El tango y el bandoneón en el Uruguay de hoy


Escribe Néstor Vaz

(Realizado con el apoyo del Fondo Nacional de la Música. www.fonam.org.uy) (*)

Hacia finales del siglo XIX en ambas márgenes del Río de la Plata amanecía la particular simbiosis de inmigrantes europeos con criollos americanos. Ese ámbito sería la simiente del tango, nutrida por el candombe de los negros africanos, las danzas andaluzas, las canzonettas italianas y las milongas camperas. En el contacto entre la ciudad y el campo, el tango encontró el caldero social adecuado en los sectores más humildes de la incipiente sociedad rioplatense: nació en la calle, se bailó y se cantó en el arrabal, en las tabernas portuarias y en los prostíbulos orilleros por gente de dudosa reputación y frondosos prontuarios…Pero también fue obra espontánea de carreros y planchadoras, de esclavos y libertos, de zapateros italianos y almaceneros gallegos, de mucha gente trabajadora y humilde que encontró en esta música un canal para evacuar sus sentimientos. Luego, como acontece con toda expresión artística genuina, atravesó todos los estratos sociales, rompió las fronteras, y se divulgó por todo el Mundo. Un día, un bandoneón cruzó el Atlántico y llego al Río de la Plata, en un arribo tan misterioso como la génesis de la música a la que se incorporaría. Su pasaporte decía ser hijo de Zimermann, adoptado por los Arnold, nacido en algún pueblito alemán de las Montañas Metálicas, no se sabe bien cuando. Ese puente cultural construido por rubios luthiers de nombres extraños no demoró su incorporación al tango, cuya sonoridad cambiaria para siempre.

En aquellos tiempos, la conjunción de guitarra, violín y flauta a veces con la chillona acordeón italiana era la base comúnmente utilizada para la rítmica y armonía del tango recién nacido….Pero sus misterios, la hondura de su temática, el dolor de las ausencias, las añoranzas de sus inmigrantes necesitaban de otro color, otro sostén tímbrico…Y allí aparece el bandoneón con su mágica paleta de colores que van desde los graves izquierdos hasta los agudos derechos…. Hoy día el bandoneón es un término inamovible de la ecuación tango, y por eso, al opinar del presente y futuro del tango en Uruguay resulta inevitable no asociarlo al presente y futuro del bandoneón. Por momentos se ha mitificando el concepto de que hay pocos bandoneonistas en Uruguay y esa apreciación es relativa. Uruguay y Argentina fueron tradicionalmente las generadoras de bandoneonistas hasta hace unas décadas, pero al internacionalizarse el tango también lo hizo el bandoneón: hoy día hay bailarines, cantantes, orquestas y bandoneonistas en todas partes del Mundo, y no son precisamente rioplatenses. En Argentina, luego de un impasse por el estudio del bandoneón y la formación de conjuntos, se corrigió muy hábilmente el problema mediante la creación de Orquestas Escuelas y cursos incluso en conservatorios de todo el país, lo que repuso rápidamente el stock cultural de músicos de tango.

El Uruguay siempre es más lento para procesar los cambios, y el proceso tiene -a nuestra escala cultural- otro ritmo. Desde el punto de vista de la enseñanza del bandoneón, el concepto de algunos docentes uruguayos de que era incompatible enseñar a tocar Bach o Frescobaldi con enseñar a tocar un arreglo de Marconi o de Piazzolla en bandoneón fue realmente un factor de retroceso. Y esta orientación -en mi opinión errónea- llevó a esperar más a un futuro eximio concertista como fue el Maestro Rene Marino Rivero, que a un futuro Luis di Matteo, o Hugo Díaz, o Héctor Ulises Pasarella, todos ellos también uruguayos, eximios bandoneonistas, y claros ejemplos de que se pueden tocar superlativamente ambas músicas porque el instrumento es el mismo, solo las técnicas son diferentes!!! Aquello resultó en muchos estudiantes que fueron orientados a soñar con ser grandes concertistas de música clásica en lugar de buenos bandoneonistas que pudieran insertarse en el tango. Muchos se retrasaron, otros quedaron por el camino desalentados por la aridez de una meta tan lejana. Hoy día esos futuros bandoneonistas están tratando de recuperar el tiempo desaprovechado metiéndose en el tango: estudian sus códigos, forman dúos, tríos, sextetos, hacen arreglos, discuten, hacen proyectos, se arriman a los músicos más veteranos, a cantantes de trayectoria. Y contagian a otros jóvenes instrumentistas: pianistas, violinistas, guitarristas, etc. Solo deberían tener en cuenta algunas consideraciones, que a veces la juventud actual no considera. Y no son consejos, solo opiniones:

-Saber valorizar el estudio metódico y consecuente. Si bien una parte del músico “nace” con él, una más grande aún es la que se adquiere estudiando

-Conocer los orígenes y la génesis de esta música maravillosa y comenzar desde ahí, no se puede evolucionar si se comienza por el final.

– Buscar las opiniones de referentes (hay muchos instrumentistas, cantantes, directores que están al alcance de la mano. Soslayar sus opiniones y consejos sería un acto innecesario de suficiencia. Siempre queda algo que aprender).

-Ayudemos a mantener viva su esencia y transportarlo a otras culturas del planeta. (Como toda obra de arte, el tango ya no es propiedad exclusiva ni de los rioplatenses ni de los músicos de tango: es propiedad de la Humanidad. Es parte de nuestra responsabilidad comunicarlo con toda la carga genética y emocional de su lugar de origen).


(*) Tanguedia es una publicación cultural de Tango y Ciudad del Río de la Plata / Segunda época.

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