Curiosidad. Sobre “Puerta abierta”, milonga de Homero Manzi

 En el segundo disco de Mala  Junta Trío (al que da nombre una obra de Jorge Alastra llamada “Dar”), aparece una milonga de Homero Manzi musicalizada por Juan Cedrón cuyo título es “Puerta abierta”. Al finalizar la presentación de Mala Junta en el Museo Nacional de Artes Visuales (25 de Julio de 2015), alguien  preguntó sobre ésta obra. Fue entonces que Adriana, la cantante del grupo, manifestó que era poco difundida y que a ellos les había llegado de una grabación efectuada por “El tata” Cedrón.


Escribe Lucía González

(Realizado con el apoyo del Fondo Nacional de la Música. www.fonam.org.uy) (*)

Hablando del tema con mi padre, él recordó que por 2004 o 2005, Juan Cedrón, cumplió un ciclo de actuaciones en un local de Buenos Aires, done estrenó textos de Manzi que hasta ese entonces estaban carentes de música. El próximo paso fue buscar información y en base a la misma surgió un artículo en “Tanguedia” que, al releerlo, pienso que es válido rescatarlo con algunas modificaciones y recortes:

El lugar de las actuaciones referidas fue Tuñón Bar-Teatro (Maipú 849),  se llevaron acabo los días viernes y sábados de setiembre de 2005 y Cedrón estuvo acompañado por el guitarrista y cantante Adrián Lacruz.

Los textos de Homero eran diez, todos musicalizados por “El tata” en el año 2004:

Matungo (1944), El Pucho (1940), Puerta Abierta (1943), Barullo (1939), En un Corralón de Barracas (1940), Mala Estrella (1942), Elegía (?), Palabras sin Importancia (?), Tiempo y hueya (1939) y Espejito de Agua (?).

A excepción de Elegía, que en los manuscritos lleva el rótulo de poema, los demás títulos fueron hechos como letras de canciones y algunos de ellos tuvieron un compositor elegido para ponerle música, pero esto, por alguna razón,  no se concretó: Espejito de agua (mencionada en el Cuaderno Nº 2 de Tanguenado, publicación de “El Club de la Guardia Nueva”), junto a otras 32  que figuran sin música), era para Sebastián Piana, Mala estrella para Alfredo Malerba, Matungo para Juan de Dios Filiberto, Tiempo y hueya para Mariano Mores, En un corralón de Barracas para Juan Polito.

“Yo creo”, decía Cedrón, “que estas diez canciones de Manzi son una forma de expresar lo más nuestro, una manera de representar lo que somos. Generalmente cuando estamos tocando fondo, el arte popular es el que acude en nuestra ayuda para salvarnos. Espero que esta vez se repita el presagio. Como decía el maestro Manzi: < ¡la taba está en el aire!>, como una moneda echada a la suerte. La obra ya no me pertenece, está ahí girando para ser escuchada por los demás. En definitiva lo más importante es la escucha mutua”.

 El propósito era editar un CD con estos contenidos pero eso recién se concretó al año siguiente. Lo cierto es que el 8 de setiembre de 2006, se presenta el CD que tiene por título “Frisón, frisón” (Sello ACQUA Records-098), grabado por el Cuarteto Cedrón  (Juan Cedrón dirección, voz y guitarra, Miguel Praino viola, Facundo Torres bandoneón y Jorge Sarraute contrabajo). Además de las diez obras ya mencionadas incluye Responso (A. Troilo), La bicicleta celeste (J. Cedrón), Juventud (J. Cedrón Antonia Gracia), Un cuento (J. Cedrón Acho Manzi). En algunos tracks como en el caso de Responso y Palabras sin importancia, el acompañamiento está a cargo de orquesta.

Como ya lo había hecho antes, con Juan Gelman, Julio Huassi, Raúl González Tuñón, Julio Cortazar, Luis Alposta y otros poetas,  Juan “Tata” Cedrón musicaliza textos de Homero Manzi transitando nuevamente por el camino emprendido hace ya muchos años. Rescata esos versos mayoritariamente inspirados en las antiguas calles de Pompeya, Boedo, Barracas y como dice la periodista Karina Micheletto, “actualiza una ciudad que ya no existe, pero que -parece ser la declaración de principios de este trabajo- se adivina si se observa con cuidado en sus pequeños detalles”.  Frisón frisón, el título del disco, alude al poema con fondo de milonga En un corralón de Barracas, donde resuenan los cascos de los caballos sobre los empedrados de una ciudad aún pueblerina.

