El bandoneón: la jaula mágica


Escribe Ramón González

(Realizado con el apoyo del Fondo Nacional de la Música. www.fonam.org.uy) (*)

“Jaula, llamaba el maestro Aníbal Troilo a su bandoneón. Y cuando él tocaba su “jaula”, hermoseaba a las gentes igual que la flauta mágica de la ópera de Amadeus.”

Horacio Ferrer.

El bandoneón es todo un misterio: Su fecha de origen, su inventor, su llegada a los países Rioplatenses… Sobre esto se ha investigado mucho y se ha escrito mucho; entre los distintos autores hay opiniones y afirmaciones encontradas.
Dice Ernesto Sábato que “el bandoneón es un instrumento de resonancia metafísica”.
Roberto Selles, entiende que puede no resultar extraño que su sonido tenga que ver con la metafísica, ya que, en un comienzo, tuvo a veces la tarea de comunicar al hombre con Dios, a través de la música.

Una de las tesis sobre su origen, es que nació de la idea de cumplir la función del órgano en las procesiones religiosas, dada la imposibilidad de transportar tan voluminoso instrumento. Por otra parte, en los años previos a la fecha de su probable invención, Alemania padecía una importante crisis en la fabricación de órganos ya que su costo era muy elevado dado la escasez de materiales genuinos. Otro elemento que se argumenta a favor de esta tesis es que la imponente fachada (según el decir de Emir Cabrera) y la infraestructura requerida para la instalación del órgano, impedían que la música sacra fuera llevada al exterior, a los espacios abiertos. Se pretendía un instrumento cuyo poco peso lo hiciera fácilmente transportable pero que a la vez mantuviera la solemnidad del órgano.

También se cuenta que se tocaba en el bandoneón música sacra, durante los sepelios y los rituales fúnebres. Pero el bandoneonista y compositor Néstor Vaz, que ha estudiado en profundidad el tema y que ha estado en el lugar mismo donde se fabricaba el instrumento, ha reunido información (entrevistando a lugareños de avanzada edad e investigando en archivos y bibliotecas diversas), que le permite afirmar que lo primero no fue tan así, ya que si bien pudo ser utilizado por algunas grupos religiosos, no se creó con esa finalidad; y que lo segundo no ocurría como habito, sino sólo cuando los familiares del difunto lo solicitaban expresamente.

Fue adoptado además por los campesinos de Baviera y Hamburgo, para acompañar sus alegres danzas regionales y fiestas campestres. La fecha de origen del bandoneón no se ha podido determinar con exactitud. Hay varias investigaciones al respecto pero todas difieren; también es difícil establecer quien fue su inventor, y como si eso fuera poco, aquí, en el Río de la Plata, sigue la nebulosa en cuento al momento y las circunstancias en que llegó a la región.
Lo que sí está claro es la forma como se inserta en las formaciones de tango y su evolución en el género desde el principio hasta nuestros días. De la profusa información que he tenido oportunidad de leer, he confrontado diversas opiniones rigurosamente manejadas y he sacado, no conclusiones, pero sí lo que yo llamaría un ordenamiento lógico de datos dispersos que nos permite una aproximación a la verdad histórica.

Todo parece indicar que por 1834, un luthier sajón, de Chemnitz, llamado Carl Friderich Uhlig -Herman Uhlig para algunos autores- (1789-1874) relizó una variante de la concertina inglesa (especie de acordeón de figura hexagonal u octogonal, creada en 1829 por Charles Wheatstone), poniendo en este instrumento portátil los sonidos mezclados de un armonio y un órgano.
En l849, en la Exposición industrial de París, el también sajón Carl Zimmermann, presenta un instrumento basado en dicha concertina, pero contando éste con una mayor cantidad de voces y un nuevo ordenamiento; se conoció en su región con el nombre de Concertina de Carlsfeld (a la diseñada por Uhlig se le denominaba solamente Concertina).

