Horacio Ferrer, el hombre de las metáforas.


Por Ramón  González

“Horacio Arturo Ferrer, un hombre que entreveró a las dos orillas del plata en el neologismo con que se autodefine -portevideano- y que las vuelve a entrelazar en cada uno de sus versos con que ametralla desde hace años a los degustadores del tango. Un creador singular, polémico, capaz de promover el deliro a través de imágenes en que el habla popular rioplatense se da la mano con el surrealismo. O en su despego por los caminos más trillados puede provocar a cada paso la ortodoxa indignación de los puristas (…)”.  María Rosa Atella

El pasado 21 de diciembre de 2018 se cumplieron 4 años del fallecimiento del multifacético (periodista, investigador, difusor, guionista, letrista, poeta…) Horacio Ferrer, quien, según afirma Julio Nudler, llegó al tango con sus letras locas cuando éste ya no podía darle la fama y la devoción popular que había derramado sobre otros creadores, que para ese entonces estaban muertos o se resignaban al ocaso.

Poseedor de una enorme capacidad de trabajo creó una abundante obra (a veces aplaudida, a veces rechazada) pero siempre apuntando a escribir versos nuevos cundo ya todos los versos del tango parecían haberse  escrito.

El comienzo

Pude decirse que sus inicios fueron a  través de programas radiales desde los se propuso difundir y defender a las resistidas y combatidas tendencias vanguardistas. Los mismos se emitían por CX 32, conducidos por Ferrer, Carlos Vallarino, Jorge Seijo y Víctor Nario. Expresa Puga que “Tenían una gran propuesta estética, en la cual se abordaba el <tango verdadero>, no comercial, no quietista, con el acento puesto en la vanguardia”. Esta audición y otra similar, conducida por Rodolfo Rodríguez Laurido, fueron el germen de “El Club de la Guardia Nueva que se constituyó en mayo de 1954 y del cual Ferrer fue uno de sus fundadores.

La importancia de esta institución, no como entidad aislada sino como integrante activo de la movida cultural  que por ese entonces se daba en nuestro país, está magníficamente explicada por el profesor Elbio López, en el prólogo que hace del libro “El Club de la Guardia Nueva” (Artículos y documentos 1954-1974, compilados por Boris Puga), publicado por Ediciones “Tnguedia”, noviembre de 2010.

Decía el profesor López en un fragmento: “(…) Nosotros creemos que la década de 1950, en el Uruguay, fue un tiempo denso, de profunda fecundidad creadora, de una intensidad inusual. Es el tiempo de esplendor de la llamada Generación del 45, con su crítica literaria, cinematográfica, su revisionismo histórico”.

“Y en ese ámbito de intensidades, en ese verdadero crisol de pistas nuevas, aparece la fundación del El Club de la Guardia Nueva, el 8 de mayo de 1954”. Y con el “Aparece una generación, las más brillante en el estudio y difusión del tango. Especialistas en música popular, discografías, labor historiográfica, en una tarea hasta ahora no superada por las generaciones posteriores.

Y el primer presidente de esta flamante institución fue  Horacio Ferrer (Rodríguez Laurido vice-presidente, Carlos Vallarino secretario). Completaban el grupo Jorge Seijo, Boris Puga y muchos más, en su gran mayoría estudiantes de la Facultad de Arquitectura.

Durante los primeros siete años, Ferrer es quien dirige, ilustra y redacta la publicación “Tangueando” que era editada por el Club y de la cual Puga era secretario de redacción y en la que escribían, entre otros, Luis Adolfo Sierra, Federico Silva, Jorge Seijo, Eduardo Ferrer, Néstor Casco; Juan Carlos Lamadrid. Boris Puga y, claro está, el propio Ferrer.

En 1959 edita su primer libro, “El tango, su historia y evolución”.

Luego inicia, en Emisoras del SODRE, un ciclo de audiciones orgánicas sobre la evolución del tango y de ahí en más conducirá numerosos programas radiales y televisivos en ambas orillas.

Sin duda Horacio Ferrer fue pilar fundamental en el desarrollo de “El Club de la Guardia Nueva” pero a su vez el Club fue su trampolín de lanzamiento.

