretación con el que hace 11 años estoy dando seminarios intensivos. Estoy dirigiendo teatro nuevamente, por segunda vez, con una obra que se va a estrenar con un formato muy novedoso acá en Buenos Aires. Es un modelo que se está implementado en España, México, etc. Y tengo pendiente volver a publicar una novela, porque tengo un contrato con (la editorial) Randomhouse desde hace muchos años. Publiqué mi primera novela en 2011 y voy por la segunda. También tengo un libro de poesía en las gateras. Y la propuesta de hacer un libro con el abordaje de la interpretación. Soy madre. En fin, no sé… (Risas)

¿El teatro te dio herramientas para esta etapa con la música?

No, para nada. Para nada. La única similitud es estar con gente abajo. Pero son totalmente diferentes las experiencias, las dinámicas, las distancias. Lo único similar es estar arriba de un escenario con gente en la platea. El trayecto es muy distinto.

¿Qué música escuchas hoy?

Últimamente no tengo mucho tiempo (Risas). Me gustan mucho los géneros. El jazz, el soul, el funk. Me gusta mucho la música de los 70. También el folclore, la bossa, el samba brasilero, la música sinfónica, la ópera. Soy muy ecléctica a la hora de consumir música.

¿En Buenos Airres el circuito de jazz tiene una buena cantidad de gente que acompaña?

¡Muchísima gente! Comentaba recién en una nota que fuimos portada de una nota que se tituló “Las tribus del jazz”. La gente asocia el jazz con el jazz elitista, o freejazz, donde los músicos son muy virtuosos y van a la experimentación, donde la persona que no sabe música, y ese tipo de música en particular, puede quedar afuera. Acá hay mucho jazz y derivados, como el swing. Nosotros tocamos muchos derivados. Swing, blues y también bossa nova más alguna canción en español.

Este nuevo camino en la música, ¿te permitió descubrir algo nuevo o redescubrir algo de ti?

Sí, cosas nuevas. Por ejemplo, la interacción con el público, el contacto directo y dialogar con el público. Era algo que nunca había hecho… ¡Ah, me olvido de decir que fui la cantante de una banda de funk! Lo tengo totalmente borrado. Fue hace muchísimos años, cuando tenía 19 o 20 años, y tampoco lideraba la banda. El hecho de conducir un show, dialogar, que he ido adquiriendo y me divierte mucho, es algo nuevo. El cómo disfruto ese aspecto es una novedad.

¿Cómo vivís ésta experiencia de tocar en Uruguay?

Fue algo que vino por Ana de Rogatis, quien es una persona con una fuerza increíble y  una capacidad de concreción inusual. Y esta iniciativa de descentralizar la cultura en Uruguay me identificó inmediatamente, porque yo soy del interior. Viví en un lugar muy chico, con una población que tenía muchas inquietudes culturales y sin acceso, donde no había Internet y ni siquiera autopista. Entonces cuando venían figura como Astor Piazzolla, o Mercedes Sosa a tocar – y no me estoy comparando en absoluto con estas luminarias – y otros que de pronto no eran tan populares, generaban toda una movida. O a veces te enterabas ahí que existían. Pero la gente era tan agradecida que la verdad me encanta esto de ir al Interior de Uruguay y ni que hablar de tocar en Montevideo. ¡Me fascina! Me encanta poder acercar lo que estamos haciendo y disfrutamos mucho poder compartirlo con la gente del Interior del Uruguay.

 


 

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