No es de extrañarse que con el tiempo, el invento le haya sido adjudicado a Henrich Band, ya que, a partir de 1850, el instrumento era vendido en su negocio de Krefeld y desde allí se organizaba su distribución por Europa. Henrich Band, que había nacido en Krefeld el 4 de abril de 1821, era profesor de música y luthier además de violonchelista en una orquesta del pueblo. Fue el segundo varón de una familia compuesta por dieciséis hermanos. Su padre, Peter Band, era violinista y dueño de un comercio de venta de instrumentos musicales. Se dice que la Concertina de Carlsfeld le interesó mucho a Henrich, tan es así, que la incorporó a la agrupación orquestal en la que participaba y dada la escasa extensión del instrumento decidió perfeccionarlo. Oscar Zucchi, cuenta que los primeros instrumentos fabricados por Band tenían 56 tonos con 14 teclas bisonoras de cada lado y agrega que el investigador Roth considera que, básicamente, el bandoneón no es otra cosa que una concertina mejorada, con otra disposición de los teclados y sobre todo con una sonoridad distinta. Quizá por eso nunca fue patentado. Otros autores destacan el importante aporte que hizo Band en cuanto a la difusión del instrumento, ya que dejó diversas transcripciones de obras para piano adaptadas al bandoneón y fue autor de valses y polcas escritos para el mismo. Al fallecer, en diciembre de 1860, el negocio pasó a manos de sus esposa, al principio con un socio, y luego con su hijo mayor, Alfred, los que en su editorial publicaron “Escalas y acordes en todas las tonalidades mayores y menores para bandoneón”, que fue de las primeras obras de estudio para el instrumento y cuya autoría se le adjudica a Henrich. Por otra parte Band le da el nombre al instrumento, o sea, que la palabra bandoneón habría nacido por una simple noción de lingüística: Procedería de la empresa del señor Band, Band-Unión (Bandunion y luego bandoneón). Se dice que Band no contaba con los recursos suficientes para la fabricación y que un grupo de amigos lo apoyó financiando la empresa y dando origen a una cooperativa que se denominó, precisamente, Band-Unión). La denominación se extendió primero hacia el sur, (Maguncia, Ausburgo, Munich) y después pasó a Hamburgo. Posteriormente llegaría a Leipzig, donde la Universidad, fundada en 1409, publica libros y partituras para bandoneón.
Roberto Selles, expresa que Band le dio el nombre al instrumento, lo industrializó y quizá lo perfeccionó.

Es curioso que Band, jamás se proclamara inventor del instrumento. Zucchi, También nos aporta que el investigador Manuel Román, en 1986, brinda su contribución negando que Band fuese el creador y sí Carl Zimmermann, basándose en un aviso publicado por Band en 1850: “A los amigos del acordeón: Por un nuevo invento. Otra vez hemos perfeccionado notablemente nuestros acordeones, y estos, de nueva construcción, de formato redondo u octagonal, de 88 a 104 tonos, están disponibles en nuestro comercio.” De este anuncio el autor saca las siguientes conclusiones: 1) En el mismo no aparece la palabra bandoneón; 2) Band no se proclama inventor del mismo.

Agrega luego que en ciudad de Krefeld no existe registro alguno de la mentada cooperativa “Band-Unión”, además Band, figura como comerciante y no como fabricante y que no se ha comprobado que tuviera empleados que lo pudieran haber ayudado en su fabricación. Afirma por último, que Zimmermann basó su creación en la concertina de Uhlig y la llamó Carlsfeld Koncertina. La invención sería un poco anterior a 1849, ya que “ese año presentó el instrumento como por él fabricado en la Exposición Industrial de Paris.” Por otro lado, en investigación llevada a cabo por el bandoneonista Arturo Penón (contada en la Revista del Buenos Aires Tango Club- Número 4, Diciembre de 1997- por el señor Miguel Fernández), se confirma parte de esta argumentación: reitera Penón que en los archivos de la ciudad de Krefeld, “no figura ningún registro a su nombre, de ninguna empresa o cooperativa para fabricar bandoneones; si está registrado como comerciante.”

¿Quién fue entonces el inventor del bandoneón? : Las versiones tienen el mismo origen, razona Zucchi, “la concertina de Uhlig. Es muy posible también que ambos lo fabricaran con una serie de diferencias técnicas, como ser el número de teclas, la diversidad de modelos, la cantidad de cantos a derecha e izquierda, etcétera.”  Carl Zimmermann, desaparece de la escena alemana ya que emigró a Estados Unidos y allí se pierde toda información sobre él, pero antes, en 1864, vendió su fábrica en Carlsfeld a Ernest Louis Arnold (1828-1910) quien es el encargado de llevar adelante la producción en serie.

Se establecen así las bases para una dinastía de fabricantes de bandoneones con la fundación en 1864, de la “ErnestLouis Arnold Bandonion Unk Konzertina Fabrik”, de la cual surgió la afamada marca E.L.A. Al fallecer Ernest Louis Arnold, lo suceden sus hijos Ernest Herman (1859-1946), Paul (1866-1952) y Alfred (1878-1933), siendo este último el que a partir de 1911, con su nombre y apellido dio lugar a la afamada marca AA (los más requeridos por su fortaleza, buen mecanismo y sonoridad), desde la “ Alfred Arnold Bandonion Unk Konzertina Fabrik” (La fábrica producía también las marcas Premir y Alfa y paralelamente Ernest Herman Arnold seguía fabricando los E.L.A.; al fallecer , en 1946 su hijo Otto mantuvo la fabricación hasta 1959). Cabe destacar que existían tres modelos de bandoneones: el liso; el semí- nacarado (media encajadura de nácar) y el de incrustación de nácar completa.