Horacio y Astor

Ferrer contaba que en cierto modo descubrió a Piazzolla cuando lo vio tocar el bandoneón en la película “El hombre del sábado”. Ya lo conocía  y lo había observado con entusiasmo cuando era bandoneonista de Troilo. Recordaba que una vez fue a escucharlo al Café Ateneo de Montevideo, con una barra de amigos; apareció la orquesta y Piazzolla no estaba en la fila de bandoneones sino en el piano, remplazando a Atilio Stampone que se había enfermado. La admiración se multiplicó y el último día de actuación fue a saludarlo y estuvieron charlando brevemente. Luego, en 1954, cuando Piazzolla estaba en París estudiando con Nadia Boulanger, le envió una poderosa carta de hincha, la que fue de inmediato contestada.

Se volvieron encontrar cuando Astor regresó de Francia ya que el barco venía antes a Montevideo: “(…) me pidió que lo esperara, una noche de lluvia, y yo lo esperé con otros compañeros y fuimos al sótano nuestro de <La Guardia Nueva>con una numerosa barra de muchachos mayoritariamente reclutados en la Facultad de Arquitectura. ¡Él no lo podía creer! Porque él estaba en la etapa de que luchaba contra todo el mundo y los críticos lo despedazaban, decían cualquier cosa de él. Bueno, ahí nos hicimos amigos…”

Entonces lo invitó a Mar de Plata y allí pasó Ferrer todo el verano  junto a la familia Piazzolla.

Ambos tenían ciertas cosas en común, afinidades y hasta un cierto parecido en sus caras. En otro momento Ferrer contaba: En el 59,60 Astor se fue a Estados Unidos. Pese a su insistencia recién decidí ir a Buenos Aires en 1966, cuando la editorial Tauro publicó mi libro “Romancero canyengue”. Le  mandé el libro, que le gustó mucho, y me dijo: <Mirá, yo siento que lo que vos escribís es, en verso, lo que yo pretendo hacer en música. Me reiteró su propuesta de trabajar con él y de inmediato nos pusimos a escribir>”.

De ahí surgió, en el año 1968, María de Buenos Aires, que fue lo primero que hicieron juntos. Después, al año siguiente, vendrían Balada para un loco y Chiquilín de Bachín seguidas de los Preludios (para el año 3001, para la Cruz del Sur y para un canillita) y las Baladas (para mi muerte, y para él).

En 1971 aparece el álbum “En persona” (Piazzolla en bandoneón, Ferrer recitado) y allí se dan a conocer 5 nuevos títulos.

También en 1971, en versión de Amelita Baltar, con orquesta arreglada y dirigida por Astor Piazzolla se registra La bicicleta blanca y Milonga en Ay menor. Y en 1972, por los mismos intérpretes, otras 5 obras nuevas.

Ferrer, escribió muchas más obras musicalizadas por Piazzolla pero, es  preferible dedicar un breve comentario sobre Balada para un loco ya que  fue el último título de nuestra música ciudadana (y después de un largo tiempo) que tuvo una fuerte repercusión popular. Su éxito fue tan grande que se grabó en Japón, Francia, Finlandia, África, Estados Unidos, Alemania, España y otros países, contando al año 1986, con 160 grabaciones diversas en distintas partes del mundo.(carezco de información actualizada).

Ferrer ha expresado que Balada para un loco tuvo algo mágico y que más allá de la posibilidades de Astor y de él de transmitir un mensaje, les dio a los dos esa gran divulgación.

Se trata de cosas vividas que se van acumulando y que de pronto aparece un detonador que te quita todo eso de encima. Al margen de la  originalidad del texto, Ferrer, da a entender la existencia de una importante carga de amor que en definitiva sería parte del éxito. “La escribí para persuadir a una mujer de que no se sintiera triste, de que no se sintiera derrotada, que no se creyera que el mundo era puro mercantilismo sino que todavía quedaba algún <quijotito>. El loco es una especie de admiración por Cervantes y mi eterna lectura de Cervantes hace que el loco sea un diminuto, una ínfima expresión de  Quijote del siglo XX, que en lugar de tener la bacinilla y a Rocinante, tenga el medio melón en la cabeza y las rayas de la camisa pintadas en la piel. Y que camine arriba de dos medias suelas clavadas en los pies…”

Balada para un loco está inspirada en un gran amor (o por lo menos el autor creyó que lo era) y ha dicho que empezó a sentir como síntomas, o sea como un estado de éxtasis y en las cosas que cuenta en la letra se trasunta esa situación (el maniquí que le guiñaba en vidriera, en el semáforo de las tres luces celestes y los azares del frutero de la esquina). Conté una cosa que viví, no era una locura de sicópata. Fue transmitir por el sortilegio del enamoramiento un gran mensaje de libertad.