Y como en las veces anteriores, Cedrón, se centra en el núcleo poético (y lo de Manzi es del más noble material) y proyecta las letras, con su forma de decir y su canto mascullado, que son el medio para  acentuar o despojar, volver más brillantes, más tristes o más cargadas de nostalgia las palabras, según los casos (otra vez K.Micheletto). Y esta es la mecánica que “El tata” utiliza con los poemas de Manzi y se encarga de destacar que no son inéditos, porque ya habían sido publicados en una antología, pero sí inadvertidos para el gran público.

En estos textos encontramos arboladas calles de añosos barrios y allí aparecen distintas voces y sonidos, corralones, curtiembres, herrerías, carros, tranvías… Y, como motor de todas estas actividades, frisones, esos caballos de tiro que servían para las tareas pesadas.

“Brilló tu pelo de cuarteador / al sur de Barracas viejo. / Cartel y orgullo del corralón, / frisón de cinchar parejo”, dice Manzi en Matungo. Y en El pucho: “Bailetín de guitarras en el barrio sencillo. / Corralón de San Telmo con portón de madera. / Una sombra que fuga y otra sombra que espera. / El sainete prepara su final a cuchillo”.

Para redondear este pequeño comentario, se hace necesario transcribir algunos conceptos expresados por Cedrón, principalmente en RADAR (Suplemento Cultural de Página 12), antes de grabar el CD, más concretamente al momento en que mostrara el trabajo por primera vez.

La primera vez que supe que estaba escuchando a Homero Manzi fue con “El último organito”. No sé si habrá sido en el ‘48 o ‘49, yo tenía 8 o 9 años.  Tengo el recuerdo de un aroma, una sensación en la memoria de algo que pasaba por el oído pero que a mí me daba un gusto en la boca. Me gusta mucho la introducción, ese recitado donde dice “Volverás por los oscuros callejones de barro / Cada vez que los tangos recuerden el arrabal perdido”. Todavía hoy no puedo explicar cómo era ese gusto. Pero cuando era chico y escuchaba a Manzi, sentía ese sabor en la boca”.

“En realidad a Manzi lo había escuchado antes por Gardel en “Milonga sentimental” y “Milonga del novecientos”. Cantaba Gardel, pero ése era Manzi”.

“El primer tema que grabé de Manzi fue “Viejo ciego”. Le agregué un pedazo de poema, un verso de Carriego: “Anoche después que te fuiste, cuando todo el mundo volvía al sosiego, qué triste lloraban los ojos del ciego”. Fue mi primer disco, un acetato que tenía dos temas: de un lado un tema mío, “Madrugada”, un poema de Juan Gelman que después fue el nombre de un disco que hicimos juntos; y del otro lado estaba “Viejo ciego”, de Manzi, Cátulo Castillo y Sebastián Piana. Lo grabé en un estudio que quedaba en Corrientes y Libertad. Yo tendría 22 años. Ese disco lo hice porque me iba a casar y necesitaba comprarme un traje. Se lo vendí a mis amigos. También canté mucho “El último organito” y “Mano blanca” y muchas otras cosas de Manzi.

“Con Hacho, su hijo, empezamos a caminar por el barrio, por Boedo: San Juan y Boedo, la avenida Garay donde vivía Manzi… La casa ahora está abandonada y tiene un cartelito de la municipalidad. Por ahí caminaron Piana, Maffia, Cátulo Castillo, el viejo González Castillo, toda la banda de Boedo que era extraordinaria. Y un día, yo no sé si fue el misterio de este barrio, como decía Manzi, pero Acho me dio un poema: “Palabras sin importancia”. “Tomá -me dijo-, es de mi viejo. Hacé lo que quieras.”  Después me fue dando otros. Los tenía en los archivos del padre, con los que después Acho hizo un libro. Después me fui a París a trabajar. Estaba en ese cuarto parisino arreglado como oficina, solo y sin nada que hacer. En París se toca temprano, no como acá, y entonces me levantaba temprano y no podía cantar porque a la noche no iba a tener voz. Así que me puse a trabajar con los poemas de Manzi. Hacía una canción, la grababa en un grabador chiquito y la dejaba. Me hacía una siesta y a la tarde la escuchaba y ¡estaba fenómena! La dejaba y agarraba otro poema. En esa semana hice ocho temas seguidos. Y ninguno se parece al otro. No sé qué pasó, me agarró como una locura, una emoción. Pero no sé si fui yo. A cualquier músico argentino le hubiera pasado. Poder trabajar con un poema de Manzi, y que me lo haya dado el hijo… Fue algo como sentir: Ahora soy de la barra”.