Sobre la llegada del bandoneón al Río de la Plata, veamos algunas de las versiones más difundidas: La primera referencia de un bandoneón y su ejecutante en esta región, es una nota publicada por Jorge Labraña en 1995 y rescatada por Zucchi, quien cuenta que llegó a sus manos sin nombre del medio gráfico que la publicara. Allí se sitúa su ingreso en 1863 atreves de un inmigrante Suizo de apellido Schumacher, que viajaba con un grupo de compatriotas con el propósito de establecerse en la entonces Colonia Suiza de nuestro país. Se trata de la lectura del diario de viaje de un militar suizo, el mayor Federico Bion, que navegaba con el contingente.

Dicho manuscrito fue hallado en poder de un nieto de dicho militar en el año 1970, en una ciudad próxima a Zurich. Fechado el 19 de diciembre de 1862, decía lo siguiente: “Schumacher, ciudadano de Sarganz, viaja solo y hará venir después a su numerosa familia. Herrero de profesión, también quiere comprar una chacra, algo rezongón orgulloso de su ciudadanía de Sarganz, es nuestro bandoneonista.” Lamentablemente, luego de su desembarco en Montevideo, se pierde la pista de este personaje. El diario La Razón, del 23 de diciembre de 1919, publica el reportaje a un bandoneonista anónimo, que expresa: “Este instrumento fue dado a conocer en nuestro país allá por el año 1870 por Bartolo, el brasilero, que trajo uno de 32 voces, fue uno de los primeros bandoneonistas.” Quien esto afirmaba fue posteriormente identificado por Héctor y Luís Bate, como Antonio Chiappe, uno de los ejecutantes precursores. Los Bates, también destacan lo declarado por Augusto Pedro Berto, a la revista Sinfonía, en 1932: “Del primer bandoneón que se sepa, está establecido el origen. Lo importó Don Tomás, >El Inglés>, un personaje extraordinariamente simpático.” Si bien Berto no dice nada en cuanto a la fecha, los Bates la estiman por 1884; no cabe duda que se trata de Tomás Moore uno de los primeros ejecutantes conocidos.

“El padre de Santa Cruz” prosigue, “se hizo amigo suyo y de la concertina que tocaba salió el nuevo instrumento.”De José Santa Cruz (padre de Domingo y Juan), se dice que ya tocaba el bandoneón en 1865 en los campamentos, cuando la Guerra de la Triple Alianza. Ahora bien, si tomamos como válido 1884 como fecha de su llegada, lo que tocaba Santa Cruz no era un bandoneón y sí una concertina, como dice Berto. Zucchi, redondea este razonamiento de la siguiente manera: “…Además el aserto de Berto testimonia la transformación de los ejecutantes de concertina en bandoneonistas, lo que concuerda con lo manifestado personalmente al autor de este trabajo por Adolfo Pérez <Pocholo>, quien afirmaba que una buena parte de los citados como bandoneonistas primitivos ejecutaban un instrumento más pequeño y con menos cantidad de notas, lo que era en realidad una concertina.”
Otro dato recogido por los Bates, de la revista Leoplán, cuenta que lo trajo un alemán “en un paquete junto a unos pantalones de pana y unas pipas con tapas metálicas.” En cuanto a la fecha aproximada de su llegada Zucchi hace otro aporte y es que antes de su partida a Europa en 1913, Vicente Loduca declaraba en una revista: “Hace más de treinta años que llegó al país el bandoneón.”

Y como controversia final, en un artículo del diario El Día, de fecha 18 de marzo de 1979, el periodista Aurelio Molina afirma que llegó a nuestra región por el Puerto de Montevideo: “Mientras no se instaló definitivamente la era de la aviación comercial, <la tacita de plata> tenía la ventaja geográfica de ser el primer gran puerto para toda nave que entrara al estuario con rumbo a Buenos Aires. Escala obligada, daba a los lugareños el privilegio de conocer antes que los vecinos de enfrente, todos los adelantos o novedades que llegaban de la <vieja Europa>. Terminada la Guerra Grande (1843-1851) y cuando moría la década del 50, el bandoneón hizo su entrada en esta capital. Marinos de rostros curtidos y de rudo trato, apagaban el ardor de sus nostalgias con la voz grave, plena de matices que arrancaban del que ya era inseparable compañero…”.
Como podemos apreciar, toda una nebulosa rodea al bandoneón. Lo cierto, como dice Mario Paolucci, es que este instrumento de origen alemán, “se ha constituido en el Río de la Plata, en <numen> y bastión simbólico de una de las músicas más creativas, problemáticas y complejas que se hallan dado jamás”.

A lo que Roberto Selles, agrega: “Un instrumento misterioso donde, precisamente, reside el misterio del tango”.