Horacio y Aníbal

 Troilo fue, sin duda, otro de sus grandes referentes. Lo conoció por medio de sus discos. Después, iba a escucharlo cada vez que podía. Cuando murió Manzi (mayo de 1951), Ferrer escribió una letra dedicada a él  y fue con su hermano a ver a Troilo que actuaba en el Club Villa Crespo.

Su hermano lo apuró preguntándole si le iba a entregar o no la letra. Me da vergüenza, me parece una porquería; ante esta respuesta le arrebató el “papelito” y se lo dio a Pichuco que lo leyó con atención, volvió y le dijo: Troilo quiere verte. A mí me temblaba todo. Me acerco y me dice: <Está muy lindo>. Pero escriba otra letra, que cuando yo vaya a Montevideo lo voy a buscar. Esa noche los invitó al cabaret Tibidabo a escuchar la última vuelta de la orquesta. Horacio conservaba la foto que Troilo les firmó con la siguiente dedicatoria: “Al amiguito Horacio Ferrer, recuerdo de una inolvidable noche de Tibidabo. Aníbal Troilo. 1951”.

Con música de Troilo, Ferrer es autor de la obra Tu penúltimo tango.

Su colaboración con otros compositores

La misma es extensa y va desde Julio De Caro a Raúl Garello, pasando por numerosos autores todos de superlativa importancia. Después de Piazzolla, el compositor con el cual más trabajó fue Raúl Garello. Basta con recordar los CDs: “Viva el Tango” (1988) y “Tangos Homenaje a Woody Allen (1990), que reúnen 18 obras de ellos cantadas por nuestro compatriota Gustavo Nocetti.

Obras musicales de largo aliento

Se destacan María de Buenos Aires, (Operita) y El pueblo joven (oratorio de dos mundos), ambas con Piazzolla; Oratorio Carlos Gardel c/ Horacio Salgán; Dandy, el príncipe de las murgas (operita) c/ Alberto Magnone; Tango suite Manuel de Falla y Tango suite de Pablo el poeta ambas con Leo Sujatovitch; El rey del tango en el mundo de los sueños c/Raúl Garello; Balada para un amigo” “Quema el alma” (tangos) c/ Eduardo Praino y Diego Tozzi. Agrego aquí Presagio, (Soneto, Plaqueta con acuarelas de Josefina Robirosa).

Ferrer y sus libros

Conozco 13 libros de su autoría que van desde “El tango su historia y evolución”  (1959) hasta “Versos del duende” (2003).

Su discografía

Dejó personalmente 6 registros de sus trabajos en diversos momentos.

Una reflexión final

En 1975, muere Cátulo Castillo. Ya no estaban Manzi, Discépolo ni José María Contursi. De los letristas de peso sobrevivían Cadícamo, García Jiménez, Homero Expósito… pero casi no escribían. Por otra parte, el tango pasaba por uno de sus momentos más bajos en cuanto a predilección y apoyo del público. Los conjuntos mostraban  una tendencia a achicarse en cuanto al número de integrantes. Pero a pesar de todas estas contras los años setenta fueron un período de fecunda creación compositiva, de aparición de destacados y arriesgados arregladores y de la constitución de nuevos conjuntos.

Y allí, tratando de llenar el vacío existente en materia de letras de tango, aparece Horacio Ferrer, con un estilo y una temática por momentos surrealista, pero que vendría a revolucionar la poesía del tango. Y no está solo: Conjuntamente con él, Héctor Negro y Eladia Blázquez, cada uno con su estilo y enfoque diferentes tendrán a su cargo la tarea de nutrir al tango de poesía en esos difíciles momentos. En síntesis: Horacio Ferre fue un poeta que aportó su talento y su originalidad a la causa del tango en el momento en que éste más necesitaba de un impulso renovador. Pero además influyó sobre otros poetas para que mantuvieran viva la llama del tango-canción.


(*) Fotografía: Comedia Nacional

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