“No soy de mucho analizar, pero hacer esto me hizo sentir un compañero de Manzi, sentí que él hubiera trabajado conmigo si yo hubiera vivido en esa época. Cuando era joven, para mí Manzi era una especie de luz: en los ‘60 había una revisión muy fuerte de la historia argentina; nosotros teníamos unos veinte años y Forja nos parecía algo extraordinario. Y en medio de todo eso, Manzi se integró al peronismo diciendo: “Yo no soy peronista, pero Perón hace todo lo que yo quiero hacer”. Y además hizo cine, hizo teatro, fue uno de los hombres más importantes de la cultura argentina; un intelectual y un artista que defendió las raíces, en contra de la injusticia, la penetración cultural. Tenía mucho humor, era un hombre de la noche, no era un puritano a ultranza, era un hombre que dio la vida, que sufrió. En estos poemas Manzi habla del campo, de los caballos, de los matungos, del cuarteador de Barracas y los piringundines, esos prostíbulos de mala muerte. Yo también tengo cosas del campo. En “Matungo” le dice al caballo “ahora mordés el yuyal/ solo en la paz de los huecos/ ahora tu diente muerde el yuyal/ chapas de cielo en tu techo” y tiene una polenta como si fuese Lorca”.

“Manzi cuenta historias, no de vigencia ni de nada. Pero detener el destino no es algo de épocas, es de siempre. Manzi era un hombre de una gran sabiduría, de una gran cultura. Yo cuando lo canto estoy como en el limbo, no pienso en nada. Ojalá la gente lo cante, que los jóvenes lo canten, Manzi es para cantarlo”.

Palabras sin importancia

Escúchame, al pasar, como yo escucho,

la lluvia que murmura en la ventana,

pensando en algo que olvidé hace mucho,

entre las cosas de la vida vana.

 

Escúchame también como si oyeras,

esa canción que se enredó en tu vida,

y que vuelve de pronto sin que quieras,

y que es más triste cuanto más se olvida.

 

Y piensa que mi voz es tu voz misma,

Y que murmuras lo que ya te dije,

Y que mi vida se encuentra con tu vida,

Y que estamos los dos un poco tristes.

 

Aquí estoy junto a ti, toma mi mano,

No me preguntes para qué he venido.

Piensa que soy tu amigo más lejano,

y que esta noche vuelvo del olvido.

 

Escúchame pensando que estoy lejos.

Nada acerca mejor que la distancia.

No te diré sentencias ni consejos,

ni escucharás mentiras y alabanzas.

 

Escúchame, al pasar, indiferente,

como se escucha el ruido en la distancia.

Olvida las palabras que te cuente,

mis palabras no tienen importancia.

Puerta abierta (Incluido en el CD “Dar” de Mala  Junta Trío, donde se destacan la creatividad en el acompañamiento y la magnífica interpretación vocal)

Canario, ¿por qué te fuiste?

de la jaula que tenías,

con agua fresa y alpiste

y dorada por el sol.

 

Al verla así tan desierta

y por si vuelves un día

la dejo de puerta abierta

en el clavo del balcón.

 

Que triste está sin tus trinos

el rosal de la ventana

y hasta por la mañanas

es más gris la luz del sol.

 

Tal vez ya te tengan preso

 en la jaula de cualquiera

 y es inútil la espera

 que te da mi corazón.

 

Me extraña, pues ya sabías

que es malo andar escapando

porque se vuelve llorando

al rincón que se dejó.

 

Yo también dejé desierta

la jaulita que tenía

pero volví por la puerta

que nunca cerró mi amor.


Fuentes: “CANCIONERO”, 08/09/2005

                   “RADAR” (Suplemento Cultural de Página 12), 10/06/2005

                   “PAGINA 12”, 20/09/2006 (nota de  Karina Micheletto)

(*) Tanguedia es una publicación cultural de Tango y Ciudad del Río de la Plata / Segunda época.

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