Definición y algunas especificaciones técnicas

Una clasificación primitiva de los instrumentos musicales, fijaba tres categorías: 1) de curda: 2) de viento y 3) de percusión. En su libro “El tango, el bandoneón y sus intérpretes” (Editorial Corregidor, 1998), Oscar Zucchi, nos cuenta que “Al bandoneón correctamente, se lo incluyó entre los instrumentos de viento. Pero esta clasificación cayó en desuso por falta de unidad de criterios, ya que 1 y 2 tomaba como base lo que vibraba y 3, lo que hacía vibrar. En el año 1914 los musicólogos Eric von Hombostel y Curt Sachs establecieron una definitiva clasificación en base a la pregunta, ¿Qué es lo que vibra?: 1) vibra el material que compone el instrumento por su rigidez (xilófono o marimba, entre otros); 2) vibran membranas estiradas rígidamente (tamboril, etc.); 3) vibra una o varias cuerdas extendidas sobre puntos fijos (guitarra, violín, etc.); 4) O es el mismo aire puesto en vibración, como en los órganos de tubo, los armonios, a los cuales se les llama instrumentos aerófonos, y aquí entra el bandoneón junto a los que lo precedieron como el acordeón y más directamente la concertina.”
Lo definimos entonces como un aerófono portátil (el aire mismo es puesto en vibración) accionado a fuelle, que se ejecuta con las dos manos simultáneamente. Emite sus voces por vibración de dos sistemas de lengüetas metálicas (canto y bajo) alojados en el interior de dos cajas acústicas, en las que van dispuestas las botoneras, provistas de aire a presión y unidas por su parte interior por un fuelle de cartón, badana y accesorios de metal.
Las cajas armónicas son de madera de haya, pino o abeto, miden 24 centímetros de lado y una profundidad, de la botonera al fuelle, de 22 centímetros y están enchapadas en jacarandá, ébano o abedul. Mayoritariamente son de color negro aunque también los hay marrones. Al centro, en la parte exterior, de la tapas de las cajas armónicas están las correas, que se regulan con hebillas, dentro de las cuales el ejecutante coloca sus manos.

Dentro de las cajas está la parte primordial del instrumento, o sea los peines; son ocho para la mano derecha y seis para la izquierda. Consisten en chapas metálicas (cuya aleación los Alemanes se cuidaron de guardar muy bien) de las cuales depende el sonido. Tienen una cavidad recubierta con una lengüeta de acero, por un lado, y una lengüeta de cuero por el otro. Al apretar los botones accionan unas piezas de madera denominadas zapatillas, estas son las que cierran las lengüetas que provocan el sonido. Del lado derecho, por fuera, tiene una palanca que se pulsa con el dedo pulgar y que pone en funcionamiento una válvula que permite circular el aire y corta el sonido al accionar el fuelle.


El bandoneón no tiene teclas, tiene botones y al principio los mismos eran 44, es decir que el tamaño era sensiblemente menor al del actual, por lo cual se lo tocaba colgado al cuello por una correa. Después las posibilidades musicales del instrumento aconsejaron agregarle más botones, primero fueron 53 y luego 65, lo que trajo aparejado el aumento de volumen y peso.

Se dejó de usar la correa y comenzó a apoyarse en los muslos del ejecutante, que debió adoptar la posición de sentado. En la actualidad, el modelo normalizado, consta de 71 botones (38 para el canto-mano derecha-, abarcando unas extensión de tres octavas, y 33 para el bajo-mano izquierda-, con una gama algo menor). Los dos “teclados” en realidad equivalen a cuarto ya que los sonidos son distintos abriendo o cerrando el fuelle, por lo que completan 142 voces.
Además de estudiar los cuatro planos de la botonera, el ejecutante tiene que dominar la técnica de abrir y cerrar el fuelle, que se parece a la del arco de los instrumentas de cuerda.

En cuanto a su afinación, es válido expresar que el gobierno de Francia dictó una Ley en el año 1859, que disponía el uso obligatorio de una norma en todos los establecimientos musicales permitidos por el estado. Se intentaba estandarizar las afinaciones para impedir la confusión provocada por lo disímil de las mismas, sobre todo por el inconveniente que significaba los frecuentes cambios de afinación en pianos y órganos.

La Ley se convirtió en norma popular más allá de Francia. Cuando en l864 aparecieron los primeros bandoneones E.L.A., se afinaron en A4=435Hz (hertzios), indicándose la siglas NA (Normales Abstimmen) para explicar la altura de dicha afinación. En el año 1955 se propone por ISO, el cambio de A4=435 a A4=440Hz, pero esto recién fue Ley en 1975 (ISO 16), por lo que a partir de ese año la norma es A4=440Hz.


Publicado en Tanguedia-primera época-Nº 23, julio de 2011.

(*) Tanguedia es una publicación cultural de Tango y Ciudad del Río de la Plata / Segunda época.

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