Eduardo Rovira. Por Ramón González


 

(Realizado con el apoyo del Fondo Nacional de la Música. www.fonam.org.uy) (*)

<Cuando salieron para el cementerio, los relámpagos iluminaron el cielo, la lluvia cayó a torrentes y el viento se desató feroz. Acobardados por la furia de los elementos, los amigos volvieron a sus casas y el carro fúnebre siguió solo el camino. En una fosa cavada junto a la de dos vagabundos y rameras quedó la frágil forma que había albergado uno de los talentos musicales más grandes que han existido.> “Así narra José Repollés el entierro de Mozart. El silencio que rodeó la muerte de Eduardo Rovira nos hizo recordar el funeral del gran músico de Salzburgo. Muchas audiciones radiales tangueras olvidaron que había partido uno de los más grandes músicos con que contó el tango. Algunos diarios apenas dedicaron unas contadas líneas a la noticia. No tiene importancia, tangos como Sónico, Que lo paren, A Evaristo Carriego, Azul y yo, El engobbiao, Contrapunteando, Tristoscuro, Monotemátco son, sin duda, algunos de los puntos de parida del camino que está recorriendo el tango hacia la música de cámara. Y eso no podrá ser borrado por la indiferencia de los falsos tradicionalistas.

Eduardo Oscar Rovira había nacido el 30 de abril de 1925; estuvo al lado de grandes Miguel Caló, Orlando Goñi, Osmar Maderna y Alfredo Gobbi; hasta que su estupendo El engobbiao lo convierte en uno de los más talentosos músicos del movimiento vanguardista. A partir de 1971 incluyó en la música porteña algunos instrumentos provenientes de las formaciones < cultas>: oboe, fagot, corno y clarón. Hacía tiempo que se había desvinculado del ambiente tanguero cuando lo sorprendió la muerte el 29 de julio de 1980 en La Plata.

Cuando el tango contemporáneo pase a ser historia, la de Rovira será una de las obras clave para la evolución de nuestra música, que no podrá ser soslayada por los estudiosos del tema. Y… ¡qué lo paren!

Repasando una revista (Buenos Aires Tango y lo Demás), noviembre de 1980, me encontré con el texto que precede y de ahí surgió mi inquietud de escribir sobre Rovira, mejor dicho de reunir parte de la información y entregarla de una manera ordenada. Se descarta la ficha biográfica debido a su extensión. Situémonos en 1960. Rovira, con treinta y cinco años de edad, ya ha dejado atrás los estudios de armonía, formas musicales, contrapunto, dodecafonía, fugas. Tiene un proyecto propio y trata de hacerlo conocer; primero explicárselo a colegas y entusiasmarlos con la propuesta para luego integrar el conjunto. El próximo paso es conseguir un auspicio y éste llega a través del Círculo de Amigos del Buen Tango. En 1961 y la “Agrupación de Tango Moderno”, debuta con la siguiente formación: Reynaldo Nichele (vs), Ernesto Citón y Héctor Ojeda (vv), Mario Lalli (va), Enrique Lanoo (vc), Fernando Romano (cb), Leopoldo Soria (p), Eduardo Rovira, en bandoneón arreglos y dirección.

La recepción a nivel estudiantil fue muy entusiasta. Al respecto Enrique Balduzzi, en Buenos Aires Tango y lo Demás, número 46, del mes de noviembre de 1996, se expresa en la siguiente forma: “Simultáneamente, Piazzolla está operando con su quinteto. En vastos sectores universitarios, en los melómanos de toda laya, en los jóvenes todavía embadurnados por el imperialismo musical anglosajón, en los diletantes del jazz, en los amantes de un tango siempre renovado, hubo una adhesión alborozada, a estas dos nuevas exposiciones avanzadas del género. Ambos creadores fueron calificados de vanguardistas…”

Está fuera de discusión la autoridad musical y artística de Piazzolla, su talento incuestionable en cuanto a la composición y los arreglos, alcanza con recordar que es el creador nada menos, que del Tango Progresivo planteado desde el Octeto Buenos Aires en 1956, al decir de Carlos Kuri “Este es el punto exacto donde se inscribe el nacimiento del tango contemporáneo, punto de no retorno, inicio de la última mutación en el interior del tango.”

Rovira, siempre inscripto dentro de la corriente vanguardista, siguió otro camino sin dejarse influir por Piazzolla; elige un tango exclusivamente de cámara y desde su interior proyecta una postura revolucionaria, artísticamente importante aunque por muchos discutida. “Al hallazgo de su sonido propio, le acoplará la insobornable  intransigencia de no torcer nunca el rumbo elegido.”

Más allá de lo técnico, Rovira, al igual que Piazzolla, también es un músico diferente. No existen aspectos en común en ellos, como tampoco influencias de uno a otro. Puede decirse que encaran por caminos diferentes, dos búsquedas que tienen un mismo punto de partida: La ruptura con lo anterior.

No obstante siempre existe, por parte de los críticos y analistas, la idea de confrontar las propuestas de Piazzolla y Rovira, lo que a mí me parece totalmente superfluo ya que, sus estilos no rivalizan en arrebatos ni en audacias.

Piazzolla se proyectó como un ventarrón de creatividad, mientras que Rovira, dio pasos estéticos menos atrevidos y menos desafiantes.

En el diario La Nación, de 2 de noviembre de 1997, se dice que  “Rovira consagró quince años a la experimentación, mediante arreglos novedosos, giros contemporáneos, búsquedas tímbricas, diseños, estructuras y desarrollos no convencionales, sin desdeñar siquiera algún rasgo folklórico, y apuntando siempre a formas cercanas  a la música académica.”  Cercanía ésta que quedó plasmada en suites para orquesta, obras sinfónicas, obras para piano y para guitarra. Sus piezas de cámara son unas ochenta. Su Segunda sinfónica concertante, obtuvo el premio de honor de Bellas Artes y se estrenó en 1966 en el Teatro Colón, con la dirección del maestro Pedro Ignacio Calderón.

Además de ser ejecutante de bandoneón, Rovira tocaba el piano, el corno inglés, el oboe, el saxo y la guitarra.

Prestigiosos especialistas lo han catalogado como cerebral, frío, calculadoramente matemático, eso sin dejar de conocer sus innegables valores musicales. Está claro que su propuesta no es visceral ni temperamentalmente avasallante pero vale la pena analizarla y para ello me remito nuevamente a Enrique Balduzzi: “…rescato en Eduardo, en oposición a Astor, un estilo más coloquial, introspectivo, introvertidamente expresado, aunque no llegue a la vibración exultante que transmite la propuesta piazzollesca. La estética rovireana no es fulgurante ni es propensa a las explosiones colectivas en los recitales; Transmite cierto equilibrio emocional, incita a la paz, está encaminada a producir placer estético, goce espiritual, que es en suma también, una significación válida para el arte. Siguiendo el conocimiento aceptado de que <el estilo es el Hombre>, y coincidiendo con Roland Barthés con aquello de que <pertenece a la naturaleza de lo individual>, aprecio en su música, una resultante que asocia su mundo interior con la conflictiva época de los congéneres de su tiempo. Y de tal interrelación comunicante, afloran todas las pasiones humanas, que Rovira nos transmite con su música.”

Horacio Ferrer, define a Rovira  como un artista estudioso, vocacional, profesionalmente independiente, que ha volcado el resultado de su estudio en  un tratamiento instrumental complejo del tango, donde  una escritura muy elaborada, que supera a la inspiración y a la meditación, ocupa el lugar del instinto.

Digamos que su tango se alimenta de la música clásica, principalmente del barroco. El contrapunto y la armonía son fundamentales en su propuesta. Incorpora también una cierta atmósfera de zambas, malambos y milongas, lo que le da a su obra una especie de carácter nacional de algún modo unificador.

Según Nélida Rouchetto, utiliza la estructura de la música de cámara y aplica una constante en sus complejos tratamientos con  superposiciones rítmicas tonales y atonales. Comenta que introduce por primera vez en el género la combinación estructurada de las seriadas dodecafónicas. Observa que en sus tratamientos no existe el contratiempo, y sí tienen significación principal los efectos del contrapunto.

Estas opiniones especializadas reafirman mi concepto de que Rovira fue un músico importante en la evolución del género tango y, que en su relativamente corta carrera, logró materializar sus propuestas mostrando una marcada intransigencia en cuanto a su manera de sentir, interpretar y transmitir su música.

Nuestra memoria es corta en el tiempo. Pero hay quienes conservamos ciertos recuerdos del pasado inmediato que nos llevan a la reivindicación de un artista condenado al olvido. Valla pues  nuestro reconocimiento a Eduardo Rovira, por su obra, por sus principios, por su  pertinaz esfuerzo de artista inclaudicable, que le brindó un aporte expresivo al tango y un efecto renovador a su música.

El pensamiento de Rovira

“El tango de vanguardia es producto de artistas populares, por lo tanto es popular de origen. Los impedimentos que he encontrado para interpretar mi música son la mediocridad ambiental y la comodidad mental de las personas que tienen la obligación de ilustrar y educar a nuestro pueblo.” (Revista ACA, 1963)

“Mi tango es esta ciudad, que yo siento así. El otro tango, ese que llaman clásico, es pura intuición; nosotros le agregamos estudio, perseverancia, espíritu crítico, modernidad. Nuestro tango y el otro no se oponen, se complementan. No existe contradicción ni tiene sentido discutir tendencia. Aquel es un tango para bailar, pensado para los pies, el nuestro es para escuchar; está más allá del puro compás y melodía, tiene armonía y contrapunto.”(Diario El Mundo, 1965)

“El tango es una vivencia, es  algo que representa la manera de vivir y sentir de cada uno…”

“…El común de la gente piensa que el tango no es más que una danza, algo necesariamente bailable, cuando en realidad, ese es el aspecto más pobre del tango en el terreno musical. A mí me interesa llegar a la esencia del tango, a los enlaces armónicos, a la variación de sus ritmos, al desarrollo de las frases.”   (Diario La Prensa, 1969)

Al decir de Ricardo García Blaya, sus conceptos, su pensamiento, definen la personalidad de un músico que arriesgó popularidad en función de una búsqueda evolutiva del género. Que se jugó con sus ideas musicales sin fijarse a los costados, sin negar sus raíces decarenas y aportando al tango su talento y su creatividad.

Conjuntos para los que arregló     

Orquesta Juan Esteban Martínez, Orquesta acompañante de Alberto Castillo,                                                  Cuarteto de Reynaldo Nichele, Orquesta de Alfredo Gobbi, Orquesta de Osvaldo Manzi, Orquesta de Aníbal Troilo, Octeto La Plata, Cuarteto de Enrique Lanoo,

Septimino de Cámara de Fernando Romano, Banda de la Policía de la Provincia de Buenos Aires

Bandoneón solista en otros conjuntos

Reynaldo Nichele y  los Solistas del Tango, Orquesta de Alfredo Gobbi,

Orquesta de Osvaldo Manzi, Trío “Los Tres” (c/ Kicho Díaz y Osvaldo Manzi),

Cuarteto Reynaldo Nichele, Orquesta de Héctor María Artola, Orquesta de Atilio Stampone, Los Solistas Argentinos dirigidos por Alberto Epelbaum.

Otras obras editadas aparte de la ya mencionadas

Febril, Preludio para la guitarra abandonada, Bandomanía, Para piano y orquesta, Monroe 3307, Policromía, Serial dodecafónico, Tango en tres, Solo en la multitud, Sanateando, A Roberto Arlt, A Luís Lucchi, A José Ingenieros, A Don Alfredo Gobbi, Que lo paren, Majó Majú, Opus 16, Tango para charrúa, Milonga para Mabel y Peluca, Tango para Ernesto, A Don Pedro Santillán, Taplala, Invitado, Sonatina para cuarteto de clarinetes (tres movimientos), Suite para charrúa, Suite para un hombre solo, Suite para el profe, Veinte preludios intersemitonales para piano (premio de la municipalidad de Bs.As. año 1969), Sinfonía número cinco concertante (tres movimientos) <Premio de Honor Bellas Artes de Música Sinfónica de la Provincia de Buenos Aires.>


(*) Tanguedia es una publicación cultural de Tango y Ciudad del Río de la Plata / Segunda época.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*